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VÍCTIMAS DEL CHIC.

de la de Yolande más que lo que ella le decía, que naturalmente era lo que podia lisonjear sus sentimientos y alejar sus temores, á lo que llamaba embaste piadoso. Y al estrecharla en sus brazos y darla aquellos besos que parten del alma, la contemplaba radiante y derramaba sobre ella las bendiciones que creia merecer

Esa beatitud tan rara, que debe ser como precursora de la eterna del paraíso, fué destruída ante el bronco acento de un hombre que reveló una situación que para el alma, para el amor maternal, entrañable, celestial, de una madre, habia de ser una de esas grandes amarguras con que sólo el poder de un Dios puede probar á sus criaturas.

La muerte de Yolande la habría traspasado de dolor; pero la condenación de su alma la entregaba á todos los tormentos de una madre amorosa y creyente; y en la exaltación de ese amor, unido al terror que dan las creencias, veía ya á su hija en el peor lugar entre las réprobas, y le dolía no haberla perdido cuando era inocente, pues preferia saberla ángel en el cielo que verla culpable en la tierra.

Pasó la noche orando de hinojos en el reclinatorio, ante el Crucificado, los brazos en cruz y derramando