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8 E yo, viendo que mostrar á los naturales poco ánimo, en especial á nuestros amigos, ora causa de mas aína dejarnos y ser contra nosotros, acordán- dome que siempre á los osados ayuda la fortuna, y que éramos cristianos, y confiando en la grandi- sima bondad y misericordia de Dios, que no permi- tiria que del todo pereciésemos, y se perdiese tanta y tan noble tierra como para vuestra majestad es- taba pacífica y en punto de se pacificar, ni se de- jase de hacer tan gran servicio como se hacia en continuar la guerra, por cuya causa se había de se- guir la pacificacion de la tierra, como antes estaba, me determiné de por ninguna manera bajar los puertos hácia la mar; antes pospuesto todo trabajo y peligros que se nos pudiesen ofrecer, les dije que yo no habia de desamparar esta tierra, porque en ello me parecia que, demás de ser vergonzoso á mi persona y á todos muy peligroso, á vuestra majes- tad haciamos muy gran traicion. E que me deter- minaba de por todas las partes que pudiese, volver sobre los enemigos, y ofenderlos por cuantas vías á mi fuese posible. E habiendo estado en esta pro- vincia veinte dias, aunque ni yo estaba muy sano de mis heridas, y los de mi compañía todavía bien flacos, salí della para otra que se dice Tepeaca, que era de la liga y consorcio de los Culán, nuestros enemigos; de donde estaba informado que habian muerto diez ó doce españoles que venian de la Ve- racruz á la gran ciudad, porque por allí es el cami-