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allá nos podrian bien ver. E segun pareció, como de los de la ciudad fuimos Tristos, viendo que tan cerca estábamos, luego cercaron los aposentos don- de los dichos capitanes estaban, y comenzaron á pelear con los demas que por la ciudad estaban re- partidos. E cuando yo llegué á un tiro de ballesta, de la dicha ciudad, ya me traían hasta cuarenta prisioneros, é todavia me di priesa á entrar dentro. En la ciudad andaba muy gran grita por todas las calles: peleando con los contrarios ó guiado por un natural de la dicha ciudad, llegué al aposento donde los capitanes estaban, el cual halló cercado de más de tres mil hombres que peleaban por en- trarles por la puerta, é les tenían tomados los al- tos y azoteas; é los capitanes y la gente que con ellos se halló, peleaban tan bien y tan esforzada- mente, que no les podían entrar al aposento, puesto que eran pocos; porque, demas de pelear ellos co- mo valientes hombres, el aposento era muy fuerte; y como yo llegué luego, entramos y entró tanta gen- te de los naturales de la ciudad, que en ninguna manera los podíamos socorrer, que muy brevemen- te no fuesen muertos; porque yo quisiera tomar al- gunos á vida, para me informar de las cosas de la gran ciudad, y de quién era señor despues de la muerte de Muctezuma, y de otras cosas; y no pu- de torturar sino á uno más muerto que vivo, del cual me informé, como adelante diré. Por la ciudad mataron muchos dellos, que en ella estaban aposen-