Los viajes de Gulliver: Parte IV, Capítulo VIII

Los viajes de Gulliver
Parte IV: Capítulo VIII''
 de Jonathan Swift

El autor refiere algunos detalles de los yahoos. -Las grandes virtudes de los houyhnhnms. -La educación y el ejercicio en su juventud. -Su asamblea general.


Como yo conozco la humana naturaleza mucho mejor de lo que supongo que pudiera conocerla mi amo, me era fácil aplicar las referencias que él me daba de los yahoos a mí mismo y a mis compatriotas, y pensaba que podría hacer ulteriores descubrimientos por mi cuenta. A este fin, le pedía frecuentemente el favor de que me dejase ir con las manadas de yahoos del vecindario, a lo que amablemente siempre accedía, en la seguridad de que la repugnancia que yo sentía hacia aquellos animales no permitiría nunca que me corrompiesen; su señoría mandaba a uno de sus criados -un fuerte potro alazán, muy honrado y complaciente- que me guardase, sin cuya protección no me hubiese atrevido a tales aventuras, Porque ya he dicho al lector en qué modo fui atacado por aquellos animales odiosos a raíz de mi llegada; y después, dos o tres veces estuve a punto de caer entre sus garras, con ocasión de andar vagando a alguna distancia sin mi alfanje. Tenía además razones para creer que ellos sospechaban que yo era de su misma especie, lo que confirmaba a menudo subiéndome las mangas y mostrando a su vista los brazos y el pecho desnudo cuando mi protector estaba conmigo. En tales ocasiones se acercaban todo lo que se atrevían y remedaban mis acciones a la manera de los monos, pero siempre con signos de odio profundo, como un grajo domesticado y ataviado con gorro y calzas es perseguido siempre por los bravíos cuando le echan entre ellos.

Desde su infancia son los yahoos asombrosamente ágiles; sin embargo, pude coger a un muchacho pequeño de tres años e intenté aquietarle haciéndole toda clase de caricias. Pero el endemoniado comenzó a gritar, a arañar y morder con tal violencia, que me vi precisado a soltarle; y lo hice muy a tiempo, porque al ruido había acudido, y ya nos rodeaba, un verdadero ejército de animales grandes, los cuales, viendo que la cría estaba en salvo -pues echó en seguida a correr-, y como mi potro alazán estaba al lado, no se atrevieron a arrimarse. Advertí que la carne del pequeño exhalaba un olor muy fuerte, como entre hedor de comadreja y zorro, pero mucho más desagradable.

Por lo que pude ver, los yahoos son los más indómitos de los animales; su capacidad no pasa nunca de la precisa para arrastrar o cargar pesos. Opino, sin embargo, que este defecto nace principalmente de su condición perversa y reacia, pues son astutos, malvados, traicioneros y vengativos. Son fuertes y duros, pero de ánimo cobarde, y, por consecuencia, insolentes, abyectos y crueles. Se ha observado que los de pelo rojo son más perversos que los demás y les exceden con mucho en actividad y en fuerzas.

Los houyhnhnms tienen los yahoos de que se están sirviendo en cabañas no distantes de la casa; pero a los demás los envían a ciertos campos, donde desentierran raíces, comen diversas clases de hierbas y buscan carroña, o algunas veces cazan comadrejas y luhimuhs -una especie de rata silvestre-, que devoran con ansia. La Naturaleza les ha enseñado a cavar agujeros con las uñas en los lados de las elevaciones del terreno y allí se acuestan. Las cuevas de las hembras son más grandes, capaces para alojar dos o tres crías.

Desde la infancia nadan como ranas y resisten mucho rato bajo el agua, de donde con frecuencia salen con algún pescado, que las hembras llevan a sus pequeños.

Como viví tres años en aquel país, supongo que el lector esperará que, a ejemplo de los demás viajeros, le dé alguna noticia de las maneras y costumbres de los habitantes, los cuales era natural que constituyesen el principal objeto de mi estudio.

Como estos nobles houyhnhnms están dotados por la Naturaleza con una disposición general para todas las virtudes, no tienen idea ni concepción de lo que es el mal en los seres racionales; así, su principal máxima es cultivar la razón y dejarse gobernar enteramente por ella. Pero tampoco la razón constituye para ellos una cuestión problemática, como entre nosotros, que permite argüir acertadamente en pro y en contra de un asunto, sino que los fuerza a inmediato convencimiento, como necesariamente ha de suceder siempre que no se encuentre mezclada con la pasión y el interés u obscurecida o descolorida por ellos. Recuerdo que tropecé con gran dificultad para hacer que mi amo comprendiese el sentido de la palabra «opinión», y cómo un punto podía ser disputable; pues decía él que la razón nos lleva exclusivamente a afirmar o negar cuando estamos ciertos, y más allá de nuestro conocimiento no podemos hacer lo uno ni lo otro. De este modo, las controversias, las pendencias, las disputas y la terquedad sobre preposiciones falsas o dudosas son males desconocidos para los houyhnhnms. Igualmente, cuando le explicaba yo nuestros varios sistemas de filosofía natural, solía burlarse de que una criatura que se atribuía uso de razón se valuase a sí misma por el conocimiento de las suposiciones de otros pueblos a propósito de cosas en las cuales este conocimiento, caso de existir, no serviría para nada; por donde resultaba enteramente conforme con los juicios de Sócrates, según Platón lo refiere; comparación que hago como el más alto honor que puedo rendir a aquel príncipe de los filósofos; a menudo he reflexionado en la destrucción que semejante doctrina causaría en las bibliotecas de Europa, y cuántas de las sendas que conducen a la fama quedarían entonces cortadas en el mundo erudito.

La amistad y la benevolencia son las dos principales virtudes de los houyhnhnms, y no limitada a sujetos particulares, sino generales para la raza entera. Un extraño, procedente del lugar más remoto, recibe igual trato que el más próximo vecino, y donde quiera que vaya considera que está en su casa. Cuidan la cortesía y la afabilidad hasta el más alto grado, pero ignoran por completo la ceremonia. No tienen debilidades ni absurdas ternuras con sus crías y potros, pues sus cuidados al educarlos proceden enteramente de los dictados de la razón, y yo he visto a mi amo tratar con el mismo cariño a la cría de un vecino que a la suya propia. Proceden así porque la Naturaleza los enseña a amar a toda la especie, y solamente es la razón la que distingue a las personas cuando ostentan un grado superior de virtud.

Al casarse tienen cuidado grandísimo en elegir colores que no produzcan una mezcla desagradable en la progenie. En el macho se estima principalmente la fuerza, y en la hembra la hermosura. Y no por exigencia del amor, sino para impedir que la raza degenere; pues cuando sucede que una hembra sobresale por su fuerza, se escoge un consorte con vistas a la belleza. El galanteo, el amor, los regalos, las viudedades, las dotes, no tienen lugar en su pensamiento ni términos para expresarlos en su idioma. La joven pareja se encuentra y se une, sencillamente, porque así lo quieren sus padres y sus amigos; así lo ven hacer todos los días, y lo miran como uno de los actos necesarios en un ser racional. Pero jamás se ha tenido noticia de violación de matrimonio ni de otra ninguna falta contra la castidad. La pareja casada pasa la vida en la misma mutua amistad y benevolencia que cada uno de ellos demuestra a todos los de la misma especie que encuentra en su camino: sin celos, locas pasiones, riñas ni disgustos.

Su método para educar a los jóvenes de ambos sexos es admirable y merece muy de veras que lo imitemos. No se les permite comer un grano de avena, excepto en determinados días, hasta que tienen dieciocho años; ni leche sino muy rara vez; y en verano pacen dos horas por la mañana y otras dos por la tarde, regla que sus padres observan también. Pero a los criados no se les permite por más de la mitad de este tiempo, y una gran parte de su hierba se lleva a casa, donde la comen a las horas más convenientes, cuando más descansados están de trabajo.

La templanza, la diligencia, el ejercicio y la limpieza son las lecciones que se prescriben por igual a los jóvenes de ambos sexos, y mi amo pensaba que era monstruoso que nosotros diésemos a las hembras educación diferente que a los machos, excepto en algunos puntos de organización doméstica. Razonaba él muy atinadamente que por este medio una mitad de nuestra especie no servía sino para echar hijos al mundo, y que entregar el cuidado de nuestros pequeños a esos inútiles animales era un ejemplo más de brutalidad.

Los houyhnhnms adiestran a su juventud en la fuerza, la velocidad y la resistencia, haciéndola subir y bajar empinadas colinas, en pugna unos individuos con otros, y corren de igual modo sobre duros pedregales; y cuando están sudando mandan a los jóvenes tirarse de cabeza a un pantano o un río. Cuatro veces al año la juventud de cada distrito se reúne para mostrar cada cual sus progresos en la carrera, el salto y otros ejercicios de fuerza y agilidad, y el vencedor es recompensado con un canto en su alabanza. En esta fiesta los criados llevan al campo una manada de yahoos cargados de heno, avena y leche, para que los houyhnhnms tomen un refrigerio; después de lo cual se saca inmediatamente del recinto a aquellas bestias por temor de que causen algún daño a la compañía.

Cada cuatro años, en el equinoccio de primavera, hay un consejo representativo de toda la nación, que celebra sus reuniones en una llanura situada a unas veinte millas de nuestra residencia, y dura cinco o seis días. Se averigua el estado y condición de los varios distritos, si tienen en abundancia o les faltan heno, avena, vacas o yahoos. Y dondequiera que se encuentra una necesidad -lo que muy rara vez acontece-, se remedia inmediatamente por unánime acuerdo y contribución. Allí se concierta la regulación de los hijos; por ejemplo: si un houyhnhnm tiene dos machos, cambia uno de ellos con otro que tiene dos hembras. Y cuando por una casualidad ha muerto alguna cría y no hay esperanza de que la madre quede embarazada, se acuerda qué familia del distrito deberá dar nacimiento a otra para reparar la pérdida.


Parte IV, Capítulo VIII