Nota: Se respeta la ortografía original de la época

IX.

Conclusión.

Tocamos al fin de nuestro trabajo, al que de propósito no hemos dado los desarrollos de que era susceptible, limitándonos á la mera exposición de hechos y cifras: unos y otras son lo bastante elocuentes por sí solos, para no necesitar de mayor explicación ni conjeturas. Llenan ámpňamente el fin propuesto: mostrar en conjunto, por primera vez, la importancia y la eficiencia de la colectividad italiana en la República Argentina, con la imparcialidad más completa, y hacer ver, al mismo tiempo, con cuánto cariño se recibe en este país á los trabajadores y progresistas inmigrantes que desde la península nos llegan. Sociabilidad, comercio, industria, colonización, influencia en las ciencias, en las artes y en las costumbres, todo ha pasado en esta rápida revista, cuya síntesis podría ser la siguiente:

Italia, que nos manda el mayor contingente de su emigración definitiva y de quien recibimos nuestra más poderosa inmigración, está indirectamente asociada á nuestro progreso, como en otro sentido lo está Francia;

Las fuerzas que Italia nos envía se incorporan fácilmente á las que ya pueden y deben considerarse exclusivamente nuestras, y el amoldarse poco á poco á nuestra modalidad, la modifican poco á poco también, formando sólida amalgama.

No hay motivo alguno para abrigar ridículos temoresen un tiempo muy comunes-sobre la pretendida absorción italiana, pues tal idea no existe, y si existiera, las circunstancias solas bastarían para contrarrestarla.

La acción de los italianos no es circunseripta: se la nota en las guerras nacionales y civiles, en el comercio, la agricultura y la industria, en la pintura, Ia escultura y la música, en las eiencias exactas y físicas, en las educación y las costumbres... Casi no hay progreso, desde medio siglo, á que directa ó indirectamente no esté asociado un nombre italiano.

Con esto podría haberse escrito un largo libro; no falta el argumento que hemos dado desnudo y sin adorno. Pero, al preferir el dato al comentario, hemos tenido en cuenta to que ganaba en fuerza y en sinceridad el conjunto de nuestro trabajo.

¡Y quisiéramos que éste fuera á Italia, á contar á los que aún titubean para venir y temen todavia un fracaso imposible, cuánta es la ayuda que pueden prestarnos, y cuánta la amistad con que los recibiríamos! Un điario francés decía hace poco: «Los Estados Unidos y la República Argentina absorben una proporción de la emigración italiana mucho menor de lo que se cree por lo general, y hasta empieza á notarse un notable movimiento de regreso á su pals de los emigrados italianos á esas repúblicas. Son la inmensa inayoría de los 60.000 emigrantes que el año pasado volvieron á Italia».

Nada diremos respecto á los Estados Unidos.

En lo que toca á la Argentina, įno basta para contestar y rebatir victoriosamente esa apreciación, el hecho de que no haya disminuído-y mucho menos interrumpido-la corriente inmigratoria desde Italia, sin que se la provoque ya, coino lo demuestran las cifras que el capítulo correspondiente hemos publicado? Si los que regresan, en tanto número como el periódico francés lo afirma, volvieran á su patria desengañados, & no produciria su inevitable prédica de desprestigio, la inmediata paralización de esa corriente? Quión se atrevería á venir, al ver el desastre de miles de paisanos en plena derrota, vueltos al hogar que abandonaron en busca de mayores facilidades de vida ? Pero basta; no está este trabajo destinado á provocar ni á mantener la inmigración, y podría creerse que hacemos propaganda. Se ha escrito para manifestar cuánto se asociaba La Nación á las fiestas del 20 de Septiembre, y sin embargo, no es un ditirambo, sino una exposiciún sucinta de hechos perfectamente comprobados. Si se ha Ilenado ó no el objeto, el lector lo dirá.