Mensaje del Vice-Presidente de la República (1831)


<< Autor: Fernando Errázuriz


«Señores:


A la satisfacción de veros reunidos para dar principio a vuestras tareas legislativas, se junta la de poder congratularos por la progresiva consolidación de la paz interior, que la Providencia se ha dignado restituir a nuestra amada patria.

Lamentaréis, sin duda, que el concurrir con vosotros al primer acto de la representación nacional, no hubiese tocado al digno jefe, cuya prudente y vigorosa administración tuvo tanta parte en este feliz resultado. Por el fallecimiento del vice-presidente don J. T. Ovalle, y por la ausencia del benemérito general, a quien la nación entera acaba de dar el más glorioso testimonio de su confianza, ha recaído en mí la suprema magistratura ejecutiva; y apenas es necesario deciros que la certidumbre de trasladarle bien presto a otras manos, es lo único que ha podido alentarme a aceptar un encargo tan desproporcionado a mis fuerzas.

En la exposición que voy a haceros, la situación política de la república en sí misma y respecto de los demás Estados, es lo primero a que debo dirigir vuestra vista. El espectáculo consolador de la unanimidad de las provincias y de todas las clases de ciudadanos, ha sucedido a los horrores de la discordia. Una guerra civil, terminada sin ejecuciones sangrientas, sin las listas de proscripción que han afeado en todas partes el desenlace de las convulsiones políticas, es un fenómeno de que rara vez se ha visto otro ejemplo.

Para robustecer el Estado, que bajo el débil amparo de nuestro sistema de juicio, hubiera sido ultrajado impunemente y tal vez desquiciado de nuevo, el Ejecutivo invocó el auxilio de la legislatura provisoria compuesta de plenipotenciarios de las provincias, y solicitó que se le revistiese de facultades extraordinarias, remedio a que, en circunstancias de menos peligro, han apelado gobiernos sabios que han dado el modelo de las instituciones libres, y no se hallaban como el nuestro en la debilidad de la infancia. Armado de este poder, el ejecutivo lo ha empleado con una repugnancia extrema. A la expulsión temporal de un corto número de personas, como medida defensiva más bien que penal, ha ceñido el uso que ha hecho de sus facultades, y nada desea tanto como descargarse de la delicada responsabilidad que éstas le imponen, sin comprometer otra responsabilidad aún más grave y sagrada, que es la de la seguridad y orden públicos.

No es la independencia el único bien que hemos conquistado hasta ahora. La opinión pública, primera garantía de las instituciones libres, y sin la cual todas las otras son vanas, hace sentir más y más su influencia; el amor de la libertad echa hondas raíces en los corazones chilenos; sus bienes reales empiezan a conocerse y a apreciarse; y el mejor agüero de su estabilidad es que vemos con un saludable terror los principios a que conduce la licencia, y a. cuya margen se ha visto ya más de una vez nuestra patria.

En las relaciones con las potencias extranjeras, imparcialidad y justicia son los principios a que el ejecutivo ha procurado constantemente arreglar su conducta.

Incapaz de la pretensión insensata de dirigir la marcha política de sus vecinos, y tan atento a respetar los derechos de los otros pueblos, como celoso en los suyos propios, Chile cultiva con todas las nuevas naciones americanas una paz fraternal, y en las disensiones que desgraciadamente las agitan, observa una neutralidad rigurosa.

El ejecutivo participa de la dolorosa simpatía con que todos los ciudadanos contemplan el estado actual de las provincias argentinas, a cuyos generosos esfuerzos en la causa de la independencia debe tanto la América, y en particular nuestra patria. Inspirado por la humanidad y por el interés doméstico que tenemos en la restauración de la paz interior en unos pueblos, con quienes nos ligan tan estrechos lazos de vecindad y comercio, propuso a sus gobiernos un plan de mediación, encaminado a prevenir las hostilidades que ya amargaban entre los dos partidos, y a facilitar un advenimiento durable. Siento deciros que los estados litorales encontraron obstáculos para la admisión del plan propuesto, y que los recientes sucesos de que aquel desgraciado país ha sido teatro, alejan toda esperanza de conciliación.

Bolivia solicitó la mediación de Chile para el amigable ajuste de sus diferencias con el Perú, y las bases sobre que aquel gobierno se manifestaba dispuesto a tratar, parecieron tan moderadas y justas que el ejecutivo no pudo menos de ofrecer gustoso sus buenos oficios para el restablecimiento de la mutua confianza.

Tenemos entablada con el gobierno del Perú la negociación de un tratado de comercio sobre la base de recíprocas y equivalentes ventajas a las principales producciones de éste y aquél suelo. Los moderados términos que proponemos, y la protección que aseguraban a la agricultura de ambos países, hace probable que no se hallará dificultad en aceptarlos.

El nuevo enviado de los Estados Unidos de América nos ha dado un lisonjero testimonio de los sentimientos de aquella ilustrada y poderosa república, y de sus deseos de estrechar más y más los vínculos que dichosamente nos unen con ella. Nuestro ministro plenipotenciario cerca de aquellos Estados, ha dejado las playas de la federación americana, y en su regreso a Chile, ha pasado por México, donde se ha detenido algún tiempo con el objeto de promover los intereses del comercio chileno y de la causa general de los nuevos Estados.

Tendiendo la vista más allá del Atlántico, no puedo menos de llamar vuestra atención al grandioso espectáculo que presenta actualmente la Europa, donde después de una breve tregua, ha comenzado con nuevo ardor la lucha entre las antiguas instituciones y el espíritu moderno de reforma y libertad popular. Los progresos de la razón humana y la experiencia de los descarríos funestos a que conduce la exageración de ciertos principios, nos alientan a esperar que el éxito de esta contienda, la más importante de que jamás ha sido testigo el mundo, mejorará la suerte de nuestra especie, dejará trazada con caracteres indelebles la gran carta de los pueblos, y ejercerá una poderosa influencia sobre la consolidación y prosperidad de las repúblicas maricanas.

La Francia, tan gloriosamente regenerada, y la Gran Bretaña cuya actual administración se compone de aquellos mismos distinguidos individuos que han abogado constantemente por nuestra causa y la han creído identificada con los intereses del imperio británico, desvanecerán, tal vez, las infundadas preocupaciones de los gabinetes que nos han mirado con ceño. Y no es improbable que la España misma adoptará consejos más sanos, y accederá al fin a un acto de justicia, por el que la voz de la humanidad y la de sus intereses propios le han instado tanto tiempo en vano.

Uno de los primeros actos del príncipe ilustre, que ocupa el trono de los franceses, ha sido el reconocimiento formal de la independencia de Chile, corno de las otras nuevas repúblicas. El gobierno francés ha manifestado, al mismo tiempo, el deseo de celebrar tratados que den a nuestras relaciones con la Francia, toda la extensión y actividad posible sobre el principio de una reciprocidad perfecta. Presintiendo estas favorables disposiciones, el ejecutivo chileno había ya enviado un ministro a presentar al nuevo monarca las felicitaciones del gobierno y pueblo de Chile, y a expresar iguales votos por nuestra parte.

El placer que experirnento al haceros esta comunicación sería completo si se hubiese terminado ya, de un modo recíprocamente honroso, la discusión pendiente con el cónsul general de Francia, sobre la indemnización que la república le tiene ofrecida por los perjuicios que le causaron en el escandaloso atentado cometido contra la casa consular, en diciembre de 1829. Pero a lo menos queda al ejecutivo la convicción de haber hecho cuanto le era posible, sin sacrificios del honor nacional. Tan seguro está de tener la justicia de su parte que, sobre las diferencias que aún subsisten, no dudaría remitirse al juicio del gobierno francés mismo.

No debo terminar este bosquejo de nuestras relaciones exteriores, sin haceros presente la necesidad de tratados con las repúblicas, nuestras hermanas, y con las potencias marítimas. Estos tratados, interesantes bajo de diferentes aspectos, lo son particularmente para proteger las personas y propiedades de nuestros ciudadanos en los Estados vecinos, y para fijar puntos dudosos de derecho internacional cuya indeterminación pudiera dar motivo a pretensiones disputables y controversias opuestas a la buena armonía que deseamos mantener con todas.

En el departamento de Gobierno Interior, no puedo menos de recomendar a vuestra más atenta consideración el estado de los negocios eclesiásticos, para que, procediendo con la circunspección y madurez que es propia de su naturaleza y de vosotros, contribuyáis a que se restablezca en ellos el orden y fijéis nuestras relaciones con la Silla Apostólica, de manera que se provea a las necesidades de la Iglesia chilena, se protejan sus libertades y se mantengan o vindiquen las esenciales regalías de la potestad temporal.

Uno de los puntos en que el ejecutivo ha tomado más empeño, aunque hasta ahora con poco fruto, es la reforma de nuestro sistema judicial. Con esta mira pidió a la corte de apelaciones un proyecto de reglamento de justicia, que ha visto ya la luz pública. La frecuencia y la impunidad de delitos atroces que infestaban los campos y a la capital misma, le hizo ocurrir al congreso de plenipotenciarios, indicándole como providencia temporal, el establecimiento de comisiones fijas o ambulantes, autorizadas para la sumaria sustanciación de las causas y la inmediata ejecución de las sentencias en esta especie de crímenes. El congreso encargó a la suprema corte la formación del reglamento correspondiente, y sin duda, las ocupaciones de los ministros que la componen y el temor de aventurar el acierto en materia tan grave, han hecho infructuosas hasta ahora las instancias del ejecutivo.

A la policía nocturna de la capital, cuyos efectos tiene acreditados la experiencia, se ha agregado una policía diurna análoga, que ha contribuido eficazmente a mantener la seguridad de sus habitantes y la decencia pública. Hemos visto disminuirse considerablemente los asesinatos y hurtos en la capital y suburbios, y la embriaguez ha tenido a lo menos que ocultar a los ojos del público, un espectáculo de torpeza moral que era el oprobio de nuestra ínfima clase.

El cultivo de las letras y artes hace adelantamientos sensibles. Uno de los más lisonjeros síntomas de la mejorada condición del pueblo, es el número (que cada día crece espontáneamente) de escuelas de particulares en las que los niños pobres, de uno y otro sexo, reciben la primera instrucción. El ejecutivo se ha ocupado y ocupa en los medios de fomentar y prolongar por nuestras provincias y campos, este germen precioso de civilización y moralidad. Les ha impuesto a los conventos de regulares la obligación de abrir escuelas de primeras letras, como condición precisa para la devolución de sus bienes, de que se exceptuaron los que estaban afectos a establecimientos de enseñanza.

Se nombró, al mismo tiempo, una comisión para formar un plan general de estudios, un reglamento interior para el instituto nacional, y la revisión de un plan de escuelas públicas de instrucción primaria. Estos trabajos están ya terminados y se someterán a la inspección de las cámaras.

El gobierno creyó conveniente trasladar al instituto nacional las 42 becas que se habían asignado a un establecimiento particular por el congreso constituyente de 1828, y lo ejecutó así con previa autorización de la legislación provisoria, ahorrando a nuestro abrumado erario la mitad de aquel estipendio.

Se trabaja en hacer accesible al público la biblioteca nacional.

Un ilustrado profesor recorre actualmente las provincias, de orden del gobierno, y recoge datos preciosos sobre su geografía física y descriptiva, sus producciones naturales, su geología y estadística. El público ha visto el bosquejo de sus primeros trabajos y, por medio de ellos, ha empezado a formarse una colección de interesantes y variados artículos de historia natural, primeros elementos de un gabinete que servirá para facilitar a la juventud chilena el estudio de esta utilísima sección de las ciencias, hasta ahora desatendida entre nosotros.

No llenándose por la sociedad médica los objetos para los que fue instituida,. se decretó su extinción y el restablecimiento del antiguo protomedicato, con un nuevo método para el nombramiento de sus miembros.

Se ha organizado una junta de vacuna, y se ha procurado ponerla en relación con todos los puntos de la república, para extinguir o mitigar el contagio de la viruela, cuyas apariciones periódicas han sido acompañadas de grandes estragos.

En fin, se han dictado providencias para la formación de un censo exacto en todo el territorio chileno.

El ejército consta en el día de tres batallones de infantería de línea, y uno ligero, dos regimientos de caballería, granaderos y cazadores, un escuadrón de húsares, siete compañías de artillería de a pie y una de a caballo. Para mantener o aumentar este número, que no esta en proporción con las fatigas diarias que demanda el servicio, sería necesario que dictaseis una ley de reemplazos, que diese al ejército soldados jóvenes y robustos, en lugar de los que ya han cumplido su tiempo y cubiertos de honrosas cicatrices, debieron volver al seno de sus familias con el premio a que se han hecho acreedores por su fidelidad y constancia. Se ha restituido a estos cuerpos la contabilidad que se hallaba demasiado descuidada. Su moral y disciplina han recibido evidentes mejoras.

Un método regular y uniforme en la provisión de vestuario y en la remonta de la caballería, aplicando los fondos necesarios a estos objetos, sería de la mayor importancia.

Los cuerpos cívicos, que antes eran masas informes, se hallan en disposición de prestar útiles servidores a la república, por la organización y disciplina a que se les ha sometido. Existen en Santiago cuatro batallones de infantería con sus planas mayores veteranas, que compiten con la tropa de línea.

En los demás pueblos hay oficiales veteranos destinados a la instrucción de esta clase de fuerza, que a la voz de la patria pueden ya poner bajo sus banderas 25.000 hombres. Un centro de acción, con una responsabilidad inmediata, les daría todo el impulso y movilidad de que son susceptibles; punto interesante sobre el que el gobierno se propone formar un plan, que someterá a vuestro examen.

La fortaleza de las fronteras marítimas, los almacenes y cuarteles os presentarán objetos que no pueden menos de inspiraros la más seria solicitud.

Sobre el establecimiento de una academia militar, sobre la organización que convenga dar a la maestranza general de artillería, sobre la administración de la justicia militar en última instancia que, a pesar de haber recibido diversas modificaciones, adolece todavía de notables defectos, y sobre el aumento que el estado de las rentas de la república permita hacer en las fuerzas navales para la protección de las islas y costas, el ejecutivo se propone también pasaros las indicaciones que juzgue oportunas.

La hacienda es uno de los departamentos del servicio público en el que el gobierno ha tenido que luchar con dificultades más graves. Fácilmente concebiréis el estado en que debió dejarla una conflagración que se extendió sobre toda la república. La ocupación alternativa de los puertos principales por las fuerzas contendientes, ocasionó dispendios cuantiosos, las administraciones del estanco quedaron sin surtidos, y sus almacenes casi exhaustos por el alistamiento de nuevas tropas en los pueblos, era necesario invertir grandes sumas en la rehabilitación de esta renta; y mientras la alarma general del comercio y la estagnación de los fecundos productos de nuestro suelo, en el año anterior, menoscababan considerablemente los ingresos de aduana, las anticipaciones y onerosos empeños de los demás ramos, puede decirse que hacían nula su existencia.

Cubrir las diarias atenciones del servicio y reanimar el crédito del Estado, era la ardua, por no decir desesperada, empresa que el gobierno tomó sobre sí. Formaréis juicio del resultado de sus medidas por la memoria que el ministro de Hacienda va a dirigiros.

Una de ellas ha sido crear la comisión visitadora de Coquimbo, en cuyas administraciones han sido mayores los estragos del desorden general que los vicios inveterados de que adolecían. Mediante esta comisión se han emprendido reformas, cuya provechosa tendencia se percibe en el arreglo de las oficinas y sobre todo en su cuenta y razón. Cuando la experiencia haya acabado de comprobar sus buenos efectos, el ejecutivo, procediendo con la circunspección y tiento que exige la planta de un nuevo sistema económico, se propone hacerlas gradualmente extensivas a toda la república.

La rebaja de impuesto que, ejecutada con inteligencia, aumenta de consumo la fecundidad de la industria y los ingresos del erario, ha tenido lugar en algunos ramos. La que se ha verificado en los de imposición de patronato y capellanías, ha producido efectos que comprueban este principio económico.

De la devolución de las temporalidades de los regulares, ha reportado ventajas positivas el fisco, eximiéndose del pago de congruas y de otras obligaciones que hacían sumamente gravosa la administración de aquellos bienes.

Se ha concedido un año de plazo para el depósito de mercaderías en almacenes francos, ínterin mayores desahogos en el erario permiten continuar su construcción en la aduana de Valparaíso. Esta obra y la del muelle provisorio, que estará concluido en breve tiempo y con poco gravamen, prometen una extensión considerable al mercado de aquella plaza, y un beneficio proporcionado a la hacienda pública.

El ministro de Hacienda os indicará los medios con los que pueda contarse para el descargo de nuestros empeños con los acreedores extranjeros, asunto de cuya importancia al honor nacional os debo suponer penetrados. Nuestro agente en Londres ha recibido instrucciones para tratar con los tenedores de vales chilenos, sobre el pago de los réditos y la progresiva extinción de la deuda. Entre tanto, se acopian pastas de oro y plata en Coquimbo para completar un dividendo, y está dada la orden para verificar la primera remesa.

El método recientemente descubierto de beneficiar un rico mineral de cobre, de que abunda la misma provincia, ha dado un estímulo considerable a la industria en el ramo de minas, y se han habilitado varios puertos con el objeto de fomentar la exportación de los productos metálicos, brutos o elaborados.

En la deuda interior, la puntualidad de los pagos de la caja de amortización, y el inmediato reintegro del desfalco hecho en ella por un empleado infiel, han influido poderosamente en la opinión del establecimiento y consolidado su crédito.

Se ha pagado y vestido completamente el ejército, no sólo sin contraer obligaciones dispensiosas, sino extinguiendo empeños anteriores que causaban un enorme gravamen al fisco; se ha pagado el montepío; se han cubierto corrientemente los sueldos civiles, y desde el primero de julio del año pasado hasta la fecha, se han amortizado los empréstitos de 1824 y 1826 y otras deudas particulares hasta la suma de 342.000 pesos, aliviando al erario del oneroso interés con que contrajo una parte de ellas.

Señores: el cuadro que acabo de poneros delante presenta sin duda grandes vacíos. En el estado de nuestras instituciones descubriréis también sombras que no pueden menos que haceros gemir. Completar el edificio de que apenas hemos zanjado los cimientos, sólo puede ser la obra del tiempo, a que concurran los trabajos de una serie de legislaturas. No dudo que daréis a vuestros sucesores el ejemplo de celo y cordura que deben presidir a ellos. Evitar novedades violentas, perfeccionar nuestra constitución por los medios que ella misma franquea, sin contar la continuidad de la vida política, es el voto de los pueblos y la marcha que sin duda aconsejará la prudencia.

Pero, si deseamos mantener los principios sancionados por la constitución, si queremos darles un apoyo sólido, el punto que debe empeñar más vivamente vuestra solicitud es la administración de justicia. Sabéis demasiado, señores, que, sin un buen sistema de juicios, la seguridad que recompensa el trabajo, el crédito que multiplica los capitales, la sociedad civil, cuyo sagrado vínculo son las leyes, la libertad que consiste en obedecer a ellas solas, la moral pública cuya verdadera y eficaz censura no puede existir sino en los tribunales, son palabras sin sentido y que, sin el goce de estos inapreciables bienes, nuestra independencia, cuando pudiésemos lisonjearnos de conservarla, no valdría una sola gota de la sangre heroica que ha corrido en tantos gloriosos combates.

Estos bienes son el premio que reclama de vosotros el pueblo chileno; ellos solos nos harán parecer dignos de la existencia nacional que hemos vindicado, y legitimarán nuestra revolución a los ojos de la posteridad; las garantías constitucionales no tienen valor alguno, sino en cuanto contribuyen a asegurarlos.

La educación moral y literaria y, sobre todo, la educación de aquella clase, que ni posee los medios de procurársela ni conoce su importancia, es otro objeto de bastante magnitud para ponerse a un lado de la administración de justicia, que es incontestablemente el más grande de todos y el que merece el primer lugar entre cuantos he tenido el honor de indicaros».