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tanta, que por la delantera, lados, ni rezaga, nin- guna cosa de los campos que se podían ver, habìa dellos vacía. Los cuales pelearon con nosotros tan fuerlemeute por todas partes, que casi no nos cono- cíamos unos á otros: tan juntos y envueltos anda- ban con nosotros (1). Y cierto creimos ser aquel el último de nuestros días, según el mucho poder de los indios y la poca resistencia que en nosotros hallaban, por ir, como íbamos, muy cansados, y casi todos heridos y desmayados de hambre. Pero quiso nuestro Señor mostrar su gran poder y mise- ricordia con nosotros; que con toda nuestra flaque- za quebrantamos su gran orgullo y soberbia, en que murieron muchos dellos y muchas personas muy principales y señaladas; porque eran tantos, que los unos á los otros se estorbaban, que no podian pelear ni huir. E con este trabajo fuimos mucha par- te del dia, hasta que quiso Dios que murió una persona dellos que debía ser tan principal, que con su muerte cesó toda aquella guerra. Así fuimos al- go más descansados, aunque todavía mordiéndonos, hasta una casa pequeña que estaba en el llano, adonde por aquella noche nos aposentamos, y en el campo. E yadesdeallise percibian ciertas sierras(2)

(1)La batalla junto á Otumba (2) Los pueblos y campos donde fueron estas batallas es- tán antes de llegar á Puebla y entre Otumba y dicha ciudad, y llaman los llanos de Apan, y allí se descubre la sierra de Tlaxcala.