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APUNTES

jada el P. Fr. Francisco de la Concepción, acompañado de un agente particular, llamado D. Miguel Escudero, y de todas las provisiones necesarias. Corría ya el año de 1646, cuando llegó de España á Marruecos la respuesta á la alianza solicitada en 1640. Tan tristes y difíciles tiempos eran aquellos para la monarquía católica. Recibió, sin embargo, Muley-Xeque con sumo agrado á los embajadores, que por otra parte se hicieron con sus liberalidades mucho partido en el pueblo; pero ya la necesidad y espanto en que se vio años antes, habían pasado, porque el tal xerife de Tafilete, ocupado, como veremos después, en otras guerras y con mala fortuna, no había continuado los progresos de sus armas en Marruecos, según se temía después de la gran victoria alcanzada. Así fué que á la carta de Felipe IV en que le daba gracias por la libertad de los cautivos y deseos de alianza que mostraba, le contestó recordándole la restitución de la recámara de Muley Cidan, y diciéndole que «en cuanto á las cosas de valor no las pedía: pero que los libros deseaba que el rey de España se los enviase, siendo servido, porque sabía que los tenía todos, y que á los reyes no se les ponía cosa por delante para hacer su voluntad». Dio al mismo tiempo libertad á todos los cautivos españoles que había en sus Estados; pero no por eso se le devolvieron los libros, y sin ninguna recompensa volvió la embajada á España. No es fácil imaginar el sentimiento que tuvo Muley Mohamed Xeque al ver que no se le devolvían los libros. Manifestó su desabrimiento á los religiosos, los envió nuevamente á España á pedir los libros, y cuando se convenció de que no se le devolverían, como ya no contaba por nada nuestra alianza, trocó en saña la amistad antigua. Es de