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cercados hasta noche, sin nos dejar descansar una hora. En este desbarato se halló por copia, que murieron ciento y cincuenta españoles y cuarenta y cinco yeguas y caballos, y mas de dos mil indios que servian á los españoles, entre los cuales mata- ron, al hijo y hijas de Muteczuma, y á todos los otros señores que traiamos presos. Y aquella noche (1), á media noche, creyendo no ser sentidos, salimos del dicho aposento muy calladamente, dejando en él hechos muchos fuegos, sin saber camino ningu- no ni para dónde íbamos, mas de que un indio de los de Tlascaltecal, que nos guiaba diciendo, que él nos sacaria á su tierra si el camino no nos impe- dian; y muy cerca estaban guardas que nos sintie- ron, y asimismo apellidaron muchas poblaciones que habia á la redonda, de las cuales se recogió mucha gente, y nos fueron siguiendo hasta el dia, y ya que amanecia, cinco de caballo, que iban ade- lante por corredores, dieron en unos escuadrones de gente que estaban en el camino, y mataron al- gunos dellos; los cuales fueron desbaratados, cre- yendo que iba mas gente de caballo y de pié. Y porque ví que de todas partes se recrecia gente de los contrarios, concerté allí la de los nuestros, y de la que habia sana para algo hice escuadrones; y puse en delantera y rezaga y lados, y en medio los

(1) Aquella noche, que hasta el presente se llama la noche triste y desgraciada.