Memorias de apariencias/El verdadero Dios Pan


Memoria de las apariencias que se han de hacer en los carros para la representación de las fiestas del Santísimo Sacramento deste año de 670 en el auto intitulado


El verdadero Dios Pan.


El primer carro ha de ser en su primer cuerpo una montaña hermosa pintada de varias flores, y en el segundo un pabellón fingido de brocado, el cual a su tiempo se ha de abrir en tres abanicos redondos, y verse en él un medio sol a manera de araceli, donde en un trono se verá sentada una persona. Esta ha de bajar por rastillo de canales hasta el tablado, quedándose abajo el trono y el pabellón abierto, y el sol fijo hasta que haya de volver a subir con la misma persona. En este intermedio, en el lugar que debajo del sol desocupó el trono, ha de salir por elevación un peñasco sobre el cual ha de haber un sacrificio de leña pintada de fuego y un cordero encima.

El segundo carro en correspondencia deste ha de ser una montaña pintada de nubarrones en el primer cuerpo, y en el segundo una nube que a su tiempo se ha de abrir en diez y ocho hojas y verse dentro de ella una media luna en forma también de araceli, y en otro trono una persona que ha de bajar al tablado en el mismo rastillo de canales, y quedarse abierto hasta que haya de volver a salir, en cuyo espacio también por elevación ha de salir también una mesa de altar y en ella una imagen de la Concepción.

El tercer carro ha de ser un jardín con todos sus adornos de cenador, tiestos y celosías con bajada para el tablado. En medio dél ha de haber un pedestal y dentro embebida una pirámide bien imitada de diversos jaspes, la cual a su tiempo ha de subir en elevación con una persona en el remate, que ha de llevar en una mano una cruz de su estatura y en la otra un cáliz con su hostia.

El cuarto carro en correspondencia del tercero ha de ser otro jardín diferenciándose en que el pedestal que aquel tenía enmedio ha de ser en este un como estanque o pilón de jaspes del cual a su tiempo ha de salir una fuente en cuya taza ha de venir un niño en una cruz, saliéndole del costado siete cintas encarnadas que den en la taza, y de ella otras siete que den en el estanque.

Don Pedro Calderón de la Barca.