Manifiesto del Consejo Federal de la F.R.E.-A.I.T. de Madrid(17-10-1871)

Manifiesto de la Federación Regional Española - Primera Internacional, publicado en el periódico La Solidaridad, Madrid (17 de octubre de 1871) y firmado de forma colectiva por Ángel Mora, Valentín Saenz, Inocente Calleja, Paulino Iglesias, José Mesa, Anselmo Lorenzo, Hipólito Pauly, Víctor Pagés y Francisco Mora.


EL CONSEJO FEDERAL DE LA REGIÓN ESPAÑOLA A TODOS LOS TRABAJADORES Y A TODOS LOS HOMBRES HONRADOS DEL MUNDO


En las Cortes españolas se está formando un proceso a la Asociación Internacional, y según las declaraciones del Gobierno, hechas por boca del ministro de la Gobernación, se nos declarará fuera de fa ley y, dentro del Código penal, se nos perseguirá hasta el exterminio, a fin de que esta justa y culta sociedad viva, y los privilegiados puedan gozar tranquilamente de las rapacidades llevadas a cabo con los infelices trabajadores.

Se dice que somos los enemigos de la moral, de la religión, de la propiedad, de la patria y de la familia, y en nombre de tan santas cosas, que tienen convertido el mundo en un paraíso, es necesario que nosotros dejemos de existir.

¡Ah, trabajadores!

No basta que nos exploten; que nos arrebaten el fruto de nuestro trabajo; que nos tengan sumidos en la esclavitud intelectual por la ignorancia, y en la esclavitud material por la miseria; es necesaria la calumnia, es necesario el insulto, y esto por la espalda, cuando saben que no podemos defendernos.

Nos llaman holgazanes, porque pedimos rebaja en las horas de trabajo, como aconsejan la higiene, la ciencia y la dignidad humana, ellos que no tienen ni han tenido nunca callos en las manos, que quizás no han producido una idea útil: eternos parásitos que son la causa, por su improducción y monopolio del capital, de la miseria que corroe las entrañas de la sociedad.

Dicen que somos ambiciosos, porque pedimos la justa retribución de nuestro trabajo, porque pedimos lo que es nuestro. No usarían otro lenguaje los dueños de ingenios con sus esclavos.

Dicen que somos enemigos de la moral, y sin embargo defendemos la práctica de la justicia. ¿Qué más moral queréis que la Justicia en acción?

¡Que atacamos la religión! ¡Calumnia! La Internacional no ha dicho nada sobre este punto en los Congresos universales, que es donde se formulan sus doctrinas.

¡Que somos enemigos de la propiedad! Calumnia también. Queremos, sí, que la propiedad sufra una transformación, ya que tantas ha sufrido, para que cada uno reciba el producto íntegro de su trabajo, ni más ni menos.

El que quiera comer que trabaje.

¡Que somos enemigos de la patria! Sí; queremos sustituir el mezquino sentimiento de la patria con el inmenso amor a la humanidad, las estrechas y artificiales fronteras por la gran patria del trabajo, por el mundo. No hay otro medio de evitar guerras como la de Francia y Prusia, aunque nos privemos así de héroes como Daoiz y Velarde.

¡Que somos enemigos de la familia! Volvemos a decir que se nos calumnia. La Internacional no ha dicho tampoco nada sobre esto; el querer la enseñanza integral no es querer la destrucción de la familia; el desear, como muchos internacionales desean, que la base de la familia sea el amor, no el interés, no es ir contra la familia. Apelamos de esto a todos los hombres honrados.

Se ha dicho también que han venido a España trescientos emisarios del extranjero, que se dan una vida sibarítica a costa del óbolo del pobre trabajador; y esto lo ha dicho el ministro de la Gobernación, un funcionario que debe saber que lo que dice no es cierto. Nosotros reconocemos igual derecho en los obreros de todos los países para propagar las ideas de Justicia por el mundo entero; mas como la intención de los que hacen circular tales patrañas es introducir la desconfianza y la desunión entre nosotros, lo declaramos altamente: ésta es una nueva calumnia.

Ya lo sabéis, trabajadores; los que por amor a la causa de la emancipación humana sacrificáis vuestra tranquilidad y los intereses que escapan a la explotación de vuestros señores, propagando las ideas que siente vuestro corazón y formula vuestra inteligencia, los que esto hacéis, sabed que sois agentes pagados por el extranjero, que os dais una vida regalada, aunque no tengáis sino privaciones.

Al atacar a La Internacional en el Congreso, no han perdonado medio, por ruin que fuera, con tal de salir airosos en su empresa y en odio a la clase trabajadora se ha faltado descaradamente a la verdad. Se han truncado los pensamientos y las doctrinas de la Asociación, diciendo lo que les convenia decir, a trueque de cometer injusticias. Cuando todo estaba convenientemente preparado el ministro de la Gobernación dijo con énfasis que traería a la barra a la asociación internacional de los trabajadores.

Pues bien, ministro de la Gobernación, nosotros acudiremos a la barra, por más que no tengáis el derecho de llevarnos a ella; nosotros acudiremos a defendernos de las calumnias que nos han dirigido, y de este modo podrán oír las paredes del Congreso palabras de verdad que jamás han escuchado.

Pero no lo haréis; porque esto no conviene a vuestros intereses de clase, que es después de todo lo que aqui se ventila. Nos condenaréis sin oírnos, y un tribunal que es juez y parte, y por lo tanto incompetente, sentenciará a la victima sin apelación.

Pues bien; nosotros PROTESTAMOS ante todos los hombres honrados,

Del atentado que se trata de cometer con nosotros al privarnos de nuestros derechos naturales, anteriores y superiores a toda ley, y por consecuencia, ilegislabies;

De la provocación que se nos hace a la lucha desatentada y brutal, en vez de dejarnos hacer tranquilamente la propaganda, completar nuestra organización y llegar por los medios pacíficos, y después de un maduro estudio, a la realización de la justicia, que es lo que nos proponemos, en bien de esta misma sociedad que nos tiraniza y explota;

De las calumnias de que somos objeto por parte de los hombres mismos encargados de velar por el derecho y de sostener la verdad;

Del llamamiento que nos dirigen a una guerra de clases, puesto que como clase se nos ataca y se quiere sujetarnos eternamente al carro de la ignorancia y de la miseria;

Y finalmente, del derecho que se atribuyen unos legisladores que todo lo han negado, todo lo han puesto en tela de juicio: instituciones políticas y sociales, para impedirnos que nosotros podamos reformar, transformar o suprimir esas mismas instituciones.

Pretendéis destruir La Internacional, ¡vano empeño! Para destruir La internacional es necesario que destruyáis la causa que le dio el ser. Mientras haya en el mundo hombres que estén sumidos en la ignorancia y la miseria, mientras existan explotados y explotadores, esclavos y señores, la pavorosa cuestión social estará siempre a la orden del día, y los privilegiados no hallarán tranquilidad ni en el silencio de las tumbas: que el ejercicio del mal atormenta casi tanto al verdugo como a la víctima.

Nosotros no cederemos, sino a la fuerza, ni un ápice de nuestro derecho.

Si nos declaráis fuera de la ley, trabajaremos a la sombra; si esto no nos conviene, prescindiremos de la organización que tenemos hoy, formaremos un partido obrero colectivista e iremos a la Revolución social inmediatamente.

En tanto repetiremos lo que hemos dicho en otra ocasión:

«Si La Internacional viene a realizar la justicia y la ley se opone, La Internacional está por encima de la ley. Los trabajadores tienen el derecho innefable, indiscutible, de llevar a cabo su organización y realizar la aspiración que se proponen. Esto lo conseguirán con la ley o a pesar de ella.»

Madrid 17 de octubre de 1871.

El Consejo federal de la región española.

El tesorero, Ángel Mora (carpintero).

El contador, Valentín Saenz (dependiente de comercio).

El secretario económico, Inocente Calleja (platero).

El secretario corresponsal de la comarca del Norte, Paulino Iglesias (tipógrafo).

El secretario corresponsal de la comarca del Sur, José Mesa (tipógrafo).

El secretario corresponsal de la comarca del Este, Anselmo Lorenzo (tipógrafo).

El secretario corresponsal de la comarca del Oeste, Hipólito Pauly (tipógrafo).

E) secretario corresponsal de la comarca del Centro, Víctor Pagés (zapatero).

El secretario general, Francisco Mora (zapatero).