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tados; y los que estaban vivos cuando yo en la ciu- dad entré, sabiendo mi venida, comenzaron á huir hácia donde estaba, la gente que tenian en guarni- cion, y en el alcance asimismo murieron muchos. E fué tan presto oido y sabido este tumulto por la dicha gente de guarnicion, porque estaban en un alto que sojuzgaba toda la ciudad y lo llano de al derredor, que casi á una sazon llegaron los que sa- lian huyendo de la dicha ciudad y la gente que venia en socorro y á ver qué cosa era aquella; los cuales eran mas de treinta mil hombres y la mas lucida gen- te que hemos visto, porque traían muchas joyas de oro y plata y plumajes; y como es grande la ciu- dad, comenzaron á poner fuego en ella por aquella parte por do entraban; lo cual fué muy presto he- _ cho saber por los naturales, y salí con sola la gente de caballo, porque los peones estaban ya muy can- sados, y rompimos por ellos, y retrujéronse áun paso, el cual les ganamos, y salimos tras ellos, al- canzndo muchos por una cuesta arriba muy agra; y tal, que cuando acabamos de encumbrar la sier- ra, ni los enemigos ni nosotros podiamos ir atrás ni adelante; é asi cayeron muchos dellos muertos y ahogados de la calor, sin herida ninguna, y dos ca- ballos se estancaron, y el uno murió, y desta manera hicimos mucho daño, porque ocurrieron muchos in- dios de los amigos nuestros, y como iban descansados, y los contrarios casi muertos, mataron muchos. Por manera que en poco rato estaba el campo vacío de