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hiciese volver á su ciudad; y que yo les prometia en nombre de vuestra majestad, que siendo ellos leales vasallos de vuestra alteza, de allí adelante serian de mí muy bien tratados, y perdonados del rebelion y yarro pasado. E los dichos naturales fueron, y dende á tres dias vinieron algunas per- sonas principales y pidieron perdon de su yerro, diciendo que no habian podido más, porque habian hecho lo que su señor los mandó; y que ellos pro- metian de ahí adelante, pues su señor se habia ido y dejádolos, deservir á vuestra majestad muy bien y lealmente. E yo les aseguré y dije que se viniesen á sus casas, y trajesen á sus mujeres y hijos, que estaban en otros lugares y villas de su parcialidad; y les dije que hablasen asimismo á los naturales dellas para que viniesen á mí, y que yo les perdo- naba lo pasado; y que no quisiesen que yo hubiese de ir sobre ellos, porque recibirían mucho daño, de lo cual me pesaria mucho. E así fue fecho: de ahí á dos dias se tornó á poblar la dicha ciudad de Iz- zucan, é todos los sufragáneos á ella vinieron á se ofrecer por vasallos de vuestra alteza, é quedó to- da aquella provincia muy segura, y por nuestros amigos y confederados con los de Guacachula. Por- que hubo cierta diferencia sobre á quién pertenecia el señorío de aquella ciudad y provincia de Izzu- can, por ausencia del que se habia ido á México. E puesto que hubo algunas contradicciones y par- cialidades entre un hijo bastardo del señor natural