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Como las olasEditar




Pasa la onda amarilla

del revuelto Magdalena

y gime y lame la orilla

de blanda y menuda arena.


Ya se detiene... ya huye

sin recelo, sin temor;

aquí una rama destruye,

allá deshoja una flor.


Pero en su larga carrera

nunca llega a imaginar

que otra onda azul la espera,

la onda amarga del mar.


Nuestros hados, niña loca,

como aquellas olas son:

yo hallé néctar en tu boca;

tú, hiel en mi corazón.