Naufragios/31

[ fol. xliiij. ]
Capitulo treynta y uno :
de como seguimos el camino del maiz.

P

Assados dos dias que alli estuvimos, determinamos de yr a buscar el maiz, y no quesimos seguir el camino de las vacas, porque es hazia el norte. Y esto era para nosotros muy gran rodeo : porque siempre tuvimos por cierto, que yendo la puesta del sol aviamos de hallar lo que desseavamos : y ansi seguimos nuestro camino y atravessamos toda la tierra hasta salir a la mar del Sur : y no basto [a] estorvarnos esto el temor que nos ponian de la mucha hambre que aviamos de passar (como a la verdad la passamos) por todas las diez y siete jornadas que nos avian dicho. Por todas ellas el rio arriba nos dieron muchas mantas de vacas : y no comimos de aquella su fruta, mas nuestro mantenimiento era cada dia tanto como una mano de unto de venado que para estas necessidades procuravamos siempre de guardar. Y ansi passamos todas las diez y siete jornadas, y al cabo dellas travessamos el rio y caminamos otras diez y siete. A la puesta del sol por unos llanos, y entre unas sierras muy grandes que alli se hazen : alli hallamos una gente que la tercera parte del año no comen sino unos polvos de paja : y por ser aquel tiempo quando nosotros por alli caminamos ovimos lo tambien de comer hasta que acabadas estas jornadas hallamos casas de assiento a donde avia mucho maiz allegado, y dello y de su harina nos dieron mucha cantidad, y de calabaças/y frisoles/y mantas de algodon : y de todo cargamos a los que alli nos avian traydo : y con esto se bolvieron los mas contentos del mundo. Nosotros dimos muchas gracias a dios nuestro señor por avernos traydo alli a donde aviamos hallado tanto mantenimiento. Entre estas casas avia algunas dellas que eran de tierra : y las otras todas son de esteras de cañas, y de aqui passamos mas de cien leguas de tierra, y siempre hallamos casas de assiento y mucho mantenimiento de maiz y frisoles. Y davan nos muchos venados y muchas mantas de algodon mejores que las de la nueva España. Davan nos tambien muchas cuentas y de unos corales que ay en la mar del Sur, muchas turquesas muy buenas que tiene, de hazia el norte : y finalmente dieron aqui todo quanto tenian y a mi me dieron cinco esmeraldas hechas puntas de flechas, y con estas flechas hazen ellos sus areytos y bayles. Y paresciendo me a mi que eran muy buenas les pregunte que donde las avian [ fol. xlv. ]avido : y dixeron que las trayan de unas sierras muy altas que estan hazia el norte y las compravan a trueco de penachos y plumas de papagayos : y dezian que avia alli pueblos de mucha gente y casas muy grandes. Entre estos vimos las mugeres mas honestamente tratadas que a ninguna parte de indias que hoviessemos visto. Traen unas camisas de algodon que llegan hasta las rodillas, y unas medias mangas encima dellas de unas faldillas de cuero de venado sin pelo que tocan en el suelo : y enjabonanlas con unas rayzes que alimpian mucho : y ansi las tienen muy bien tratadas, son abiertas por delante y cerradas con unas correas, andan calçados con çapatos. Toda esta gente venia a nosotros a que les tocassemos y santiguassemos : y eran en esto tan importunos que con gran trabajo lo sufriamos porque dolientes y sanos todos querian yr santiguados. Acontescia muchas vezes que de las mugeres que con nosotros yvan : parian algunas : y luego en nasciendo nos trayan la criatura a que la santiguassemos y tocassemos. Acompañavan nos siempre hasta dexarnos entregados a otros. Y entre todas estas gentes se tenia por muy cierto que veniamos del cielo. Entre tanto que con estos anduvimos caminamos todo el dia sin comer hasta la noche : y comiamos tan poco que ellos se espantavan de verlo. Nunca nos sintieron cansancio, y a la verdad nosotros estavamos tan hechos al trabajo que tampoco lo sentiamos. Teniamos con ellos mucha autoridad y gravedad : y para conservar esto les hablavamos pocas vezes. El negro les hablava siempre, se informava de los caminos que queriamos yr y los pueblos que avia, y de las cosas que queriamos saber. Passamos por gran numero y diversidades de lenguas, con todas ellas dios nuestro señor nos favorescio : porque siempre nos entendieron y les entendimos. Y ansi preguntavamos y respondian por señas, como si ellos hablaran nuestra lengua, y nosotros la suya : porque aun que sabiamos seys lenguas no nos podiamos en todas partes aprovechar dellas, porque hallamos mas de mil diferencias. Por todas estas tierras los que tenian guerras con los otros se hazian luego amigos para venirnos a rescebir y traernos todo quando tenian : y de esta manera dexamos toda la tierra en paz y diximos les por las señas que nos entendian que en el cielo avia un hombre que llamavamos dios : el qual avia criado el cielo y la tierra, y que este adoravamos nosotros y teniamos por señor : y que haziamos lo que nos mandava, y que de su mano venian todas las cosas buenas y que si ansi ellos lo hiziessen les yria muy bien dello. Y tan grande aparejo hallamos en ellos que si lengua hoviera con que perfectamente nos entendieramos todos los dexaramos christianos. Esto les dimos a entender lo mejor que podimos : y de ay adelante quando el sol salia con muy gran grita abrian las manos juntas al cielo, y despues las trayan por todo su cuerpo : y otro tanto hazian quando se ponia. Es gente bien acondicionada y aprovechada para seguir qualquiera cosa bien aparejada.