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Emblema del dolor y la amargura
que en mi pecho dejó la suerte esquiva,
esta flor, siempre viva,
consagro a tu tranquila sepultura.
Nació en los campos ignorada y sola;
su amarilla corola
no arrebató al jazmín la esencia pura,
ni al nardo la frescura,
ni al clavel los colores encendidos:
no halaga los sentidos;
¡pero tenaz sin marchitarse dura!