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Escena VIIEditar

JULIÁN, RICARDO, JORGE, LISANDRO, LALO y DOÑA LIBERATA.

DOÑA LIBERATA.- (Saliendo.) ¿Qué le han hecho? ¡Bandidos! ¡Perversos! ¡Desalmados!... ¿Qué le han hecho al pobre hijito?... ¡Asesinos!... (Arrebata al chico, protegiéndolo con el cuerpo.)


JULIÁN.- (Acercando la copa a los labios.) ¡Bárbaros! ¡Whisky!


LISANDRO .- Mi hijito... Mi Lalo... Mi Lalo querido.


DOÑA LIBERATA.- Salga usted de aquí... ¡Miserable!... No es suyo... (Lo aparta.)


LISANDRO.- (Trágico.) ¿No?... Mi hijo... No me lo quiten... Es mío.


DOÑA LIBERATA.- (Yendo al cuarto de AMELIA.) Amelia, abrí; abrime, Amelia.


LISANDRO.- (Se lo arrebata con violencia y lo estruja entre los brazos.) Mi Lalo... Mi Lalo... ¡No!... ¡Salga!... No me lo quiten... Yo lo defiendo... (Va hacia la chaise-longue y se sienta, colocándolo en las faldas, besándolo y acariciándolo.)


RICARDO.- Ahora verás cómo sale.


LISANDRO.- ¡Mi nene querido! ¡No llore!... Está con su papito que lo quiere... No llore... Deme un besito. No tenga miedo. Soy yo. ¿No me conoce ya? Soy papito. Pobre criatura. ¿Le hicieron nana aquellos hombres? Siéntese así, a caballito como antes. Papito es bueno. No llore más. Papito lo lleva al nene a caballo. Es bueno, es bueno.


LALO.- ¡No! ¡Déjeme! No quiero caballos.


LISANDRO.- Es bueno. Los hombres son malos, ¿verdad? Le hicieron mal aquellos hombres. ¡Sí! ¡Están vivos! (Bajo.) ¿Están vivos, verdad? (Deteniéndose sorprendido por la idea fija.) ¡Vivos! ¡Ah! Escuche un secreto: Pa... pi... to los va a poner en pe...ni...ten...cia. Venga. ¡Están vivos! (Se alza esforzándose por mantenerse erguido y se acerca con el niño de la mano al aparador, revolviendo en los cajones. Saca algo que oculta bajo el saco y gira alrededor de la mesa.) ¡Con papito!¡Con papito! ¡Con papito! (Al llegar junto a JULIÁN, rápidamente le aferra la barba con la mano izquierda, y te hunde el cuchillo en la garganta, volcándolo de espaldas, juntamente con la silla. Grito de horror... AMELIA asoma y cae desplomada junto a la puerta. LISANDRO aparece oprimiéndolo con furia un instante, luego se yergue bruscamente y mira en derredor. Por RICARDO y JORGE.) ¡Ahora, a ustedes! (Por AMELIA.) ¡A vos!... (Por el nene.) ¡A vos!... ¡no!... ¡Están muertos! (Fijándose en LALO que se refugia junto a DOÑA LIBERATA.) Y todos están muertos. (Con desconsuelo, dejando caer el cuchillo.)