Los condenados: 15

Los condenados de Benito Pérez Galdós


Escena XIIIEditar

BARBUÉS, GASTÓN, PATERNOY, JOSÉ LEÓN; FELICIANA por el orden que se indica, de izquierda a derecha del espectador. Los demás personajes se agrupan en segundo término.


FELICIANA.- (¿Qué pasa aquí?)

JOSÉ LEÓN.- Pues a otro que no fuera el hombre respetable y dignísimo que me interroga, no le contestaría. Ante él, y sólo porque él me lo pide, declaro que mi verdadero nombre no es el que uso.

BARBUÉS.- A ver, a ver. (Todos demuestran gran curiosidad.)

JOSÉ LEÓN.- Me llamo Don Fernando de Azlor. Pertenezco a una ilustre familia aragonesa. Zaragoza es mi patria. En Urrea existe mi solar. Discordias de familia, que no tengo por qué relatar ahora, obligáronme a huir de mi casa, las razones que tuve para ocultar mi nombre, las diré privadamente al señor Paternoy, si se digna escucharlas.

GASTÓN.- ¡Azlor!

FELICIANA.- (Asombrada, persignándose.) (¡Ave María purísima!)

BARBUÉS.- ¿Será verdad?

GASTÓN.- ¿Noble? ¿Eres noble? (A PATERNOY.) Por su lenguaje, parece persona de esmerada educación. (A JOSÉ LEÓN.) ¿Podrías probar tu nobleza?

JOSÉ LEÓN.- Sí por cierto.

BARBUÉS.- Esa señora, Feliciana Bellido, que le conoce de Zaragoza, nos dirá si es verdad...

PATERNOY.- Feliciana, usted...

FELICIANA.- (Dudando.) Yo...

JOSÉ LEÓN.- (Con audacia, después de dirigirá FELICIANA una mirada de inteligencia.) Que diga si soy o no don Fernando de Azlor.

FELICIANA.- (Después de corta vacilación.) Digo que... en efecto, con tal nombre se le conocía en Zaragoza.

JOSÉ LEÓN.- ¿Lo veis? (Asombro general.)

PATERNOY.- Ahora... nos convendría saber que tu conducta es tan noble como tu apellido.

BARBUÉS.- Eso... y que nos demuestre que no tuvo parte en el asesinato de Alonso Barbués.

MOZO 1º.- (Adelantándose con fiereza.) Y en el incendio de las casas de Paternoy, de tus casas, Santiago.

MOZO 2º.- (Lo mismo.) Y de las cabañas de la Gorgocha.

PATERNOY.- ¿Qué dice usted?

JOSÉ LEÓN.- ¿Yo? ¿Qué he de decir? Nada sé de esos delitos. Los que torpemente me acusan, son los obligados a demostrar mi culpa; y si no lo hacen, yo les enseñaré, aquí o en donde quieran, el respeto que se debe a la verdad y a la inocencia.

FELICIANA.- (Bien: a bravura nadie lo gana.)

BARBUÉS.- (Queriendo acometerle con los dos mozos.) ¡Nos provoca el indino!

PATERNOY.- (Conteniéndolos.) Quietos...

GASTÓN.- No es ocasión de tratar de eso. Lo primero es lo primero.

PATERNOY.- Y ese asunto incumbe a los tribunales.

BARBUÉS.- (Con fiereza.) Cuando no hay justicia, nosotros, el pueblo, la inventamos.

PATERNOY.- Calma. Ahora, explíquenos el señor don Fernando la razón de encontrarse en esta casa.

GASTÓN.- ¡Eso!

JOSÉ LEÓN.- Si ya lo saben, ¿a qué he de repetirlo?

FELICIANA.- ¡Bah! Historia vieja y manoseada, señores míos. El pícaro amor, que concierta las voluntades de los jóvenes sin contar con la de los padres... y menos con la de los tíos.

PATERNOY.- (A JOSÉ LEÓN.) ¿Se ha prendado usted de Salomé?

JOSÉ LEÓN.- Sí, señor. Y a ella no le parece mal corresponderme. Será mi esposa.

GASTÓN.- ¡Eso no... Cristo! Antes la vea yo muerta que en poder tuyo.

JOSÉ LEÓN.- Salomé es libre, mayor de edad...

GASTÓN.- Que no, digo. Primero la mato.

PATERNOY.- Esas cuestiones no pueden resolverse así.

GASTÓN.- ¡Y tú, tú, eres capaz de hacer causa común con ese hombre!

PATERNOY.- No hago causa común más que con la razón y la verdad, según yo las entiendo.

BARBUÉS.- Santo eres, digno de estar en los altares; pero no tienes alma de aragonés.

GASTÓN.- (A PATERNOY.) ¿Qué dices a eso?

PATERNOY.- Que soy hijo de padre navarro y de madre aragonesa: de modo que tengo toda la tenacidad del mundo en mi alma, y que la pongo al servicio de lo que creo justo y humano.

GASTÓN.- Bien, bien.

JOSÉ LEÓN.- ¡Qué hombre!

PATERNOY.- ¿Mi opinión, amigos míos, vale algo en esta casa y en este pueblo?

GASTÓN.- Eso sí.

TODOS.- Sí, Sí.

PATERNOY.- ¿Me tienen por hombre recto y justo?

TODOS.- Sí, Sí.

PATERNOY.- ¿Me confirmas tú la autoridad que antes me diste?

GASTÓN.- (Con desaliento.) Confirmada. Acatamos tu criterio. Decide tú. Figúrate que eres el padre...

PATERNOY.- Pues decido que interroguemos a Salomé. Sin conocer sus sentimientos, no puedo resolver nada.

BARBUÉS.- Bueno va...

GASTÓN.- Oigámosla, pues.

PATERNOY.- Voy por ella. (Sale por la derecha.)

BARBUÉS.- ¡Zapa! Enredosos trámites veo aquí, muchos dimes y diretes. Más que de santidad, me da en la nariz olor de curia.

GASTÓN.- Aguardemos su resolución, que ha de ser de justicia.

BARBUÉS.- (Mirando hacia la derecha.) Aquí vienen ya.


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