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Oficios de Córdoba y Rojas sobre el combate de Cotagaita

Respuesta de José de Córdoba y Rojas a Antonio González BalcarceEditar

Acabo de recibir el oficio de usía con fecha de mañana; y aunque debería ser dirigido a mí como general en jefe, viniendo rotulado a los generales, comandantes y oficiales del ejército de mi mando, los he hecho juntar a presencia del mismo parlamentario y todos unánimemente han dicho, que los sentimientos de la Junta de Buenos Aires son muy contrarios a lo que manifiestan sus papeles públicos y expresa usía en su enunciado: que se halla usía muy equivocado en decir, que el voto de los pueblos del Alto Perú sea igual en sentimiento a la que fue capital del Virreinato, pues uno que otro faccioso que haya en ellos no constituye generalidad. Todos los pueblos y el ejército de mi mando están dispuestos a rechazar con las armas a los que intenten invadir posesiones tan preciosas de nuestro Fernando. Si usía [cree] que puede vencer debe atacarnos siguiendo su plan de operaciones; pero le advierto que el conquistar el [Alto] Perú es obra muy ardua pues son muchos los enemigos y obstáculos que tiene que vencer, siendo el primero un respetable ejército, que está a mis inmediatas órdenes, el que desde luego cumplirá su deber, pues tienen muy impresa en su imaginación la viva imagen de nuestro desgraciado monarca el señor don Fernando VII, a quien han de defender hasta dejar de existir. Dios guarde a usía muchos años.

Cuartel general de Cotagaita, Octubre 27 de 1810. José de Córdoba y Rojas.

Señor don Antonio González Balcarce, mayor general de las tropas de Buenos Aires.

[Copia y original en: Archivo General de la Nación, Buenos Aires, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, año 1810, tomo 87, folios 109-110]

[Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|págs.12942-12943, tomo XIV]

Oficio a Vicente Nieto comunicando el ataqueEditar

Esta mañana me enviaron los insurgentes un parlamentario a efecto de que me rindiera: les contesté como corresponde y faltando a la buena fe del acto me avanzaron y atacaron de firme por varios puntos entre [las] diez y once del día hasta ahora que son las dos menos cuarto, sigue el combate con igual fuerza por ambas partes, pero tengo la desgracia de que se me han desmontado tres piezas de cañón y tengo herido, aunque levemente, al valiente capitán Cabero. Los veteranos, y voluntarios del Rey es la única fusilería que hasta ahora ha entrado en acción, y con tanta ventaja que atravesando la quebrada de Portugalete desalojaron a los enemigos de una altura en que se hallaban, tomándoles un prisionero del cuerpo de Andaluces, el que me dice que su fuerza consiste en novecientos hombres, un obús y un cañón de ocho, pero este último calibre es falso, pues las balas que he recogido son de a cuatro.

Siguen avanzando un obús, de quien tengo en mi poder varias granadas de seis pulgadas que nos han tirado, y ya tengo el gusto de tenerlos a tiro largo de metralla. No desistiré de la justa causa que defiendo y mis tropas se van ya acostumbrando al silbido de las balas. Estoy satisfecho de ellos, y no dudo en conseguir la victoria. Dios guarde a vuestra señoría muchos años. Cuartel general de Santiago de Cotagaita, 27 de octubre de 1810.[Hora 13:45]

José de Córdoba José de Córdoba y Rojas. Señor presidente de Charcas general en jefe del Perú.

[Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|págs.12943-12944, tomo XIV.]

Oficio a Vicente Nieto comunicando la retirada enemigaEditar

Son las dos y media de la tarde y han huido vergonzosamente, dejándome otros prisioneros, mis tropas han avanzado en persecución de ellos, pero descubro que están formando dos columnas y tal vez emprenderán de nuevo el ataque, por lo que he mandado que se me retiren las avanzadas y ocupen los puntos de defensa, pues así como pueden atacarme, pueden también con su caballería cortarme los que han avanzado desordenadamente para perseguirlos.

Si tuviese las seiscientas mulas que pedí esta mañana para atacarlos en su campo les picaría la retaguardia, pero los arrieros han fugado y estoy a pie, por lo que no puedo completar mis deseos. Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Cuartel general de Santiago de Cotagaita octubre 27 de 1810 [14:30 horas].

José de Córdoba y Rojas.

Señor presidente de Charcas general en jefe del [Alto] Perú.

[Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|págs.12944, tomo XIV.]

Oficio a Vicente Nieto con más detalles del combateEditar

Cuando esta mañana me hallaba en el fuerte del ataque escribí a vuestra señoría a las dos menos cuarto dándole parte de mi estado; y habiéndose detenido por falta de mulas el extraordinario pude a las dos y media de la tarde darle cuenta de la victoria; mas no siéndome dable el extenderme a causa de las grandes atenciones con que me hallaba lo hago ahora manifestándole que entre ocho y nueve del día se presentó sobre mis avanzadas un oficial parlamentario a quien hice conducir a mi presencia según estilo de guerra; y entregándome éste el pliego cuya copia acompaño con el número 1, hice juntar a los jefes y oficiales del ejército a mi mando, a quienes para indignarlos más contra los agresores, les leí el enunciado papel y mandé diesen la contestación. Todos, todos a una voz manifestaron al oficial parlamentario los deseos de sostener la causa del Rey, y hecho así procedí a extender la contestación que acompaño con el número 2.

Como la buena fe está muy distante de ser guardada por hombres inicuos, no bien había salido de mis atrincheramientos [el parlamentario] cuando el grueso del ejército enemigo se me presentó al frente y en desorden; y como mis tropas se hallaban en los puestos de defensa según el plan y orden general que di ayer, y acompaño con copia número 3, nada tenía que prevenir y disponer. Las columnas enemigas que estaban desordenadas a mi frente se dividieron en dos y avanzaron por las faldas de la cordillera de cerros que forman la quebrada, un obús de seis pulgadas vino por mi derecha y un cañón de a cuatro se mantuvo algo a mi izquierda, con estas dos piezas únicas que han tenido, rompieron el fuego a tiro largo a las diez y media de la mañana, y hallándome yo en el reducto del centro, hice se le contestase con dos cañones de a 4”; así siguieron avanzando aunque en pelotones, desordenados, y trataron de establecer su artillería sobre una altura que dominaba mi línea de defensa en donde hay situado un molino a quien no había hecho destruir más que sus corrales y alguna tala de árboles, por no causar gran daño al propietario y pueblo que se sostiene de él, pero conociendo sus ideas, y que tal vez sostendrían esta posesión con fusileros en la cúspide de un cerro, a cuya meseta está situado, me dirigí al 4° y 5° reducto que estaban haciendo buen fuego de cañón, y mandé que las dos compañías veteranas del real Borbón a las órdenes del capitán graduado de teniente coronel don Juan de Dios Cabero e igual número de los voluntarios del Rey al mando del bizarro capitán don José Fernando de Hontaneda pasasen la quebrada del camino de Portugalete y ocupasen la altura. Si yo me hubiese detenido un corto momento en tomar esta determinación, desde luego hubieran sacado los enemigos grandes ventajas de aquel puesto, pues sus tropas empezaban a ocuparlo cuando llegaron las cuatro compañías enumeradas quienes atacando vivamente a ochenta hombres que allí se hallaban los desalojaron haciéndoles huir vergonzosamente, con no poca pérdida de muertos y heridos en su retirada, y la de dos prisioneros de los cuerpos de andaluces y arribeños que se rindieron; habiendo tenido por nuestra parte herido al capitán Cabero, un soldado veterano y dos voluntarios del Rey.

Visto por los enemigos que la posición del molino les era ya desventajosa por ser nosotros dueños de la altura que lo domina, avanzaron el obús sin embargo de mi continuado fuego, y lo apoyaron en un rancho del frente de mi reducto del centro, en que estaba el distinguido teniente comandante de artillería don Miguel Mujía, y a tiro muy corto rompieron nuevamente el fuego con bastante viveza. La columna [enemiga] de mi izquierda siguió adelante con el cañón de a cuatro sostenido por los negros y mulatos que ocuparon el cerro del camino de la quebrada de Cinti, pero los fuegos vivos y bien dirigidos del subteniente de artillería don Luciano Cabral, a quien había encargado del primer reducto de la izquierda, cuyo nombre es Real Fernando, no sólo los contuvo, sino que les hizo grandes destrozos.

Los granaderos del provincial de Potosí reforzaron la altura en que estaba apoyado éste, y con parte de tropa de la división de Puno que la ocupaban se batieron muy bien con los negros y mulatos. Así continuaba el fuego de una y otra parte cuando a las dos y media, y después de cuatro horas de combate empezaron a retirarse llevándose el obús bajo los fuegos de su fusilería atrasada en los altos de la espalda, y hallándome yo con cuatro cañones desmontados de los diez que tenía y sin más de 40 balas rasas de a dos, tuve que hacerlos cesar y contentándome con verlos correr, pues aunque hubiera picado su retaguardia como tenía premeditado y dispuesto no lo pude verificar a causa de que fugándose los arrieros me faltaban las 600 mulas pedidas.

Se han consumido en esta acción 120 balas de a 4, 160 de a dos y 60 tiros de metralla. Todos los oficiales, sargentos, cabos y soldados se han comportado como buenos vasallos y defensores de nuestro rey Fernando, les estoy muy obligado como de señor mayor general el coronel don Indalecio González de Socasa y comandante de cuerpos don Narciso Bosagoitía, don Marcos Llano, y don Juan Crisóstomo Cabero, pues me han ayudado en un todo, pero sin agraviar tropas tan beneméritas debo hacer particulares elogios de los veteranos del real Borbón mandados por Cabero y los voluntarios del Rey, de quien es comandante Hontaneda, pues tomando una altura ya ocupada hicieron lo que tanto se elogia con razón en las mejores tropas de línea. La artillería que fue servida igualmente en los cinco reductos, conservó su buen nombre, y los individuos de ella, así del Cuzco como de Charcas son valientes y beneméritos, en cuyo caso se halla la compañía de granaderos de Potosí, y parte de las tropas de Puno que sostuvieron la izquierda, no siendo por éste menor el mérito que han contraído las demás destinadas a la trinchera, pues sus deseos eran tan vivos que llamaban a los enemigos para tener parte activa en la acción; y cuando estos retrocedieron pasaron el foso y los persiguieron largo trecho a pie trayéndome sucesivamente hasta el número de 20 soldados que de distintos cuerpos se han pasado a nuestro ejército. También estoy muy satisfecho, y son beneméritos los dragones de Chichos, que comportándose bien en las guerrillas han sostenido con mucha serenidad el reducto del centro, que fue el más fuertemente atacado, y aunque la caballería de Cinti estaba desmontada y sin otra arma que la lanza, conservó igualmente su lugar en la trinchera. Mis ayudantes de campo, el capitán don Manuel Gómez y Santos y el teniente don Manuel Sánchez Moscoso, ambos de voluntarios del Rey, repartieron en la línea mis órdenes y estoy muy satisfecho de ellos, lo mismo que de los del señor mayor general, el subteniente del real Borbón, don Juan José Vianqui y el ayudante mayor del provincial de Potosí, don Juan de Dios Saravia, a quienes empleé repetidas veces. El capitán don Francisco González de la Peña, graduado de teniente coronel aunque no tenía destino fijo por ser comandante de las guerrillas, que se hallaban incorporadas en la línea de defensa, ha estado conmigo en todos los puntos atacados, y el vicario de este ejército, doctor don Mariano de la Torre y Vera y los capellanes de él, sin embargo del vivo fuego, se han mantenido en los reductos, como los cirujanos don Isidoro Alvarez y don Jaime Coll. Cuando me halle sin tantas atenciones propondré a vuestra señoría los premios de los oficiales y tropa que más se han distinguido en esta acción y tendrán su correspondiente lugar el teniente de voluntarios del Rey, don Manuel de Orna, el subteniente del mismo cuerpo don Anselmo Rial y los abanderados del real Borbón don Ramón García Pérez, que colocó el pabellón de su cuerpo en la cima del monte, y el de voluntarios del Rey don Luis Toribio Reyes que con su fusil y a la vanguardia ocupó dicho sitio. Espero que si se repiten los ataques, se repetirán las victorias. Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Cuartel general de Santiago de Cotagaita, 27 de octubre de 1810.

José de Córdoba y Rojas.

Señor don Vicente Nieto. Presidente de Charcas, general en jefe del Alto Perú.

[Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|págs.12944-12946, tomo XIV.]

Disposiciones para la defensaEditar

Orden general: Al toque de generala se reunirán todas las tropas del ejército en los puestos de la 1° y 2° línea del campamento y luego que se les mande ocupar los de defensa lo verificarán en el orden siguiente: La mitad del batallón de Puno ocupará el cerro de la izquierda y el resto el de la derecha. El provincial de Potosí, por mitades, sostendrán los reductos 1° y 2° de la izquierda. El cuerpo de dragones de Chichas sostendrá el reducto del centro. Los veteranos el reducto de la derecha y los voluntarios del Rey el 2° de la misma banda. Entre el 1° y 2° reductos 20 lanceros de Cinti, entre 2° y 3° igual número, lo mismo entre el 3° y 4° e igualmente entre 4° y 5°. El resto de Cinti relevará todos los guardias del campamento y pueblo. Dos cañones de a dos en el reducto de la izquierda, igual número en el segundo, los cuatro de Cinti en el del centro y los cuatro de Puno entre los reductos de la derecha.

Oficio a Vicente Nieto detallando instrucciones dadas para persecución de enemigosEditar

Para completar la victoria deshaciendo a los enemigos que van huyendo en completa dispersión he mandado, dos destacamentos de ciento cincuenta hombres cada uno bajo las órdenes de los capitanes don Francisco González de la Peña y don José Fernando de Hontaneda, a quienes se ha dado la instrucción que a la letra es como sigue:

Derrotados los enemigos por la gloriosa victoria que consiguieron ayer los amos del Rey que están a mi cargo sin municiones para un solo obús aunque se hallan, y desmontado el único cañón que tienen se han retirado con dirección a Suipacha tomando el camino de la Ramada, y aunque desde luego los hubiera perseguido valiéndome de su situación, la falta de mulas ha entorpecido mis planes hasta ahora, en que teniendo algunas he determinado que eligiendo usted ciento cincuenta hombres de su satisfacción de todos los cuerpos del ejército salga en el día de mañana con ellos y un cañón volante por el camino de la Almona a entrar en Tupiza en el caso de hallarse abandonado, y desde allí incomodarlo en Suipacha a fin de que dispersándose más y más, no puedan fácilmente rehacerse. Tengo entendido, o más bien dicho estoy seguro de que el disgusto es tan general en la tropa por la falta de alimentos y prest que están decididos a pasarse a nuestras banderas gran número de ellos, y que no lo verifican por el terror que les han infundido pasando por las armas a sus desertores. Con este motivo uno de los primeros objetos a que se dirige la comisión de usted es proteger esta deserción valiéndose para ello de cuantos medios le sugiera la prudencia y como mi corazón se horroriza en emplear las armas del Rey con unos vasallos suyos, y hermanos nuestros, que están ilusos, y seducidos por sus caudillos no aspiro a batirlo más, y sólo a que vuelvan del letargo en que se hallan abriéndoles de nuevo el camino, pues para castigo les basta a los soldados el día de ayer, y a los jefes les tocará a su tiempo; por esto es que prevengo a usted que no empeñe acción alguna, si bien se comportará con la distinción con que hasta aquí en caso de ser atacado, teniendo presente en éste el dicho antiguo, de ni la busques ni la excuses. Si accidentalmente el pueblo de Tupiza estuviese ocupado por los enemigos, se situará usted en Choroma que dista una legua de él, y desde allí, con las precauciones necesarias a no ser sorprendido los amenazará repetidas veces variando sus posiciones. Si como creo están en Suipacha se moverá usted entre Tupiza y Moraya y sólo en el caso de encontrarlos tenaces en sus1 malvados pensamientos los batirá de firme por sí solo o en unión de don N. a quien con igual número de gente he destinado al mismo servicio que a usted y bajo las propias instrucciones.

El juez real subdelegado de Tupiza, doctor don Pedro José Agrelo que tan mal ha correspondido a la confianza que de él se tenía será aprehendido por usted si pudiese hacerlo, lo mismo que don Manuel Alberti y demás personas que se hayan declarado por los revolucionarios auxiliándolos en su tránsito y marcha. El alcalde de Mojo don Manuel León Quintas, es un picarón y ha faltado a mis órdenes por lo que será igualmente arrestado mas ninguno de estos sujetos u otros de quienes haya racionales sospechas de infidencia sufrirá otra pena que la de su detención y seguridad de haberes hasta que impuesto yo de todo pueda determinar bajo las órdenes del jefe superior del Alto Perú. La tropa ha de comer bien, ha de ser bien tratada y nada le ha de faltar; por lo que luego que usted haga alto en el punto que elija se proveerá de ganado vacuno o lanar para que hagan su rancho pagando todo cuanto se consuma, y en poblado se reservará la galleta que va de repuesto pues se les ha de suministrar pan fresco que han de comer con preferencia a los habitantes del lugar, respecto a que los defienden de las incursiones de los malvados.

Se me olvidaba decir a usted que el gobernador de los indios de esta doctrina debe al Rey la maldad que ha hecho de haberse fugado con todos sus indios dejándonos los trabajos de la seguridad del ejército, sin embargo de que eran pagados diariamente con fuerte jornal, se me ha dicho que está en Tupiza a donde fue llamado por el subdelegado y así sería bueno el que usted lo busque y me lo envíe para que comprobando su delito lo pague, y el castigo contenga a otros en incidir en faltas tan graves.

Confío en que por el celo de usted, su patriotismo y amor al Rey sacaré grandes ventajas con esta comisión que le cometo por el buen concepto que me merece. Lo que aviso a vuestra señoría como única noticia sobre enemigos, y providencia que he tomado después de la acción. Estoy disponiendo todo lo necesario para avanzar con el ejército, si vuestra señoría lo creyese conveniente a su llegada que espero sea en día de mañana. Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Cuartel general de Santiago de Cotagaita y octubre 29 de 1810.

José de Córdoba y Rojas

Señor don Vicente Nieto, presidente de la Real Audiencia de Charcas y general en jefe del ejército del Alto Perú.

Don Joaquín González de Terán, teniente del regimiento de infantería de Buenos Aires, y secretario del muy ilustre señor presidente don Vicente Nieto, general en jefe de este ejército.

Certifico que las copias que anteceden del parte y oficios que expresan son en todo iguales a las originales que se hallan en esta secretaría de mi cargo. Cuartel general de Santiago de Cotagaita y noviembre 19 de 1810.

Firmado Joaquín Terán.

[Fuente: Biblioteca de Mayo|1963|págs.12947-12948, tomo XIV]