Metamorfosis o el Asno de Oro, 1. 1-15

Metamorfosis o el Asno de Oro, 1. 1-15
Traducción de
Mario Colago Sánchez
 de Apuleyo


[1] At ego tibi sermone isto Milesio varias fabulas conseram auresque tuas benivolas lepido susurro permulceam — modo si papyrum Aegyptiam argutia Nilotici calami inscriptam non spreveris inspicere — , figuras fortunasque hominum in alias imagines conversas et in se rursus mutuo nexu refectas ut mireris. Exordior. "Quis ille?" Paucis accipe. Hymettos Attica et Isthmos Ephyrea et Taenaros Spartiatica, glebae felices aeternum libris felicioribus conditae, mea vetus prosapia est; ibi linguam Atthidem primis pueritiae stipendiis merui.

Me gustaría con este escrito reunir para ti, lector, algunos cuentos en prosa milesia, y seducir tus benévolos oídos con una divertida narración -si no rechazas leer este papiro egipcio escrito con fina caña del Nilo-, para que quedes admirado de cómo unos hombres cambian de forma y condición a otras representaciones y de nuevo ellos mismos recuperan su imagen por mutuo acuerdo. Empiezo: ¿Quién será aquél que cuenta esto? Recibe unos pocos datos: Himetos de Ática, el istmo de Efirea, y Tenaros de Espártica -dichosos trozos de tierra que libros aún más afortunados han rendido homenaje eternamente- son mi antigua cuna. Allí rendí mis primeros tributos de infancia al aprendizaje de la lengua ática.


Mox in urbe Latia advena studiorum Quiritium indigenam sermonem aerumnabili labore nullo magistro praeeunte aggressus excolui. En ecce praefamur veniam, siquid exotici ac forensis sermonis rudis locutor offendero. Iam haec equidem ipsa vocis immutatio desultoriae scientiae stilo quem accessimus respondet. Fabulam Graecanicam incipimus. Lector intende: laetaberis.

Luego, al instalarme en Roma, siendo yo un forastero, estudié con ahínco la lengua indígena de los Quirites, sin la ayuda de molestia de ningún maestro que me dirigiera. Por lo que ya desde ahora, ignorante charlatán que soy, pido perdón por si incurro en extranjerismos o en tecnicismos del Foro. Pero, también es cierto que este mismo cambio de voz responde al estilo de poner en práctica el conocimiento al que ya hemos accedido. Comencemos, pues, con un cuento de estilo griego. Pon atención, lector, porque te causará placer.


[2] Thessaliam — nam et illic originis maternae nostrae fundamenta a Plutarcho illo inclito ac mox Sexto philosopho nepote eius prodita gloriam nobis faciunt — eam Thessaliam ex negotio petebam. Postquam ardua montium ac lubrica vallium et roscida cespitum et glebosa camporum <emensus> emersi, in equo indigena peralbo vehens iam eo quoque admodum fesso, ut ipse etiam fatigationem sedentariam incessus vegetatione discuterem in pedes desilio, equi sudorem <fronte detergeo>, frontem curiose exfrico, auris remulceo, frenos detraho, in gradum lenem sensim proveho, quoad lassitudinis incommodum alvi solitum ac naturale praesidium eliquaret.

Me dirigía a Tesalia -pues, en efecto, de allí, donde proviene el linaje de mi madre, de aquel ilustre Plutarco y luego de su sobrino, el filósofo Sexto, viene nuestra gloria-, iba a Tesalia, digo, por negocio. Después de haber atravesado altas cordilleras, peligrosos valles, húmedas praderas y tierras de labranza, a lomos de un caballo blanco del país, que estaba realmente cansado, yo también, rendido como iba, quise hacer desaparecer la sedentaria fatiga: salté en tierra, enjugué el sudor de la frente del caballo, le limpié con cuidado la frente, le acaricié las orejas, le quité el bocado y me puse a caminar lentamente, a paso moderado, hasta que el remedio natural y habitual le aligerara el peso del vientre.


Ac dum is ientaculum ambulatorium prata quae praeterit ore in latus detorto pronus adfectat, duobus comitum qui forte paululum processerant tertium me facio. Ac dum ausculto quid sermonibus agitarent, alter exserto cachinno: "Parce" inquit "in verba ista haec tam absurda tamque immania mentiendo." Isto accepto sititor alioquin novitatis: "Immo vero" inquam "impertite sermonem non quidem curiosum sed qui velim scire vel cuncta vel certe plurima; simul iugi quod insurgimus aspritudinem fabularum lepida iucunditas levigabit."

Y mientras él, sin perder el paso, inclinado hacia delante, torciendo la cabeza a una parte y a otra, trataba de alcanzar el almuerzo, las hierbas que le llegaban a la altura de la boca, me hice como tercero a dos compañeros que, casualmente, iban un poco más adelante de mí. Y mientras escuchaba con atención qué era lo que hablaban, uno de ellos rompió en carcajada y dijo: -Ahorra el decir mentiras con esas palabras tan increíbles y tan desmesuradas. Al oír esto, sediento como iba de noticias, dije: -No, hombre, no: mejor hacedme partícipe de vuestra conversación. No penséis que soy un indiscreto; es que me gustaría saber todo lo que pasa, o al menos lo máximo posible. Además, el misterioso encanto de los cuentos nos aliviará de la aspereza de la cuesta que ahora subimos.


[3] At ille qui coeperat: "Ne" inquit "istud mendacium tam verum est quam siqui velit dicere magico susurramine amnes agiles reverti, mare pigrum conligari, ventos inanimes exspirare, solem inhiberi, lunam despumari, stellas evelli, diem tolli, noctem teneri." Tunc ego in verba fidentior: "Heus tu" inquam "qui sermonem ieceras priorem, ne pigeat te vel taedeat reliqua pertexere", et ad alium:

Entonces, aquél que había comenzado a hablar dijo: -¡Ni lo sueñes!; esa mentira es tan cierta como si alguien quisiera decir que con una fórmula mágica se consigue que los activos ríos tornen para atrás, que el mar en calma se encrespe, que los vientos, privados de fuerza, cesen, que el sol se detenga, que la luna crezca, que las estrellas se muevan, que el día avance o que la noche se reduzca. Entonces yo, con un poco más de osadía, dije: -Oye, tú, el que habías contado una primera historia; que no te avergüence ni te desagrade exponer lo que queda. Y al otro:


"Tu vero crassis auribus et obstinato corde respuis quae forsitan vere perhibeantur. Minus hercule calles pravissimis opinionibus ea putari mendacia quae vel auditu nova vel visu rudia vel certe supra captum cogitationis ardua videantur; quae si paulo accuratius exploraris, non modo compertu evidentia verum etiam factu facilia senties.

-En cuanto a ti, estás rechazando obstinadamente con oídos necios lo que quizás se cuenta como verdad. Estáte menos habituado, ¡por Hércules!, a pensar en ciega opinión que es mentira lo que se oye por primera vez, o lo que es desconocido a nuestra vista, o lo que ciertamente parece que sobrepasa lo imaginable a nuestra comprensión; porque si lo examinas con un poco más de cuidado, te darás cuenta no solamente de la evidencia del descubrimiento, sino también de la sencillez del hecho.


[4] Ego denique vespera, dum polentae caseatae modico secus offulam grandiorem in convivas aemulus contruncare gestio, mollitie cibi glutinosi faucibus inhaerentis et meacula spiritus distinentis minimo minus interii. Et tamen Athenis proxime et ante Poecilen porticum isto gemino obtutu circulatorem aspexi equestrem spatham praeacutam mucrone infesto devorasse, ac mox eundem, invitamento exiguae stipis venatoriam lanceam, qua parte minatur exitium, in ima viscera condidisse.

Yo mismo, ayer tarde, cuando, en competición contra unos comensales, deseaba ardientemente engullir de otro modo un trozo de torta de queso más grande que lo proporcionado, se me pegó la viscosidad de la comida pegajosa a la garganta, y tanto me atragantó la respiración, que menos de un segundo más y me muero. Y sin embargo, no hace mucho, en Atenas, ante el pórtico Pecilo, lancé la mirada con este par de ojos hacia un malabarista que se tragaba una afilada espada de caballería por la hostil punta; y luego, él mismo, por unas pocas monedas que le regalaban, ocultó, metiéndosela hasta las profundas entrañas, una lanza de caza, por la parte en que la muerte amenaza.


Et ecce pone lanceae ferrum, qua bacillum inversi teli ad occipitium per ingluviem subit, puer in mollitiem decorus insurgit inque flexibus tortuosis enervam et exossam saltationem explicat cum omnium qui aderamus admiratione: diceres dei medici baculo, quod ramis semiamputatis nodosum gerit, serpentem generosum lubricis amplexibus inhaerere. Sed iam cedo tu sodes, qui coeperas, fabulam remetire. Ego tibi solus haec pro isto credam, et quod ingressui primum fuerit stabulum prandio participabo. Haec tibi merces posita est."

Y he aquí, detrás del hierro, a la lanza, cuyo bastoncito de flecha invertida subió por el buche hasta el occipucio. Luego un niño decoroso se elevó hasta la parte blanda de la lanza y, en tortuosos giros, realizó una danza enérgica y flexible como si no tuviera huesos, con gran admiración de todos los que estábamos presentes. Dirías que era la noble serpiente que se pega con sus escurridizos abrazos al báculo nudoso de medio cortadas ramas que lleva el dios Esculapio. Pero ya, mejor será que te conceda la palabra; así que, por favor, vuelve a contar ese cuento tuyo que habías comenzado. Yo solo voy a creer éste, el que es tuyo, en lugar de ése, el que es mío; y para cuando entremos en el primer establo, te haré participar de mi almuerzo. Esta es la recompensa que te ofrezco.


[5] At ille: "Istud quidem quod polliceris aequi bonique facio, verum quod inchoaveram porro exordiar. Sed tibi prius deierabo solem istum omnividentem deum me vera comperta memorare, nec vos ulterius dubitabitis si Thessaliae proximam civitatem perveneritis, quod ibidem passim per ora populi sermo iactetur quae palam gesta sunt. Sed ut prius noritis cuiatis sim, qui sim: <Aristomenes sum>, Aegiensis; audite et quo quaestu me teneam: melle vel caseo et huiusce modi cauponarum mercibus per Thessaliam Aetoliam Boeotiam ultro citro discurrens.

Dijo él entonces: -Sin duda, aprecio en su valor eso que me propones; y por eso, luego iniciaré lo que había empezado. Pero antes, por ese sol que todo lo ve, he de hacer protesta de que lo que te menciono es cierto y comprobado por los dioses; pero vosotros, si llegáis a la cercana ciudad de Tesalia, no tendréis duda de si hay algo que se os escapa, porque lo que aconteció en realidad lo profiere la conversación de ese mismo pueblo, por todas partes, de boca en boca. Pero antes habéis de saber quién soy y de qué tierra: soy Aristómenes, de Egio. Escuchad también con qué oficio me gano la vida: llevando miel, queso y productos similares de taberneros, de acá para allá, por Tesalia, Etolia y Beocia, para su comercio.


Comperto itaque Hypatae, quae civitas cunctae Thessaliae antepollet, caseum recens et sciti saporis admodum commodo pretio distrahi, festinus adcucurri id omne praestinaturus. Sed ut fieri adsolet, sinistro pede profectum me spes compendii frustrata est: omne enim pridie Lupus negotiator magnarius coemerat. Ergo igitur inefficaci celeritate fatigatus commodum vespera oriente ad balneas processeram.

Y así, al descubrir que en Hípata, la ciudad que era la más valorada de toda Tesalia, vendían un queso fresco y de sabor exquisito a un precio más que apropiado, acudí corriendo con la intención de adquirir de este producto todo lo que pudiese. Pero como suele ocurrir cuando me levanto con el pie izquierdo, quedó frustrada la esperanza de compra que tenía yo, porque el día antes un tal Lobo, comerciante al por mayor, lo había comprado todo en masa. Así pues, después de eso, fatigado yo de la carrera inútil, avancé hacia los baños públicos cuando apenas era la media tarde.


[6] Ecce Socraten contubernalem meum conspicio. Humi sedebat scissili palliastro semiamictus, paene alius lurore ad miseram maciem deformatus, qualia solent fortunae decermina stipes in triviis erogare. Hunc talem, quamquam necessarium et summe cognitum, tamen dubia mente propius accessi. "Hem," inquam "mi Socrates, quid istud? Quae facies? Quod flagitium? At vero domi tuae iam defletus et conclamatus es, liberis tuis tutores iuridici provincialis decreto dati, uxor persolutis feralibus officiis luctu et maerore diuturno deformata, diffletis paene ad extremam captivitatem oculis suis, domus infortunium novarum nuptiarum gaudiis a suis sibi parentibus hilarare compellitur.

Y de improviso, veo a mi compañero Sócrates. Estaba sentado en el suelo, vestido con una capa rasgada, con palidez, y tan desfigurado hacia la flacura miserable, que casi parecía otra persona: como los desgraciados que suelen pedir monedas de fortuna en los lugares frecuentados. Sin embargo, fui acercándome cada vez más a éste, y aunque estaba dudando, sé que era mi amigo y que le conocía realmente bien. -Eh, Sócrates, le digo, ¿qué es esto? ¿Qué aspecto es ese? ¿Qué desventura fue la tuya? En tu casa te han estado llorando y han pronunciado ya en voz alta tu nombre, como si estuvieras muerto; los jueces provinciales han asignado tutores a tus hijos; tu mujer, que ha cumplido los deberes funerarios de luto, está tan desfigurada por la profunda y duradera tristeza, que casi conduce a sus ojos a su pérdida, después de tanto llorar; hasta sus propios familiares obligan a ella misma a cambiar la desgracia de la casa por los goces de unas nuevas nupcias.


At tu hic larvale simulacrum cum summo dedecore nostro viseris." "Aristomene", inquit "ne tu fortunarum lubricas ambages et instabiles incursiones et reciprocas vicissitudines ignoras", et cum dicto sutili centunculo faciem suam iam dudum punicantem prae pudore obtexit ita ut ab umbilico pube tenus cetera corporis renudaret. Nec denique perpessus ego tam miserum aerumnae spectaculum iniecta manu ut adsurgat enitor.

Y mientras tanto, te vemos aquí como una imagen espectral, con nuestro más alto deshonor. -Aristómenes -me dijo-, ¿acaso tú ignoras las vueltas resbaladizas de la Fortuna, sus inestables acometidas y sus alternativos cambios? -Y dicho esto, cubrió su cara con una capa de pobre hecha de piezas cosidas, porque ya desde hace algún tiempo estaba roja por causa de la vergüenza; de tal manera que volvía a desnudar el resto del cuerpo, desde el ombligo hasta el pubis. Y como, finalmente, yo no pude soportar el espectáculo tan lamentable de miseria, intenté que se levantara, echándole una mano.


[7] At ille, ut erat, capite velato: "Sine, sine" inquit "fruatur diutius tropaeo Fortuna quod fixit ipsa." Effeci sequatur, et simul unam e duabus laciniis meis exuo eumque propere vestio dicam an contego et ilico lavacro trado. Quod unctui, quod tersui, ipse praeministro, sordium enormem eluviem operose effrico; probe curato ad hospitium lassus ipse fatigatum aegerrime sustinens perduco, lectulo refoveo, cibo satio, poculo mitigo, fabulis permulceo. Iam adlubentia proclivis est sermonis et ioci et scitum etiam cavillum, iam dicacitas timida, cum ille imo de pectore cruciabilem suspiritum ducens dextra saevientem frontem replaudens:

Pero él, tal como estaba, sin descubrirse la cabeza, dijo: -Deja, deja; que la Fortuna goce por más tiempo del trofeo que ella misma ha fijado. Por fin conseguí que me siguiera. Y en cuanto me quité una de mis dos túnicas, lo vestí rápidamente; aunque mejor diría que lo oculté y que, al punto, lo entregué al lavado. Yo en persona le froté limpiando el desbordamiento desmedido de suciedad, y le proporcioné lo que pude de unción y de aseo. Después de cuidarlo muy bien, lo conducí muy penosamente -que también yo conservaba el cansancio- hacia mi alojamiento; y mientras se restablecía al calor del lecho, le sacié con comida, le calmé su sed, y le deleité con cuentos. Ya fue sintiéndose inclinado a los placeres de la conversación, de la broma e incluso conocía alguna mofa, porque aunque era tímido tenía dicacidad; cuando, de repente, desde el fondo del corazón, lanzó un suspiro profundo de dolor, al tiempo que se daba un duro golpe en la frente con la mano derecha, y empezó a decir:


"Me miserum" infit "qui dum voluptatem gladiatorii spectaculi satis famigerabilis consector in has aerumnas incidi. Nam, ut scis optime, secundum quaestum Macedoniam profectus, dum mense decimo ibidem attentus nummatior revortor, modico prius quam Larissam accederem, per transitum spectaculum obiturus in quadam avia et lacunosa convalli a vastissimis latronibus obsessus atque omnibus privatus tandem evado, et utpote ultime adfectus ad quandam cauponam Meroen, anum sed admodum scitulam, devorto, eique causas et peregrinationis diuturnae et domuitionis anxiae et spoliationis [diuturnae et dum] miserae refero;

-¡Desgraciado de mí! ¡Cómo me he precipitado a estas miserias mientras trataba de sentir demasiado placer del combate de gladiadores! Pues, como muy bien sabes, me marché a Macedonia a unos negocios favorables. Cuando en el mes décimo me volvía de allí mismo económicamente más rico, un poco antes de llegar a Larisa, tuve que pasar por un camino para visitar el circo, y, de repente, me rodearon unos terribles ladrones en un cierto valle impracticable y lleno de hoyos. Me lo quitaron todo. Finalmente escapé, y, puesto que estaba extremadamente debilitado, fui a parar a manos de una hostelera llamada Meroe, una anciana, pero perfectamente conservadita. Me instalé en su morada, y le conté las causas tanto de mi duradero viaje a tierras extrañas como de las ganas que tenía de volver a casa, y del desgraciado saqueo que había sufrido.


quae me nimis quam humane tractare adorta cenae gratae atque gratuitae ac mox urigine percita cubili suo adplicat. Et statim miser, ut cum illa adquievi, ab unico congressu annosam ac pestilentem con<suetudinem> contraho et ipsas etiam lacinias quas boni latrones contegendo mihi concesserant in eam contuli, operulas etiam quas adhuc vegetus saccariam faciens merebam, quoad me ad istam faciem quam paulo ante vidisti bona uxor et mala fortuna perduxit."

Ella, bastante más que amablemente, se propuso a compartir conmigo una grata y gratuita comida. Y un poco más tarde, excitada de amor, me metió a su cama. Y en seguida, pobre de mí, cuando hallé consuelo con ella, contraje un añoso y repugnante sometimiento de un único encuentro: hasta los mismísimos vestidos que los buenos ladrones me habían dejado para cubrirme, se los tenía que entregar a ella; así como las pocas monedas que ganaba, cargando sacos, cuando aún estaba sano. Aquella buena esposa y mi mala fortuna me condujeron hasta la situación de tener ese aspecto que un poco antes viste.


[8] "Pol quidem tu dignus" inquam "es extrema sustinere, si quid est tamen novissimo extremius, qui voluptatem Veneriam et scortum scorteum Lari et liberis praetulisti." At ille digitum a pollice proximum ori suo admovens et in stuporem attonitus "Tace, tace" inquit et circumspiciens tutamenta sermonis: "Parce" inquit "in feminam divinam, nequam tibi lingua intemperante noxam contrahas." "Ain tandem?" inquam. "Potens illa et regina caupona quid mulieris est?"

-¡Por Pólux! -dije yo- tú eres merecedor a asumir las peores desgracias, si es que existe, claro, algo más vil que lo último que has contado; pues preferiste el placer propio de Venus y la carne de una prostituta antes que el hogar y los hijos. Pero él, acercando el dedo índice a su boca, y atónito hacia el estupor, dijo: -Calla, calla -mientras miraba alrededor por si había lugares seguros para hablar-; respeta a esa mujer divina, no sea que recibas algún daño por la lengua inmoderada que tienes. -¿Lo dices en serio? -dije-. ¿Qué clase de mujer es aquella reina y dueña de la hostería?


"Saga" inquit "et divina, potens caelum deponere, terram suspendere, fontes durare, montes diluere, manes sublimare, deos infimare, sidera exstinguere, Tartarum ipsum inluminare." "Oro te" inquam "aulaeum tragicum dimoveto et siparium scaenicum complicato et cedo verbis communibus." "Vis" inquit "unum vel alterum, immo plurima eius audire facta? Nam ut se ament afflictim non modo incolae verum etiam Indi vel Aethiopes utrique vel ipsi Anticthones, folia sunt artis et nugae merae. Sed quod in conspectu plurium perpetravit, audi.

-Es una hechicera y divina -dijo-; alguien capaz de poner el cielo en el suelo, de levantar la tierra, de endurecer las aguas, de deshacer las montañas, de invocar a las almas de los muertos, de contradecir a los dioses, de apagar las estrellas, de iluminar el mismísimo Tártaro. -Por favor -le dije-, aparta a uno y otro lado el telón de teatro, cierra la cortina escénica, y dime lo que sabes con palabras ordinarias. ¿Quieres oír -dijo- uno u otro hecho, o, por el contrario, el mayor número de sus hazañas? Porque para ella el hacer que la amen apasionadamente, no sólo sus vecinos, sino también los indios, o ambas razas, los etíopes y los mismísimos antiones, es como mover hojas y pura simpleza. Pero escucha lo que perpetró en vista de más personas.


[9] Amatorem suum, quod in aliam temerasset, unico verbo mutavit in feram castorem, quod ea bestia captivitatis metuens ab insequentibus se praecisione genitalium liberat, ut illi quoque simile [quod venerem habuit in aliam] proveniret. Cauponem quoque vicinum atque ob id aemulum deformavit in ranam, et nunc senex ille dolium innatans vini sui adventores pristinos in faece submissus officiosis roncis raucus appellat.

A un amante suyo -por haber violado a otra- con una sola palabra lo transformó en un animal llamado castor, para que le sucediera también -por haber tenido amores con otra- algo similar a aquel animal: que el hecho de que sea temeroso a que lo capturen, se libere de sus perseguidores con el corte de sus genitales. Así mismo, a un vecino tabernero -y, por esto, rival- lo transformó en rana; y ahora aquel viejo, mientras está nadando en una cuba de su propio vino, saluda ronco a sus clientes de antaño con sus oficiosos sonidos de croa, croa, hundido en las heces.


Alium de foro, quod adversus eam locutus esset, in arietem deformavit, et nunc aries ille causas agit. Eadem amatoris sui uxorem, quod in eam dicacule probrum dixerat iam in sarcina praegnationis obsaepto utero et repigrato fetu perpetua praegnatione damnavit, et ut cuncti numerant, iam octo annorum onere misella illa velut elephantum paritura distenditur.

A otro del mercado, por el hecho de haber hablado contra ella, lo transformó en carnero; y ahora aquel carnero defiende pleitos. A la mujer de su propio amante, por el hecho de que se había guaseado de ella en deshonra, porque ya tenía carga de estar embarazada, la condenó a preñez eterna, después de obstruirle el útero y adormecerle el feto. Y aquella pobrecita, ya con una gravidez de ocho años, según cuentan todos, se ha hinchado como si fuera a parir un elefante.


[10] Quae cum subinde ac multi nocerentur, publicitus indignatio percrebuit statutumque ut in eam die altera severissime saxorum iaculationibus vindicaretur. Quod consilium virtutibus cantionum antevortit et ut illa Medea unius dieculae a Creone impetratis indutiis totam eius domum filiamque cum ipso sene flammis coronalibus deusserat, sic haec devotionibus sepulchralibus in scrobem procuratis, ut mihi temulenta narravit proxime, cunctos in suis sibi domibus tacita numinum violentia clausit, ut toto biduo non claustra perfringi, non fores evelli, non denique parietes ipsi quiverint perforari, quoad mutua hortatione consone clamitarent quam sanctissime deierantes sese neque ei manus admolituros, et si quis aliud cogitarit salutare laturos subsidium.

Como ella perjudicaba a muchos con demasiada frecuencia, la indignación general se extendió y quedó establecido que al día siguiente castigarían a ella muy severamente, lanzándole piedras. Pero ella adivinó lo que estaba acordado gracias a las cualidades de sus conjuros y, como aquella conocida Medea -que, después de que consiguiera de Creón la tregua de un solo día, había abrasado con llamas en forma de corona toda la casa de éste, incluidos la hija y el mismísimo anciano-, con unas imprecaciones sepulcrales sobre un hoyo, tal como me narró muy recientemente la beoda, así ésta encerró a todos, a cada uno en su casa, con la fuerza silenciosa de los númenes; de manera que durante dos días enteros no fueron capaces de romper las cerraduras, ni de abrir las puertas, ni, en fin, de perforar las mismísimas paredes; hasta que, jurando por lo que se creyera más santo, gritaron al unísono en mutua exhortación que ellos no le iban a poner la mano encima, y que si alguien lo intentara, los demás habrían de presentarse a acudir en su ayuda.


Et sic illa propitiata totam civitatem absolvit. At vero coetus illius auctorem nocte intempesta cum tota domo, id est parietibus et ipso solo et omni fundamento, ut erat, clausa ad centesimum lapidem in aliam civitatem summo vertice montis exasperati sitam et ob id ad aquas sterilem transtulit. Et quoniam densa inhabitantium aedificia locum novo hospiti non dabant, ante portam proiecta domo discessit."

Sólo así, apaciguada como digo, dejó libre a toda la ciudad. Pero, en cuanto al autor de aquella confabulación, a media noche lo trasladó a más de cien millas de allí -junto con la casa entera, tal como estaba, esto es con las paredes, con el mismísimo suelo y todos los cimientos-, hacia otra ciudad, situada en la cima de un monte escabroso, y, por esto, no le llegaban las aguas. Pero como gran densidad de personas habitando en los edificios no daba lugar a un nuevo huésped, se separó de la casa, abandonándola ante la puerta de la ciudad.


[11] "Mira" inquam "nec minus saeva, mi Socrates, memoras. Denique mihi quoque non parvam incussisti sollicitudinem, immo vero formidinem, iniecto non scrupulo sed lancea, ne quo numinis ministerio similiter usa sermones istos nostros anus illa cognoscat. Itaque maturius quieti nos reponamus et somno levata lassitudine noctis antelucio aufugiamus istinc quam pote longissime." Haec adhuc me suadente insolita vinolentia ac diuturna fatigatione pertentatus bonus Socrates iam sopitus stertebat altius.

Yo le dije entonces: -Me estás contando, Sócrates, cosas asombrosas y no menos atroces. Finalmente me has infundido no pequeña inquietud, por no decir miedo; me has arrojado no escrúpulo, sino una lanza, no vaya a ser que aquella anciana conozca esas conversaciones nuestras, haciendo uso de sus artes de numen, del mismo modo. Mejor será que nos acostemos pronto; y después de aliviar el cansancio del sueño de la noche, huyamos de aquí lo más lejos que nos sea posible antes del amanecer. Sin acabar de aconsejar yo esto, el bueno de Sócrates, afectado por la embriaguez, a la que no estaba habituado, y por la duradera fatiga, ya se ponía a roncar profundamente dormido.


Ego vero adducta fore pessulisque firmatis grabatulo etiam pone cardinem supposito et probe adgesto super eum me recipio. Ac primum prae metu aliquantisper vigilo, dein circa tertiam ferme vigiliam paululum coniveo. Commodum quieveram, et repente impulsu maiore quam ut latrones crederes ianuae reserantur immo vero fractis et evolsis funditus cardinibus prosternuntur. Grabatus alioquin breviculus et uno pede mutilus ac putris impetus tanti violentia prosternitur, me quoque evolutum atque excussum humi recidens in inversum cooperit ac tegit.

Yo entonces, tras cerrar la puerta, asegurar los cerrojos, además de ajustar lo mejor posible la camilla contra la puerta como medida de seguridad, me eché sobre él. Pero, primero, a causa del miedo, velé por algún tiempo; luego, casi alrededor de la tercera vigilia, se me comenzaron a cerrar los ojos. Apenas estaba dormido, cuando, de repente, de un golpe más fuerte que creerías que los ladrones vienen, las puertas se abrieron, o mejor dicho, se echaron por tierra con los quicios rotos y arrancados completamente. La camilla, debililla por lo demás, mutilada de un pie y blanda, se echó por tierra debido a la fuerza del movimiento hacia adelante tan grande; a mí también, después de que me fuera rodando y fuera sacudido, recayéndome en el suelo, me cubrió enteramente en posición invertida y me enterró.


[12] Tunc ego sensi naturalitus quosdam affectus in contrarium provenire. Nam ut lacrimae saepicule de gaudio prodeunt, ita et in illo nimio pavore risum nequivi continere de Aristomene testudo factus. Ac dum in fimum deiectus obliquo aspectu quid rei sit grabatuli sollertia munitus opperior, video mulieres duas altioris aetatis; lucernam lucidam gerebat una, spongiam et nudum gladium altera. Hoc habitu Socratem bene quietum circumstetere. Infit illa cum gladio: "Hic est, soror Panthia, carus Endymion, hic Catamitus meus, qui diebus ac noctibus inlusit aetatulam meam, hic qui meis amoribus subterhabitis non solum me diffamat probris verum etiam fugam instruit.

Entonces me di cuenta de que ciertas sensaciones, por naturaleza, se manifiestan al revés. Pues al igual que a menudo salen lágrimas de gozo, así también en aquel excesivo pavor no pude contener la risa, al verme hecho una tortuga de la que habla Aristómenes. Y mientras esperaba, echado al estiércol, mirando oblicuamente, protegido por la habilidad de la camilla, a ver qué acontecimiento iba a ocurrir, vi a dos mujeres de avanzada edad: una llevaba un candil encendido; la otra, una esponja y una espada desnuda. Preséntandose así, rodearon a Sócrates, que estaba bien dormido. Empezó a hablar la que llevaba la espada: -Éste es, hermana Pantia, mi querido Endimión, mi Ganimedes, el que se ha burlado de mi tierna edad durante días y noches; éste, el que, dejando de lado mis amores, no sólo me difama con oprobios, sino que también está dispuesto a la huida.


At ego scilicet Ulixi astu deserta vice Calypsonis aeternam solitudinem flebo." Et porrecta dextera meque Panthiae suae demonstrato: "At hic bonus" inquit "consiliator Aristomenes, qui fugae huius auctor fuit et nunc morti proximus iam humi prostratus grabattulo subcubans iacet et haec omnia conspicit, impune se laturum meas contumelias putat. Faxo eum sero, immo statim, immo vero iam nunc, ut et praecedentis dicacitatis et instantis curiositatis paeniteat."

Está claro que, ocupando yo el lugar de Calipso, a la que Ulises abandonó mediante astucia, voy a llorar una soledad eterna. Luego, para mostrarme a su hermana Pantia, extendiendo hacia mí la diestra, dijo: -Pero este buen consejero Aristómenes, que ha sido el promotor de esta huida, ahora próximo a la muerte, todavía tendido en el suelo y echado bajo la camilla, que yace y observa todo esto, piensa que él mismo no va a pasar castigo por las injurias que me ha dicho. Pero voy a hacer que tarde... ¡qué digo! enseguida, o, mejor dicho, ¡ahora mismo!, se arrepienta de su dicacidad precedente y de su curiosidad presente.


[13] Haec ego ut accepi, sudore frigido miser perfluo, tremore viscera quatior, ut grabattulus etiam succussu meo inquietus super dorsum meum palpitando saltaret. At bona Panthia: "Quin igitur", inquit "soror, hunc primum bacchatim discerpimus vel membris eius destinatis virilia desecamus?" Ad haec Meroe - sic enim reapse nomen eius tunc fabulis Socratis convenire sentiebam -: "Immo" ait "supersit hic saltem qui miselli huius corpus parvo contumulet humo," et capite Socratis in alterum dimoto latus per iugulum sinistrum capulo tenus gladium totum ei demergit et sanguinis eruptionem utriculo admoto excipit diligenter, ut nulla stilla compareret usquam.

Cuando oí esto, comencé a rebosar, ¡pobre de mí!, de un sudor frío; un temblor me agitaba las entrañas de tal manera, que incluso la camilla, turbada por mi sacudida, danzaba palpitando sobre mi espalda. Entonces, la buena de Pantia dijo: -Pues bien, hermana, ¿por qué no primero despedazamos a éste, como en las bacanales, o, una vez fijados sus miembros, le cortamos sus partes viriles? A lo que contestó Meroe -pues así, realmente, entonces pensé que se llamaba por los cuentos de Sócrates: -No, al menos que sobreviva éste; que entierre el cuerpo de este desgraciadito en una insignificante tierra. Y, al darle la vuelta a la cabeza de Sócrates, le hundió la espada entera, hasta la empuñadura, por la cavidad debajo de la clavícula izquierda; luego, acercando un jarro, recogió la salida brusca de sangre con tanto cuidado que no aparecía ninguna gota en parte alguna.


Haec ego meis oculis aspexi. Nam etiam, ne quid demutaret, credo, a victimae religione, immissa dextera per vulnus illud ad viscera penitus cor miseri contubernalis mei Meroe bona scrutata protulit, cum ille impetu teli praesecata gula vocem immo stridorem incertum per vulnus effunderet et spiritum rebulliret. Quod vulnus, qua maxime patebat, spongia offulciens Panthia: "Heus tu" inquit "spongia, cave in mari nata per fluvium transeas." His editis abeunt <et una> remoto grabattulo varicus super faciem meam residentes vesicam exonerant, quoad me urinae spurcissimae madore perluerent.

Todo esto lo miré yo con mis propios ojos. Luego además, creo que, para que no cambiara nada de la liturgia del sacrificio, la buena de Meroe, escrutando, introdujo la diestra por aquella herida hasta lo profundo de las entrañas y le arrancó el corazón a mi pobre compañero; cuando, cortada la garganta con la fuerza de una lanza, él producía a través de la herida una voz, o mejor, un estridor poco firme, y exhalaba el último aliento. Pantia, mientras tapaba con la esponja esa herida por donde especialmente estaba abierta, dijo: -¡Eh, tú, esponja, que has nacido en el mar, precávete pues de pasar por el río. Dicho esto, y al alejarse ambas juntamente, me apartaron la camilla, y, sentándose sobre mi cara con las piernas abiertas, descargaron la vejiga; hasta el punto de empaparme con un baño de la orina más inmunda.


[14] Commodum limen evaserant, et fores ad pristinum statum integrae resurgunt: cardines ad foramina residunt, <ad> postes [ad] repagula redeunt, ad claustra pessuli recurrunt. At ego, ut eram, etiam nunc humi proiectus inanimis nudus et frigidus et lotio perlutus, quasi recens utero matris editus, immo vero semimortuus, verum etiam ipse mihi supervivens et postumus vel certe destinatae iam cruci candidatus : "Quid" inquam "me fiet, ubi iste iugulatus mane paruerit? Cui videbor veri similia dicere proferens vera? "Proclamares saltem suppetiatum, si resistere vir tantus mulieri nequibas.

Apenas habían logrado pasar el dintel, cuando las puertas, intactas, restablecieron su posición de antes: los quicios encajaron en los orificios, los cerrojos tornaron a las puertas, los pestillos volvieron rápidamente a las cerraduras. En cambio, yo, tal como estaba, -todavía ahora- echado en el suelo, sin aliento, desnudo, helado y empapado de orina -como recién salido del vientre de mi madre-, en una palabra, medio muerto, añadiendo también que estaba sobreviviendo a mí mismo y póstumo a la vez, o, a decir verdad, aspirante a una cruz ya fijada, me dije: -¿Qué me va a suceder, cuando por la mañana haya aparecido ese degollado? ¿A quién le voy a parecer que digo cosas semejantes a la realidad, cuando revele la verdad? ¡Si tan hombre como eres, no podías enfrentarte a una mujer, al menos podías haber proclamado socorro!


Sub oculis tuis homo iugulatur, et siles? Cur autem te simile latrocinium non peremit? Cur saeva crudelitas vel propter indicium sceleris arbitro pepercit? Ergo, quoniam evasisti mortem, nunc illo redi." Haec identidem mecum replicabam, et nox ibat in diem. Optimum itaque factu visum est anteluculo furtim evadere et viam licet trepido vestigio capessere. Sumo sarcinulam meam, subdita clavi pessulos reduco; at illae probae et fideles ianuae, quae sua sponte reseratae nocte fuerant, vix tandem et aegerrime tunc clavis suae crebra immissione patefiunt.

¿Degüellan a un hombre ante tus ojos y te callas? ¿Por qué semejante acto de bandidaje no te ha hecho morir a ti también? ¿Por qué esa feroz crueldad, o por causa de un testigo del asesinato, ha ahorrado al juez? Así pues, ya que has escapado a la muerte, vuelve ahora con aquel compañero. Repetidamente desplegaba esto a mí mismo, cuando la noche iba dejando paso al día. Por esto, me pareció que lo mejor que se podía hacer era escapar a escondidas, antes del amanecer, y emprender el camino, aunque fuese con paso tembloroso. Tomé mi carguita y me puse a descorrer los cerrojos con la llave que aplico. Pero aquellas buenas y fieles puertas, que durante la noche habían estado abiertas por su propia voluntad, a duras penas, y con muchísima dificultad, entonces se abrían con reiterada vuelta de su propia llave.


[15] Et "Heus tu, ubi es?" inquam; "valvas stabuli absolve, antelucio volo ire." Ianitor pone stabuli ostium humi cubitans etiam nunc semisomnus: "Quid? Tu" inquit "ignoras latronibus infestari vias, qui hoc noctis iter incipis? Nam etsi tu alicuius facinoris tibi conscius scilicet mori cupis, nos cucurbitae caput non habemus ut pro te moriamur." "Non longe" inquam "lux abest. Et praeterea quid viatori de summa pauperie latrones auferre possunt? An ignoras, inepte, nudum nec a decem palaestritis despoliari posse?"

Entonces grité: -¡Eh, tú!, ¿dónde estás? ¡Deja libre los batientes de la puerta del establo, que quiero irme antes del amanecer! El portero, que estaba tumbado en el suelo, detrás de la puerta del establo, todavía ahora medio dormido, dijo: ¿Qué? ¿Tú no sabes que los caminos están llenos de ladrones, para que emprendas este viaje de noche? Pues, aunque está claro que tú, por haber sido cómplice de algún crimen que tú mismo sabes, deseas morir, yo no tengo cabeza de calabaza como para que quiera morir por ti. Yo le dije: -No falta mucho para que se haga la luz del día. Y además, ¿qué le pueden quitar los ladrones a un viajero de suma pobreza? ¿Acaso no sabes, estúpido, que ni diez gladiadores pueden despojar al despojado?


Ad haec ille marcidus et semisopitus in alterum latus revolutus: "Unde autem" inquit "scio an convectore illo tuo, cum quo sero devorteras, iugulato fugae mandes praesidium?" Illud horae memini me terra dehiscente ima Tartara inque his canem Cerberum prorsus esurientem mei prospexisse. Ac recordabar profecto bonam Meroen non misericordia iugulo meo pepercisse, sed saevitia cruci me reservasse.

A esto, aquel modorro y medio dormido, dándose la vuelta, dijo: Pero, ¿por qué razón sé yo si no has degollado a tu compañero aquel de viaje, con el que te habías hospedado ayer tarde, y pretendes ahora huir de la protección? En aquel momento recuerdo que vi a lo lejos que la tierra se abría hasta el profundo Tártaro, y que desde aquí el can Cerbero me miraba atenta y rectamente porque tenía apetito por mí. A decir verdad, me acordaba de que la buena de Meroe no había ahorrado mi cuello por compasión, sino por la crueldad de reservarme para el tormento de la cruz.




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