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SugestiónEditar




Todas las noches, al dormirme, suelo

(dulce necesidad siempre imperiosa)

soñar contigo: entonces mariposa

de luz, alza mi espíritu su vuelo.


Y me lleva consigo... cruzo el cielo

y con celeridad vertiginosa,

llego hasta tu camita silenciosa

y blanca como un témpano de hielo.


Tu duermes: la cabeza destrenzada,

el núbil seno palpitante... oliente,

a fresca flor tu boca entrecerrada...


Y te voy á besar!... más, de repente,

huyen sueño y visión... y mi almohada

sorbe el acíbar de mi llanto ardiente.