Naufragios/9

[ fol. xiij. ]
Capitulo nueve, como partimos de baya de cavallos.

A

Quella baya de donde partimos, ha por nombre la baya de cavallos. Y anduvimos siete dias por aquellos ancones entrados en el agua hasta la cinta sin señal de ver ninguna cosa de costa : y al cabo dellos llegamos a una ysla que estava cerca de la tierra. Mi varca yva delante, y della vimos venir cinco canoas de indios, los quales las desampararon y nos las dexaron en las manos, viendo que yvamos a ellas, las otras varcas passaron adelante y dieron en unas casas de la misma ysla, donde hallamos muchas liças y huevos dellas que estavan secas, que fue muy gran remedio para la necessidad que llevavamos. Despues de tomadas passamos adelante, y dos leguas de alli passamos un estrecho que la ysla con la tierra hazia : al qual llamamos de sant Miguel, por aver salido en su dia por el, y salidos llegamos a la costa, donde con las cinco canoas que yo avia tomado a los indios, remediamos algo de las varcas, haziendo falcas dellas y añadiendolas : de manera que subieron dos palmos de bordo sobre el agua.

Y con esto tornamos a caminar por luengo de [ fol. xiiij. ]costa la via del rio de Palmas, cresciendo cada dia la sed y la hambre, porque los bastimentos eran muy pocos, y yvan muy al cabo, y el agua se nos acabo, porque las botas que hezimos de las piernas de los cavallos luego fueron podridas y sin ningun provecho : algunas vezes entramos por ancones y bayas, que entravan mucho por la tierra a dentro, todas las hallamos baxas y peligrosas. Y ansi anduvimos por ellas treynta dias, donde algunas vezes hallavamos indios pescadores, gente pobre y miserable.

Al cabo ya destos treynta dias que la necessidad del agua era en extremo, yendo cerca de costa una noche sentimos venir una canoa : y como la vimos, esperamos que llegasse, y ella no quiso hazer cara : y aun que la llamamos no quiso bolver ni aguardarnos, y por ser de noche no la seguimos, y fuimonos nuestra via : quando amanescio vimos una ysla pequeña : y fuymos a ella por ver si hallariamos agua, mas nuestro trabajo fue embalde, porque no la avia. Estando alli surtos nos tomo una tormenta muy grande porque nos detuvimos seys dias sin que osasemos salir a la mar : y como avia cinco dias que no beviamos, la sed fue tanta que nos puso en necessidad de bever agua salada : y algunos se desatentaron tanto en ello, que supitamente se nos murieron cinco hombres. Cuento esto assi brevemente, porque no creo que ay necessidad de particularmente contar las miserias y trabajos en que nos vimos : pues considerando el lugar donde estavamos, y la poca esperança de remedio que teniamos, cada uno puede pensar mucho de lo que alli passaria. Y como vimos que la sed crescia y el agua nos matava, aun que la tormenta no era cessada, acordamos de encomendarnos a dios nuestro señor y aventurarnos antes al peligro de la mar, que esperar la certinidad de la muerte que la sed nos dava : y assi salimos la via donde aviamos visto la canoa la noche que por alli veniamos. Y en este dia nos vimos muchas vezes anegados, y tan perdidos que ninguno ovo que no tuviesse por cierta la muerte.

Plugo a nuestro señor, que en las mayores necessidades suele mostrar su favor, que a puesta del sol bolvimos una punta que la tierra haze, a donde hallamos mucha bonança y abrigo. Salieron a nosotros muchas canoas, y los indios que en ellas venian nos hablaron, y sin querernos aguardar se bolvieron. Era gente grande y bien dispuesta, y no trayan flechas ni arcos. Nosotros les fuymos siguiendo hasta sus casas que estavan cerca de alli a la lengua del agua, y saltamos en tierra : y delante de las casas hallamos muchos cantaros de agua, y mucha cantidad de pescado guisado : y el señor de aquellas tierras ofrescio todo aquello al governador, y tomandolo consigo lo llevo a su casa. Las casas destos eran de esteras, que a lo que parescio eran estantes. Y despues que entramos en casa del Cacique, nos dio mucho pescado : y nosotros le dimos del maiz que trayamos, y lo comieron en nuestra presencia, y nos pidieron mas y se lo dimos : y el governador le dio muchos rescates : el qual estando con el Cacique en su casa a media hora de la noche, supitamente los indios dieron en nosotros, y en los que estavan muy malos echados en la costa, y acometieron tambien la casa del Cacique dondel governador estava, y lo hirieron de una piedra en el rostro. Los que alli se hallaron prendieron al Cacique : mas como los suyos estavan tan cerca soltoseles, y dexoles en las manos una manta de martas zebelinas, que son las mejores que creo yo que en el mundo se podrian hallar, y tienen un olor que no paresce sino de ambar y almizcle, y alcança tan lexos que de mucha cantidad se siente : otras vimos alli mas ningunas eran tales como estas. Los que alli se hallaron viendo al governador herido lo metimos en la varca, y hezimos que con el se recogiesse toda la mas gente a sus varcas, y quedamos hasta cinquenta en tierra para contra los indios que nos acometieron tres vezes aquella noche, y con tanto impetu, que cada vez nos hazian retraer mas de un tiro de piedra : ninguno huvo de nosotros que no quedasse herido, y yo lo fui en la cara, y si como se hallaron pocas flechas, estuvieran mas proveydos [ fol. xv. ]dellas, sin dubda nos hizieran mucho daño. La ultima vez se pusieron en celada los capitanes Dorantes, y Peñalosa, y Tellez con quinze hombres, y dieron en ellos por las espaldas y de tal manera les hizieron huyr que nos dexaron. Otro dia de mañana yo les rompi mas de treynta canoas, que nos aprovecharon para un norte que hazia, que por todo el dia ovimos de estar alli con mucho frio sin osar entrar en la mar por la mucha tormenta que en ella avia.

Esto passado nos tornamos a embarcar y navegamos tres dias : y como aviamos tomado poca agua, y los vasos que teniamos para llevar assi mesmo eran muy pocos, tornamos a caer en la primera necessidad : y siguiendo nuestra via entramos por un estero y estando en el vimos venir una canoa de indios : como los llamamos vinieron a nosotros. Y el governador a cuya varca avian llegado pidio les agua, y ellos la ofrescieron con que les diessen en que la traxesen : y un christiano griego llamado Doroteo Teodoro (de quien arriba se hizo mencion), dixo que queria yr con ellos, el governador y otros se lo procuraron estorvar mucho, y nunca lo pudieron, sino que en todo caso queria yr con ellos : y assi se fue, y llevo consigo un negro : y los indios dexaron en rehenes dos de su compañia : y a la noche los indios bolvieron y traxeron nos nuestros vasos sin agua, y no traxeron los christianos que avian llevado : y los que avian dexado por rehenes, como los otros los hablaron quisieronse echar al agua. Mas los que en la varca estavan los detuvieron, y ansi se fueron huyendo los indios de la canoa : y nos dexaron muy confusos y tristes por aver perdido aquellos dos christianos.