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APUNTES

xid, sin embargo, de su triunfo, porque habiendo querido tomar parte en los festejos de la ciudad, corriendo la lanza y la escopeta, cayó ebrio del caballo, y murió á los tres días sin acertar á decir más una palabra. Fué este Muley-Arraxid, como se ve por sus hechos, hombre de grandes cualidades; pero las afectaba su crueldad, que aun en Marruecos parecía excesiva. Dio, según se cuenta, en mirar el oficio de verdugo como uno de los que más honraban la majestad imperial, y por su propia mano solía castigar á los criminales. Los suplicios que ordenaba eran tales, que con emplearse casi siempre contra hombres malvados, infundían ordinariamente horror y vergüenza. Preciábase de justo, pero no le quedó sino reputación de bárbaro y cruento. Cuéntase de él un hecho notable. Uno de sus ministros encarecía en presencia de Arraxid la seguridad en que estaban las calles de la capital, y dijo: «Días ha que anda en mitad de ellas un saco de nueces, sin que nadie sea osado á recogerlo.» «Pues ¿cómo sabes que sean nueces?», preguntó el sultán. «Sélo porque di con el pie en el saco», repuso el ministro. «Cortarle el pie »que en tal culpable curiosidad empleara», dijo entonces el sultán á sus guardas, y aquella sentencia fué ejecutada. Como estas cosas podrían referirse otras muchas, aun negando crédito á algunas que no parecen bien averiguadas ó desmienten las noticias más dignas de crédito. Fué sultán ó poseedor del imperio sólo cuatro años.

Por estos tiempos el alzamiento de Portugal y la decadencia de España habían ya quitado á la Península todos los medios antiguos de influir en la Mauritania. No dejó de sufrir hostilidades España de parte de los