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por servir á vuestra majestad; y lo otro por seguridad de nuestras vidas; y lo otro, porque en nuestra ayuda teniamos muchos de los naturales nuestros amigos, que eran causas potísimas para animar nuestros corazones: por tanto, que les rogaba que se alegrasen y esforzasen, y que porque yo, un nombre de vuestra majestad, habia fecho ciertas ordenanzas para la buena órden y cosas tocantes á la guerra, las cuales luego allí hice pregonar políticamente, y que tambien les rogaba que las guardasen y cumpliesen, porque dello redundaria mucho servicio á Dios y a vuestra majestad. Y todos prometieron de lo facer y cumplir asi, y que de muy buena gana querían morir por nuestra, fe y por servicio de vuestra majestad, ó tornar á recobrar lo perdido, y vengar tan gran traicion como nos habian hecho los de Temixtitan y sus aliados. Y yo, en nombre de vuestra majestad, se lo agradecí; y así, con mucho placer nos volvimos á nuestras posadas aquel dia del alarde.

D. Pedro de Mendoza con estas palabras: "Señora en dar la licencia y naves y gente, poco se va á perder, y si se gana aquella tierra, se va á adelantar mucho." Esta misma maxima signió despues el gran cardenal don fraj Francisco (Ilegible) de Cisneros, confesor de la misma misma reina Católica doña Isabel; esto promovió el gran Carlos I y V del imperio, conforme á una cláusula del testamento de la reina Católica, (ilegible) con ornamentos y vasos sagrados á las iglesias de Nueva España, que hoy se conservan, y certificando muchas con la mayor magnificencia y estructura admirable.