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muy cansados y fatigados y con mucha hambre y sed, y los caballos asimismo traíamos bien cansa- dos, é porque ahi hallamos algun maíz, que comi- mos y llevamos para el camino cocido y tostado. Y otro dia nos partimos, y siempre acompañados de gente de los contrarios; é por la delantera y re- zaga nos acometian, gritando y haciendo algunas ar- remetidas. E seguimos nuestro camino por donde el indio de Tascaltecal nos guiaba; por el cual lle- vábamos mucho trabajo y fatiga, porque nos con- venia ir muchas veces fuera de camino; é ya que era tarde, llegamos á un llano donde habia unas casas pequeñas, donde aquella noche nos aposentamos con harta necesidad de comida. E otro dia luego por la mañana comenzamos á andar, é aun no éramos sali- dos al camino, cuando ya la gente de los enemigos nos seguia por la rezaga; y escaramuzando con ellos, llegamos á un pueblo grande que estaba dos leguas de alli, y á la mano derecha dél estaban algunos indios encima de un cerro pequeño. E creyendo de los tomar, porque estaban muy cerca del camino, y también por descubrir si había mas gente de la que parecía detrás del cerro, me fui coa cinco de caballo y diez ó doce peones, rodeando el dicho cerro. E detrás dél estaba una gran ciudad de mucha gente, con los cuales peleamos tanto, que por ser la tierra donde estaban algo áspera de piedras, y la gente mu- cha, y nosotros pocos, nos convino retraer al pue blo donde los nuestros estaban. E de allí salí yo