Oro y ébano: 012


La novia eternaEditar




Ávido el mar de poseer la tierra

al sonoro aletazo de la brisa,

en salto audaz, con ímpetu que aterra,

cubre la playa a su pasión sumisa.


Y un grito lanza, un grito formidable

de impaciencia y de amor, de ira y de pena,

al ver que sólo acariciar le es dable

las mismas rocas y la misma arena.


Y alarga hacia su eterna prometida

su amargo belfo azul, bajo la bruma,

en demanda de un ósculo de vida;


y al sentir la impotencia que lo abruma,

ruge... y le arroja en cada arremetida

todos los azahares de su espuma.


Oro y ébano de Julio Flórez
A Bogotá -

A la torre de Panamá (La antigua) - Canción - Candor -
Décima - El barquero misterioso - El entierro de Lila - El poder del canto -
En el monte - Introducción (Al poeta) - La desahuciada - La novia eterna -
Las manos de mi madre - Los besos en los ojos - Ocaso y orto - Paisaje de verano -
Primera aurora - Regreso y adiós a la ciudad - Soneto - Tu alma -
Tu pañuelo - A Colombia - A una niña - Canciones -
Como las olas - Dos amarguras de distinta fuente - El canto del cisne - El hermano Jorge Pombo -
En el divan - Estrellas - La balada inédita - La hurí del pescador -
La ondina - Lo que dirán los ángeles - Más allá - Ósculo tropical -
Pordioseros de amor - Regreso al pasado - Solos - Sumersión -
Tu cuerpo - ¡Lejos! (Oro y ébano) -