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tan solo á algunos pies, y con estremada lentitud. Por otra parte, el citado término de la superficie del mar, que forma los de la de todo el globo, difícilmente se conciliará con esta teoría mientras se trate de una accion inmediata, y no de una accion de induccion ejercida por las capas de aire ó de vapores acuosos de la atmósfera.

En el estado actual de nuestros conocimientos tenemos, pues, que resolvernos á ignorar las últimas causas físicas de estos complicados fenómenos; que si la ciencia ha hecho de algun tiempo acá brillantes progresos, es bajo otro aspecto muy diferente, ya determinando numéricamente los valores medios de cuanto puede ser sometido á las medidas de tiempo y de espacio, ya dirigiendo todos sus esfuerzos á distinguir lo que hay de constante y regular en el fondo de esas variables apariencias. De Toronto, en el alto Canadá, hasta el Cabo de Buena-Esperanza y la tierra de Van-Diemen, y de París á Pekin se halla el globo cubierto de Observatorios magnéticos, en los cuales se espía sin cesar desde 1828, por medio de observaciones simultáneas, toda manifestacion regular ó irregular de magnetismo terrestre, (65) y se calculan hasta las variaciones de en la intensidad total. En ciertas épocas del año duran las observaciones veinticuatro horas consecutivas, con intervalos de dos minutos y medio. Un ilustre astrónomo inglés ha calculado que en el espacio de tres años ascenderán á 1.958.000 las observaciones que habrán de discutirse. Nunca se han intentado esfuerzos mas grandiosos y admirables con el objeto de arrancar á la Naturaleza el secreto de una de sus grandes leyes. Todo induce á creer que comparando estas leyes con las que reinan en nuestra atmósfera ó en regiones aun mas apartadas, nos será dado remontarnos hasta la fuente misma de las manifestaciones magnéticas. Desde luego podemos ya vanagloriarnos, á lo menos por el número y la importancia de los medios que se