Los césares de la decadencia (Versión para imprimir)

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En este libro, hay bastante, para disgustar a todos los partidos y para encolerizar a todas las facciones. No teniendo otro Partido, que el de la Libertad, está llamado a despertar el Odio de los opresores, y a provocar el celo vil de los aduladores... Hecho es para desafiar la cólera muda de los amos y la sonora servilidad de los esclavos.

V.V.

EDICIÓN DEFINITIVA

BARCELONA

RAMÓN SOPENA, EDITOR

PROVENZA 93 A 97




Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVAEditar

Porque y, fui un Sagitario — Solitario; nadie lidió conmigo los rudos combates que yo y, las lidié...

piedras de mi honda, y, las flechas de mi carcaj, cogidas la Soledad;

fueron en los desiertos de en ramas arrancadas Soledad;

porque solo viví;

y, solo combatí;


por eso tengo derecho a llevar solo, el peso de mis derrotas;

y, solo, debo llevar el Orgullo de mis Victorias.

Orgullo...

Victoria...

¿qué sentido tienen esas palabras inánimes, cuando se ha -pasado ya el meridiano de la Vida, más allá del cual, los vocablos más atrevidos pierden toda sonoridad, y no son sino débiles voces de un Ensueño, que van a morir en las entrañas de otro Ensueño?

voces de la Vida que se va, dichas al oído de la Muerte que llega...

miserable diálogo de sombras, inclinadas sobre el río tenebroso de la Eternidad;

recordar...

rememorar...

evocar...

alfareros a la orilla de las tumbas, dos en hacer estatuas de cenizas...

¿cómo no nos asombra su miserable fragilidad?...

cavar en la fosa del Pasado...;

¿qué vamos a hacer de ese torbellino de polvo, que levantan nuestras manos profanadoras?

hacemos bustos y medallas, que acaso se harán pedazos entre nuestros dedos, después de haberlos quemado...;

evoquemos los pálidos espectros, antes de ir a dormir con ellos entre sus mudas legiones; hagamos poner de pie, a los muertos aterrados;

en nombre de la Justicia; y, que los legionarios del Crimen oigan el Veredicto de la Historia.



La pasión política devoró mi juventud;

devoró como una lepra;

la consumió como una llama;

ella se extendió hasta lo más fuerte de mi edad madura, siendo según unos, una lamentable desviación de mis energías, y según otros, una admirable centuplicación de ellas;

en ese litigio tan rudamente debatido sobre si mi Obra Política, ha hecho mal a mi Obra Literaria, o la ha completado embelleciéndola, no puedo ser yo el Arbitro;

y, los padres de los padres, de aquellos que han de sentenciar en ese litigio, aún no han nacido;

yo sé que esa gran pasión, que fue la gloria y el fracaso de mi Vida;

esa pasión que hizo de mi juventud un poema bélico, y de mi edad madura un gran lago donde se hundieron muy bellas barcas de ensueños y esquifes empavesados con velas de oro y de púrpura, ha llegado hasta esta hora taciturna de mi corazón, e invade hoy con el escarlata de sus visiones la serenidad de los cielos de mi alma, en los cuales empiezan a imperar ya, las blancuras siderales del único sol que no tiene ocaso: el Sol de los Muertos;

esa fasión fue el Numen de muchos libros míos;

porque yo en Política, no tuve sino Ideas; no tuve Intereses;

yo, fuí un Escritor político;

no fui un Político, escritor;


mi pasión política fue toda intelectual;

residió en mi cerebro;

descendió a veces hasta mi corazón;

pero, no bajó nunca hasta mi vientre, como en los políticos profesionales;

yo, tuve en Política: ideas;

a veces tuve: pasiones;

no tuve nunca: intereses;

y, menos tuve: apetitos;

mis manos y mi cerebro, quedaron vírgenes de toda concupiscencia;

y, mi pluma gozó de esa misma virginidad; a los despotismos que yo combatí, les fue dado insultarme;

pero, no les fue dado corromperme;

por eso pude ser su Juez;

frente a frente de la Tiranía, yo fui el Incorruptible;

aquel a quien es preciso odiar, -porque no se puede sobornar, y al cual es necesario hacer sufrir, ya que no se le puede hacer morir;

y, para permanecer puro, permanecí solo;

ningún contacto innoble deshonró mi esfuerzo ni mi pluma;

no pertenecí a ningún Partido;

y, por eso no vendí a nadie, ni fui por nadie vendido;

no tuve otro partido que el partido de la Libertad;

y ése no es un Partido, es una Soledad;

desde esa Soledad, hablé al Mundo;

¿cómo iba a tener almas hermanas en el corazón de ese desierto?...

sólo el cuervo de Elias, y, el león de Patmos, llegan hasta la caverna de los Solitarios;

y, ellos no me faltaron;

no tuve más Patria que el Destierro;

y, por eso no tuve compatriotas;

mi ciudad fue la Ciudad Ideal;

y, así, no tuve conciudadanos

fui el Vencido Perpetuo;

como la Libertad a la cual serví;

y, a la cual sirvo;

los vencedores no me contaron nunca en su cortejo

los vencidos vinieron a mí, para estrechar mano que había agitado la bandera sobre sus cabezas a la hora del combate;

muchos peregrinos ascendieron los agrios senderos que llevan hacia el Horeb donde yo hacía arder la zarza del Verbo, bajo el ala de la Tempestad;

y, descendieron solos;

yo, no bajé con ellos al festín de la Victoria;

las literas de los Césares, llevadas sobre los hombros de sus esclavos no me vieron inclinarme a su paso, ni ofrecerles con manos mercenarias las rosas de mis aplausos;

y, sólo oyeron el tronar de mis apóstrofes, y sintieron zumbar sobre su cabeza los dardos de mi Dicterio;

nada tuve que pedir, y nada pedí a la miserable prosperidad del Crimen;

por eso;

nada pudo corromperme;

ni vencerme;

fui Invencible, porque fui Incorruptible...

así;

ni declino;

ni me inclino;

las batallas por el oro, se lidian ante mis ojos sin que que tienten siquiera mis miradas; que no deslumbró mi juventud...;

¿cómo podría deslumhrar este crepúsculo de mi Vida, glorioso y fastuoso en el cual se aglomeran todos los oros vírgenes de un Poniente sin mancilla?...

¿qué podría corromperme hoy?...

todo amor y toda ambición han muerto en mi corazón;

sobre tanta ruina acumulada, no queda sino un Ídolo:

la LIBERTAD;

mi culto de ayer;

mi culto de hoy;

mi culto de mañana, cuando mis labios ya trémulos, la busquen en la sombra, faltos mis ojos de luz; no para insultarla, sino para besarla;

mis manos ya torpes, busquen su divina imagen, no para mutilarla sino para acariciarla;

y, mi cabeza busque su seno de virgen guerrera para reclinarme en él, y morir sobre él bajo el fulgor de sus ojos inmortales.


Un canto de ese largo Himno a la libertad, que fue mi Vida, es este libro;

medallas que el buril de la Justicia, grabó sobre el mármol de la Historia.

Césares del Fracaso, sin otro prestigio que el de su Crimen;

yo los esculpí;

despreciándolos, los inmortalicé;

es un legado que hago a la Posteridad: única digna de poseerlo;

los hombres del presente, en los países aquí historiados, no podrán mirarlos con ojos indignados, porque muchos de ellos, pertenecen a generaciones engendradas bajo la digestión de los manjares comidos en los festines de esos Césares o hechos servir por ellos a sus esclavos;

este libro, como todos los libros de Historia necesita la perspectiva del Tiempo...

la perspectiva es la purificación, y como la idealización de las montañas y de los libros;

esa diáfana aureola de luminosidad azul los hace tan definitivamente bellos;

todo libro, es un diálogo con la Posteridad;

y, éste lo es;

hago a los hombres del futuro el relato de los gestos y de los hechos de hombres inconmensurablemente pequeños, a quienes sus crímenes hicieron desmesuradamente grandes;

las generaciones brutalistas que sirvieron de pedestal, a esos ídolos de un día, empiezan a derrumbarse en el polvo, mezclando el suyo con el de sus amos ya desaparecidos en la Muerte;

las cenizas de los Césares y las de los esclavos, hacen un solo montón, sobre el cual ningún sol de gloria da sus reflejos inmortales;

es esta hora en que esos espectros lamentables empiezan a entrar en la sombra del Olvido, la que yo escojo para evocarlos de nuevo, y. llamarlos a la Vida, publicando este libro en la Edición Definitiva de mis OBRAS COMPLETAS, que edita la Casa Editorial Sopeña;

hombres libres vendrán mañana, dignos de leer este libro vengador y justiciero...

ellos lo leerán a la luz de un sol puro sin complicidades y, sin sobornos;

y, agradecerán a la única mano que fue digna de escribir la historia de esos déspotas, porque fue la única que ellos no pudieron comprar.

Vargas Vila.

1920



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

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La fuerza de un Escritor, no reside en su talento, sino, en su carácter...

es la unidad de una Vida, lo que hace la grandeza de ella;

no se ejerce una vasta dominación sobre su tiempo, sin haber ejercido primero una alta dominación sobre sí mismo; es poseyendo una gran conciencia, que se llega a dirigir la conciencia de los otros;

la influencia de un Escritor sobre su época, marca, no los grados de su talento, sino los grados de su virtud;

la Humanidad, no quiere ser defendida, sino por almas dignas de ella;

y sólo los grandes caracteres son dignos de servir a la Libertad

el carácter, gana las batallas que el talento compromete o el miedo entrega;

el verdadero carácter, es aquel que no tiembla nunca, aquel que no cae jamás;

el talento en una alma sin carácter, es como la hermosura, en una mujer sin virtud: un elemento más de prostitución;

cuando la Naturaleza quiere hacer un conductor de hombres, lo hace completo: une a un talento enorme, un carácter inflexible, y la creación del Apóstol queda hecha;

el Verbo tiene ya cima de donde bajar sobre las almas;

y las tablas de la Ley, tienen ya un brazo fuerte, que en lo alto del monte las sostenga contra la tempestad;

ese hombre, dominará, no esclavizará;

esclavizar es función de déspotas; dominar es función de Apóstoles;

Faraón, es un lado de la cadena humana, aquel que entra y arraiga en la tierra;

Moisés, es el otro, aquel que vuela iniiy alio, y va hacia el cielo;

el Poder Intelectual, no pertenece sino a los grandes hombres; el Poder Material, pertenece a todos;

sólo las almas privilegiadas llegan a la autoridad de conducir;

cualquier ser, por abyecto que sea, tiene la fuerza de oprimir;

al Poder Material, se llega;

para el Poder Intelectual, se nace;

al Déspota, lo hacen los hombres;

al Apóstol, lo hacen los dioses;

la estrella de Belén, anuncia la aparición de un Conductor;

el relincho del caballo de Darío, no anuncia sino la victoria de un Conquistador...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

No hay rebelión posible contra los guiadores de conciencias: ellos son: la Rebelión;

el Verbo de sus labios, no es tangible;

se les puede cortar la lengua, y, ellos, continúan en hablar...

la cabeza cortada del Bautista, habla en manos de Salomé; habla con palabras espirituales, que hacen palidecer a Herodes;

esa Omnipotencia de la Palabra, hace temblar la Tierra;

el fulgor del Verbo, hace el furor del bruto;

porque el bruto manda; pero, solo el Verbo, reina;

el reinado del Verbo, es el único digno de ser sufrido por los hombres.

* * *

Un Escritor honrado, es toda la conciencia de su época;

el furor de una época, puede refugiarse todo, en la espada de un Conquistador;

pero, el alma de una época, no se refugia, sino en la pluma de un Escritor;

Tucídides, es toda el alma de Grecia;

Tácito, es toda el alma de Roma;

Hugo, fue por veinte años, toda el alma de Francia;

el día que murió Martí, el alma de Cuba murió con él; después, no se arrastró sobre su tumba, sino la sombra de un pueblo...

Kosiutsko, se llevó consigo, toda el alma de Polonia;

Poetefti, fue el último canto de la Ungría;

el alma de Colombia, duerme en Quito, bajo la tumba sin cruz, de Juan de D. Uribe;

ser el alma de su época, es el Destino de ciertos hombres;

cumplir ese Destino, es su Deber...

* * *

Un hombre libre, no es el cortesano de su época: es su Juez;

ser el cortesano de los pueblos, es aún más vil, que ser el cortesano de los reyes;

el escritor verdadero, no sigue la opinión pública: la guía;

los que son incapaces de tener una opinión, tienen la opinión pública;

eso, puede ser cómodo, pero, eso no es digno;

el verdadero Escritor, debe aspirará conducir, no a seguir;

¿qué diríais de un pastor, que se pusiese en cuatro pies, a seguimiento del rebaño?...

seguir la corriente del río humano, como un leño arrancado de la orilla, en vez de henderlo y contrariarlo como la quilla de un navio, es cosa vil de almas sin fuerza, hechas a la domesticidad y fáciles al halago;

el alma de los mediocres, es así;

madera para esclavos;

el hombre superior, va fuera de su tiempo, y, sobre su tiempo;

guía su tiempo, no como un cayado, sino como una estrella;

es por él que se orientan, y, hacia él, que se orientan las multitudes;

para amar lo que todos aman; para odiar lo que todos odian, adorar lo que todos adoran e insultar lo que todos insultan, para doblar la rodilla ante los ídolos y bajar en silencio la cabeza, ¿qué necesidad hay del talento? ¿cuál del Genio? la esclavitud no requiere grandeza alguna, antes las proscribe todas;

la Mansedumbre, es la virtud de los rebaños; no es el distintivo de los leones;

la Naturaleza, ha hecho las ovejas desarmadas, como para la obediencia;

y, ha dado garras a los tigres y a las águilas; seres de combate y resistencia;

las gacelas, corren la llanura, en busca de los grandes pajonales, para ocultarse en ellos;

el león, rompe la selva virgen, sin temor a las espinas del zarzal, que hacen corona inofensiva a sus melenas hirsutas;

no esperéis nada de las almas pasivas: son materia de sacrificio;

esperadlo todo de las almas agresivas: almas de soledad: ésas son las grandes combatientes;

el peligro no dice nada a esas almas; y el Miedo, no tiene el poder de estremecerlas;

desafiarán la Muerte, como han desafiado la Vida;

nada las hará retroceder, ni el encuentro con el sepulcro;

son toda la Virilidad de su época;

y toda la Verdad.

su corazón, llena un mundo que no pueden amar;

y, su Genio, ilumina una época que no pueden salvar;

¿qué más puede pedirse a los hombres de la Verdad?

¿qué más?...

que sus labios la digan toda;

y toda será dicha;

y, ella caerá como una lluvia de fuego, sobre esa tierra calcinada, huérfana de la Verdad;

y, sobre esa época menguada, que entre todas sus bajezas, se distinguió por su odio a la Verdad;

y sobre el mundo miserable y los hombres miserables, que apostataron de la Verdad;

la Verdad, mata;

pero, la Verdad, salva;

salvar el mundo por la Verdad; he ahí el privilegio de los labios que no mienten, y de los corazones que no tiemblan;

tal es el deber de una Vida, consagrada a la Verdad;

vivir para Ella;

y, morir por Ella;

la Verdad es imperiosa, como la Muerte;

como el ídolo del Canjes, ella devora por igual, la víctima del Sacrificio y el Sacerdote que la ofrece;

digamos la Verdad;

y, palabras de Libertad, y, voces de Verdad, sean el homenaje y el castigo de un mundo y de una época, que vivieron del Servilismo y se nutrieron de la Mentira;

no dejemos cá la Verdad, perecer víctima de sus vencedores;

antes bien, apresurémonos a entregar a éstos, al veredicto implacable de la Posteridad, clavándolos en el pilori de la Infamia, bajo el ojo inclemente de la Historia;

que la Verdad, sea dicha;

y, la Libertad, sea vengada;

he ahí una misión, digna de encarnar una Vida;

cumplirla, es vivirla;

cumplámosla.

* * *

Seamos sin Piedad para los enemigos de la Libertad;

no pactemos con el Éxito, cuando este, no es el de la Virtud;

y, rompamos nuestra pluma, antes de envilecerla, si la mengua de nuestra época, no nos permite esgrimirla con Honor;

si nuestra pluma no es bastante a salvar la Independencia de esos pueblos, que sea capaz de denunciar a aquellos que la comprometieron y a aquellos que la entregaron;

tengamos el valor de marcar, la hora del desastre, ya que no tuvimos la fuerza de evitarlo;

si no podemos salvar la Libertad, denunciemos siquiera sus verdugos;

si no nos es posible dar a esas generaciones decaídas, el alma ya extinta de la Libertad, démosles siquiera el sentido profundo y victorioso de ella;

y, si no podemos mostrarles ya la Libertad, como un ejemplo, evoquémosla ante ellas, siquiera sea como un remordimiento;

ya que no pueden ejercer el honor de ser libres, que conozcan, al menos, todo el oprobio de ser esclavas;

si no se puede contener la desaparición de esos pueblos, al menos cumplamos el deber de gritarla al mundo;

eso, hago yo;

testigo entristecido y encolerizado de las torturas que martirizan la Libertad y deshonran a los pueblos de América,, vengo a hablar de ellas, con Cólera, pero con Justicia;

nada debo a los hombres que describo en este libro: ni persecuciones, ni mercedes;

mi ausencia, me ha mantenido lejos de las unas;

mi independencia, me ha mantenido lejos de las otras;

es verdad, que todos ellos, me han hecho insultar, por los plumitivos de sus diarismos, siervos hechos escribas, por las necesidades del momento; es verdad, que el dicterio contra mí, ha llenado esas hojas inmundas, donde la adulación más venenosa, se une a la delación más tenebrosa, y donde el gesto festivo del mono, no logra ocultar la ferocidad nativa del tigre;

yo, no guardo reacor a esa turba de abyectos icoglanes, que cuando cesan de gritar contraía Libertad, se vuelven para aullar contra el Genio;

sus diatribas espeluznantes contra aquellos que tienen, a sus ojos, el crimen de resistir, se disuelven de tal manera en la Infamia, que se vacila en pisar esa saliva de energúmenos, arrojada a los pies del Talento altivo y solitario, que para no envilecer nada, no los castiga siquiera con su desprecio;

¡tristes entes de animalidad, que incapaces de ningún respeto, disparan contra el Imperio de la Libertad, desde la triste demagogia de su Esclavitud!

a esas almas de cieno, almas de mercenarios del Éxito, nada dicen, esos grandes soldados del Insuceso, que se llaman los Mártires, y los Pueblos;

defenderlos, es a sus ojos un delito, porque si tuvieron la gloria de combatir, no tuvieron la fortuna de vencer;

solo el Triunfo es sagrado a los ojos de aquellos pretorianos de la Victoria;

¡doctrina de lacayos, feroz y ruin, como el alma de un eunuco!

para ellos, toda Rebelión, les es odiosa, porque solo el Poder les es querido;

ellos, no saben, que oprimir u un pueblo, puede ser tarea de un lacayo afortunado; mientras que libertar a un pueblo, sólo es sueño y es acción de un Héroe Inmaculado;

para amar la Libertad, como para morir por ella, se necesita cierta talla de alma, que ellos no tienen; en cambio, para traicionarla, para degollarla, sólo basta tener una alma de siervo, y un puño de Verdugo;

lo primero no lo hacen ellos, porque no son grandes;

incapaces de alzarse hasta el Sacrificio, se abajan hasta el Crimen;

oprimen la Libertad, porque no son dignos de servirla;

incapaces de comprenderla, no les queda otro camino que calumniarla:

y, no pudiendo comprar sus defensores, se encarnizan en deshonrarlos;

facciones del Terror, en el Poder, que se hacen facciones del insulto en el diarismo; y, no pudiendo alcanzar la Gloria, se conforman con denigrarla;

son la flecha de la Impotencia, persiguiendo el vuelo del Orgullo...

su cólera haría reir, si su bajeza no hiciera enrojecer;

no alcanzando a deshonrar la Intelectualidad, porque están fuera de ella, se conforman con deshonrar la Humanidad, diciendo pertenecer a ella;

no pudiendo ser la vergüenza de la Historia, se conforman con ser la vergüenza de su época;

y, no pudiendo salvar la Posteridad, se encargan de hacerla enrojecer.

* * *

Yo, no tengo el amor de los tiranos, ni siento el temor de ellos;

sordo soy a sus amenazas, como a sus halagos;

y frente a ellos, guardo el justo equilibrio, entre mi cólera y mi desdén;

mi indignación, no es, sino, la indignación de la Historia;

fuera de Cipriano Castro, a quien conocí en mi juventud, cuando él, era un Héroe cantipesino, libre de las mancillas del Poder, yo no conozco personalmente a los hombres de este libro (1);


en un salón parisiense, alcancé una vez, a ver la pálida faz patibularia de Rafel Reyes, y le volví la espalda, temeroso de tener que estrechar aquella mano de Asesino;

yo, hago violencia a mi corazón, hablando de algunos de ellos, porque hay en su vida, páginas de una grandeza casi igual a la grandeza de su Crimen (2);


el prestigio de la Gloria, no logra desarmar la Historia;

es, sólo, amando con violencia la Justicia, que se llega a tener un corazón digno de ejercerla;

arrancarse las entrañas por miedo de enternecerse, qs mejor que enternecerse;

el Historiador que se deja corromper por el prestigio de la Gloria, es tan vil, como el que se deja corromper por el poder del oro;

seamos implacables para la Gloria, cuando la Gloria no está al servicio de la Libertad;

sólo las almas débiles se dejan corromper por el Éxito: las grandes almas, no se rinden sino al Mérito;

escribiendo fuera de la América y casi fuera de mi época, ninguna pasión que no sea la de la Justicia, alcanza a mover mi pluma;

las pasiones de Partido, no tenderían sino a desarmarla;

la pasión de la Libertad, ha devorado mi vida;

la defensa de las Ideas Liberales, consumió mi juventud;

y, hoy, el Partido Liberal, vendido, donde no vencido (1), yendo a busca de un Amo, donde no ha caído bajo él, no pediría a mi pluma sino el homenaje del Silencio, como un Epitafio sobre su deshonra;


para callarme, no tendría sino que dejarme conmover por el sofisma;

bastaría dejar a la Mentira, el cuidado de enternecerme, porque muchos de los déspotas descritos en este libro, se han dicho liberales y ha sido con el patrocinio y la merced del Partido Liberal, que han desgarrado las entrañas sagradas de la Democracia, deseosos, como Nerón, de ver el vientre ubérrimo en que fueron concebidos;

liberal era Porfirio Díaz, del Partido Liberal salió, con él ha dominado y, ha sido con la espada de Juárez, robada de su tumba, que el Bárbaro Azteca ha degollado al pueblo, que otros habían libertado;

liberal, se ha dicho Estrada Cabrera, y, es con la espada de Justo Rufino Barrios, que ha flagelado las espaldas desnudas de Guatemala, y, ha cortado la cabeza, de todos aquellos que no han querido doblarla ante su sanguinaria Incapacidad (1);


liberal, se dijo Castro, y, fue arrojando lejos la espada conservadora, que había ceñido antes, que se lanzó al asalto del Poder; y, fue con una vieja espada liberal, hallada en Tocuyito, que expulsó de bajo el solio el fantasma de la Legalidad, y, venció al Liberalismo, sobre esos nuevos (pampos de Farsalia, donde el heroico Nicolás Rolando, rompió, antes que entregarla, su gloriosa espada oriental, que no habiendo podido salvar la Libertad, resolvió perecer con ella;

Reyes, es conservador, pero vino al poder, traído por el voto de unos liberales se ha mantenido en el Poder, por ellos, y, es, con la espada de esos mercenarios del liberalismo, que él, ha degollado la República;

para venderme a ese sofisma de liberalismo y desarmarme ante él, yo, no tendría que hacer violencia sino a mi conciencia, porque las apariencias todas estarían allí, para cubrirme, y embellecer con un manto de oro, mi infame Claudicación;...

¡lejos de mí, esa teoría de los venales, que si basta a satisfacer su hambre, no alcanza a desarmar mi Indignación!

y, es, para vengar al Partido Liberal, y, en nombre de las Ideas Liberales, que yo denuncio a esos hombres, que en nombre del liberalismo han matado la Libertad;

yo, el Escritor Liberal, acuso en nombre de las IdeasLiberales, a esos degolladores del Ideal Liberal;

su primer pecado, es, la Traición;

el segundo, es, la Profanación;

abandonar las ideas liberales no les bastaba;...

¡era necesario deshonrarlas!...

y, ¡las deshonraron!

hicieron de ellas una hacha de verdugo, y, con esa hacha decapitaron a los pueblos;

¡Salvaje Horror!

es para vengar las Ideas Liberales, que escribo este libro;

y, para vengar la Libertad.

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. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

...Es necesario también vengar la Historia;

el Despotismo, se empeña en hacer sufrir a la Historia la fascinación del Crimen, y, se hace el erudito de su propia Infamia, creyendo corromper al porvenir, porque habla con arrogancia a las miserias del presente;

la Historia, no es en manos de los déspotas, sino un instrumento más de asesinato: el cadalso de la Verdad...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


he ahí por qué nosotros, no tenemos Historia;

los anales de esas dictaduras, escritos por los mercenarios de ellas, como el relato de un saqueo, hecho a la luz del vivac, en un campamento de bárbaros, eso no es la Historia;

eso es una lenta conspiración de la barbarie contra la Verdad: un asesinato del Honor;

páginas de un serrallo, escritas por los eunucos, eso no es la Historia; esa es la impudicicia del mono, agravada por la malicia del esclavo;

eso, no hace fe, entre los pueblos, ni entre los hombres libres;

no es la fascinación que el oro de la Dictadura, ejerce sobre sus siervos, lo que hace más mal a la Verdad y a la Historia;

esas crónicas de la servidumbre, escritas por los esclavos, al resplandor de un puñal, nadie las cree;

es, la corrupción que el oro de esas Dictaduras, siembra fuera de ellas, o mejor dicho, la explotación de los mercados de la pluma, en las prensas extranjeras, la que hace más mal a la Verdad, y, a la Historia de América;

el soborno de aquellos aventureros voraces, llenos del fanatismo del mendrugo, no alcanza a corromper el criterio del mundo, pero sí alcanza a deshonrarnos a nosotros;

recorred la Europa y la América; id a New-York, a París, a Londres, a Madrid (1), en todas esas ciudades hallaréis algún papel a sueldo de las dictaduras de América, un foco de putrefacción moral, donde los corsarios de la tipografía, se empeñan en defender esos despotismos, sin forma ninguna de pudor, antes bien, ostentando como un mérito, la plácida ignominia de su portentosa venalidad;


si sois enemigos de esos despotismos, puede que no encontréis en cada una de aquellas ciudades, el puñal de un asesino, o la espada de un rufián, para deteneros, pero estad seguros, de que en todas ellas, tras del ojo del espía, asomará la pluma del sicario, para insultaros.

la mendicidad mental de aquellos merodeadores de la prensa, falsea el criterio de la Europa y se empeña en hacer creer a ésta, en la existencia de un gobierno libre, dondequiera que hay la mano de un Amo que los pague;

las Embajadas de esas Dictaduras, son agencias de corrupción, que ejercen la trata de blancas, en las regiones de la más baja intelectualidad extranjera, y, reclutan su mercancía en las capas más abyectas del periodismo ocasional, entre aquellos cuya mentalidad de topos, está aún por debajo de su moralidad de esbirros;

y, esos escribidores paniaguados, extranjeros que todo lo ignoran de la América, hasta la Geografía, son los que informan el criterio del mundo sobre nosotros... ¡oh, mengua!...

y, esos proxenetas de la pluma, se encargan de corromper la Historia, calumniando con suceso la Libertad;

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

...Es necesario apagar los aullidos inusiladus de aquellos mercenarios, que han enarbolado el pabellón de su hambre como una bandera, y han proclamado la venalidad, como una virtud;

es necesario ir contra esos conspiradores, que así asesinan la Verdad, en las sombras de una emboscada;

es necesario abrir los ojos del mundo, sobre esta gran noche profunda, que es, la Tiranía, en América;

a esa misión va encaminado este libro, como han ido todos mis libros;

lleva la autoridad de la Verdad;

y, lleva la autoridad de un nombre, que no ha mentido jamás ante la Historia, ni ha calumniado jamás, ante la posteridad;

contra las adulaciones de la servidumbre, y las calumnias con que se agobia la Libertad, ha sido escrito este libro, con la conciencia de un hombre, que no tiene beneficios que agradecer, ni ultrajes que vengar;

el hombre verdaderamente incorruptible, lo es en todo: el Odio, mismo, no tiene el poder de corromperlo.

* * *

Nada se ha ahorrado para la vergüenza de esta época en América; traiciones y capitulaciones, juramentos y falsías; '

las violencias de la Tiranía, sólo igualan a la bajeza de sus fámulos;

y, la Insolencia de los de arriba, no tiene igual sino en la infame Mansedumbre de los de abajo;

nunca la Traición floreció en mas sectarios, ni tuvo la Dignidad, menos partidarios:

los amos halagan para reinar, y, los siervos engañan para medrar:

el Despotismo se hace un dios sin ateos: y, la Libertad se torna en una religión sin creyentes;

desnudos, como un salvaje, esos despotismos, cuasi analfabetos, se espantan de la Civilización, y, no alcanzan a encontrar seguridad sino en su propia barbarie;

se refugian en ella, como en una fortaleza, y, desde allí, siembran sobre los pueblos inermes, el espanto del Terror;

el puñal, reina como soberano, y el Verdugo, impera como un dios;

el Silencio inabarcable lo llena todo: el suspiro mismo, es una rebelión...

los cadalsos, se. suceden a los cadalsos, las prisiones rebosan de sombras, que no son ya hombres, porque el hambre y las torturas los han matado;

el Tormento, con sus más crueles aplicaciones, llena el aire de alaridos;

los bosques insalubres devoran los confinados, que las fieras desdeñan devorar;

el destierro, se puebla de espectros, que tiemblan bajo el puñal de los espías, y que no obtienen el derecho de la Vida, sino en cambio de devorar su propia lengua...

la infancia misma, no está segura, en la inocencia de vivir; los niños, que Estrada Cabrera azota en las prisiones de Guatemala, Reyes, los hace fusilar por sus soldados, en las colonias penales de Colombia...

la delación se hace una virtud de Eslado; se obliga álos nifios a denunciar a sus padres; y, se les inicia por el Delito en el culto de la Tiranía;

no hay refugio seguro contraía muerte, ni aun el vientre de la madre; los soldados de Estrada Cabrera, después de asesinar los salvadoreños prisioneros, violaron las mujeres en cinta y las asesinaron luego, rompiendo a bayonetazos, los vientres deshonrados por su contacto;

la muerte misma, no es un refugio: los sacerdotes de Colombia, desentierran en la noche, los cadáveres de aquellos que no han muerto en su fe y arrojan a la intemperie sus miembros putrefactos.


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

el espanto de los pueblos, no tiene otro monumento que los huesos desús mártires...

y, sobre esos valles sonrientes, antes pictóricos de Vida, no se extiende hoy, sino el sombrío, el dilatado, el pavoroso Imperio de la Muerte.


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Yo hubiera querido siquiera, encontrar grandes hombres, frente a esos grandes crímenes;

hubiera querido encontrar algo de majestad en esos tiranos, para disculpar siquiera a esos pueblos, de haber sucumbido al peso de alguna Gloria;

queda algo vivo en el honor de un pueblo cuando ha caído fascinado por un Héroe;

pero, estas tiranías del anonimato y la miseria, de la crápula y la selva, asombran y desconciertan...

¡cuan lejos se ven los tiempos —sin embargo tan cercanos— en que el despotismo, se llamaba Guzmán Blanco, y, recordaba el siglo de Augusto!

en que Rafael Núñez, hacía pensar en un Cromwell, impudoroso y letrado;

y, Balmaseda resucitaba el esplendor heroico de los Gracos;

y, todos: hasta los Ezetas, tenían más talla de hombres;

y, hasta el gesto de Lili, rugiendo en la selva profunda, tenía algo de grandeza, en su negrura siniestra;

pero. ¿hoy?...


¿qué nos da la Tiranía?


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


¡miseria y podredumbre!...

tiranos sin grandeza y pueblos sin honor;

los déspotas, se multiplican, y, los esclavos, fecundan;

estos últimos, carecen hasta de la dignidad del elefante, que no se reproduce en la servidumbre;

en esos pueblos, el honor, ha descendido tanto, que sufrir el poder, es menos mengua que ejercerlo;

ellos han olvidado, que la Rebelión, es una Virtud, allí donde la Libertad, es un Crimen;

que, frente al despotismo, no hay sino un delito: el de servirlo;

que, contra la Tiranía personal, toda acción, se hace un Derecho Social;

que, frente a la Omnipotencia de un hombre, se impone la Omnipotencia de Todos;

que toda violencia, adquiere las formas del derecho, allí, donde la Libertad, no es un hecho;

que nada, ni el amor sagrado de la Patria, debe sobreponerse al amor sagrado de la Libertad;

que, quien no tiene patria libre, no tiene patria;

que una patria esclava, no es una patria, es una vergüenza;

que donde la Libertad no existe, la Paz, no es un hecho, sino un sofisma: el sofisma de que se sirven todos los aventureros sin honor: los unos para ejercer la Tiranía, los otros para servirla;

que no hay Legitimidad, fuera de la Libertad;

que, el Despotismo, matando todkas las leyes, no puede ampararse bajo ninguna;

que al colocarse contra la Ley, queda fuera de la Ley;

que, todo es permitido frente al despotismo; todo: menos, servirlo;

que frente a la Tiranía, no hay lugar a la vacilación; porque todo el que la ejerce es cruel, y, todo el que la sirve es vil;

la Tiranía, que mata todos los derechos, no cría sino un deber: el de combatirla;

todo el que combate la Tiranía, sin suceso, es un Mártir, cualquiera que haya sido la grandeza de su intento;

todo el que vence la Tiranía, es un Héroe, cualquiera que haya sido el gestp de su brazo;...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

...Cuando los pueblos en hartazgo, han llegado a este caso miserable, de no tener por la cadena sino el temor de perderla;

cuando han llegado a mirar el Despotismo, como una cosa sin la cual serían desgraciados de vivir...

cuando han bajado a ese Infinito de la Infamia... i ¿de dónde puede venir la salvación?...

¿de dónde?...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

... No desconfiéis;

el Bien, es más poderoso de lo que se cree;

la Libertad, tiene, como la Providencia de los creyentes, caminos ocultos para mostrarse;

cuando una Tiranía, ha dejado de tener enemigos, es cuando comienza a tener peligros;

cuando ha llegado al apogeo de su triunfo, es cuando está a dos dedos de su fracaso;

al hacerse omnipotente, se hace ciega;

¿qué mano ha de empujarla a la sombra?...

no os preocupéis...

esa mano, cualquiera que ella sea, no tiene sino un nombre: la Libertad;

ella, tiene, como el sol, una hora fija, para aparecer en el horizonte de los pueblos:

esperemos en la Libertad;

entretanto...

trabajemos por Ella.

* * *

No se trata de salvar el Presente; el Presente es inmundo;

su inmundicia, lo pone al abrigo de todo esfuerzo noble;

su bajeza, es aun mayor que esta palabra enorme, que lo abarca todo: el Perdón;

incapaz de hacer el gesto que liberta, es incapaz de comprender el Verbo que liberta;

el Presente, es, irredimible;

lo que se trata de salvar, es, el Porvenir;

¡tengamos Piedad, de los que no han nacido!...

ahorrémosles la Vida esclava, rompiendo su cuna esclava;

libertemos la Aurora, aun a despecho de la Noche;

sobre la Montaña de la Purificación, digamos Verbo de Redención;

el Trono de la Misericordia está muy alio, y, no se llega a él, sino por el camino de las caídas;

es, de los grandes vencidos, que el Deslino, hace los grandes vencedores;

el Sufrimiento, es, una Epifanía;

el Gran Dolor, es, una Purificación;

es la Enorme Indigencia, la que atrae la Suprema Clemencia;

estos pueblos, que han pecado lanto, ¿no tendrán mañana una hora de Redención?...

¿sus horizontes cerrados están al rayo de toda Alba?

¿su noche será eterna, y el reinado de sus tinieblas envolverá también sus descendientes?...

¿el Castigo, herirá los hijos, en el vientre de las madres esclavas?...

¿los cachorrillos de las tigresas prisioneras, nacerán también con la cadena al cuello?...

sus zarpas, que desgarran el claustro inalrilense;

sus jóvenes hocicos, que hacen sangre en el pezón materno, ¿cortadas serán y desdentados serán por el hacha del Amo?...

¿ellos también, consumirán su vida adolescente, entre los barrotes de la jaula?...

¡Maldición!


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

No, no;

que el Verbo de la Libertad, rescate el Mundo;

el Rescate, es, la Aurora del Pecado, sobre la Tierra;

todo lo que se ha hecho, puede ser rehecho; la Redención, se extiende, como un sendero blanco, infinito hacia el Oriente;

el Perdón se alza como un cáliz, al pie de los pueblos crucificados; y, recoge la sangre y las lágrimas mezcladas;

es el Ofertorio de la Misericordia;

¡la Misericordia del Destino!...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Digamos Verbo de Libertad, y, haremos almas de Libertad;

denunciemos el Crimen, y, crearemos ol horror de él;

el Verbo, crea;

arrojemos la simiente de la Luz, en el surco abierto por la Sombra;

es sembrando en las tinieblas, que germinan las auroras;

el Esfuerzo, reanima el Mundo;

nuestro gesto de sembradores será augusto; erectos nos hallará el Alba; erectos y vencedores ante el Sol;

y, la proyección de nuestro gesto, será un horizonte de pueblos levantados tras de él...

altos, como montañas...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Enseñemos a esos pueblos a amar la Libertad;

el amor es la fuente de la Fuerza;

amar la Libertad, es desear la Libertad;

y, he ahí, que el Deseo, también es una fuente de Fuerza;

aquel que ama, aspira a hacerse digno de la cosa amada;

y, cuando esos pueblos hayan llegado a amar la Libertad, se harán dignos de ella;

CONQUISTARÁN SU LIBERTAD;

por el hacha y por el fuego;

con una mano, arderán la Tiranía;

con la otra, decapitarán al Tirano;

la sangre de un Tirano, es el único abono, digno del árbol sagrado de la Libertad;

donde se ha alzado el patíbulo de un Déspota, el zarzal del Despotismo, no renace;

Cromwell, hizo a Inglaterra, libre, para siempre;

la Convención, decapitando a un Idiota, decapitó a un Sistema...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

muerto el Dictador, la Dictadura no retoña; ante el gesto indignado de la Justicia, los candidatos a la púrpura desertan de la aventura;

la espada, abre el camino de la audacia al Capitolio: el hacha puede cerrarlo;

la raza peligrosa de los Dictadores, que no retrocede ante la Derrota, sí capitula ante la Muerte;

bajo el brazo armado de Cacio, duerme la Uepública, más segura, que bajo la espada inútil de Pompeyo;

no fueron las legiones, las que cerraron a Julio César, el camino del Imperio: fue la mano de Bruto...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

...ese heroísmo, es el único desprovisto de toda ambición, desnudo de toda pompa, acre y solitario, como una cima;

el águila que de allí baja, va colérica a su fin, recta como una flecha: sus ojos fascinados por la Muerte, nada ven... nada... sino la sangre;... es el único alimento de esta águila, escapada como un rayo de las manos del Destino...

los pueblos, han perecido siempre, cuando han hecho abdicación del derecho sagrado de vengarse;

es más culpable el pueblo que sufre la Tiranía, que el hombre que la ejerce; es más vil, la debilidad del uno, que la audacia del otro;

un Tirano, no merece ejercer la Tiranía, sino en el pueblo que es capaz de soportarla;

la abdicación de todos, ¿no es más criminal que la usurpación de Uno?

lo más revoltante en la Dictadura, no es la insolencia con que se ejerce, sino la paciencia con que se sufre;

no es la audacia, de Calígula, lo que indigna, es la tardanza de Sabinus, lo que entristece...

¿qué culpa tiene la mano de Tiberio, en herir, si la sombra de Macrón, tarda en aparecer?...

hay más cantidad de crimen, en sufrirla Dictadura, que en ejercerla;

hay en la insolencia del Amo, por sangrienta que ella sea, menos cantidad de delito, que en la sumisión del esclavo, por forzada que aparezca;

no es amo, sino quien puede; y, no es siervo sino quien quiere;

toda servidumbre es voluntaria;

no es la grandeza de los tiranos lo que hace su fuerza, es la pequenez de los pueblos que dominan: su valor surge de la cobardía de los otros, como el pus que se escapa de una lepra;

yo, hallo, que todo despotismo, es demasiado benigno, para la infamia del pueblo que lo soporta...

sufrir la Tiranía, os la forma más vil de merecerla;


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

En esta crisis de escepticismo, que nos ciega, es necesario no dejar cerrar los ojos de las multitudes, sobre los horizontes sin Esperanza;

no dejemos sentar los pueblos, como mendigos desencantados a la orilla del camino...

no descansemos, ¡oh, pensadores!...

azotemos el Monstruo, en presencia de los pueblos aterrorizados;

hagamos el gesto de degollarlo;

ellos, extenderán el brazo... y, la garganta de la Hidra, será cortada;

que nuestro Verbo sea Justicia;

que nuestro Verbo sea Venganza;

y, el hacha de nuestro Verbo, decapite la Iniquidad...



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

EN COLOMBIAEditar

* * *

La TIRANÍA, ha tenido en Colombia, un solo nombre: La REGENERACIÓN;

fundada por la Traición de Núñez, en 1885, para asesinar la Libertad, ha terminado, en 1903; por vender la Nacionalidad;

hecha por un partido, para castigar el orgullo de otro, ha terminado por deshonrar el orgullo de todos;

principiando por dominar a unos, ha acabado por castigarlos a todos;

y, como Saturno, devoró sus propios hijos; merced a una amalgama impura, de traiciones y de claudicaciones, en que la imbecilidad de los hombres, superó a la fatalidad de los acontecimientos, el crimen de LA REGENERACIÓN, es decir, el Crimen de la TIRANÍA, ha venido a pertenecer por igual a todos los partidos de Colombia;

el día en que la venalidad cobarde de ciertos facciosos, hartos de revuelta, entregó a la Dictadura, la bandera del Partido Liberal, vencido con ellos, y, vendido por ellos, la responsabilidad histórica del Partido Conservador, en el Crimen de la Regeneración, cesó por completo, y, la responsabilidad bochornosa y terrible del Partido Liberal, en ese Crimen, comenzó, ante la Historia;

merced a la abyecta actitud de esos tránsfugas, que no contentos con abandonar su bandera en la derrota, han querido llevarla consigo a la Traición, la Regeneración ha venido a dividirse en dos períodos:

el período de la Regeneración conservadora;

y, ¡oh mengua!...

¡el período de la REGENERACIÓN LIBERAL!...

tiembla la mano al escribir la extraña amalgama de estas dos palabras...

pero es necesario, tener el valor de la Historia, para no traicionar nunca la Verdad;

el período conservador de la Regeneración, vade NÚÑEZ a SAN CLEMENTE;

el período de los liberales, se sintetiza en RAFAEL REYES; el período de los conservadores, es el de la Dictadura Conslitucional;

el de los liberales, ha sido el de la Dictadura Personal;

los conservadores pusieron el despotismo en la Ley;

los liberales han puesto el despotismo en el hombre;

los conservadores hicieron la TIRANÍA;

estaba reservado a los liberales, hacer; el Tirano;

y. lo hicieron (1).


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Antes de ellos, el despotismo era prisionero én la Constitución, como en una jaula;

ellos, lo libertaron;

y, saltó como una fiera: a pleno campo;

el período de los conservadores, se conservó aún, por ciertos lados, dentro de la civilización;

con este período de los mercenarios, la Tiranía, entra ya, en plena barbarie;

la ficción de la República, una república de Cromwell, existía aún bajo los conservadores;

nada de ella queda, en este campamento de bárbaros, bajo la espada de Atila...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

En la Regeneración Conservadora, hubo siquiera la sombra de un Poder Legislativo;

hubo cámaras;

Si no fueron dignas, al menos fueron graves; si no llegaron nunca a la grandeza, guardaron cierta compostura que hacía la ilusión de la dignidad; sabían fingir cierta actitud de corrección, que casi se parecía al decoro; su mansedumbre abyecta, se refugiaba en la disciplina, y, se excusaba con ella; aquel rebaño, a veces violento, guardó siempre la actitud de un Partido; esas cámaras se consolaban de su servidumbre, diciéndose esclavas de los principios; y, se agrupaban bajo la bandera de la Tiranía, proclamando ostentosamente, que ese era el estandarte de las Ideas; y, cuando les tocó morir, la tempestad las halló de pie; y, desaparecieron entre el huracán que fragmentaba la República, prefiriendo sucumbir ante la Fuerza, a sancionar con su voto la venta de la Patria...

y, así, ¡un poco de sol de Gloria, se extendió sobre el pantano de su fangosa Ignominia!...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

el Poder Judicial, también, tenía una apariencia de vida; se alzaba fantosmal, como la sombra de un gran muro, que el rayo oblicuo de la tarde, alarga desmesuradamente; el irrespeto, que había hecho la Ley, cruel, no había hecho aún a los jueces, viles; la ola de la violencia, que había acabado ya con la Justicia, no había llegado aún hasta los encargados de ejecutarla.

aun había jueces;

el despotismo, no los había matado;

ocultando la librea bajo la toga, ellos guardaban aún cierto aire de majestad, que era como el último homenaje de la Justicia a la República; y si no sabían ya cumplir la Ley, les quedaba aún el derecho de ampararse bajo ella;

la sombra de la Ley, reinaba aún...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El Poder Municipal, guardaba la ficción de su Independencia; y, las sesiones de ese pecorismo rural, se alzaban a veces, hasta la apariencia de una Asamblea de hombres.

la demagogia conservadora, harta de violencias, se detenía aún en el umbral de la Legalidad, como amparándose a ella, sobrecogida de respeto ante los grandes principios...

aquel respeto, era una palabra, pero, bajo aquella palabra, vivía aún una sombra de Estado...

¿qué catástrofes, qué sacudimientos, qué convulsiones morales se han sucedido para acabar con esta ficción de República?...

las victorias de la Traición, están allí para atestiguarlo...

de ellas son toda la responsabilidad y todo el oprobio, de esta terrible hora contemporánea, tan llena de sangre y de presagios;

bajo la Regeneración conservadora, murió la Libertad, en Colombia...

bajo esta otra, ha muerto la nacionalidad;

y, cuando en un país, tras del espíritu de la Libertad, muere el espíritu de la Nacionalidad, ya no queda allí un pueblo, sino una tumba...

sobre esa tumba la Historia es un Epitafio...

Escribámoslo.



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RAFAEL NÚÑEZEditar

RAFAEL NÚÑEZ, pertenecía a la raza triste de los tiranos filósofos;

era déspota por hastío;

excedía en cantar el Enojo, tanto como en poseerlo...

su alma, era un lago taciturno, sobre el cual, reinó el Aburrimiento, como Soberano;

habiendo encontrado frente a su ambición, una oligarquía de mediocres, cuyo amor apasionado por la Libertad, no tuvo igual, sino en su culto apasionado por la mediocridad, resolvió asesinarla;

y, esa oligarquía de la Virtud, cayó bajo el puñal de un demagogo;

Núñez, la asesinó;

llegó viejo a la Omnipotencia, y no supo qué hacer de ella;

incapaz de amar el Poder, por el Poder, no lo usó sino para la Venganza;

la lascivia, fue la pasión de su vida, y, a ella entregó su vejez, que el Poder ya no alcanzaba a consolar;

su última querida, vieja libidinosa y mediocre, lo arrojó de bruces en la Traición; y, fue traidor como Antonio, por la potencia del sexo;

unía a sus otras cualidades, el amor del Talento, y, como lo tenía en alto grado, no temía el de los otros, gustando de aglomerarlos en su redor, como una corte de estrellas;

él, tuvo la primicia de las más grandes inteligencias, y no se complació en amarlas sino para tener el placer de corromperlas;

él, fue el primero, en hacer de la prensa la piscina de Tiberio, entregada a los niños amamantados del Imperio;

demasiado desdeñoso para ser cruel, no fue nunca sanguinario;

despreciaba mucho a los hombres, para dignarse matarlos, y, se conformó con oprimirlos;

les dejó la Vida y les arrebató la Libertad, ¿puede darse mayor exceso de Venganza?...

se conformó con ser fatal a las ideas, sin querer serlo a los hombres;

su desdén, lo hacía indiferente, ya que no podía hacerlo misericordioso;

tenía toda la lucidez de un político, unida a la extraña placidez de un filósofo;

sus frases violentas y graznantes, como una nube de buitres, se elevaban sin esfuerzo, hasta la altura de su pensamiento; y, se hacían obscuras, a fuerza de ser enormes;

sin ilusiones sobre los hombres, ni sobre las cosas, era hecho para pastor de pueblos, porque despreciaba profundamente, el rebaño humano, tan tumultuoso, tan terrible y tan vil;

demasiado alto para sentir todos los espantos, no tuvo nunca el de la conciencia;

fue sereno y vidente a la Traición; no tembló al hacerla; y, no la negó nunca; no la explicó jamás;

ni enrojeció de su obra, ni se enorgulleció tampoco de ella;

él, sabía, que hay dos cosas, igualmente ineptas, en política: obcecarse en un crimen inútil, o arrepentirse de él;

acaso no amó nunca las ideas que abandonaba;

la soledad de su alma, era tan completa, que al abandonar las ideas liberales, no se dignó abrazar las ideas conservadoras;

les entregó el país y no les entregó su corazón; implantó la Religión Católica, y, permaneció fuera de ella;

vivió y murió Ateo;

y, sintió el desprecio de su obra, que debe ser la última tristeza de los arquitectos de quimeras;

impuso su Traición y su Querida, y, forzó el mundo a adorarlas;

y, los conservadores, vivieron del producto de esas dos prostituciones; y engrasaron de ellas;

despreciaba el oro, tanto como a los hombres, y, si se deshonró en la Tiranía, no se dignó deshonrarse en el robo;

introdujo el peculado; no lo ejerció;

abrió las cajas a los ladrones del Erario Público, para que lo saquearan; pero no introdujo sus manoseen ellas;

hizo del robo una virtud de Estado; y tuvo el raro valor de renunciar a esa virtud;

su querida y sus seides, todos se enriquecieron; él, quedó pobre;

no era probo, porque la probidad, es una virtud, y, él, no tenía ninguna;

su desinterés, no era sino imposibilidad mental de amar las cosas viles, y, un alto desdén de bajar hasta el peculado;

frente al oro, se conservó Poeta;

además, era ya muy viejo, ¿a qué el oro para morir?...

envileció todos los hombres de su partido, sin amar a ninguno; sintiendo por todos ellos, un desdén, que era un insulto;

acaso, no salvó de ese desdén, sino a Felipe Angulo, porque veía en él, el más temible lobatón del despotismo, el más joven y el más audaz de la mesnada, el más elocuente, el más arrebatador, por su ascendiente físico, por su belleza corporal y mental, hecha para la fascinación de las masas, y por su olvido absoluto de las leyes de la Piedad y de la Gratitud;

en la turba de fanáticos, hoscos y serviles, que le ayudadan a representar el drama de su Poder, Felipe Ángulo, encarnaba a sus ojos, la fuerza formidable de las almas sin escrúpulos, por su terrible insouciance, su admirable sangre fría ante el Crimen, que lo hacía aparecer, no ya indiferente, sino feliz de ayudar a cometerlo; por su estructura moral e intelectual que hacía de él, un Mirabeau, joven, atacado del furor de corromperse; por su amplio gesto intemperante y dictatorial, por su espíritu, libertado de todo lazo moral, apto para todas las violencias, aun las peores, sin cariño ninguno por el pasado, sin pudor ninguno por el presente, sin inquietud ninguna por el porvenir, terrible cachorro de la Tiranía, que se diría nacido en las gradas de un trono bizantino, laclado por Teodora, acariciado por las manos octogenarias de Herodes Antipater;

nadie había más digno que él, por su servilismo incondicional, vestido con el ropaje de mag níficas cóleras, para recoger la herencia tumultuosa de Mario;

no tuvo nunca ese género de incapacidad que consiste en amenazar a los partidos y no herirlos, porque él sabía bien que en esa lucha de fieras, o se dominan las facciones, o se muere devorado por ellas;

nadie llegó más lejos que él, en la audacia feroz contra el Derecho, en la crueldad fría contra los vencidos;

años antes de que Carlos Calderón, hiciese hipos de audacia ante el pobre negro Robles, sentimental y lírico, amenazando con desplegar sus cohortes pretorianas, frente al Banco Nacional, cerrado a toda inspección, ya Felipe Ángulo, con gesto dantoniano y voz de trueno, con ademanes desproporcionados de elocuencia impresionante e inolvidable, embriagando con el brebaje ardiente de su palabra alas cámaras deslumbradas y seducidas, había violado la propiedad de ese mismo Banco, arrebatado las llaves de las cajas y robado sus millones, con un cinismo imponente, a la vez bestial y refinado, como un grito de iroqueses, sonoro de ferocidad...

Núñez, que por tener todas las condiciones de un Hombre de Estado, no tuvo nunca las de un hombre de partido, dejaba hacer todo esto, indiferente ante la destrucción, con la felina placidez de un tigre, que mira las cabriolas de sus cachorros;

el asesinato, no formaba parte de su programa, y si no retrocedía ante él, no lo hizo dogma integrante de su política;

no tuvo por el Verdugo el culto del cual Reyes ha hecho una Religión;

no lo sentó a su mesa, ni lo declaró sagrado, como los delatores de Domiciano;

el único asesinato político de su Gobierno, fue Rafael Reyes quien lo cometió, alzando la horca de Prestán, para sacrificar en ella, al último colombiano digno de ese nombre en el Istmo, veinte años antes de venderles ese Istmo a los yanquis;

Núñez, vio también impasible aquel asesinato, sin piedad ninguna por la víctima, sin estimación ninguna por el verdugo;

a la aparición de la pantera blanca como él llamó desde entonces a Reyes, la midió de la cabeza a la cola, y, no tembló ante el enorme felino;


aquel Filósofo, no conocía el Miedo;

hubo dos cosas que ignoró toda la vida: el Temor y la Virtud;

a la aparición de Reyes, que saltaba sobre el pavés político, ya manchadas de sangre las garras, y abiertas las fauces insaciables, Núñez, comprendió que tenía en él, su hombre de presa y de sangre, y lo cultivó para eso: fue la pantera de Nerón;

mentalmente lo nombró Verdugo de la Regeneración, y, le dio sueldo de tal; es de la raza de los grandes asesinos (1), dijo, y lo legó a su patria, como una mano de verdugo, que sostuviera una hacha;


a través de esa fisonomía bestializada, y fría, que trasparenta el caníbal, Núñez vio aparecer siempre el idiota violento, descrito por Lombroso, el asesino orgánico, perseguido por la idea fija del asesinato, con la atracción irresistible de la sangre, rudimentario y feroz, lleno de la voluptuosidad terrible de matar;

pero, no tuvo nunca la visión de este hombre hecho Magistrado, vestido bajo el solio, las pupilas atónitas, y, ese terrible crujimiento de mandíbulas, que anuncia la fiera en acecho;

Núñez, hizo a Reyes, y no lo previo;

no soñó el reinado de la Fiera;

tuvo el instinto de lo grande, que hace al Hombre de Estado; no tuvo la Visión profunda que hace al Genio...

Núñez, murió envenenado por los jesuítas, a quienes había servido, y, legó el Poder a la Reacción...

su obra no fue estéril: la impotencia del Talento, engendró la Omnipotencia de la Fuerza;

ya, no hay Patria. Pero, aun hay Tiranía: esa es su Obra.



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

MIGUEL ANTONIO CAROEditar

MIGUEL ANTONIO CARO, sucedió a NÚÑEZ (1).

CARO, pertenece, a la raza enojosa de los tiranos

letrados y a la legión rencorosa de los tiranos austeros:


une la violencia a la probidad, como Robespierre, y la vehemencia a la virtud, como Bruto;

en el Poder, recuerda vagamente, el perfil de Marco Aurelio, un Marco Aurelio al revés, en el cual el esplendor de la Virtud privada no alcanza a ocultar el largo eclipse de la pública Virtud;

rencoroso y vengativo, con más pasión que virtud, odiando a los hombres más que a las ideas, no usó del poder sino para empequeñecerse y no supo qué hacer en la Dictadura, de los talentos que lo habían hecho tan grande en la Oposición;

llevó al Gobierno, todas las pasiones de la plaza pública, y, después de ser Catón, en el foro, no fue sino un faccioso en el Poder;

su tiranía, no hizo sino cambiar de objeto; habituado a tiranizar las conciencias, desde el diarismo, continuó en tiranizar a los ciudadanos, desde el Capitolio;

hizo del Gobierno una Polémica, a mano armada, en la cual, el destierro, fue el último argumento y el Verdugo, dijo a veces, la última palabra;

CARO, es un déspota por temperamento, como otros lo han sido por ocasión;

el despotismo, duerme en el fondo de su carácter, como el clasicismo duerme en el fondo de su estilo;

hay dos cosas inseparables de él: la Tiranía y la Gramática;

y, hay, dos cosas que le son absolutamente imposibles: hacer un buen gobierno, y, un buen verso;

sus actos, como sus rimas, son igualmente despóticos y áridos; no ha tenido sino una voluptuosidad en su vida: violar las Musas;

y, las tiene ya domesticadas a su caricia brutal;

es un Sátiro de las rimas;

la Gramática, no es en él una profesión, es una pasión;

para él, un adverbio, es más importante que un hombre;

en una sentencia de muerte, discute la puntuación con más encarnizamiento que el delito;

durante su Gobierno, los liberales, tuvieron el triste consuelo, de ser fusilados con todas las leyes gramaticales, a falta de otras leyes ..

CARO, habría sido un gran ciudadano de su país, silos acontecimientos no hubiesen hecho un pequeño déspota de él;

con la ostentación de sus virtudes, que son muchas, sabe ocultar sus defectos, que no son pocos, lo cual, es, una manera de aparecer perfecto, en un país, en que la hipocresía, es la primera virtud de las almas y el primer deber de los ciudadanos;

de él, dijo Núñez, que era la primera virtud de Colombia, lo cual no era decir gran cosa, en una República en que la Virtud había ya muerto;

Núñez, repartiendo patentes de Virtud, ¿no os hace el mismo efecto de Mesalina, discerniendo premios de castidad, o de Tiberio, alzando un templo a la Misericordia?...

Núñez, fue en esa ocasión, un terrible ironista...

se puede no tener vicios, sin ser virtuoso: tal es el caso de Caro;

lo que inspira respeto en él, no es su virtud, es, su carácter;

es de carnadura lacedemonia, en la época en que los lacedemonios, eran los únicos hombres de Grecia, al decir de Tucídides;

todas sus virtudes son de oposición;

todos sus vicios son de poder;

nació para resistir;

no nació para mandar:

es, como una roca en la soledad;

contra ella se rompe la furia de los mares;

mas, si es ella la que empuja, todo lo aplasta bajo su peso despótico;

Caro, ejerce la Tiranía abajo, con más brillo que la Tiranía arriba;

como hombre de oposición, es enorme;

como hombre de Poder, es mediocre;

el foro, lo agiganta;

el solio, lo empequeñece;

hay en él, más de Catón, qué de César;

bajo la toga, impone;

bajo la púrpura, despierta con el horror, una terrible hilaridad;

el pedagogo, no desaparece nunca en él; queda siempre, un Maestro de Escuela, hecho Emperador;

en la prensa, en la tribuna, en la conspiración, imaginaos un Catilina que fuera puro, y, tendréis a Caro;

es un hombre ebrio de Absoluto;

sofista católico, de la escuela de Montalembert y de Bonald, excediendo en el arte de ocultarla estrechez de sus ideas bajo la amplitud clásica de sus frases; teniendo, sin el amor del Bien, un odio teórico al Mal; odiando más a las personas que a los partidos; combatiendo el fantasma de la Tiranía, mientras le llegaba la hora de ejercerla; ocultando una alma de terrorista bajo la apariencia fría de un Poeta, arcaico; inquisidor y faccioso, Torquemada y Marat, a un tiempo mismo; codiciando el Poder que maldecía; atacando por cálculo, lo que otros combatían por convicción, había pasado veinte años, ejerciendo la Dictadura incontestada de la prensa clerical, de la cual habría sido el primer Escritor, si don José Joaquín Ortiz, no hubiera sido el más grande y el más puro;

así, antes de llegar al Poder, era ya un déspota;

y, una vez llegado a él, no hizo sino empequeñecerse:

todos sus malos instintos subieron a la superficie;

falto de grandeza, tuvo el culto de la insolencia; confundió la fatuidad, con la dignidad; la energía con la violencia; e incapaz de levantarse hasta la generosidad, fue cruel hasta la bajeza y vengativo hasta el oprobio;

llegado al Poder, después de haber honrado su patria, no supo en él, sino deshonrarse;

fue en el Poder, inferior a sí mismo, después de haber sido en la lucha superior a sus contemporáneos;

no queriendo ya ser el Maestro de los hombres, quiso ser su Amo, y renunciando a la admiración, no supo caer sino en el Crimen;

pudo haber sido un gran ciudadano, y no fue sino un pequeño Despota;

al ejercer la Tiranía, mató su Gloria;

el mundo lo habría creído digno del Poder, si no lo hubiera ejercido;

bajo su Gobierno, el mundo vio, hasta dónde el ejercicio de la Tiranía, tiene el poder de corromper a un hombre; y, hasta dónde, la corrupción de un hombre, tiene el don de envilecer la Tiranía...


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CARO, fue el último Tirano Intelectual, que se sentó bajo el solio, que Núñez había decorado con los trofeos de sus traiciones;

con Núñez, principia la transformación política, que acaba con Caro;

después de él se siente ya la disolución... los bárbaros, se acercan...

Caro, los presintió;

la superioridad de Caro, sobre Núñez, estriba en eso: en el golpe de vista: tuvo la intuición genial; Caro, previó a Reyes...

Núñez, no;

Núñez se conformó con despreciarlo: táctica fatal del Orgullo, que no quiere levantarse hasta el Genio;

tras el soldado obsequioso y nulo, lleno de genullexiones y de vértebras, Caro, alcanzó a ver la fiera astuta y taimada, que tendía sus garras impacientes, hacia el Poder, como hacia una presa;

y, se puso entre ella y la República, tomando por la brida, para detenerlo, el caballo del bárbaro, que ya venía en carrera tendida, al Capitolio, entre las aclamaciones de un pueblo degenerado, siempre ávido del triste placer de darse un Amo;

Cuando Reyes, volvía de las matanzas de Enciso, nauseabundo de sangre liberal, y, cargado de coronas conservadoras, hecho omnipotente por la derrota de los unos y por el servilismo de los otros, Caro, olímpico, sin más fuerza que la Ley, le rompió el triunfo en las manos...

aquel hombre civil, desarmado, no tembló ante el pretoriano, vencedor y enchamarrado;

cuando Colombia toda, estuvo de rodillas ante Reyes, Caro, solo permaneció de pie, ante él;

el hombre civilizado, no tembló ante el salvaje encolerizado;

la Ciudad, hizo frente a la Selva, y, la venció;

la Historia, no olvidará nunca ese gesto del valor civil, que supera en heroísmo a los más bellos gestos del valor armado;

la pluma, rompió la espada; el hombre del Derecho, se alzó recto ante el hombre del hecho; y, lo desarmó;

el cerebro del Pensador, venció el brazo del Matador; y, lo encadenó;

esa victoria moral, equivale a una Epopeya;

la derrota de Reyes, fue la derrota de la Barbarie;

pero ¡ay! el heroísmo de Caro, no hizo sino aplazar la catástrofe;

los tránsfugas liberales, darían un día, el Poder, a aquel bárbaro, del cual los conservadores no habían querido...

el gesto, que el conservatismo vencedor encadenó entonces, como un peligro, ciertos mercenarios del liberalismo vencido, lo habrían de desencadenar después, como un azote...

las ligaduras, con las cuales, Caro, ató al monstruo, para reducirlo a la impotencia, las espadas de los revolucionarios vendidos, las habían de cortar luego...

y, el Monstruo, saltaría sobre la República...

¡HORRESCO REFERENS!...



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MANUEL ANTONIO SANCLEMENTEEditar

MANUEL ANTONIO SAN CLEMENTE, sucedió a CARO; con San Clemente, la Legalidad entra en agonía, y, la Regeneración, entra en decrepitud;

con la Regeneración, no moría ninguna virtud, pero sí desaparecían algunos principios;

con aquella Legalidad, no moría ninguna libertad, pero, sí desaparecía el fantasma de la Ley;

sin brillo, pero sin mancha. San Clemente, era una de esas virtudes, que tienen el don de merecer la estimación, sin alcanzar a despertar la admiración de sus conciudadanos;

era uno de esos hombres, en quienes la Virtud es una dignidad, y, en quienes las dignidades no añaden nada a esa Virtud;

hecho todo de cosas austeras y mediocres, fue una figura grave y dolorosa a la cual, el infortunio, estaba llamado a darle una grandeza, que la prosperidad, no le habría dado nunca;

dar proporciones heroicas a su caducidad: tal fue su gloria;

no se abrió con su ambición un camino al Poder, fueron las ambiciones de los otros, las que lo llevaron a él...

sin embargo ¿cómo declarar exento de ambiciones, ese anciano que a los ochenta y seis años de su edad, prefiere el ejercicio de la Autoridad, al goce de la tranquilidad, deja la quietud del hogar por las aventuras del Poder y aspira a poner bajo el solio, una cabeza que no debía esperar ya sino el amparo cariñoso de la Muerte ?

aquella cabeza que parecía haber pensado tanto ¿no le dijo nada sobre la miseria efímera del Poder, y sobre la vileza infinita dée los hombres?...

una cabeza así, tan incapaz de pensar, merecía bien la afrenta de reinar;

cuando el pensamiento no ha puesto nada sobre una frente, ¿qué puede ponerse mejor que una corona?

el hombre, sobre el cual la Razón no ejerce su imperio, bien merece ejercer el Imperio de los hombres;

San Clemente, apareció en el Poder, como una evocación, como un revenant surgido de los antros lejanos de la vieja dramaturgia conservadora; pertenecía a la Paleontología Política, era el último ejemplar de la fauna ya extinta de los doctrinarios; era una especie de marsupial, traído del dintel de otras edades;

era una Momia, cubierta de polvo venerable,, como las Pandectas y el Código de Justiniano, inclinado sobre los cuales, había pasado su vida toda;

no era un literato, ni siquiera un letrado; era un Jurisconsulto; inflexible como la Ley, y, casi tan viejo como ella; Papiniano, hecho Emperador, bajo las facciones de Nerva;

no traía para seducir al pueblo —si un pueblo esclavo tuviese necesidad de ser seducido— sino la corona de plata de sus canas, y, una vida de mediocridad, honesta y borrosa, pasada en la soledad, de un lejano campo de provincia;

no era augusto, sino por el patrocinio de los años, porque su grandeza de ciudadano, no alcanzaba a disculpar a los ojos del pueblo su fortuna de Amo;

sin embargo, la austeridad de su vida privada, era una garantía de la rectitud de su vida pública; y, se esperaba que fuese en el Poder, lo que había sido en el hogar: un hombre sencillo y recto, lleno de todas las virtudes mediocres, de las cuales no alcanzaba a hacerse una gran virtud;

un Tirano recto, y un Administrador probo: eso esperaba el pueblo de su nuevo Amo;

y, así, lo vio subir, sin entusiasmo, pero sin odio, respetando más en él, su Virtud, que su Autoridad; y, harto ya de servidumbre, no paró mientes en este Amo Octogenario, que no tenía ya fuerzas de hacerse un Monstruo;

en la serie de esos tiranos fugitivos, corriendo aceleradamente hacia la disolución, la tiranía de San Clemente, fue la tiranía de un Notario de Aldea, hecho César, por la ironía inagotable del Destino; fue el último Tirano constitucional;


la Legalidad del Despotismo, se encarnó en él, para bajar augustamente a la tumba, en la osamenta de un hombre honrado;

el Crimen, fatigado de vivir, aspiró a los funerales de la Virtud, y, se refugió en San Clemente, para ser ejecutado por la Traición, antes de serlo por la Justicia;

el beso de Judas, lo mató;

tocado por los dedos de gloria del Martirio, el Monstruo se hizo augusto;

y, la Justicia se desarma, ante esta cabeza cortada por la Traición...

un motín de pretorianos, presidido por el Vicepresidente de la República, dio en tierra con el Poder de San Clemente, el 31 de Julio de 1901...

en esa noche trágica, los pretorianos ebrios, mandados por Manuel Casabianca, asaltaron el Palacio Presidencial, declararon destituido al Presidente, y, sobre las ruinas de la Legalidad, inauguraron la Tiranía del Tumulto...

el noble anciano, fue aprisionado y encadenado, y, el Delito puso la corona del Martirio, sobre aquella cabeza que la edad debía haber aconsejado mejor, e hizo augusta aquella frente que no tuvo siquiera tiempo de enrojecer de su elevación...

la Historia, no puede juzgar a este César fugitivo, porque sería calumniar la Nada;

¿qué decir de su miserable esterilidad?

en la noche de su Dolor, no pudo ni florecer el Crimen;

los jardines del Delito, quedaron estériles bajo su mano;

esa sombra de déspota, arrastrado por la ambición, basta el Solio, sorprendido en él, por la Traición, cayendo del Poder en la Prisión, y, de la Prisión en la Muerte, no pudo añadir ningún trofeo, al carro de la Tiranía, que marchaba ya, sin tropiezo ninguno, a pleno campamento de los bárbaros;

la Traición, que oculta bajo el trono, saltó sobre él, en una noche sombría, y, asesinó al viejo César, no pudo eliminar sino una sombra:

y, sin embargo, esa sombra, era toda la Legalidad, todo lo que del fantasma de la Ley, quedaba en el país;

el despotismo constitucional, envejeciendo, se inclinaba dulcemente hacia la tumba..

los pretorianos, que el 31 de julio, le dieron el golpe de gracia, iniciaron con él, el reinado de la Audacia: sobre el cráneo desnudo del César octogenario, colocaron como una bandera, el hacha de los mercenarios en furor...

el Despotismo, libre ya de la Legalidad, entró plenamente en el Tumulto...

la República había muerto...

ya no quedaba por matar, sino la Patria.



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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JOSÉ MANUEL MARROQUÍNEditar

JOSÉ MANUEL MARROQUÍN, apareció entonces...

el Usurpador no tenía historia: el crimen venía a dársela;

su obscuridad, sin embargo, era más gloriosa que su celebridad; ¡tanto así, ésta debía ser de trágica y de vil!...

entrado a la Historia, por las puertas del Delito, no salió de ella, sino por las de la Infamia...

y, no pudiendo ya aspirar al Olvido, se arrojó de bruces, en el Desprecio;

sin cualidades ningunas de las que hacen el Genio, ni aun siquiera de aquellas más triviales que hacen el mérito, aquel hombre salta de la obscuridad a la celebridad, de una manera tan imprevista y tan desconcertante, que la Historia al verlo tan ridículo, se niega a reconocerlo como Amo, y, quiere castigarlo como a un bufón...

pero, Arlequín, lleva en sus manos un puñal, y, se hace reconocer como César...

el terror de los esclavos lo reconoce; y, reina... llegado al Poder por la Traición, se afianza en él por la violencia...

y, la Historia, ya no puede olvidarlo: su crimen le sobrevive;

no tuvo siquiera la apariencia de las virtudes, de las cuales otros tuvieron la realidad;

sin talentos ningunos que hacerse perdonar, pudo desarmar la Envidia por la ineptitud;

y, cuando con candida ironía, se hacía pasar por idiota, era la única vez que no engañaba a nadie;

no tuvo que fingir nada, para hacerse pasar por nulo;

y, esta sinceridad, era su única modestia...

así había llegado a los setenta años, obscuro y y feliz, entregado a la enseñanza (1), cuando los pretorianos, arrancándolo brutalmente de la obscuridad, lo llevaron al Poder;


no da de sí la Historia, mayor ejemplo de -la pequeñez de un hombre, unida a la enormidad de un crimen;

la grandeza de sus delitos, parece ocultarlo, más que mostrarlo, a las miradas atónitas de los hombres; ¡tal es la montaña de responsabilidades que gravita sobre su cabeza!...

nunca hombre más nulo, tuvo un destino más fatal;

una liga de ambiciones subalternas, en que todo fue mediocre, incluso el crimen, lo llevó al Poder;

fue a la Traición, presidiendo un motín de cosas pequeñas, en que no hubo grande, nada, ni siquiera la Ambición;

un desborde de mercenarios ebrios, lo subió al trono, temblando, como Claudio, y, lo hizo Amo;

su obscuridad y su mediocridad le habían precedido como un renombre; desde aquella hora, el Crimen, lo coronó, como una aureola;

ser nulo, era hasta entonces, toda su historia; ser vil fue después toda su gloria;

había vivido setenta años, en la desesperación del Mal, y, no quiso morir, sin hartarse de Ignominia;

la Traición, le abrió las puertas del Capitolio, y, se precipitó hacia ellas, como un ladrón, empujado por el Miedo;

los sicarios, lo pusieron a optar, entre el Honor y el Horror; optó por el Horror; y, se coronó de él;

entre el Deber y el Crimen, no vaciló un momento: fue criminal;

no tuvo ninguna de esas vacilaciones de la Virtud, que a la hora del Crimen, asaltan el corazón aun de los hombres más empedernidos en el Mal;

esa indecisión, que es, como la agonía de la Virtud, no luchó en él, que apareció endurecido, cual si nunca hubiese tenido un corazón apto para el Bien;

no tuvo que triunfar de su Honor, ni de su Virtud: eran dos cosas, ausentes de su corazón;

no lidió combate sino contra su Miedo; y, lo venció;

su Avaricia, fue superior a su Cobardía; y, triunfó sobre ésta;

la enormidad de su insuficiencia, le ocultó la enormidad de su delito: y, fue a él, ciego por su imbecilidad;

su alma era demasiado pequeña, para medir siquiera, la portada de sus actos;

uno de los signos menos dudosos, del agotamiento de toda grandeza, en aquella lamentable y famélica democracia, ha sido la fácil, la inexplicable ascensión de este cacógrafo, que no tuvo sino el instinto de la Tiranía, del cual otros, tuvieron el genio;

llegado al Poder, este instinto, se trocó en rabia, y se hizo la sola pasión de su Incapacidad;

las instituciones ya envilecidas, soportaron el peso de la Traición, como habían soportado el del despotismo; y, el pueblo en su servidumbre, no se apercibió que tenía una Virtud de menos, ante la delirante alegría, de tener un Amo de más;

cambiar de Amo, es, el único placer concedido a un pueblo en la esclavitud, y Colombia, lo ha tenido hasta la saciedad;

y, aplaudió al nuevo César, doblando ante él. la frente, mientras el hierro de los bárbaros, venía a marcarle las espaldas...

si la bajeza de un pueblo, basta para justificar su disolución, digamos que el hacha de los bárbaros fue justa, mutilando aquel pueblo, en el cual, no quedaba ya, ni el recuerdo de la Virtud.

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NÚÑEZ, había buscado el Poder, como una Venganza; HOLGUÍN, como un Lujo; CARO, como un Orgullo; SAN CLEMENTE, como un Honor; MARROQUÍN, lo buscó, como un Medro;

de todas las pasiones, en este anciano simoníaco, no sobrevivía sino la codicia;

y, se entregó a satisfacerla, con un placer senil, que era una voluptuosidad;

no teniendo ya. nada que hacer en el Despotismo, se dedicó al pillaje;

metió las manos hasta los codos, en las cajas del Erario Nacional, y, las vació...

nada saciaba su avaricia...

lo vendió todo, esperando la hora de vender la Patria...

el peculado, que hasta entonces residía en el sistema, se encarnó en el Dictador; y, la Probidad, que había sido la única apariencia de Virtud, de los Presidentes de la Regeneración, desapareció para siempre; y, ya no volvió a entrar en el Palacio de San Carlos;

las larguezas, con que los otros tiranos, avivaban la fidelidad voraz de los mercenarios, fueron recortadas;

y. el César, codicioso, no pagó ya sus legiones, sino con la propiedad de los ciudadanos;

la República, fue entregada al saqueo, como una ciudad vencida; y, ya, no hubo que empujarla a la ruina; marchó sola hacia su disolución...

los pretorianos mismos, que quisieron ampararse bajo el manto imperial, retrocedieron ante el gesto del avaro, que después de prostituirlos, no quiso pagarlos;

robó el Imperio; no lo compró;

lo explotó sin haberlo pagado;

y, se contentó con hartarse, en una Tiranía, en que otros, habían sabido honrarse;

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El 31 de Julio, no fue un golpe de Estado; fue, un golpe de Muerte;

en él, no sólo murió la Legalidad: murió Colombia;

esos mercenarios ebrios, que con Manuel Casabianca a la cabeza, degollaron la Legitimidad en el motín ¿previeron que en aquella asonada lúgubre degollaban también la República?...

todo hace creer que sí, porque muchos de aquellos jefes, fueron de ese grupo de cobardes, que años después, se retiraron del Istmo segregado, ocultando con una mano el oro recibido de los yanquis, y, envainando con la otra, la espada recibida de la patria; espadas que fatigadas de venderse al Despotismo, terminaron por venderse al extranjero; cansadas de asesinar la Libertad, se alquilaron para asesinar la Patria, y, no teniendo nada que esperar de la Tiranía, se vendieron a la Conquista...

Huertas, es un miserable. Pero, todos esos generales, fueron Huertas. Ninguno fue inferior a él, en venalidad. Todos le fueron inferiores en el valor de su Crimen. Todos ellos se vendieron; solo él, tuvo el valor de confesar altamente la Traición. ¡Triste valor de un bandido, que queda siempre más alto, que la infame cobardía de aquellos que después de vender la Patria, continuaron en explotarla;

Manuel Casabianca, el Jefe de los mercenarios del 31 de julio, aventurero, mitad corso, mitad goagiro, al asesinar la República, no asesinaba su patria;

no habiendo nacido en Colombia, se conformó con deshonrarla, después de haber vivido de ella, y dejó a otros, el cuidado de venderla...

¿qué podía importar eso a su venalidad de aventurero?

Colombia, no era su patria...

aquellos legionarios de la Traición, una vez obtenida su victoria, no supieron qué hacer de la República;

heridos de vértigo, la asesinaron primero;

después, vendieron su cadáver a los yanquis;

mercenarios, que incapaces de otra libertad, no conservaron sino la de venderse;

y, usaron de ella, vendiendo también la tierra en que acampaban...

no se enseña a un pueblo, el desprecio absoluto de la Libertad, sin que ese desprecio no suba un día hasta la Patria, misma;... y, la ahogue...

es explotando la bestialidad de los pueblos, que se les subyuga; pero, es explotando su corrupción, que se les vende;

cuando se ha corrompido a un pueblo por la servidumbre, ¿qué queda por hacer de él?...

entregarlo maniatado a la Conquista;

los letrados de la Regeneración, hicieron la primera parte de la Obra; los mercenarios, se encargaron de realizar la última;

ellos, abrieron con sus picas, el sepulcro de la República, la sepultaron allí, y, sobre esa tumba, pusieron extendida la espada de Huertas, como una cruz;

la pluma de Núñez, había engendrado la espada de Huertas;

no se predica a los pueblos, el desprecio del Honor, sin morir un día, de ese desprecio;

la lepra de la servidumbre, no sana nunca; se muere de ella...

¡ay! a veces, demasiado tarde, para ahorrar a la Historia, un puñado de vergüenzas...


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MARROQUÍN, no se conformó con el crimen que lo llevó al Poder;

no contento de haberse deshonrado por la Traición, quiso deshonrarse aún más por la Crueldad;

e inmoló la ancianidad, como ya había inmolado la Legalidad;

el Presidente nonagenario, fue reducido a prisión, privado del cuidado de los suyos, sometido a los más duros tormentos que la ancianidad pueda resistir y la crueldad, pueda inventar (1);


se le sometió al hambre y a la sed, como a un enmurado de la Edad Media; se le privó del sueño, tan reparador en la vejez; se arrancó de su lado, no sólo su familia, sino los servidores más fieles de su senectud: se violó su correspondencia, y, se le prohibió después, toda comunicación con los suyos; se le espió; se le aisló; se le rodeó de hombres y de cosas hostiles;

DIMITIR o MORIR, tal fue el dilema, que Marroquín le puso en la punta de un puñal; y, el anciano no tembló;

su Valor, fue más grande aún, que su Infortunio; no abdicó, no sancionó el Atentado, no absolvió jamás la Usurpación;

aquella austera Dignidad que quería ser torturada, encolerizaba la ambiciosa Vulgaridad, que quería ser legitimada;

y, el duelo aleve y cobarde, entre el Usurpador y el Presidente, se estableció entonces: el uno desde el Poder, el otro en la Prisión...

¡duelo conmovedor, que liace llorar la Historia!...

en ese duelo, San Clemente, toma proporciones desmesuradas ..

un sicario, mandado por el Usurpador, lo abofeteó un día, porque no firmaba su Abdicación;

el anciano, caído bajo la mesa, se levantó penosamente, pálido, en su dignidad ultrajada, y, extendiendo la mano, dijo, con un gesto de majestad, que bastaba para enaltecer una vida:

—Caballero; habéis abofeteado la Legalidad. ¡Salid de aquí!

el sicario, ni obedeció, ni enrojeció;

se conformó con vengarse, privando al prisionero de alimentos y ordenando que nadie retirara las materias inmundas cerca a las cuales estaba desmayado el Patriarca doloroso;

ya muy tarde de la noche, lo reanimaron del síncope, arrojándole cántaros de agua fría y punzándolo con las bayonetas...

—Firmad, le decían los corchetes, extendiéndole la renuncia.

—¡Jamás! respondía él, rechazándola noblemente;

entonces, los pretorianos, lo herían a culatazos; y, el anciano augusto, resistía, en aquella intemperie del Derecho;

otro día, un Sicofante palatino, que llevaba sobre su librea, charreteras de General, se llegó a la prisión del Presidente, exigiéndole imperativamente, que firmara su renuncia;

el anciano se negó;

loco de furor por esta rehusa, el pretoriano abofeteó al Presidente y cuando éste estaba en tierra, lo tomó despiadadamente por los escasos cabellos, y, lo arrastró por el aposento, hasta que las blancas guedejas, desprendidas del cráneo, le quedaron en las manos...

San Clemente, a medio incorporar, le dijo:

— Decid a vuestro Amo, que habéis querido matarme, pero no habéis podido amedrentarme. Llevadle eso que tenéis en las manos, para probarle que habéis podido arrancarme los cabellos, pero no habéis podido arrancarme la renuncia. Que yo soy, la Legitimidad;

el sicario, estaba ebrio, y, volvió a Palacio orgulloso de su hazaña;

MARROQUÍN, lo hizo Ministro;

la cabeza del Patriarca, sufrió el tormento, pero, no se dobló ante él;

abofeteada fue; pero, domada, no;

la agonía de San Clemente, rescata por su grandeza, todos los crímenes de su partido;

un país, que ha tenido un Mártir, de esa talla, mereció morir con él...

los pretorianos que lo asesinaron, lo abofetearon con las mismas manos que habían de tenderse luego al yanqui, para recibir el oro en que vendieron, el campo ilustre en que murió Prestán;

MARROQUÍN, quiso redimir la Usurpación, por el Asesinato; un crimen por otro crimen; la Traición, por la vileza; y, encerró al Presidente moribundo, en una litera, que era una jaula, y, lo paseó así, por todo el sur de la República en guerra, ofreciéndolo a la codicia y a la crueldad de las guerrillas insurrectas;

la Revolución, no quiso mancharse con ese crimen, y, respetó la jaula, en que la momia de la Legalidad, iba exhibida por los soldados de la Venalidad;

la pasión de la Guerra, se desarmó ante el augusto anciano, que iba por el Calvario, hacia la Muerte...

y, sus sables sangrientos se inclinaron, en un gesto noble de palmas que saludan...

el doloroso y repugnante espectáculo, duró dos años... MARROQUÍN, impaciente, aceleró el fin;

el anciano Presidente, fue asesinado por las brutalidades de los soldados, en un camino solitario, y, enterrado transitoriamente, en una aldea remota;

con San Clemente, murió el último Magistrado, que tuvo la República;

después de él, ya no hubo sino aventureros, en asalto del Poder;

es imposible permanecer indiferente ante la desaparición de ese Varón Justo, que a excepción del amor de la Libertad, tuvo todas las virtudes; que negándose a legitimar la victoria del Crimen, supo enaltecer su desgracia, más que lo que lo había enaltecido su poder; y se hizo por la elevación de su carácter, digno de la elevación de su fortuna;

puso tanta grandeza en morir, como otros pusieron en vivir; y, se separó del mundo, forzando la Admiración, que otros, quedando en él, no han podido conquistar;

no cayó del Poder, sino para honrar la Adversidad; murió sin una queja;

no pidió a nadie Consuelo, ni Venganza;

era de esas almas, bastante candidas para creer en la Posteridad, y, bastante altas, para sacrificar a ella, la opinión de sus contemporáneos;

su muerte, hizo surgir admiradores en todos los campos; no tuvo imitadores en ninguno;

los hombres habían ya muerto;

no quedaban sino los esclavos.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Con el asesinato de San Clemente, MARROQUÍN fue omnipotente, y, ya no se preocupó sino de saquear esa ruina de República, que se desplomaba al peso de sus vicios;

deshonrado por su fortuna infame, aun más que por su Incapacidad, ese tirano senil, se ocupó de sembrar el terror, ya que no podía inspirar el respeto, y con él, donde no puso la mano la Imbecilidad, la puso el Crimen;

para pillar con impunidad la República, confió a su Ministro de Guerra, el cuidado de gobernarla; y, Fernández, se mostró por su crueldad, digno de la Tiranía;

en ese harapo de República, que sólo esperaba el hacha de los bárbaros para desaparecer, Arístides Fernández, representó, lo único que salva, hasta en el Crimen: el Carácter...

en el terror convulsionario de la hora, su brazo no se fatigó de herir;

dondequiera que un delator, señaló un liberal oculto o fugitivo, los soldados de Fernández abatieron una cabeza... y, así, cayeron por millares...

Fernández, acabó en los patíbulos, la Revolución, que los generales habían sido incapaces de acabar en los campos de batalla; y, levantó en lo alto de la horca, el cadáver de la Guerra, que la cobardía de Uribe Uribe, había apuñaleado ya, en los campos de Neerlandia;

entretanto. MARROQUÍN, con un puñal en una mano, y, un libro de cuentas, en la otra, despojaba los vencidos, y, como Shylock, reducía a oro, la carne que cortaba al cadáver de la República...

pacificado el país, por la salvaje energía de Fernández, ya no quedaba a la insaciable codicia de Marroquín, sino venderlo...

fue entonces, que se comprometió con los Estados Unidos, a hacer aprobar por el Congreso colombiano, el Tratado Hay-Herrán, que cedía por entero, la soberanía de Colombia, sobre el Istmo de Panamá; y, recibió por este compromiso, doscientos cincuenta mil dólares en oro.., comprometiéndose, además, si el Tratado no triunfaba en el Congreso, a favorecer la Independencia del Istmo, de acuerdo con los Estados Unidos y con la Compañía francesa del Canal (1)...

lo demás, se sabe ya...

el Congreso, no aprobó el Tratado, y, Marroquín, entregó el Istmo...


Joaquín Fernando Vélez, alma hecha toda de Crueldad y de Integridad; que unía a las virtudes de Nerva, las atrocidades proconsulares de Galba; inteligencia más sólida que brillante; corazón, más recto que piadoso; indiferente a la popularidad, como al soborno; espíritu, más elevado que justo; amando más el Deber que la Gloria; ebrio de Autoridad; apasionado de un Ideal de Justicia, estrecho y cruel; capaz de todos los crímenes, en nombre de todas las virtudes, siempre que esos crímenes no fueran de Ruindad, sino de Autoridad; incapaz de mancharse con algo que no fuera la sangre humana, que amaba verter a ríos, lleno de un piadoso regocijo de Sacrificador; sin entrañas y sin vértebras; incapaz de conmoverse ni de doblarse; igualmente sordo a la Conmiseración y a la Adulación; enamorado de la Tiranía; lleno de un odio ciego a la Libertad; capaz como el primer Bruto, de sacrificar sus propios hijos en el altar de la Patria; mezcla de Cimourdain y Lantenac; uniendo a la austeridad del Doctor Francia, la ferocidad de García Moreno; alma de Pisistratida y de Convencional; hecho para prodigar el cadalso o subir a él; puro como la nieve, pero, asesino como ella; incapaz de corromperse y de corromper; insolente ante e1 oro y desdeñoso ante el halago; naturaleza de combate, que habría sido un bandido al no ser un Hombre Justo; sin ninguno de los vicios, ni de las debilidades de su época, fue el hombre, que en el Congreso Nacional, se alzó frente a Marroquín, y lo venció...

con el hacha de su palabra, tarda y fría, cortó el puño del peculado;

pero, ¡era tarde!... el ladrón había ya empuñado la Patria, y, un pedazo de la República, cayó con ese puño mutilado...

MARROQUÍN, vencido, no queriendo devolver el oro yanqui, cumplió la segunda parte del contrato: entregó a Panamá... retiró de Colón y de Panamá, las guarniciones fieles;

alejó de allí, los jefes, que no quiso comprar;

nombró Gobernador de Panamá, al Traidor Obaldia, a condición, que una vez separado el Istmo, fuera Presidente de él, Amador Guerrero, su Agente cerca de la Compañía Francesa del Canal, y, su intermediario en el recibo del dinero...

MANUEL AMADOR GUERRERO, es colombiano, como Huertas, como Espriella, como todos los libertadores del Istmo;

Panamá, no dio un hombre capaz de libertarlo; Colombia, sí, dio de sí, bastantes hombres capaces de traicionarla... Amador Guerrero, es un mulato viejo, de la peor especie: de aquellos que quieren pasar por blancos; un negro catedrático como dicen en Cuba; renegó de su raza, antes de renegar de su patria;

desertó de su profesión, antes de desertar de su país, porque de farmacéutico, que era, se hizo político; había vendido ungüentos, antes de vender cocos;

no tiene espada, sino espátula...

y, de las cosas soberanamente ridículas de la República Istmeña, la espátula de Amador, se lleva la primacía, sobre la espada de Huertas;

y, sin embargo, no habiendo lidiado nunca batallas, sino contra las chinches, con polvos insecticidas, es el único guerrero auténtico del grupo libertador:

este pólipo, sudoroso de ignominia, es deliciosamente bufo;

su vida es un menjurje;

antes de libertar negros, libertaba almas, mandándolas para la Eternidad con una sola receta;

su primer Roosevelt, fue un sepulturero;

ha enterrado más negros, que los que ha vendido;

antes de dotar al mundo con una República Libre, que hacía tanta falta, ya había llenado los cementerios, de hombres libres, que no hacían ninguna;

antes de su Traición, toda su gloria, era una Invención... un específico contra la Tenia;

antes de aplicárselo a Colombia, no le había hecho efecto a nadie;

a Colombia le bastó una sola poción, y, arrojó, no sé cuántos kilómetros de solitaria...

Amador Guerrero, hizo de esa solitaria, una República, y, se la engulló...

no sería la primera...

tan violentos eran los efectos del Específico de Amador, que en Panamá, lo llamaban el Doctor Agüitas...

y, nadie lo conocía por otro nombre...

cualquier panameño, le va hoy a decir: Doctor Agüitas, sin que cuando menos le quitara la nacionalidad, como a Belisario Porras;

porque ese boticario furioso, que no tiene nacionalidad, se la quita a cualquiera: hasta a los panameños...

porque los panameños, tienen una nacionalidad; como los portorriqueños;

pero, los portorriqueños, no tienen un guerrero, como Amador...

y, no tener un Doctor Agüitas, es condenarse a tener eternamente una solitaria entre el cuerpo... aunque sea el Protectorado;

y los panameños tenían una Tenia adentro, y, se llamó. Amador Guerrero; pero no pudieron expulsarla, ni con su propio específico...

el Doctor Agüitas, hecho Jefe de República, resultó delicioso...

mézclense polvos de Soulouque, con esencias de Lili y se tendrá al Doctor Agüitas, en su ínsula Bara... tísima...

un específico para hacer reír;

hombres de una melancolía incurable, que no lian reído del Congreso Pan-Americano, ni de las fiestas de Minerva en Guatemala, y, se han mantenido serios ante un discurso de Mr. Root, rompieron a reir, inmediatamente que el Doctor Agüitas, se les presentó, como Jefe de su República, pour rire...

este hombre era, como una cosquilla en los pies...

era irresistible;

forzaba la risa, como otros fuerzan la Admiración;

su elevación, no sorprrndió;

la horca, era el único género de elevación, para el cual había nacido;

no alcanzó a llegar a ella, y, se quedó en la Presidencia de Panamá;

eso, era, más bajo que un patíbulo; pero, era siempre más alto que el mostrador de una farmacia;

en cualquiera parte del mundo, a los traidores se les corta la cabeza; en Colombia, se les corona.. . y, si no pueden reinar en Bogotá, se les manda a Panamá...

legándole a Amador Guerrero, Colombia, se vengó de Panamá...

ese hombre es una Expiación...

Panamá, la sufrió...

se escapa al remordimiento, pero no al castigo..

dura lex...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


...Vendido Panamá, Marroquín, se volvió, para vengarse del hombre, cuya austeridad, lo había precipitado abiertamente en la Traición...

Joaquín Fernando Vélez, acababa de ser electo Presidente de la República, por una mayoría abrumadora...

era la Justicia, que llegaba...

Marroquín, tembló...

entonces, falsificó el Acta de Padilla, y, sometiéndose a las intimaciones de los Estados Unidos, hizo Presidente a Rafael Reyes, y, le entregó el Poder...

y, el tigre, entra en escena ..



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
PÁGINA PRELIMINAR -

PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

RAFAEL REYESEditar

RAFAEL REYES, es de la estirpe roja de los tiranos asesinos;

es de la raza de Sila, del cual, recuerda vagamente, la sanguinaria rapacidad;

aparece después de Marroquín, como Nerón después de Claudio, para suceder al Reinado de la Imbecilidad, con el Reinado de la Muerte;

en América, ha tenido semejantes:

recuerda a Juan Manuel Rosas, del cual no alcanza a tener la altura;

a Melgarejo, del cual tiene la Crueldad, sin el Valor;

a Estrada Cabrera, del cual tiene la ferocidad, más el Impudor de ella;

en las dictaduras de su patria, no tiene antecesores;

los morfinómanos de la cadena, han osado compararlo con: Tomás Cipriano de Mosquera!...

sólo la abyección de esta servidumbre asiática, puede iniciar el torpe paralelo;

¿qué hay de común, entre aquella águila caudal, y, este gavilán salvaje?... Sólo las garras;

Mosquera, fue grande, como Julio César, del cual en la República romana, habría sido el Émulo; nacido era para la púrpura;

Reyes, es salvaje y brutal, como Cómmodo, del cual en el Imperio, habría sido el favorito; hecho fue para la librea;

Mosquera, nació, para honrar la Tiranía, con el Genio;

Reyes, para deshonrar el Despotismo, con el Crimen;

Mosquera, hizo surgir con sus reformas, más libertades, que las que decapitó con su espada;

Reyes, copista servil de un Tirano azteca, no sabe sino deshonrar por su cobardía, la púrpura, que el otro honró con su valor;

en Mosquera (1), lo que sorprende, es la caída;


en Reyes, lo que asombra, es la elevación.

Mosquera, era superior a su Fortuna; Reyes, es inferior a su Crimen;

¿qué puede haber de común, entre este soldado atáxico y aquel Caudillo bélico?

Mosquera, fue digno de dar la Libertad, y vivió para ella; Reyes, ha sido incapaz de servirla, y sería indigno de morir por ella;

Mosquera, fue cruel, para vengar la Libertad; Reyes, ha sido cruel, para vengarse de ella;

Mosquera, si no fue el más virtuoso de sus conciudadanos, fue el más grande de sus contemporáneos; Reyes, aparecido en una época de pequeñez moral, no ha sobrepasado la talla del último de sus mercenarios;

Mosquera, vivió bastante para engrandecer su patria; Reyes, ha vivido bastante para venderla;

aquél, tenía el alma romana; éste, la tiene fenicia;

aquél, era un espíritu de decisión; éste, es un espíritu de simulación;

aquél, era la audacia, yendo hasta la temeridad; éste, es la astucia, cabalgando en la duplicidad;

aquél, era un talento, dominador e indomable; éste, es apenas un instinto, maleador y, maleable;

aquél era nacido para la dominación; éste para la abyección;

con aquél, se conoció todo lo que hay de más grande en la Libertad; con éste, se ha visto, todo lo que hay de más vil, en la esclavitud;

aquél, tenía una alma de Héroe; éste, tiene una alma de mercachifle;

aquél pensaba en las batallas; éste piensa en los contratos;

aquél, pensaba en la Gloria, para la cual era nacido; éste, piensa en el lucro, en el cual ha engrandecido;

para aquél, el Poder, era un Honor; para éste, el poder es un negocio;

para aquél, la política, era un escenario; para éste, la política, es un mercado;

aquel, era capaz de poner todo el oro de las minas, en sus charreteras de General; éste es capaz, de fundir sus charreteras, para amonedar el oro de ellas;

Mosquera, tenía el alma épica; Reyes, la tiene ética;

aquél, era un hijo legítimo del Cid; éste, es el último retoño del avaro de Molière;

aquél, era el hombre de las grandes acciones de guerra; éste, es el de las grandes acciones de Banco;

aquél, era un Hombre de Letras; éste, también, pero... de letras de Cambio...

aquél, era el de la política iniciatriz y libertaria; éste, es el de la política calculatriz y monetaria;

aquél, hizo de Colombia, un país, al servicio de su propio progreso; éste, ha hecho de Colombia, una factoría, al servicio de los yanquis;

Mosquera, fue un Creador; Reyes, ha sido un Destructor;

aquél, era una alma de filósofo, que libertó al país de la tutela del Papa; éste, es un espíritu campesino, que ha entregado el País, al azote de la Iglesia;

aquél fue a defender su patria, más allá de sus fronteras; éste, fue a venderla en Washington, por un puñado de monedas;

donde aquél, extendió su brazo, armado de hierro, éste, extendió su mano, mendiga de oro;

aquél, fue traicionado; éste, fue Traidor;

¿cómo pueden paralelarse, el alma de Alejandro y la de Bazaine?

Mosquera, era la grande alma Cesárea, llena de todas las elocuencias, las de la palabra y las de la acción; ganaba sus batallas, con la misma majestad con que sabía escribirlas; se defendía ante la posteridad, con tanto brillo, como ante el enemigo; y, a semejanza de Julio César, era el único comentador, digno de sus combates;

no era un hombre bueno; era un hombre grande;

su perfil, de águila mala, se dibuja en la Historia, con su gesto, amenazante aún en la quietud, como las garras de un tigre dormido;

su divisa, fue la ruda divisa de los Wameschewin: JUSQU'AL'OS;

divisa de Conquistador, cuya águila, dibujó con sus propias garras el blasón;

Reyes, no tiene alas sino garras; y, las hundió en las entrañas del Tesoro Nacional;

JUSOU'AU FOND, tal fue la divisa de su codicia, frente a las arcas abiertas;

su efigie bárbara, llena de rudeza y parsimonia, lo hace aparecer como un huno destructor, como un Atila católico y tesaurizador, lleno de un fanatismo simiesco;

su sable de ostrogodo, fundido, no en el molde del de los héroes, sino en el hacha de un verdugo, lo hace aparecer como un Escita, en furia, con el brazo tendido al espacio, queriendo decapitar el porvenir;

desnudo de toda civilización, es como un bárbaro de Epiro, rasguñando con su pica, una metopa del Partenón;

la América, no tiene un soldado más salvaje, que este vándalo catolizado, el rojo de cuya púrpura, es auténtico, y, suda sangre...

su gesto hace retroceder los siglos, y, entrar la Historia en la selva;

la Naturaleza, hizo de él un Verdugo, la casualidad, le arrojó sobre los hombrosun manto de César y puso en sus manos un Imperio...

¿qué ha hecho de ellos?...

venderlos;

el Cetro, que un héroe hubiese honrado; el Imperio, que un sabio, hubiese gobernado, él, los puso en almoneda...

ciego al sentido de la Gloria, sus ojos no se abren sino a la sangre y la codicia;

él, sabía, que asaltando la Patria, no podría salvarla;... pero, podía venderla...

y, la vendió;

el Destino, tiene de esas ironías: se complace en colocar sobre un trono, cretinos, nacidos para el cuidado de un establo;

al verlos, se está tentado a decir con Luis XIV: Otez-moi de là eces magots;

esos tiranos, inferiores a su crimen, no tienen sino una sola grandeza: la de su Imbecilidad;

ella les sirve de excusa;

tal es la grandeza y la excusa de este bárbaro;

llegado al poder, cuando toda forma de heroísmo había pasado, no halló al frente, sino el pillaje, y, se entregó a él;

actuando fuera de la Civilización, el ruido de su pica, no hizo temblar el mundo, pero, hace llorar la Libertad;

hecho amo de un pueblo que ha retrocedido a la barbarie; que cansado de desmoralizarse en la guerra se corrompía en la paz, y no sabiendo ejerer la Libertad, se conformaba con maldecir de ella; este hombre se presentó en los más remotos límites del mundo, dispuesto a asombrar la Historia, ya que no podía honrarla y, a degollar a un país que no había ahorrado bajeza ninguna para merecer su esclavitud.


* * *


RAFAEL REYES, no pertenece a la Historia; pertenece a la Tragedia;

no entra en la Humanidad; permanece en la Selva;

al llegar a él, salimos de la Civilización y entramos en la Barbarie;

la Tiranía se interna en la montaña;

los hombres desaparecen de la Historia;

el tigre llega...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

para historiarlo, el historiador, se hace cazador;

ya no describe un hombre; rastrea las huellas de una fiera;

hay que seguirla en la noche profunda...

las páginas de la Historia se hacen precipicios; torrentes de sangre os detienen a cada paso; el Horror reina como soberano; el Crimen, oculta el Sol;

la persecución se hace terrificante; los lebreles del espanto aúllan, husmeando las huellas de la fiera...

de los montes inaccesibles baja el silencio; y, a una luz mortecina, venida de un cielo sin sublimidades, en el matorral profundo, sobre los restos de su último festín, el enorme felino acurrucado;

vedlo;

¿no os recuerda vagamente a Cómmodo?

es la medalla de la Estupidez, y, el perfil del Disimulo;

pálido, con la palidez enfermiza del Miedo y la Crueldad; cabellos lacios, de un rubio sucio, escrementoso; los bigotes, caídos en un gesto de laxitud, rebeldes al hierro, que quiere imperializarlos en una mueca teutónica; ojos de cocodrilo joven, de un verde azuloso llenos de perfidias y de obscuridades, ojo siempre prontos a llorar sobre la presa devorada; labios delgados, de Avaricia y de Crueldad; el cuerpo mastodóntico de viejo peón caminero, hecho al peso del fardo y al salto en la emboscada del camino; manos de orangután; pies de gorila en viaje;

ese hombre, no es un hombre: es un Instinto: el Instinto de la Matanza;

toda su alma, reside en las mandíbulas;

y, esa alma, no es una Alma, es, un Apetito;

el apetito de matar;

este hombre, es la Aurora Boreal del asesinato...

aculado entre la selva y el Poder, asaltó el Poder como una presa;

no lo ejerció: lo devoró;

y, sus pupilas felinas, miran el mundo, como extrañado de no haberlo devorado aún;

la visión de bosques ilimitados y profundos, que guarda su retina opaca y pérfida, ahoga en ella el espectáculo de la civilización;

a donde dirige sus ojos glaucos y taciturnos el horizonte se enrojece, con un color de sangre;

pasa, dejando en la Historia, una huella roja, y, un olor almizclado de felino;

Genserico, de nuevo cuño, ajeno a toda ilusión noble a todo sueño heroico, ignaro y helado en su insolencia, se diría un Jefe de cheruscos, en plena demolición de un clan;

un bárbaro de Priscus, digno de ser estudiado por Jornandés;

como Coriolano, ha combatido contra su Patria, y, como Catilina ha conspirado con las facciones para asesinar la República;

merodeador en todos los campos; incapaz de amar ningún partido, los ha adulado a todos; comprendiendo que los conservadores no le darían nunca el Poder, fue al campamento de los liberales vencidos y los compró; y, aquellos mercenarios, desorientados por la derrota, facciosos hartos de servir a todas las pasiones en los campamentos de la Libertad, no encontraron ya mejor empleo a su ambición, que ponerla al servicio del Despotismo; y alistados bajo las banderas de Reyes, se hicieron los esclavos de su Fortuna;

y, el torrente de los mercenarios, lo trajo al Capitolio;

desconcertado por su suceso, el Bárbaro, no sabía cómo usar de él, y, no contando con el Orgullo de los vencedores, se dio a halagar las más bajas pasiones de los vencidos, e hizo de ellos, los mejores aliados de su victoria...

y, éstos, habiendo perdido, no ya el amor de la Libertad, sino hasta la memoria de ella; favoritos ávidos de lucro; arrogantes en deshonrarse; hábiles únicamente en ejercer la Adulación; arrojándose de bruces en la bajeza, que es el único poder de las almas inferiores; sintiéndose despreciados de todos, terminaron por despreciarse así mismos; renunciando al disimulo de su Crimen, no se preocuparon ya, sino de conservar los beneficios de él; y, se dieron con tal amor al servilismo, que cualquiera tomaría su entusiasmo por fidelidad, si no se les calumniara, suponiéndolos capaces de tener alguna;

¡ni él, ni ellos, enrojecieron de su triunfo!...

en la punta de esas espadas y, escoltado por una turbamulta de vencidos, ansiosos de botín, llegó al Capitolio, aquel Tartufo rapaz y pérfido, que no se vuelve a la Libertad sino para herirla; que moja en agua bendita, su puñal, antes de matar; que ofrece al Corazón de Jesús, como un ex-voto de guerra, las pieles de los indios asesinados por sus manos; que guarda en su casa, porque eso porta ventura, un trozo de la cuerda, con que él mismo ahorcó a Coccobolo, cuyo nombre lleva; que hace de sus asesinatos, una especie de Ritual sagrado; que asesinando a los indios en la montaña, hacía examinarlas entrañas por agoreros de la tribu, y, ajustaba su marcha en la selva, al pronóstico de los augures, con una fe salvaje, en el dictado oracular; lo cual no impedía que a veces, se volviera contra el Augur, y, lo asesinara, haciéndolo arrojar maniatado a un remanso del río, para divertirse en ver la lucha de los peces, en torno al Adivino, sacrificado; entrando después silencioso en la selva, que temblaba, seguido de cerca por sus hombres de presa, como un Nemrod, formidable y arcaico;

aquel hombre fue el estupor de la barbarie, antes de ser el escándalo de la Civilización...

antes de ser la pesadilla de la Libertad, había sido ya la pesadilla de las selvas;

había ya deshonrado con sus crímenes la Naturaleza, antes de deshonrar con ellos el Poder;

a los veinte años de su edad, abandonó su hogar, expulsado por el hambre, como

los lobos, del bosque, y, se hundió en plena naturaleza virgen, en la vida enorme y soberana de las selvas;

la sombra amplia y profunda de los bosques ribereños del Amazonas, vio internarse en ellos, aquel adolescente rubio y feroz, que llevaba ya en las pupilas atigradas, el horror de su visión ocre y roja... color de oro y de sangre; el lucro y la matanza: los dos dioses de su vida;

la civilización, no tenía atractivos, para aquella alma de fiera;

la selva lo llamaba, con un grito de madre, y, fue hacia ella, como un cachorro de tigre, hambriento de morder el pezón que ha de nutrirlo;

no quiso vivir entre los hombres, y fuese a vivir fuera de ellos, esperando la hora de volver y devorarlos...

seguido de sus hermanos, como una loba de sus lobeznos, se internó en la montaña...

a la aparición de aquel trío formidable, la selva milenaria gimió de espanto;

se diría que había hecho un gesto de horror, cual si en sus entrañas obscuras, hubiese clamado la voz de un presentimiento...

sabio era el corazón de la selva, porque la Odisea de los hermanos Reyes, iba a sobrepasar cuanto de cruel y abominable han hecho todos los cazadores de hombres, cuya codicia ha violado el trabajo mudo y encarnizado de las montañas profundas...

antes de eclipsar a Boves, como Tirano, Reyes, eclipsó la crueldad de Pizarro como Conquistador;

ni las selvas del Gongo, bajo el cuchillo de los exploradores; ni las de Djibouti, bajo los tormentos de Toqué; ni las de los Herreros, bajo las bayonetas alemanas, presenciaron semejante poema de exterminio, ni escenas tan revoltantes de rapiña, como las que esa avalancha de robos y asesinatos, que se llamó la «Compañía de Reyes Hermanos» desencadenó sobre las selvas sorprendidas y las indiadas inermes...

más de seis mil indios asesinados y, otros seis mil, vendidos como esclavos al Brasil, fueron los pilares, sobre los cuales levantaron el oprobio de su fortuna, aquellos agiotistas del desierto...

en medio de la barbarie ellos la superaron, asombrándola;

solo un hombre les hizo frente, en nombre de la Piedad, y, denunció al mundo aquel mercado de hombres, que afrentaba por igual, la Civilización y la Humanidad;

ese hombre, fue un italiano, Giovanni Coccobolo, que ejercía en aquellas regiones, el comercio del caucho y cuya casa comercial, se disputaba con la de «Reyes Hermanos» el dominio de la selva;

los esclavistas denunciados, hubieron de cesar en su comercio, porque las autoridades del Brasil, tomaron medidas contra ellos;

cesado el comercio de esclavos, la casa Reyes Hermanos, periclitó e hizo quiebra fraudulenta...

culpando de ella, al generoso defensor de los indios, los hermanos Reyes, se volvieron contra él, y Giovanni Coccobolo, tuvo que abandonar sus empresas, a la voracidad de aquellos, que más de veinte veces, atentaron contra su vida;

Coccobolo, emigró a Panamá; ¡ah! allí debería más tarde, pagar con su vida, su generoso gesto libertador, pereciendo a manos de Rafael Reyes, el esclavista, hecho general de la Dictadura;

veinte años duró Reyes en la montaña fatigando el exterminio, al frente de su columna de forajidos, sin contacto ninguno, con el mundo ni con la civilización

al fin, después de su ruidosa quiebra, perseguidos por sus acreedores y por los indios coligados, los esclavistas tomaron la huida...

el menor, fue alcanzado por los indios, y devorado por ellos;

el otro, se dejó morir, antes que abandonar sus tesoros, y cerró sus ojos sobre las montañas, en un inmenso sueño de codicia...

solo Rafael pudo escapar con vida;

y, como un tigre salido de la montaña a la llanura, sintió el deslumbramiento del sol de la Civilización, que ardía sobre él;

la vista de la Humanidad, le dio temor y furor, como a una fiera extraviada...

y, miró la Humanidad, con un deseo ardiente de devorarla;

era en plena guerra civil;

la sangre se escapaba a torrentes, de las venas abiertas de la República, apuñaleada por la Discordia...

y Reyes, se puso a chupar esa sangre con delicia, como en una ubre ubérrima...

se hartó de ella;

nada pudo comprender de la grandeza de la guerra, pero agotó su ferocidad;

y, las mandíbulas del tigre, se fatigaron devorando hombres en los valles idílicos del Cauca...

bien pronto los asesinatos de Quibdó, de Pereira, de Calibio, ejecutados por aquel salvaje, escapado a la montaña, asombraron la República y, el nombre de Rafael Reyes, fue pronunciado por todos los labios, con un estremecimiento de horror...

las matanzas de vencidos, la muerte dada fuera de los campos de batalla, la crueldad ejercida sobre los hombres inermes, las mutilaciones de los cadáveres, fueron su especialidad...

así se vieron .aquellos incendios de las cárceles repletas de liberales, y en una de las cuales, perecieron seiscientos ciudadanos abrasados...

los prisioneros eran arrojados de lo alto de los precipicios, en los caminos solitarios;

o amarrados de pies y manos, eran puestos en barcas ya agujereadas, y entregados a las corrientes de los ríos, para que hallaran pronta sepultura, bajo la mansedumbre de las aguas...

todo eso, hecho por propia mano de Reyes, sin fatigarse, sin rendirse, colocado por encima de todo horror...

unía a todo eso, las prácticas del más extraño fanatismo;

sus tropas marchaban entonando cánticos religiosos, llevando imágenes sagradas en lo alto de las bayonetas, batiendo estandartes con el corazón de Jesús y la Virgen de Lourdes, toscamente bordados...;

en la noche, las selvas se despertaban al ruido de las Letanías, cantadas en alta voz, por millares de hombres; y, el cántico de la Salve, subía como una plegaria miserable, en el silencio infinito...

las prostitutas, que seguían esas bandas descamisadas, se sentían contagiadas del mismo furor religioso y sanguinario; y, eran ellas las más feroces a la hora del pillaje, las que aullaban más fuertemente, a la hora del cántico, arrastrándose al pie de las imágenes sagradas, en un verdadero delirio histérico...

las hubo extáticas y visionarias, que predecían al ejército sus victorias y, ofrecían coronas a las frentes de los soldados, en cuyos brazos habían dormido;

un anciano, hallado en un bohío, fue bautizado con el nombre del Mesías (1), y, era como el Augur, de aquellos bárbaros en marcha;


Reyes, los arengaba, como un iluminado, en un lenguaje primitivo e inculto, lleno de vehemencia, llamándolos al asesinato de los impíos y, prometiéndoles el cielo, en pago a sus proezas homicidas (2);


los condecoraba al día siguiente de una batalla, con escapularios enviados expresamente por los fanáticos de las ciudades cercanas, para las huestes de Dios, como llamaba Reyes, sus turbas desarrapadas;

nada igual al pavor que se apoderaba de las poblaciones, a la aproximación de aquellas turbas semidesnudas, cargadas de escapularios, entonando cánticos sagrados, y, blandiendo al aire sus espadas desnudas;

invadían el poblado, entraban al templo, se postraban de rodillas en las plazas y calles cercanas, y, se escuchaba el clamor ronco de sus oraciones despiadadas, subir al cielo, con el rumor de un mar, en la noche... se diría una peregrinación en Lourdes;

Reyes, los arengaba; los augures los bendecían...

y, después...

se entregaban al pillaje...

la tierra temblaba bajo sus pies...

más feroces que los bárbaros de Atila, ellos podían decir con él: la estrella cae; la tierra tiembla, yo soy el martillo del Universo;

¿no os parece leer una narración de Priscus, después de Aëtius, cuando las llamas de Alarico, parecían querer devorar toda la tierra, y, el torbellino de los bárbaros en marcha hacía temblar el mundo, pronto a desaparecer bajo ellos?...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


los conservadores mismos, se espantaron de aquel bárbaro enorme, que pasaba sembrando el espanto, y, era, según él mismo decía, el Ministro de la cólera de Dios: flagelum Dei, habría dicho este jefe de salvajes, si la lengua del Lacio, como toda lengua civilizada, no le hubiese sido extraña;

¿cómo librarse sin ruido de aquel azote, que ellos mismos habían desencadenado y cuya carrera vertiginosa amenazaba convertir el Cauca en un desierto?...

el espanto del Gobierno, fue igual al espanto de los pueblos...

los conservadores, no repugnaban deber su victoria a la barbarie, pero, a condición de que esa barbarie no los deshonrara antes de ahogarlos;...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Reyes, continuaba matando, postrado a los pies de Dios...

la soledad hecha por su espada, lo rodeaba como un Imperio;

¿cómo detener aquel bárbaro, cuya tienda de campaña era una Iglesia, cuya bandera de combate esa un estandarte sacro, dado por un Obispo, para pelear contra la Herejía, y, que como Teodosio, pasaba en oración la víspera de las batallas, y, creía que los santos combatirían a la cabeza de sus ejércitos, como al lado de los cristianos, en la batalla misma de Aquilea?

¿cómo encadenar a Alarico, hecho ebrio, con el vino del Sagrario?...

la cobardía, tiene recursos que la duplicidad no tiene;

el Gobierno resolvió mandar a Reyes a Panamá, sobre un pontón desmantelado;

el bárbaro se embarcó, sin murmurar, izando en lo más alto de un mástil, la bandera de Lourdes, y, dio cara al naufragio, sin pestañear...

la tempestad no hacía sino cambiar de lugar;

llegó con Reyes, al Istmo, en el momento preciso de apagar un incendio;

la ciudad de Colón, ardía;

aquel heroico y gran tribuno, que fue Pedro Prestan, combatía, como un león acorralado, defendiendo la ciudad, contra los conservadores y contra los yanquis, desembarcados para ayudarlos;

y, resistía con igual bravura, el choque de aquellas dos barbaries: la que venía de Panamá, para amenazar la Libertad, y, la que llegaba de New York, para ahogar la nacionalidad;

ambas eran rechazadas por el esfuerzo del Héroe;

entonces, los americanos, prendieron fuego a la ciudad, para rendirla;

en ese momento, llegó Reyes, y, se unió a los invasores de su Patria, para someter al Héroe rebelde;

cercado por todas partes, Prestan capituló al fin, con el voraz elemento;

y, cayó vencido, entre los escombros humeantes...

los yanquis, pidieron su cabeza..,

y, Reyes, se la entregó;

Prestan, fue ahorcado;

y, la ley de Lynch, tomó posesión del territorio de Colombia;

así, veinte años antes de vender la República a los yanquis, ya Reyes, se inclinaba ante la Invasión y le abría el camino, para que pasara bajo ese arco de triunfo, que tenía la forma de una horca;

pero, apenas, si Reyes, paró mientes entonces, en la enormidad de aquel crimen...

su ferocidad había encontrado otra presa mejor, la más rica que pudiera soñar su fantasía de chacal;

entre los escombros del incendio, cerca a Prestan, combatiendo como un héroe, Giovani Coceobolo, había sido hecho prisionero...

la hora había llegado en que el terrible esclavista, iba a vengarse de aquel que lo había denunciado al mundo...

y, Coccobolo fue ahorcado aquella misma noche por Rafael Reyes, quien tuvo, él mismo, la cuerda, hasta que expiró, aquel que había ocasionado la quiebra de su casa, denunciando su terrible comercio de carne humana;

Coccobolo, murió, pero se vengó, dejando su nombre a su implacable asesino...

desde entonces, su nombre de Rafael Reyes, desapareció, ante el lúgubre apodo de: Coccobolo;

y, Coccobolo, lo llamaron todos...

pasada la terrible tragedia de aquella guerra, Coccobolo, entró en la obscuridad;

se dio entonces a los contratos, a los peculados, a las más bajas explotaciones del Tesoro Público, lleno de una sed voraz de hacer dinero;

y, enriqueció:

como Sila, se elevó de la miseria más obscura a la más insolente prosperidad, y, si en Colombia, hubiera habido aún ciudadanos dignos de ese título, habrían podido, como los romanos, reprocharle, si no su elevación, en la cual la bajeza de todos, tuvo parte, sí su riqueza, en la cual, solo el robo, la tuvo toda;

diez años vivió Coccobolo en esa penumbra, entregado a la rapacidad, hasta que una nueva guerra civil, como la corza aquella, que abrió camino a los Hunos, a través de los Palus-Meótides, vino a abrir camino a la irresistible impulsión de aquel bárbaro, otra vez estremecido a la vista del botín...

en el desmoronamiento súbito de aquella débil democracia, que marchaba a su ruina, le fue fácil vencer una vez más la Libertad;

su furor de destruir, su sed de sangre, fueron hartos; la victoria coronó sus designios; y, Coccobolo apareció vencedor; y, el pueblo, lo creyó grande, porque estaba de pie sobre los escombros;

ebrio de triunfos, el bárbaro enfatuado, pensó como Alarico, que su Destino, lo impulsaba hacia el Capitolio...

volvió las bridas a su caballo y se dirigió hacia su Destino...

un hombre le salió al paso...

y, como San León, ante el caballo de Atila, él, también desvió el azote de Dios;

aquel hombre, era Miguel Antonio Caro Presidente de la República, que sin más armas que su derecho, hizo volver grupa al corcel del vencedor, y le marcó el camino del Olvido...

y, aquel vencedor, vencido, entró en el despecho, clamando contra la iniquidad;


se entregó de nuevo al misticismo, con tal ardor de muerte, que se diría, no querer sobrevivir a su derrota...

en esa obscuridad, donde no pudiendo ser recordado por su gloria, tenía que serlo por sus crímenes, su neurosis religiosa, se exasperó hasta la locura;

no siendo ya. el conscripto de Dios, para llevar tras de sí, una turba de convulsionarios, que espantaran el mundo al son de los cánticos piadosos, se dio solo a las más extrañas aberraciones de la histeria, a la oración, a las maceraciones, a la penitencia...

entonces, fue traído a París, donde un alienista, le prescribió una larga permanencia, en una casa de Salud, de las Cevennes;

allí, recobró con la razón, la sed inmoderada del dinero;

se dio a mil empresas extravagantes, entre otras, la de una panadería en México, que tuvo un fracaso resonante, logrando hacer el pan en México y los pobres en París, donde los accionistas no se consuelan aún de sus pérdidas;

entonces, fue a Washington, comisionado por Marroquín, para pactar la venta del Istmo;

partió con éste, el producto de la venta y, fue al Congreso Pan-Americano de México, donde obtuvo un gran suceso de hilaridad (1);


durante un mes, obtuvo él, solo, el record del ridículo, y, lo desafió con tal intrepidez, que recordaba, la de sus guerras anteriores, cuando iba seguido de sus turbas, por entre los pueblos en llamas;

vuelto a Colombia esperó tranquilo la disgregación del Istmo;

cuando ésta tuvo lugar, Marroquín, lo despachó a Washington, para desarmar a Roosevelt, que ante la amenaza de una guerra posible, se preparaba a publicar los documentos de la venta infame;

en Washington, Coccobolo, trabajó su Presidencia, convenciendo a Roosevelt, de que él solo, podría salvar la situación, porque la Presidencia de Joaquín F, Vélez, sería la obstinación y la guerra;

entonces, Roosevelt ordenó a Marroquín, la elección de Coccobolo;

Marroquín. no pedía nada mejor;

él, sabía, que el triunfo de Vélez, era para él, el Juicio, la condenación y la muerte en el patíbulo;

aquel hombre justo, habría sido implacable...

los liberales, desmoralizados por la derrota, inferiores a su infortunio, votaron por Coccobolo;

todo fue en vano;

Vélez, triunfó...

¿qué hacer?...

los Estados Unidos amenazaban...

entonces, se compraron los miembros del Gran Jurado, se hizo una mayoría espuria, y, se falsificó el Acta de Padilla;

Coccobolo', fue NOMBRADO, Presidente de la República.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Coccobolo fue hecho César...


no habiendo nacido para la fortuna, se desvaneció al llegar a ella, y, se sintió atacado, del mismo extraño furor de destrucción que había aguijoneado su vida toda;

temeroso de los amigos de la Libertad; rencoroso contra los amigos de la Legalidad; demasiado pequeño para amar la primera; demasiado ambicioso, para refugiarse en la segunda; incapaz de ir a la revolución; miedoso de vincularse en la tradición; inepto para gobernar con los partidos, se entregó locamente a las facciones, y, sobre las ruinas del Poder Legal, sostenido por las ideas, estableció el Poder Personal, fundado por los apetitos y, enseñoreado en un tumulto de esclavos, fundó la demagogia del Poder, dispuesto a sorprender al mundo por su audacia, yaque no podía deslumbrarlopor su virtud;

como Maximino en el Imperio Romano, Coccobolo, fue en Colombia, el Primer Bárbaro, que se sentó bajo el solio;

todo desapareció bajo su espada;

esa ficción de República arcaica y clerical, que aun en su degradación, recordaba a los hombres, el Imperio de la Ley, degollada fue por la cuchilla del bárbaro, y sobre sus despojos, se alzó ese Imperio absoluto, tan miserable, como aquel que Camilo entregó a Brennus, antes de que desapareciera, aplastado por el Carro de Alarico;

no habiendo ya Magistrado, sino Amo; no existiendo ya ciudadanos, sino esclavos, ese Amo, no tuvo ya, necesidad de Leyes, ningunas, y, todas las violó...

halló de pie, un Congreso Constitucional, reacio a doblegarse a su poder, y, disolvió con un solo decreto, esas Cámaras, en las cuales, se había refugiado el último aliento del alma de la República;

ya no hubo Poder Legislativo;

los Altos Magistrados de la Corte Suprema, osaron discutir la validez de la elección Presidencial, y destituidos fueron de sus puestos; y, violada y abolida fue la Inmunidad de la justicia;

ya no hubo Poder Judicial;

las Municipalidades de Medellín y Cartagena, se opusieron a las medidas fiscales, que arruinaban sus Municipios, y llevadas fueron en prisión, y arrastradas, entre escoltas de soldados, del uno al otro extremo de la República;

ya no hubo Poder Municipal...

sin Poder Legislativo, sin Poder Judicial, sin Poder Municipal, Coccobolo gobernó solo...

él, fue todos los Poderes;

no existiendo ya, ninguna soberanía, ni la del Pueblo, ni la de la Ley, no hubo más Soberano que Él...

¡el bárbaro brutal y asolador!...

él legisló; él sentenció; él ejecutó; él administró...

suya fue la libertad de los ciudadanos, suya su riqueza, suya su vida...

los ciudadanos fueron arrastrados a las prisiones, a los confinamientos, al destierro...

los niños fueron azotados en las plazas públicas, y llevados a las colonias penales para ser entregados a la crueldad de los centuriones; las madres fueron burladas y abofeteadas por llorar sus hijos; los padres encadenados o insultados, por pedir piedad para ellos;

el Tesoro Público fue puesto a saco;

la Patria fue puesta en Almoneda...

los jirones de la República acabaron de ser vendidos en Washington (1);


y, Coccobolo, devoró el corazón de la República, con la furia de Sila, pillando a Atenas; de Mummius, saqueando los tesoros de Corinto...

Coccobolo, no inició sino el reinado de la barbarie: el de la corrupción, estaba ya iniciado;

para consolidar su Tiranía, él, no tuvo sino que corromper los liberales, pues ya no quedaban conservadores por corromper...

y. los corrompió;

ellos, le entregaron, los unos sus espadas, los otros su ambición, todos su dignidad, para que hiciera de ella un holocausto...

no tuvieron necesidad de ser violados, se le entregaron mansamente, con una voluptuosidad, que habría hecho honor al último liberto de Nerón;

las facciones, se disputaron el honor de ser vendidas y llevaron sus jefes al pie del Trono, para pactar con el César, el premio de su servidumbre;

algunos parecían sentir pena de no haber sido sino conquistados, por el Suceso, y, pedían ser envilecidos por él;

haberse entregado les parecía poco; no haberse arrastrado, esa era su tristeza;

la poca honra que la obscuridad dejaba a algunos, les pareció un crimen, y, se apresuraron a arrojarla a los pies de la victoria, para que la desgarrara;

los que no eran deshonrados, se creían humillados; ¡y, enrojecían de esa humillación !...

creían haber perdido su derecho ala Vida, si no reclamaban su derecho a la deshonra;

y, ¡se deshonraron!

¡terrible erotismo del azote!...

ya no hubo sino un Amo, un pueblo de esclavos, y, una corte de delatores;

las inteligencias más altas, que parecían inaccesibles a la bajeza; los corazones más fuertes, que parecían ignorar el miedo, todos claudicaron, todos se rindieron...

fue una apostasía colectiva del Honor...

el ateísmo de la Libertad, se hizo la única Religión de esos siervos;

hacer olvidar que habían sido libres, fue su única preocupación;

de rodillas, pidieron al Despotismo, perdón, por el Crimen de haberlo desconocido...

sobre las ruinas de la Patria, de la cual, nadie guardó el lejano y divino resplandor, el Crimen se creyó llamado a los más altos destinos;

y, a la gloria de la Virtud, de todos olvidada, sucedió el culto del Delito, profesado por todos;

glorificar la Traición; divinizar el Perjurio; hacer de la Deserción una Virtud, y de la Delación, una función pública; proclamar que la Fuerza, es todo, y que las Ideas, son nada; que la Audacia vencedora, prima sobre el Derecho vencido, tal fue todo el programa y toda la política, de aquella oligarquía de demagogos clericales, temblando de miedo, ante el puñal de Sila...

taciturno como Genserico y cruel como Caracalla, Coccobolo, se dio a fingir conspiraciones, para diezmar sus enemigos;

los delatores, fueron declarados sagrados, y gozaron de honores, como bajo Heliogábalo;

ya, no hubo seguridad para los ciudadanos, ni aun en el seno mismo de la servidumbre...

ninguna posición salvaba de la muerte, porque los hombres eran apuñaleados, aun estando de rodillas ante el César;

toda apariencia de dignidad, fue declarada delito de lesa Majestad;

y, los hombres libres, fueron todos, condenados a muerte, por un decreto tácito del Tirano;

conservar el decoro personal, fue un crimen oficial;

el ojo enorme y felino del Espía, se abría sobre los hombres acusados de ese Crimen;

un delator bastaba para arruinarlos...

un Consejo de Guerra, declarado Tribunal Permanente, bastaba para condenarlos;

la Muerte o la Deportación los esperaban...

así se vio una mañana, atravesar las calles de Bogotá, amarrados, entre dos filas de soldados, a Felipe Angulo, Luis Martínez Silva, Moya Vázquez, y, otros, altos personajes de la política, acusados de conspiración...

Reyes, había fraguado, él mismo, la conjura, había enviado sus esbirros a proponer la venta de sus batallones, y sus delatores, a denunciar el plan que él mismo, había concebido;

así, perdió a esos hombres, ante los cuales temblaba:

así formó una Corte Marcial, para juzgarlos;

y, así los habría fusilado, si un acontecimiento inesperado, nohubiese venido a salvarlos, desviando el rayo de aquella cólera, dando otro alimento a la fiera, que quería sangre...

cuatro campesinos ebrios, insultaron al Dictador, que iba en coche, por las afueras de la capital;

el Edecán, que acompañaba a Reyes, disparó sobre ellos, su revólver;

los ebrios, dispararon los suyos, y, huyeron...

nadie fue herido;

el Dictador, ileso, entró en su Palacio, resuelto a dar a ese hecho la magnitud de un Acontecimiento (1);


necesitaba imponerse por el patíbulo; y, lo hizo;

declaró la Capital en estado de sitio, y, su Consejo de Guerra, condenó a muerte a los cuatro desgraciados...

solos, desamparados, sin defensores, sin amigos, sin el más pequeño aparato de Justicia, aquellos infelices, que provocados por el Edecán del Presidente, habían disparado sobre él, se oyeron condenar a muerte...

y, al día siguiente, con un refinamiento de ostentación y de crueldad, que no se veía allí desde los tiempos de Sámano y de Morillo, fueron conducidos al patíbulo y ajusticiados allí, en presencia del pueblo acobardado, que temblaba ante el Amo, que así se le imponía por el cadalso...

los patíbulos de BARRO COLORADO tuvieron panegiristas, en los diaristas de Bogotá;

los perros de Betsabé, lamieron la sangre de los mártires, y, embriagados por ella, aullaron en torno a los cadalsos...

los muertos fueron insultados y calumniados...

ellos, que no tuvieron un defensor, ante el grupo de asesinos enchamarrados, que por orden do su Amo, los condenaba a muerte, vieron sus pobres nombres, entregados al oprobio, y al dicterio, por la crueldad miserable de una prensa cuasi anónima y sus cadáveres fueron despedazados por los dientes de aquellos cachorrillos del diarismo, que parecían haber bebido la leche de la vida, en la ubre envenenada de una hembra de chacal (1)...


la Muerte, no los desarmó;

y, sacudieron sobre aquellas tumbas abiertas, sus manos asquerosas, llenas de Escándalo y Mentira...

el silencio de los unos, hizo aún más sonora la Infamia de los otros;

entre los que callaron, porque hablar era la muerte, el dolor vistió de luto los corazones...

la imagen de la Piedad, proscrita de todas partes, se refugió en lo más hondo de las conciencias...

¡nadie habló para dar al Crimen, su verdadero nombre! nadie lo acusó...

entre los Ministros que firmaron esa Sentencia, y, los foliculares capitolinos que insultaron las víctimas, no todos eran crueles, no eran sino viles...

habrían sido incapaces de cometer el Crimen, y se creyeron capaces de aplaudirlo...

ignoraron u olvidaron, la palabra que Papiniano arrojó al rostro de Caracalla, cuando llamado a justificar el fratricidio, le dijo: «es más fácil cometer un crimen, que disculparlo» non tam facile excusan quam posse fieri;

los mártires de Barro Colorado no tuvieron solo acusadores y verdugos...

los detractores vinieron después, para acelerar la Infamia...

diga lo que quiera la histrionia folicular de los marmitones del diarismo bogotano, a sueldo de la Tiranía, los cadalsos de Barro Colorado fueron cadalsos políticos, y, lo que se ensayó casligar allí, no fue un Crimen, sino una Idea;

Coccobolo y temblando de Miedo, en su Omnipotencia, necesitaba aterrar a sus enemigos, y, los aterró...

el gran Asesino, teme al Asesinato...

oye el clamor de su Crimen... y, tiembla ante él...

ebrio de sangre y de Imbecilidad, creyó en Barro Colorado, haber matado su muerte; y, no logró asesinar al fantasma de su Miedo;

loco de espanto, no se atrevió a devorar la presa que tenía entre las mandíbulas; y la soltó...

no tuvo el valor de fusilar a Ángulo, y a los demás comprometidos por él, en la farsa conspiradora...

le faltó el valor de absolverlos; y, los confinó a las regiones más mortíferas de la República;

habilitó a la Naturaleza de Verdugo;

y, delegó al Clima la misión de asesinarlos;

no habiendo nacido para la fortuna, se vengó de este error de la Naturaleza dándole la misión de vengar sus odios...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Una vez impuesto por el Terror, el Tirano, no guardó ya siquiera, ni las actitudes del decoro;

sin abandonar su ferocidad, se entregó a la rapacidad más desvergonzada, en unión de sus libertos, a los cuales no une otro lazo que la avidez...

harto de sangre, todos sus vicios reaparecieron en él; tuvo la locura del Poder hecha de Suficiencia y de Impotencia, de Vanidad y de Imbecilidad...

permaneciendo cobarde, permaneció cruel; pudo matar a sus enemigos, pero, no pudo matar su Remordimiento;

su morada fue un campamento donde los mercenarios velaban, con la misma feroz abyección de aquellos que Sila, enriqueció para guardarlo...

y, sembró el Silencio a dos manos; ya con el mendrugo, que tapaba la boca por un momento; ya con el Verdugo, que la hacía enmudecer para siempre;

es preciso hacer a este Tirano, una justicia: fue derecho al Crimen como una flecha, sin vacilaciones y sin engaños;

de un solo salto, llegó a la cima del Delito, que otros no alcanzan sino a tanteos...

recogió los mercenarios de todos los campos; les dio la rapacidad por bandera, y, durmió a la sombra de la fidelidad de esas espadas...

¿cuánto durararía esa fidelidad ?...

¿hay algo más efímero y más instable que la fidelidad de los esclavos ?

en el alma de todo mercenario duerme un Traidor...

tarde o temprano, él se despertará para devorar al Amo;

¿qué seguridad puede haber parala Tiranía, allí donde no ha habido ninguna para el Honor ?

¡desgraciado del Tirano, cuando ha corrompido tanto a un pueblo, que no ha dejado en su corazón, un refugio a la Lealtad!...

el Tirano que duerme bajo las lanzas de los mercenarios, no sabe cuál de aquéllas le ha de atravesar el corazón...

la lanza es implaclacable...

se reina con ella, pero se muere por ella;

entre los cortesanos y los pretorianos, no queda al Despotismo, sino el género de muerte que elegir; la almohada que ahogó la cabeza de Tiberio, o la espada que cortó el cuello de Galba...

es el único instante en que un esclavo se hace hombre: aquel en que decapita su esclavitud, decapitando a su Amo;

por ese acto de inhumanidad, vuelve a entrar en la Humanidad;

la espada que decapita la Tiranía, se hace apta para salvar la Libertad;

en el alma de todo pretoriano, bulle el sueño de un César;

todos ellos, aspiran a suceder al Amo;

¡ay de él! si tarda en desaparecer;...

no se enseña a los otros, el camino de la Audacia, sin caer atropellado por ellos;

cuando se ha llegado a las cimas de la Tiranía, el respeto mismo se hace sospechoso;

el Tirano, hábil, sabe que ese respeto, no es sino la máscara del Crimen;

he ahí la fidelidad, dijo Nerva, cuando vio llegar el centurión que venía a darle la Muerte...

la espada de esa fidelidad, llega siempre... tarda, pero llega...

pede poena claudo...

huyendo de esa fidelidad COCCOBOLO, escapó un día del poder, llevándose sus tesoros;

huyó pávido de miedo, como un lacayo infiel, sorprendido en el momento del robo;



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

EN VENEZUELAEditar

En Venezuela, la Dictadura ha sido el privilegio de todos los partidos;

los conservadores y los liberales se han disputado por igual la triste misión de dotar de Césares la República;

los ha habido supra-heroicos como Páez; gloriosos, como Guzmán; austeros como Crespo; viles como Andueza; ruidosos y nefastos, como Castro;

la púrpura, ha caído por igual, sobre las alas de las águilas, y sobre el lomo de los cerdos;

los ha habido dignos de Tácito y dignos de Buffon; unos entran en la Historia Nacional, otros entran en la Historia Natural;

y, como para probar que aquel país, es el llamado en América, a dar todos los especímenes de lo grande, la Virtud también ha tenido apariciones en el Poder;

Don José Vargas, fue una de ellas; su Virtud se parecía inmensamente a la Ineptitud; su Probidad, era como una Vanidad; su desdén del Poder se parecía mucho al amor de la reputación; se diría que no teniendo el alma bastante grande para amar la Gloria, cortejaba la Popularidad, y que sin fuerza para oprimir a sus contemporáneos, entregaba su debilidad a los sufragios de la Posteridad; es verdad que no tembló ante el puñal de Carujo, pero no tuvo la fuerza de romperlo; tuvo más el odio de la Dictadura, que el amor de la Libertad; renunció a fundar la primera, pero no tuvo el valor de salvar la última.

¡imbécil esterilidad de la Virtud!...

Soublette, alma opaca y recta como una daga, tuvo el culto del Libertador más que el culto de la Libertad; fue un Hero-latro; su mediocridad, cegó del resplandor de la genialidad; muerto Bolívar, la patria murió para él; se envolvió en el duelo de la gloria, y murió de la tristeza de no tener un Genio que coronar; no teniendo ya, a quien obedecer, re- nuncio a mandar; y su grandeza consiste, en que, habiendo tenido la religión del personalismo, tuvo bastante virtud para no implantarla; muerto su dios se hizo ateo; esa grandeza se parece mucho a la Virtud; pero no es sino la Impotencia; sin embargo, la Historia ama esta grande y noble figura, que, amando al Libertador, encontró la única forma tangible de amar la Libertad; y que, después de haber practicado el Heroísmo, no encontró la vida digna de vivirla, sin el culto dol Héroe.

Los Monagas, soldados fastuosos y patriarcales, ensayaron una oligarquía rural, como aquella que en Chile, tuvo cincuenta años de dominio; fracasaron en el intento: la lanza no es el Genio;

uno de ellos, trató de asesinar un Congreso; otro, libertó a los esclavos, y esto último basta, no ya para el orgullo de una estirpe, sino para la gloria de un Continente; desaparecieron, dejando por herencia su valor, a una generación, inagotable de héroes; su lanza no ha estado quieta sobre su tumba; y todavía gana batallas en los fulgores del remoto Oriente;

Alcántara fue un sueño de Las Mil y Una Noches, soñado por un soldado de fortuna; la lámpara de Aladino en las manos de un sonámbulo;

¿quién descendería hasta historiar esas sombras fugitivas, que pasan bajo el solio reinando por comisión, aplastadas bajo el peso de la púrpura? Hermógenes López, Manuel Antonio Diez, Feliciano Acevedo

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

¿quién de hablar ha, de aquel candelabro del Santuario, hecho a tener la vela de la agonía de todos los partidos, y que pasa por la Historia nulo y balbuciente, con el nombre sonoro de Guillermo Tell Villegas?

ese hombre pertenece al Almanaque, no pertenece a la Historia. .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Tres nombres, llenan con su grandeza toda la Historia del Siglo pasado en Venezuela (1)...


José A . Páez;

Guzmán Blanco;

Joaquín Crespo;

los demás, pasan por el Poder, pero no llegan a la celebridad;

sólo ellos llegan a la grandeza, los demás, se arrastran, servil o penosamente en la mediocridad;

sólo ellos, tuvieron la talla, histórica; los demás, apenas si la tuvieron política;

Páez, fue el Soldado;

Guzmán Blanco, el Hombre de Estado;

Crespo, el Caudillo;

Páez, a falta de Genio, no tuvo sino Fortuna;

en Guzmán Blanco, la Victoria, coronó algo más que el Éxito, coronó el Genio;

La Virtud fue Crespo, y si hubo unas manos puras, dignas de salvar la Libertad, ésas fueron las de aquel Caudillo; fue el único hombre digno de que la República le debiera su Renacimiento;

la Muerte lo coronó antes que la Victoria; tal fue el crimen... del Destino.




Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

JOSÉ ANTONIO PÁEZEditar

JOSÉ ANTONIO PÁEZ, era la Fiera-Épica;

no tenía Genio; tenía Instinto: el Instinto del Valor;

no tenía otra virtud que esa;

pero, con la Vida, lo despreciaba todo, hasta la Gloria;

aquel hombre, no era un hombre: era, una lanza;

dar, y desafiar la Muerte, fue su misión;

y, pasa, empujado por ella, como por un huracán, sobre los llanos rojos de la Historia...

era una de esas almas rudimentarias, cuya grandeza consiste toda en el desprecio bravo de la Vida;

su animalidad heroica, no hace admirar sino las garras;

esos seres felinos, hechos a devorarlo todo, terminan por devorar la Libertad;

hechos a no temblar ante nada, terminan por no temblar ni ante el Crimen...

confían su Destino, a su ferocidad; van rectos al delito, como a una victoria; toman la Vida por un combate; el Poder, por una presa; y, cuando lo han destruido todo, se encolerizan contra su sombra, y clavan sus garras, en el fantasma de su propia Gloria;

tal fue Páez;

fue el Héroe-Déspota;

demasiado ambicioso para conformarse con la Victoria, aspiró al Poder;

demasiado nulo para ejercerlo, dejó a otros el cuidado de deshonrarlo;

inhábil, hasta para ejercer la Tiranía, permitió a la cobardía, ejercerla en nombre de su valor; y, dejó bajo el amparo de su heroísmo analfabeto, saciarse el rudo horror de un despotismo letrado;

consintió la Tiranía, más que la ejerció; fue un instrumento de despotismo, más que un Déspota; y, tuvo la Ambición, tan baja, que fue a cambiar con el Suceso, las coronas que ya la Gloria le había dado...

nacido para el combate, y, no para el Poder; siendo capaz de codiciarlo, pero, incapaz de comprenderlo, al llegar a él, se sintió desconcertado, como un león, a quien el rayo espanta, en el pico de una cima...

y, se precipitó...

su escudo cayó sobre él; y, lo aplastó...

¡triste destino el de este cóndor oriental, prisionero en la jaula del Poder, que para saciar su voracidad, tuvo que desgarrar los mismos estandartes, que había desplegado al viento, entre sus garras potentes, en las ardientes tardes de batalla!...

devorar su propia Gloria, es, el castigo de aquellos, cuya Ambición, está por debajo de su Virtud; y, que siendo inferiores a su Fortuna, no saben, sino precipitarse de ella;

tal fue Páez;

la mitad de su vida, la pasó en defender la Libertad, que no llegó nunca a comprender; y, la otra mitad, en perseguir la Libertad, que no llegó nunca a amar;

y, puso tanto heroísmo, en combatir por ella, como en pelear contra ella; y, tanta ferocidad, puso en conquistarla, como en matarla;

lanza en ristre, entró hasta el campamento, contrario, donde yacía la Libertad prisionera; la conquistó a golpes de su lanza; y, poniéndola en la grupa de su caballo salvaje, corrió con ella hacia el desierto...

¿para salvarla?...

no;

para violarla;

la violó primero, y, la mató después;

tal fue su Crimen;


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

llanero inculto y feroz, él, fue el fundador, de este despotismo, de la selva y de la espada, del cual Venezuela, no se ve libre todavía...

en ese Poema fastuoso, llamado: la Guerra de la Independencia, Páez, fue el Primer Héroe, entre los héroes;

ningún corcel de guerra, puso sus cascos adelante de aquel su corcel apocalíptico, en que parecía cabalgar la Muerte, a caza de la Victoria, con un zigzag de rayos en la mano...;

su Valor, era una Epilepsia; y, en ese bullir de hazañas incalculables, a él, puede llamársele: el Caballero del Prodigio;

sus hechos, rayan en la Fábula, y realizó por doquiera, los anales del Portento;

fue el Milagro de la Lanza;

cuando aparecía en la pelea, seguido de sus llaneros indómitos, se diría que un torrente de hierro se había precipitado sobre el llano, y que pasaban enloquecidos hacia la Muerte, los caballeros del Apocalipsis, haciendo temblar la Tierra...

inseparable de su corcel, como un huno de Atila, este centauro insaciable de combates, fue un Poema Épico, marchando vivo hacia la victoria, en medio de una siega de hombres;

puso su escudo bárbaro adelante del de Aquiles, y, escribió en él, con su lanza, los portentos de una Iliada, a la cual, la fantasía de Homero, mismo, no llegó...

fue, el Poeta del Hierro;

y, aparece en el límite de dos edades, como un dios bifronte, precipitando con una mano, en la muerte, el siglo de la Colonia, y, clavando con la otra, su lanza en el Capitolio, para inaugurar con ella, el Siglo de Hierro, el Reinado asesino de la Espada...

ese llanero bárbaro, desnudo de intelectualidad, tiene la majestad de un león, pero, no tiene la grandeza de un hombre;

mientras es, el Héroe, y, pasa en el torbellino de la guerra, envuelto en llamas, tiene una talla sobrenatural, su nombre pertenece a la Leyenda...

no entra en la Historia, sino al entrar en el Poder;

y, entonces, Aquiles, se empequeñece hasta la deformidad;

este centauro desarzonado, ya no vive;

su vida no se concibe fuera de la Mitología;

al pie de su corcel de guerra, tiene una talla de enano;

desprendido de la nube homérida del combate, ya no tiene fulgores;

entra en la Vida, como es, con su talla de hombre vulgar, lleno de rudeza y de barbarie; fanático, como un soldado de Teodosio; y cruel como un mercenario de Aníbal;

toda su Gloria la dejó en ios campamentos; no llevo al Poder sino sus vicios...

no teniendo ya laureles que conquistar, se puso a devorar los de Carabobo; y, no teniendo ya españoles que vencer, se volvió contra las ideas liberales, dispuesto a exierminarlas...

no hallando ya extranjeros que matar, volvió su lanza contra los venezolanos que no aceptaban su Tiranía, y, puso en asesinarlos, la misma ceguera bárbara, que había puesto en libertarlos;

inepto, más allá de toda expresión humana, para aquello que no fuera las funciones de la lanza, fue en el Poder, incapaz de ejercerlo, y, se entregó al Partido de los retrógrados, para catolizar y despotizar con ellos, el país...

a semejanza de Juan José Flores, aquel negro barbero de Puerto-Cabello, que fundó en Quito, la dinastía de los conservadores, Páez, la fundó en Venezuela;

se hizo el enemigo de Bohvar, sin llegar a ser su émulo; e, imitó su despotismo, sin llegar a tener su Genio...

y, ese despotismo, fue estéril, como la higuera de la Biblia: obscuro y brutal, como un asesinato en la selva...

no fundó nada; no impulsó nada; no dejó nada;

árido fue, como un llano de Tartaria, a donde reina la Muerte;

entregado en manos de Pedro José Rojas, y, de los conservadores, aquel llanero rudimentario, impregnado de selva, se sintió desvanecido por la Adulación, se creyó llamado a los destinos de un César, y se entregó por completo a los manejos de una aristocracia de mestizos, llena de prejuicios y de crueldades;

trocó su lanza de libertador, por la espada del faccioso; se hizo Jefe de partido y de partidas; dividió la República en dos bandos; se puso a la cabeza del uno contra el otro; hizo de Venezuela un clan, en el centro del cual clavó su espada, como un jefe de escitas; y, se durmió, bajo su tienda de campaña, alzada en plena barbarie...

su despotismo, fue un largo bostezo de fiera;

al fin cayó, vencido por un oficial secundario, en una escaramuza, que no tuvo las proporciones de una batalla;

y, el viejo león, chamuscadas las melenas, atontado y envejecido, fue arrojado d puntapiés, del escenario que había llenado con sus rugidos, durante un cuarto de siglo...

y, fue a morir a New-York, en una miseria heroica, que si no alcanza a redimir sus faltas, sí alcanza a ennoblecer su fin;

esas manos vencidas, puras del contacto del oro, se hacen candidas al juntarse sobre el pecho: tal una cruz de lirios, sobre el cadáver de un león...

la Historia arroja sobre su tumba, el manto que cubrió los hombros del Héroe; y, aspira a cubrir con él, los restos del Tirano...

la piel del león ibero, que arrancó aquel Hércules de la Democracia, queda extendida en su tumba, como un escudo de Gloria...

la lanza de Carabobo, rota por Luciano Mendoza, en Chupulum, queda aún sobre aquel sepulcro, bastante a imponer respeto, como el símbolo de lo que fue aquel hombre: UN HÉROE.

no teniendo Genio, para entrar por él, en la Gloria, entra por su Valor...

no teniendo otra virtud que su lanza, se abre campo con ella, y, entra en la Inmortalidad...

es propio de la barbarie, la admiración del heroísmo bruto;

la Historia ha llegado a declararlo una Virtud: la Virtud de Alejandro;

y, se ha postrado ante ella;

¡la miserable cortesana de la Espada!...

eso es la Historia.

El Valor, puesto al servicio de la Libertad, se eleva a la altura de una Virtud;

el Valor, puesto al servicio del Despotismo, queda siendo, un Instinto...

un bárbaro puesto al servicio de la Libertad, puede ser un Héroe;

poner la barbarie, en el ejercicio de la Tiranía, es ser dos veces bárbaro...

eso fue Páez...

el Héroe-Tirano.

Homo dúplex.



Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

GUZMÁN BLANCOEditar

En esa Patria de los grandes renombres, que se llama: Venezuela;

en esa cuna de la Libertad, que como Grecia no se ha rehusado a producir tiranos, el escenario del despotismo, no podía quedar largo tiempo vacío...

en aquel hormigueamiento de héroes, todos son candidatos ala púrpura...

y, César, apareció;

venía de los campamentos lejanos, precedido

de un estruendo de batallas, después de cinco años de lucha encarnizada por la conquista del Imperio;

una cohorte de victorias, le servían de heraldos;

las águilas de la Federación, lo precedían en bandadas; las águilas amarillas, cuyo plumaje, dardeaba al Sol, sus rayos de oro. como el reflejo de escudos heroicos; las terribles águilas, que habían devorado el cadáver del viejo león de las Queseras, muerto bajo sus garras;

la sombra de Falcón, llevaba de la brida su caballo, como un fantasma de la Virtud, mostrándole bajo un cielo de Gloria, los blancos senderos de la Inmortalidad;

Ezequiel Zamora, al caer en la fortaleza de San Carlos, le había dado con su último aliento, el alma de la Libertad;

las espadas de León Colina, de Venancio Pulgar, de José Ignacio Pulido, de Julio Sarria, de Desiderio Escobar, de todos los legionarios de aquella Epopeya, lo precedían y lo cercaban, como un bosque de laureles, rumoroso bajo sus pasos...

de las llanuras lejanas, y, de las montañas profundas, parecía alzarse un gran clamor de Salutación, cual si los héroes de los Cinco Años, dormidos bajo la tierra, se alzaran de sus tumbas, para saludar, aquel que era, como la encarnación victoriosa, de todos sus sueños de guerreros, muertos por la Libertad;

y, el joven César, avanzó así, hasta el Capitolio, ostentoso y dramático, llevando en las pupilas aceradas, el fulgor solar de una lejana Visión, de Gloria y Poderio;

no saltó sobre el Solio;

subió a él;

y, lo ocupó con un ademán patricio, arreglando los pliegues de su manto y el armiño de su toga, con feminilidades neronianas y, haciendo sentir el cetro de su Poder, con grandes gestos de Augusto;

así, alta la frente olímpica, firme el pie de Catilina, GUZMÁN BLANCO, entró en escena;

este César, no venía de la barbarie, como Páez, ni era una roja flor de pretorianismo, como aquél;

era un César, aristócrata y letrado, lleno de refinamientos y de genio;

la espada, era en sus manos un adminículo; y, la toga, sentaba mejor a su majestad de Cónsul romano;

se diría, Octavio bajo el Solio. ..

como él, lo pacificó todo, hasta la elocuencia, y, como él, envileció en la Tiranía, su propio Genio;

su mano férrea, al domar las rebeliones, agarrotó el cuello de la Libertad; y, no sabe uno, si bendecir aquella mano que fundó la Paz, o maldecir aquel puño, que estranguló el Derecho;

llamado a pacificar aquella democracia, joven y turbulenta, que al salir de la colonia, no había sabido sino cambiar de servidumbre, y, después de conquistar su independencia, no había podido conquistar su libertad, quiso como Octavio, fundar el Orden, y, no hizo sino establecer el Progreso, sobre las ruinas de la Libertad...

no puede decirse, que mató la República, porque ella, no existía;

su crimen fue: haber renunciado a fundarla;

habiendo hecho todo, para mantener su autoridad, hizo imposible el reinado de la Libertad;

insaciable de dominación, como si hubiese nacido de la familia de los Claudios, supo ejercerla sin ferocidad, como si durmiese en él, el alma generosa de César;

se precipitó en el despotismo, con mayor fuerza, que la que puso el pueblo en precipitarse en la servidumbre; porque eran aún los días, en que los pueblos, no conocían bien la Libertad, pero, se resignaban penosamente a la Esclavitud;

excusado por sus grandes talentos, de tener muchas virtudes, puso el amor de su Patria por encima del de la Libertad, y, se dio a hacer grande la una, pero a expensas de la otra;

fue incapaz de fundar una República; pero, fundó un País;

sin perdonarle nada, se le debe hacer esa justicia...

es el privilegio del Genio, permanecer grande aun a despecho de sus faltas: tener la altura de su Crimen: y, superarlo;

no hay necesidad de violar, en favor de la Admiración, las leyes de la Historia, para asegurar que en Guzmán Blanco, el opresor y el creador, marcharon juntos, y, la talla del segundo, excede y eclipsa a veces, la talla siempre enorme, del primero;

de una democracia bélica, casi en disolución, él, hizo un pueblo, entrado en plena organización;

de un campamento de pretorianos, hizo un Imperio de leyes;

rompió todas las espadas y supo envainar la suya;

de las aldeas, hizo ciudades; de los caseríos, hizo aldeas; de la Capital, que era un villorrio, hizo una de las más bellas ciudades de la América Ecuatorial;

de un pueblo heroico y mendigo, hizo un pueblo ilustrado y rico;

de un país analfabeto, hizo un país letrado; abrió una escuela, dondequiera que antes se extendía una soledad;

ÉL ENSEÑÓ A LEER A VENEZUELA,

dominó la Iglesia Católica, hasta entonces omnipotente;

decomisó la barca de San Pedro, y, embarcó en ella, todos los fueros del Papado, enviándolos al destierro, con el Obispo rebelde;

hizo de los curas, soldados y ciudadanos;

rompió los votos de las monjas y de los frailes, y arrojó los huracanes purificadores de la Libertad, sobre esas cavernas silenciosas de la Lujuria y de la Holganza, que eran los conventos;

pasó el arado fecundador por sobre ese campo de Onán, que se llama el monaquismo; y, florecieron, los llanos de la Esterilidad;

fue la lluvia de fuego, sobre Lesbos y sobre Seboín;

los placeres solitarios y el incesto fogoso, vieron derruidas sus ciudeades: y, sobre ellas brilló el Sol;

esos seres, que no eran sino monjes, se hicieron hombres: por beneficio de la Libertad, entraron en la Humanidad;

el Progreso material estremeció el país de la una a la otra frontera: el ruido de los ferrocarriles se escuchó, haciendo temblar las selvas, como un tropel de centauros victoriosos;

la Civilización, tuvo tal fuerza de vuelo, que pareció horadar el cielo mismo, con sus dos alas de esplendor;

los horizontes, antes rojos e incendiados por el rayo de la guerra, se hicieron tranquilos, con una tranquilidad de acero;

y, la prosperidad nacional, brotó del suelo, como una gran flor de oro, llenando de su esplendor, los llanos pacificados;

su orgullo brutal, se empleó en hacer de su país, un pedestal digno de su gloria;

y lo hizo:

la bandera de la Fuerza, desplegada en lo alto del Capitolio Nacional, no dejó florecer la Libertad, en aquel brillante Imperio del Progreso; tuvo entre las manos de su genio, la suerte de un pueblo entero, y, no teniendo bastante Virtud, para hacer de él, un pueblo libre, tuvo bastante fuerza para hacer de él, un pueblo grande;

teniendo el alma, bastante alta para comprender la Libertad, no tuvo el corazón bastante grande para amarla;

el Destino, que lo coronó, lo hizo digno de reinar, y, él, se mostró a la altura de su Destino;

fue superior a su fortuna: su alma era más alta que su trono; y, deslumhró su época, más por el brillo de su genio, que por el brillo de su puesto;

la democracia que Bolívar había independizado, él, no supo libertarla, pero, supo enaltecerla;

Legislador, Tribuno, Guerrero, fue implacable, como todos los creadores de pueblos; pero, no fue cruel; tenía demasiado genio para serlo;

su teatralidad, pomposa y fastuosa, fue el lado pequeño de aquel carácter, hecho todo de cosas grandes;

por ese lado, Guzmán Blanco, entra en lo bufo;

no entra por ninguno en lo trágico;

en esa obscura procesión, de tiranos asnales, que en América, alzan al cielo y a la Historia, sus manos rojas de sangre, Guzmán Blanco, aparece, como el Tirano Intelectual, tendiendo las suyas blancas, llenas de oro:

amó las letras como Augusto; y, las envileció como él; no pudiendo ponerlas a su servicio, las puso fuera de las fronteras; se vengó de todo talento que no pudo dominar; y, se conformó con imponer el Silencio, donde, no pudo imponer el Elogio; no permitió sino a la Adulación, florecer bajo su cetro; y, no pudiendo comprar la Elocuencia, se conformó con hacerla enmudecer;

las letras, no pueden ponerse bajo el patrocinio de la Tiranía, porque ella no sabe sino degradarlas;

de todas las independencias, aquella que el Despotismo odia más, es la independencia de los espíritus; sufre las rebeliones de la Fuerza, pero, las de la Inteligencia, le son intolerables; aspira a dominar la Inteligencia, y, dominar la Inteligencia, es prostituirla; la Inteligencia, muere del beso de la Tiranía, más pronto que de su cuchilla...

la Tiranía, puede enriquecer las inteligencias que compra, pero, no puede ennoblecerlas;

las salva de la Miseria, pero, no las salva del Oprobio;

las Tiranías, que tratan de seducir las inteligencias, se honran; aquellas, que persiguen el Talento, lo honran;

el Talento, perseguido por el Poder, no tiene otro refugio, sino la Gloria;

¿cuál mejor.?...

ningún otro Tirano, como Guzmán Blanco, puso tanto empeño, en favorecer y seducir las inteligencias: ponía todo su orgullo en conquistarlas; rehusó su amistad, a aquellos que le rehusaron su talento; pero, no les rehusó jamás su admiración...

y, por eso, aparece digno de ella, aquel, que puso tanto esmero en conseguirla...

la admiración, acordada por Guzmán, a la ínteligencia, casi lo redime ante ella; porque el crimen de haberla perseguido, iguala a la grandeza, de no haberla desconocido;

teniendo el alma, demasiado alta, para amar la popularidad, no amó sino la Gloria, y, toda su aspiración fue, ver la consagración de su Genio, hecha por el genio de los otros;

¡noble aspiración, de esa alma, que tuvo todas las elevaciones, menos la elevación de la Libertad;

y, como la Libertad, no lo cubre con su manto, la Gloria, se resiste a cubrirlo con el suyo;

la Libertad, lo guillotinaría en efigie, pero, a condición, de hacer de su patíbulo, un monumento que perpetuara el recuerdo, de esa fuerza luminosa, que fue su Genio;

tuvo la llama y, el esplendor de la Vida, que todo lo tritura, pero, todo lo fecunda;

impuso la Paz. sobre la tumba de la Libertad; e, incapaz de romper el yugo de un pueblo, se conformó con hacerlo de oro, y rutilante de gemas

Salvador y Verdugo, con una mano levantó un Pueblo de la tumba, y, lo volvió a la Vida; con la Otra, apuñaleó la Libertad, y la arrojó en el sepulcro...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

hoy,

viendo alzarse su Gloria, ante los ojos, ya calmados, de las multitudes, las manos de los libres, caen, en una dolorosa laxitud;

no pueden batir palmas;

pero, renunciando a aplaudirla, renuncian también a lapidarla;

sabiendo que es imposible, hacer, en torno de esta Gloria, el Olvido, hacen, respetuosamente, el Silencio;

es la única revancha, permitida a la Libertad, contra esa Gloria, que no quiso servirla...




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ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIOEditar

ROJAS PAÚL, y, ANDUEZA PALACIO, que se sucedieron bajo el solio, no alcanzan a tener una talla de Césares;

Rojas Paúl, era demasiado débil, para ejercer la Tiranía; Andueza Palacio, fue demasiado vil, para elevarse hasta ella;

Rojas Paúl, era un Séneca coronado, digno do gobernar la República de Platón;

Andueza Palacio, era un cínico afortunado, que no salió nunca, de la piara de Epicuro;

Rojas Paúl, era por su Virtud, digno de suceder a la Gloria, que heredaba;

Andueza Palacio, fue por su ineptitud, indigno de la púrpura, que deshonraba;

Rojas Paúl, tenía el alma bastante alta para comprender la Libertad, y, el corazón, bastante recto para servirla;

Andueza Palacio, fue un instinto ciego, que no supo de la Libertad, sino para destruirla;

Rojas Paúl, permaneció bajo el solio, apenas el tiempo preciso, para honrar un Poder, que no amaba;

Andueza Palacio, duró en el Poder, bastante para deshonrar, hasta la Tiranía, que idolatraba;


Rojas Paúl, era nacido para hacer la ventura de un pueblo, que hubiera tenido en menos grado la pasión de lo heroico, y, cuyos ojos, estuvieran menos deslumbrados, por la reciente desaparición del Genio;

Andueza Palacio, sólo fue capaz, de hacer la desgracia de un pueblo, que al salir de las manos del Genio, fue bastante infeliz para escapar también a las de la Virtud;

Rojas Paúl, habría tenido todas las virtudes del Poder, si no le hubiese faltado, la del Valor;

Andueza Palacio, tuvo todos los vicios de la Tiranía, sin tener el valor de ellos, que es la única virtud de los tiranos;

Hojas Paúl, tuvo miedo do todo: hasta de su Gloria; y, por eso se escapó el Poder, de sus manos desfallecidas;

Andueza Palacio, se abrazó con furor al fantasma de su Crimen, hasta que se escapó de sus manos homicidas;

Hojas Paúl, venía del Foro, impregnado todo él, de respeto al Derecho y a la Ciencia;

Andueza Palacio, venía de la taberna, todo él, lleno de los vahos del vino, y, el desenfreno de la más baja licencia;

Rojas Paúl, fue la Austeridad, hecha Poder; Catón Emperador;

Andueza Palacio, fue la Embriaguez, coronada: Gambrinus Rey;

sin la pasión del Miedo, Rojas Paúl, habría sido ol hombre perfecto en el Poder;

si le hubiese faltado un solo vicio, Andueza Palacio, no hubiese sido, el hombre, más abyecto, en el Poder;

por su debilidad, el reinado de Rojas Paúl, pertenece al reinado de las sombras;

por su inmunda animalidad, el reinado de Andueza Palacio, pertenece al reinado de las bestias;

el Imperio de la Virtud, fue fugitivo, como un claror de alba;

el Reinado del Vicio, fue trágico, como un crimen de beodos;

la virtud de Rojas Paúl, no alcanzó a salvar la República;

y, el vicio de Andueza Palacio, sí alcanzó a perderla:

con Rojas Paúl, todas las virtudes salieron del Poder;

con Andueza, todos los vicios llegaron a él;

Rojas Paúl, después de haber honrado el Poder, salió de él, por las puertas de la Paz:

Andueza Palacio, después de haberlo envilecido, salió del Poder, por las puertas de la Guerra...

Rojas Paúl, dejó la República, floreciendo;

Andueza Palacio, dejó la República, ardiendo...

Rojas Paúl, renunció el Poder, y, entró como Diocleciano, en la calma;

Andueza Palacio, fue arrojado del Poder, y, se precipitó, como Heliogábalo, en la cloaca...



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JOAQUÍN CRESPOEditar

JOAQUÍN CRESPO, tuvo toda la talla de un César, sin tener el alma de un Tirano;

ejerció el Poder, sin ejercer el Despotismo;

y, amó la Libertad bastante, para darla a los pueblos, después de haberla conquistado con su lanza; era sencillo como Probus; austero, como Trajano; y, recto como Marco Aurelio;

era hecho para gobernar desde una choza, un pueblo de pastores heroicos;

la simplicidad de su vida, era cuasi ascética, y, todos los apetitos parecían dormidos en aquel soldado de hierro, bajo cuya armadura latía un corazón perdidamente enamorado de la Libertad;

no amó ninguno de los placeres, que enervan y debilitan los hombres, y que apoderándose de los grandes capitanes, se vengan con su conquista, de aquellas con que su espada hace temblar la tierra;

los vicios que hicieron llorar a Alejandro, que obscurecieron la gloria de César, y causaron la pérdida de Antonio, no existían para él;

la mesa, el lecho, los placeres, no existían para su austeridad;

no amaba otro licor que el agua del desierto, recogido en su casco de guerrero;

no se embriagó nunca, sino de su propio valor, entre el humo del combate;

de todos los vicios del soldado, no tuvo sino el vicio de la guerra; a los catorce años, se desposó con ella, y, no la abandonó, sino al morir; murió en sus brazos; fue el amor de su Vida;

las épocas de sus gobiernos, no fueron sino un alto entre dos batallas;

se detenía en el Capitolio Nacional, como en una tienda de campaña, y su caballo enjaezado relinchaba a la puerta;

la imaginación, no puede representárselo, sino a caballo, alta la noble figura, marchando hacia el combate;

silencioso y taciturno, no tuvo otra pasión, sino la de vencer;

era un hombre de guerra; no era un hombre de gobierno;

el Poder lo empequeñecía;

su figura, no puede tener otro horizonte, que el desierto y la batalla;

su valor, igualó y aun eclipsó, los más altos corajes de la Historia; pero, en aquel hombre, todo era sereno; hasta la cólera;

su valor, no era impulsivo, era reflexivo; tenía más serenidad, que impetuosidad; no marchaba en el combate, a saltos, como un jaguar, sino sereno, impasible, como un elefante heroico;

amó el peligro, con un amor fraternal; vivió y murió en sus brazos, como en los brazos de un hermano;

el valor, en él, no era un esfuerzo, le era consubstancial; pero, no era ciego, como un instinto; era luminoso, como una Virtud;

su tienda de campaña, era pura como una celda de asceta;

podría llamársele: el cenobita de la espada; su Vida, fue un Poema Épico, donde la templanza de la Virtud, iguala sólo a la templanza del acero;

era místico y caótico; y, siendo ajeno a todas las pasiones humanas, no tuvo sino una sola pasión: la de su espada;

vivió con ella, y, murió sobre ella, como Atila, sobre el vientre de una mujer;

la gloria de su Vida, es haber puesto ese amor, al servicio de la Libertad;

nunca se volvió contra ella; jamás la hoja gloriosa, vibró en su brazo, sino en defensa de esa Libertad, que fue, el sueño de su Vida;

fue el Soldado Liberal, armado por el Destino para la defensa del Derecho;

fiel a su misión, nada lo apartó de su camino;

murió poniendo su espada entre el conservatismo y la Libertad;

y, su cadáver, como el de Manlio, defiende aún la República, contra el esfuerzo bárbaro, de esos héroes (?) adventicios, que han venido después, para degollarla;

ha sido pasando sobre ese cadáver, que los lobos de la sierra pudieron llegar hasta la Libertad y devorarla...

fue pasando sobre el cuerpo inanimado del Último Caudillo Liberal, que las hordas salvajes, del Despotismo, pudieron llegar al Capitolio, y, llenar el aire, con el vocerío de sus victorias;

sólo, muerta esa Virtud, pudo triunfar el Crimen;

jamás guerrero alguno, poseyó como Crespo, en tan alto grado, todas las virtudes privadas;

y, habría sido capaz de todas las virtudes públicas, si hubiese tenido la del desprendimiento;

sólo ésa, faltó a su gloria...

era un Héroe, como Páez;

no era un Hombre de Estado, como Guzmán Blanco:

ni un gran Administrador, como Rojas Paúl; era un Caudillo, el último Gran Caudillo, que haya merecido el nombre de tal, en Venezuela;

llegado al Poder, para suplantaren él, a Andueza Palacio, apareció bajo el solio, como para probar que al reinado de todos los vicios, podía suceder en Venezuela, el reinado de todas las virtudes;

su gobierno, fue el reinado de la Libertad, y, habría sido completo si se pudiese decir también, que había sido el de la Providad;

habiendo sido capaz de imponer el orden político, fue incapaz de implantar el orden económico;

del montón de ruinas en que Andueza, convirtió la República, él, pudo salvar la Libertad, pero, no pudo salvar, la Prosperidad nacional;

se retiró del Poder, creyendo salvar su obra dejándolo acéfalo;

renunciando a poner bajo el solio a un hombre, puso a Ignacio Andrade;

coronando la Ineptitud, coronó la Ingratitud;

ésa fue su falta;

ésa su Muerte.




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IGNACIO ANDRADEEditar

IGNACIO ANDRADE, es el homúnculo;

su talla moral, es, aún más pequeña que su talla física;

desaparece bajo los acontecimientos, y, apenas si se le alcanza a ver, detrás de las botas de campaña, de aquel que lo puso sobre el solio; no es más alto que una de ellas;

tiene la actividad de un infusorio, y la voracidad de un parásito;

¿cómo pudo Crespo, encariñarse en aquel enano, para hacerlo su sucesor?...

Crespo, explicando esta aberración, decía a un escritor amigo suyo:

— A Usted, no le gusta Andrade, ¿verdad? Voy a decirle por qué me decido por él. De los tres candidatos que hay: Castillo, es tonto. Con el poquito de suelta que le he dado, quiere ya hacer lo que los cabros chiquitos, como dijo Alcántara de Andueza; Tosta García, es un gran liberal, pero tiene mucho talento, sabe mucho de política, es el candidato de Guzmán Blanco y como tiene tanto prestigio en el partido, no tiene necesidad de nadie para gobernar; hará una política propia. En cambio: Andrade no da temor.

Sonrió con esa risa ingenua, que iluminaba rara vez, su rostro, tan grave, y acercándose más a su interlocutor, continuó en decirle:

— Vea. Andrade, es colombiano; y, eso, no se lo perdonan los venezolanos; y, como se ha hecho venezolano, eso, no se lo perdonan los colombianos; fue conservador, y, eso no se lo perdonan los liberales; y, como se ha hecho liberal, eso no se lo perdonan los conservadores. Así, no teniendo patria, ni partido propio, no puede apoyarse en nada ni en nadie; y, no cuenta sino conmigo. Además, ese hombre no ha mandado nunca, no ha hecho sino obedecer, y, está ya viejo para aprender a mandar; necesita quien lo mande. Y, luego... se ha casado ya viejo, ha tenido más hijos que un piojo, y está clueco con ellos; nadie lo saca de la alcoba; hace seis años que no hace sino criar hijos; ese hombre es una partera. No sirve para nada. Nos conviene, nos conviene, dijo Crespo, poniéndose de pie (1);


no sabemos qué dijo a Crespo, aquel Escritor, en quien el Caudillo, tenía tan ilimitada confianza, pero, el Héroe de Santa Inés, apoyó la barba en la mano, y quedó soñador, y su frente se nubló, como bajo el ala de un presentimiento... Acaso, su espíritu, tuvo la visión confusa de la Mata Carmelera...

el Escritor, había dicho un nombre, el nombre de un ambicioso obscuro, que luego, fue Ministro omnipotente de Andrade...

Crespo, se sonrió, otra vez, sereno, y, golpeando el hombro de su amigo, dijo:

— No harán nada. No harán nada. Me necesitan. Sin mí, caerían al día siguiente; profecía, por profecía... ambas se cumplieron...

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Crespo dejó a Andrade en el Poder, como Carlos XII, mandó al Senado de Stocolmo, una de sus botas de campaña, para que gobernara en su nombre...

unos meses después, Crespo, caía asesinado en la Mata Carmelera, en el más cobarde, y, el más inútil de los crímenes;

la sangre de Crespo, ahogó el Gobierno de pigmeos;

Andrade huyó;

y, Cipriano Castro, haciendo saltar su corcel de guerra, por sobre el cadáver de Crespo, llegó, en carrera tendida al Capitolio...

nadie podía detener ya, el caballo de Alarico...

el bárbaro, hábil y desdeñoso, abatió las enseñas de la Libertad, y, coronó en el Capitolio, las estatuas del Valor y de la Fuerza.

al Destino le plugo arrojar otra vez la púrpura, sobre los hombros desnudos de la barbarie...

y, Castro reinó, entre el espanto de los cortesanos, y el grito de los pretorianos, que acababan de traicionar su último Amo...




Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
PÁGINA PRELIMINAR -

PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -

CIPRIANO CASTROEditar

CIPRIANO CASTRO, es, la Audacia;

su Musa, se llama, la Temeridad;

mimado por la Fortuna, no ha sabido levantarse hasta ella, y, ha sido inferior a su Victoria;

renunciando a las alas, se ha arrastrado por la Vida; y, permanece mediocre, ante el Suceso, después de haber sido coronado por él;

amalgama desconcertante de héroe y de histrión, es imposible ver, dónde el Imperio de su grandeza, colinda con el imperio de su locura;

si lo hubieran guillotinado, la Historia estupefacta, no sabría decir, si se había decapitado un bandido, o se había cortado la cabeza de un loco;

en aquel cerebro se habría apagado un gran sueño, pero, con seguridad, no habría muerto, una sola Idea;

ese cerebro, es una noche turbada de visiones, donde bullen todas las pasiones, sin llegar ninguna, a tener la altura de un pensamiento;

caótico y fatal, la efigie de este César bárbaro, es confusa y borrosa, como el rostro de una medalla antigua, hallada bajo la lava;

levantado entre todos los partidos, para deshonrarlos a todos; sirviéndose de los hombres, sin servir nunca a las ideas; incapaz de todo programa, que no fuera el de su ambición; sin convicciones y sin prejuicios; dispuesto a servir todos los sistemas y a perderlos a todos; incapaz de ninguna fidelidad, que no sea la de su egoísmo; tan dispuesto a explotar a sus amigos como a venderlos; haciendo de su amistad, más bien una asechanza, que una fortaleza; de tal manera que no se sabe si se estaba más seguro en su corazón, que fuera de él, y, si era más peligroso, poseer su cariño, que desafiar su odio; incapaz de sentir la Amistad, no queriendo en torno suyo, sino la servilidad; no amando de sus cortesanos sino los más viles y de sus aduladores los más torpes; con un amor ciego a la Imbecilidad y un odio cafre al Talento; desprovisto de principios, y, no teniendo en su política, sino fines; detestando a aquellos que no puede dominar; y, dominado por aquellos que detestaba; aprisionando los hombres libres y siendo el prisionero de sus esclavos; incapaz de libertar y de libertarse; haciéndose de la inmoralidad un renombre y de los vicios un sistema, este hombre ha pasado por el Poder, como uno de esos jefes bárbaros, que a la desmembración del Imperio Romano, aparecieron sobre la tierra, para probar al mundo, cómo la Virtud, no es necesaria al Poder, y, cómo una espada puede decapitar a un pueblo, si ese puello en descomposición, no tiene ya fuerza para hacer rodar al suelo, la corona del Tirano, y, su cabeza, un momento después de su corona...

Castro, no tuvo ninguna de las fuerzas de la Virtud;

no tuvo, sino la Virtud de la Fuerza;

y reinó por ella;

su reinado, fue la segunda Orgía de la República.

Castro fue la reconstrucción de la Orgía de Andueza Palacio, sin el reinado de los eunucos: la virilidad de sus vicios, suplió en él, a la impotencia de sus virtudes;

la orgía de Castro, fue una orgía militar, donde los pretorianos, ebrios de valor, han reemplazado a los miñones, ebrios de vino, y a la ignominiosa cobardía de un Honorio degradado, ha sucedido, la salvaje valentía, de un Otón, afortunado;

las mujeres, ocupan, en esta Dictadura, el lugar, que en la de Andueza, ocuparon los eunucos; y, de todos los vicios de aquel Tirano, no quedó en éste, sino el del vino;

el tonel de Vitelio, fue su herencia;

y, se embriagó de ella;

fue el último mono del festín;


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Y, sin embargo, Castro, era muy digno del Poder; si no hubiese sacrificado a sus debilidades la dignidad de su vida, ningún hombre más digno de la púrpura, que él;

Valor, llevado a la Temeridad; Talento, rayano en ia Genialidad; amor a las cosas grandes y desmesuradas; el sueño heroico de los hombres superiores; todo lo que es necesario, para deslumbrar al mundo por la grandeza, si por una falta absoluta de virtud, no se hubiese encargado de sorprenderlo por su pequeñez;

no era ya fácil, levantar el Imperio de la Virtud: Crespo acababa de ser asesinado...

pero, era fácil levantar el Imperio de la Libertad: Hernández, acababa de caer vencido;

Castro, que tenía el sentido de la Gloria, de la cual, otros, no han tenido, sino el instinto, ¿por qué no fue, hacia la Libertad ?

porque el fantasma de Andueza, se alzó ante su Victoria, preguntándole como el Cristo al Apóstol: ¿Quo Vadis?.,.

y, tomando por la brida, el caballo del Vencedor, volvió la espalda a la Gloria, y, entró, en la Orgía;

y, comenzó el festín, este festín de bárbaros, interrumpido a veces, por gritos de victorias, en que al ruido de los vasos, se mezclaba extrañamente, el ruido de un vuelo de águilas, que venían a beber en la misma copa del César que las había domesticado, y se posaban en los hombros desnudos de sus mujeres, como celosas de aquellas otras queridas, cuyos besos les disputan el alma inquieta del Héroe;

porque aun en el seno de la Orgía, Castro, ha permanecido heroico;

podrá ser muerto, como Holofernes; pero, no ser vencido, como Antonio;

el vicio, pudo acabar con su Vida; pero, no ha podido acabar con su Valor;

ata su corcel de guerra, al pie del lecho de sus queridas, para saltar sobre, él, a las batallas de la guerra, después de las batallas del amor;

por tres años, fue inseparable de ese corcel de guerra, como uno de aquellos hunos, descritos por Jornandes, y, que parecían hacer un solo cuerpo con sus caballos;

así pacificó el país;

frente al extranjero, su talla se hizo desmesurada...

adquiere proporciones supra-heroicas;

en su duelo atrevido con las potencias europeas, emuló la Gloria de Juárez, y, se alzó mil codos más alto, que el prusiano bárharo que lo afrentaba y, el inglés rapaz, que amenazaba convertir, en un puñado de esconabros, a aquel pueblo; el más heroico de la tierra;

Cipriano Castro, sintetizó en aquella ocasión, no ya el alma de Venezuela, sino el alma de la América;

y, más que el alma de un Continente, fue el alma de una Raza...

haciendo retroceder ante su espada, la rapacidad de los corsarios, culminó en la Gloria, e hizo ante el mundo la ilusión de una raza vencida, que aun pudiera ser heroica...

pero, ¡ay! desgraciadamente para su Gloria, sólo frente al Extranjero, Cipriano Castro, se ha mostrado superior a su fortuna; frente a la Libertad. ha sido siempre, inferior a su Destino; no pudo sino hacerlo enrojecer...

envuelto en los jirones de la púrpura que le dejó Vitelio, no pudo sino arrastrarse ebrio, entre los rufianes y los ropavejeros, que se disputaran los últimos harapos de su Imperio...

no teniendo ya nada que pacificar, hizo de la República, un lecho de placer, y de la Libertad, una concubina más, sometida a sus violencias;

tiranía infecunda, en donde todo ha sido pequeño, y el Crimen, mismo, se ha negó a tomar las proporciones heroicas, que a veces lo levantan a la altura de una Virtud;

bajo su Tiranía, el espíritu nacional, parece haber hecho quiebra, al mismo tiempo que el Tesoro nacional, y la racha de esta Dictadura, sembró el suelo por igual, de ruinas de fortunas, y, de ruinas de almas;

la miseria moral, disputó el puesto a la miseria material; y, el espíritu público, hizo bancarrota, aún más estrepitosa que la del Crédito Público;

el abajamiento de las inteligencias, superó al abajamiento de las riquezas, y, la mendicidad de los espíritus, que se vendían, fue más ignominiosa, que la mendicidad de las manos que se tendían...

jamás el paroxismo del Miedo, había paralizado así, todas las conciencias, ni el Temor, había tomado tan bajamente las formas de la Admiración, bajo la cual, se sienten enrojecer aquellos que la profesan;

el Imperio del Silencio, es, aún más fatal a la Libertad, que el Imperio de la Adulación, porque si éste anuncia la honda prostitución de las conciencias, aquél anuncia, la absoluta extinción de los caracteres...

cuando un país, es bastante desgraciado, para producir un hombre, capaz de perseguir los pensadores... aun hay esperanza...

pero, cuando no hay ya en ese país, pensadores, capaces de hacerse perseguir... entonces, la esperanza, desfallece, y, muere;

en un país, en que la Tiranía, lo osa todo, hay apenas un eclipse del Honor;

en un país, en que la Inteligencia, no osa nada, es la quiebra definitiva del Honor;

una Dictadura, que no halla escritores para sacrificar, es un Circo, sin mártires; ¡campo estéril de gladiadores y de fieras!...

Castro, no pudiendo decretar la Admiración, decretó el Silencio; y. reinó en él, como en el fondo de una cripta;

bajo Guzmán Blanco, bajo Crespo, bajo Rojas Paúl, hubo oposición;

la prensa rebelde, tuvo frente a Guzmán Blanco, actitudes verdaderamente heroicas;

el César, sintió, los dardos del diarismo, que iban a atravesarle el manto imperial, se posaban en él, como un enjambre de abejas irritadas, y querían atravesarle la coraza, como flechas de oro, lanzadas al corazón de una águila roja...

los Senados de entonces, recordaban el de Roma, después de la batalla de Alia;

y, el Senador Baptista, levantando sobre el Dictador, su bastón, enfurecido, reprodujo el gesto de Bruto, sin manchar su mano solitaria, con roja sangre imperial;

Crespo, sintió los huracanes de la prensa, azotarle el rostro con más furia, que los huracanes de la Pampa, y, disputarle su Gloria, con más encarnizamiento, que el que habían puesto sus enemigos en disputarle la Victoria.

Rojas Paúl, que sin ser Tirano, recorrió el Calvario de la Tiranía, vio alzarse ante sí, la prensa de la burocracia opulenta, que él había desmamantado, y su rostro enjuto y pálido, enrojecido fue por los bofetones del diarismo, en el cual ensayaba, un reinado de Libertad, que lo arrebató de bajo el Solio.

Andueza Palacio, desde el principio de su abyecta pantomima, fue herido de muerte, por los tiros del diarismo; ya no hizo sino arrastrarse en la Dictadura; una pluma lo mató, más que una espada; y, cuando la guerra venció, ya el inmundo bufón, era una ruina; la espada de Crespo, no hizo sino decapitar un cerdo muerto;

Castro, más feliz, o más fuerte, por el esplendor de su maldad floreciente, ha reinado, entre el Silencio de los venezolanos y el clamor furioso de los mercenarios del diarismo, venidos de los más remotos puntos del horizonte para incensarlo;

los cortesanos de la pluma, han sido, aún más insolentes que los cortesanos de la espada; y, no haciendo sino cambiar de vasallaje, no han sabido traer al diarismo venezolano, sino todos los vicios de la ergástula, y, todas las bajezas de la esclavitud;

diaristas exóticos de los cuales no habrían querido los pretorianos negros de Amador Guerrero, en Panamá, vinieron a deshonrar la tribuna, que Fausto Teodoro de Aldrey, había hecho ilustre, con los eufemismos elegantes de su fidelidad;

no pudiendo traer a ella, el esplendor de ningún talento, trajeron el odio del talento de los otros; y, lo proscribieron...

fueron más notables por los talentos que persiguieron, que por aquellos de los cuales carecieron;

y, sólo con un fulgor se iluminaron; con el fulgor de los grandes nombres que insultaron;

no teniendo otro entusiasmo que el de la Adulación, no tuvieron otro ideal, que el de la Prostitución;

muda la tribuna nacional, sin el grito estridente de esa Pitonisa epiléptica, que fue Juan Vicente González, ni el raudal sonoro de aquellas prosas soberbias que habían hecho estremecer el reinado de Guzmán Blanco, como un rugido de fieras en los jardines del César, el diarismo aventurero imperó solo...

¿dónde aquellos días de glorioso entusiasmo y de talento heroico, que llenaban con su clamor adolescente, José Gil Fortoul, y, César Zumeta, Luis López Méndez y Lisandro Alvarado?

¿dónde ?...

¡oh, cómo están lejanos los días del «Delpinismo», y, aquellas veladas del Teatro Caracas, en que Miguel Eduardo Pardo, hacía tan ruidosa aparición!...

¡el alma de Correa Flinter, se apagó para siempre, con el último canto rebelde, de aquel Petoeffi suicida, que fue: Pérez Bonalde!... (1)


¿dónde la implacable ironía, de Tomás Michelena, y, aquella daga trífida, que era la pluma de Manuel Vicente Romero García?...

y, ¿los alardes civilistas del «Partido Democrático?».

sirvieron de gurupera al caballo de halalla del Mocho Hernández, y, se reventaron con él...

y, las turbulencias pomposas y letradas, de aquel Vergniaud sin tribuna, que fue Alejandro Urbaneja, ¿qué se hicieron ? ¿dónde están? ...


. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


los foliculares extranjeros del diarismo oficial, imperan solos;

no tenían más competidores, que los carceleros de la Rotunda y los sepultureros de San Carlos...

y, entre ellos, se dividen la República...

la afluencia de estos esclavos insulares, que el mar vecino ha vomitado sobre el Capitolio nacional, y, agrupado en torno al trono del César, para hacer guardia a las mulatas impúberes, que los Gobernadores proxenetas de las Provincias, enviaban para saciar la lascivia enfurecida del Amo, daban al reinado de Cipriano, la vaga apariencia de la Corte de Sisowath, rodeado de bailarinas y de eunucos...

las mujeres y los proxenetas, se disputaban el Poder para ejercerlo, y, hacían sombra a la grandeza del Amo, que sin esos vicios, habría sido digno del Imperio...

ese hombre, faltó a su Destino: tal fue su Crimen...

fue inferior a su Victoria; no supo qué hacer de ella, y, la puso de almohada, en el lecho de sus orgías;

y, pasa así, por la Historia, como un fantasma de César, que hubiese estrangulado un fantasma de República;

ese hombre, fue el asesino de su propia Gloria;

hizo de su fortuna, una daga, y se cortó con ella la garganta...

¡triste expiación de aquellos que faltan a su Destino, y, no saben alzarse hasta él!...

la Gloria, es un presente, que no se rehusa, impunemente...

o, se acepta como un Bien; o, se muere bajo ella, como un Castigo...

de todas las apostasías, la apostasía de la Gloria, es, la que no se redime jamás...


de esa apostasía, murió este César...

acaso su sola tristeza, fue no haber hallado la República, virgen, para violarla...

por eso se vengó de ella, estrangulándola...

y, entró con su cadáver en el lecho;

su despotismo no ha sido sino eso: la Venganza de un Sátiro.


* * *

La historia de Cipriano Castro, es rápida, como la ascensión de una ave de presa, desde el valle hasta la cima; es, como un relámpago en la selva;

llegado de un solo golpe a la celebridad, se vengó de no tener Historia, entrando estrepitosamente en ella;

este hombre, no ha engrandecido en el vacío de los acontecimientos, sino en el fondo de aquellos que él, mismo, se ha creado...

su Dictadura, no aparece solitaria y sin nexos, naciendo en el silencio universal, ajena a los destinos de la tierra;

no;

¡qué de convulsiones políticas, qué de cataclismos sociales, qué de abismos abiertos, han sido necesarios, para que la Fortuna de este soldado, aparezca en la Historia, y, la domine!...

¿de dónde venía este hombre, dispuesto a continuar con su espada, la obra de disolución que Andueza Palacio, había inaugurado con sus vicios?

su juventud, servía de disculpa a su obscuridad, y, si no alcanzaba a justificar su elevación, sí servía para explicar, el estremecimiento de esperanza, con que al verlo llegar, Venezuela, se agitó en su duelo;

venía de la obscuridad, hacia las vías radiosas, lleno del prestigio extraño de lo desconocido;

nadie le suponía el corazón repleto de odios, y, el alma llena de una ambición vulgar;

su audacia, parecía más bien marcarlo, para las empresas atrevidas, y los destinos gloriosos, para terminar por la Gloria, una obra, ya coronada por el Suceso;

a los veinte años, había aparecido, por allá, en Colombia, en la terrible guerrilla de los Gramalotes, peleando en las filas conservadoras, contra las huestes liberales, soldado valeroso pero obscuro, que no parecía destinado, a sorprender el mundo con su audacia;

vuelto a su país natal, continuó afiliado al partido de Rangel Garbiras, ejercitándose en cazar a sus contrarios, emboscado, tras de las cercas de piedra de su aldea natal;

muy joven fue nombrado Diputado al Congreso Nacional; y, llegó a él, ignorante como un sármata de Gabinus, e impetuoso, como el caballo de Atila;

tuvo la elocuencia de un bárbaro, unida a la audacia de un beduino;

en aquel Parlamento, donde aún se conservaban las formas de la vieja austeridad tribunicia, que Fermín Toro, había sabido hacer ilustre con su elocuencia, y, Santos Michelena, había querido hacer heroica, con su martirio, Cipriano Castro, entró, como una ráfaga, venida de la selva, llena de gritos bárbaros y confusos...

su verbo extraño, lleno de giros salvajes, y, de figuras desconcertantes, tomadas en plena naturaleza virgen, asombró el Congreso, que creyó loco aquel Diputado venido de las sierras, con aquel lenguaje rebelde a toda retórica, y, aquellos gestos, que no tenían igual, en ninguna mímica...

fue un huracán de hilaridad;

Cipriano Castro, asesinó la seriedad del Congreso, años antes de asesinar su libertad;

las cúpulas del Capitolio Nacional, donde los soldados de los frescos, parecen huir espantados, ante el fracaso de ciertos discursos que se pronuncian bajo ellas, no temblaron ante la elocuencia de Castro;

ya habían oído a Paco Batalla, y a Manuel Modesto Gallegos, y los corceles de Guerra, con que Michelena, ornó los plafones, habían sentido la emulación de esa oratoria, que tanto se parecía a su relincho;

sólo una vez, escuchando a Neftalí Urdaneta, defender las velas de sebo, contra el alumbrado eléctrico, los corceles parecieron encabritarse ante esa elocuencia inferior, a la de ellos, y, un pedazo del techo, cayó sobre el diputado estearino como para aplastarlo... ¡era un casco de caballo! ¡Pelea de brutos!

la dignidad altanera y monótona de las cámaras, fue rota por completo;

los graves diputados, letrados y sesudos, que habían escuchado a Catón, hablar en el estilo de Berryer por la boca de Eusebio Baptista; a Dantón, gritar enfurecido, por los labios tumefactos de Andueza Palacio, ebrio de vino y de elocuencia; a Laureano Villanueva, emular y sobrepujar a Lamartine, con acentos roncos de una ruda virilidad, que no tuvo nunca, el lírico Tribuno, que fue como un jilguero, perdido en la tempestad; a Tosta García, en cuya elocuencia, armoniosa, como una lira y, cortante como una espada, el apóstrofe y la ironía, se alzan a igual altura, como una águila que llevase en las garras una serpiente, y se mezclan y se suceden, el sentido histórico y el sentido crítico, la metáfora sublime y el sarcasmo rudo como una daga de dos filos, de modo que los que caen bajo ella, no saben si mueren bajo la elocuencia que ciega o bajo la risa que aplasta... a Sebastián Casañas, monótono y lento, pero lleno del ardor supremo, de su alma revolucionaria y tumultuosa; a Diego Bautista Urbaneja, con su prosa administrativa, y, su estilo de papel de Estado, como Windham, definió el de Pitt; a la virtud apasionada de Bustamante, coloreada y jovial, más llena de sinceridad que de sonoridad, pero pletórica de Amor a la Libertad y a la Justicia;

esos diputados, se desconcertaron antes de reir, bajo la explosión de aquella pirotécnica bárbara, que estallaba sobre sus cabezas;

Castro, se hizo la amenidad de la Cámara; puso tanto empeño en ridiculizarse, como luego había de poner en entronizarse;

el Imperio de la Risa, le perteneció, antes que el imperio de la República;

y, reinó, entre una carcajada homérica; merced a él, los trabajos parlamentarios, perdieron todo su enojo;

con él, se entró en plena Jocundia;

se deseaba oírlo, para sacudir los pensamientos graves, y, salir del reinado de las leyes y del lenguaje;

una atmósfera de alegría lo circundaba; fue, el específico admirable, contraía Melancolía;

imaginaos un mono, que tuviese en la garganta un papagayo, y, tendréis una idea, de los gestos y del dialecto de Castro, en aquella época;

nunca hombre alguno, lia obtenido un éxito de ridículo más completo;

sus discursos, tuvieron más éxito, que el que; luego habían de tener sus batallas;

triunfó como Payaso, antes de triunfar como General;

dominó con el bastón de Polichinela, antes de dominar con el cetro de César;

fue el Gwinplain, de Víctor Hugo;

todos reían de él. y, él, no reía;

pero, hasta entonces, su situación, si era cómica no era cínica;

su oratoria, si no servía para salvar la Libertad, no servía tampoco para ultrajarla; la amenizaba, no la amenazaba;

estaba aún en el campamento de la República, aunque fija la vista, en el campo de la Tiranía, pronto a saltar a él, a la primera señal del enemigo;

el Despotismo lo fascinaba;

y, aspiraba en silencio, a la infamia de servirlo, antes de tener la doble infamia de ejercerlo;

oposicionista por cálculo, siervo por gusto, no debía tardar en ceder a su temperamento, e ir a saciar su hambre de dictadura sufriéndola, ya que no podía hacerla sufrir a otros, resignándose como esclavo, a esperar la hora de convertirse en Amo;

encadenando su ambición de ser encadenado, permanecía aún en la oposición, dando a su turbulencia, las apariencias del Orgullo, y hablando con pasión de la Libertad, mientras llegaba la hora de traicionarla;

con la una mano, acariciaba la República, mientras ocultamente, tendía la otra ala Tiranía, levantando en silencio el edificio de su Fortuna; dispuesto ya, a hacer traición a todo, menos a su ambición;

miembro de la Diputación Andina, que fue el primer baluarte de la resistencia nacional, contra aquella Dictadura de beodos, que ya alzaba su cabeza somnolienta, y embrutecida, llena de los vahos del vino y de la cólera, Cipriano Castro, tuvo que guardar la compostura de esa hora, y, marchar en la batalla parlamentaria, a las órdenes de Leopoldo Baptista, que entonces, casi adolescente, se marcaba ya, como destinado a la más alta fortuna, por la seriedad prematura de su carácter; la integridad rígida de sus convicciones; su amor apasionado por la Libertad; su culto estoico al Derecho; la firmeza inquebrantable de su carácter oculta bajo la más amable ductilidad, que se diría, una debilidad y es una fuerza; por el prodigio de su valor, marcado de un sello de impasibilidad, que recuerda el del romano Pablo Emilio; por la austeridad de su vida privada, en la cual, la ausencia absoluta de vicips, está suplida por la vehemencia contenida, de las más nobles pasiones; por su talento, tan lleno de cosas serias y profundas; por esa mezcla exquisita de heroísmo y sensatez, que lo hace tan semejante, por un lado a Germánico, y, por el otro a Pisón, tan digno de la Victoria, como el nieto de Tiberio, y, tan digno del Poder, como el adoptivo de Galba;

así, al lado de Rafael Linares y J.-M. Gabaldón, Ramón A y ala, y Avelino Briceño, Riera y López Baralt, Baptista y Bustamante, Castro, tuvo que seguir uncido a la Oposición, esperando el momento de romper la coyunda, y, partir fogosamente a campos de la Tiranía;

la ocasión no se hizo esperar;

la Dictadura del soborno, que había querido preceder a la Dictadura de la violencia, fracasó ruidosamente...

las conciencias que el Poder había querido comprar, permanecieron fieles a la Libertad; y, esa altivez insultante, de los partidarios de la República, exasperó hasta el paroxismo, a los facciosos de la Anarquía;

el Dictador, frunció el ceño; de sus labios avinados, salieron blasfemias de beodo; sus carnes fofas, de vieja meretriz, temblaron, como las de un eunuco en epilepsia, y, supliendo el valor con la insolencia, resolvió dar el golpe de gracia, a la Oposición...

demasiado vacilante, para herir el Parlamento, como lo hizo luego, disolviéndolo, resolvió, herir la prensa amordazándola, y, lo más altivo del pensamiento, proscribiéndolo;

y, aquel amas de hombres impuros, de los cuales no habría querido ni aun el cadalso, levantaron sus manos amotinadas, contra la Idea, y, abofetearon con ellas, la Libertad de la Prensa;

EL ESPECTADOR, era la bandera de la Oposición, que habiendo salido intacto de las manos del halago, no era ya Justiciable, sino por la cuchilla de la Fuerza;

Andueza Palacio, lo sabía bien;

y, decretó la suspensión del Espectador, y, la prisión y el destierro de aquel que lo escribía...

ese Escritor, había sido el primero, en desenmascarar el rostro del Histrión, y, su mano revolucionaria, había arrojado ya el reguero de pólvora, que llegando al Capitolio, haría saltar la Tiranía;

y, Andueza, se vengaba, desterrándolo hacia la Gloria, ya que no había podido encadenarlo en el oprobio; suprimiendo el Espectador, cortaba la lengua al Partido de la Libertad, pero no pudo cortarle la cabeza; ella, se alzaba ya, sobre los hombros de Crespo, en el límite feral de la llanura;

y. al cerdo salvaje, herido en el corazón por aquella pluma, no le quedó ya, sino ir a hacerse cortar la cabeza, por aquella espada;

y, allá fue;

la suspensión del Espectador, fue la señal de la deserción de Castro;

aquella mañana, estaba aún, en las oficinas del Escritor;

aquella tarde, estaba ya, en los salones del Dictador;

amaneció de pie, y, anocheció de rodillas;

la Dignidad, era un gesto violento de su espíritu;

la arrojó de sí, como un fardo inútil, y, desde aquel momento, perteneció en cuerpo y alma al Despotismo;

su divorcio con la Libertad, estaba hecho; fatigado de servirla, ya no le quedaba más que combatirla;

y, a ello consagró el resto de su Vida;

aculado entre la audacia y el espanto, Andueza buscó apoyo en el Congreso para legitimar su infame atentado contra la majestad del pensamiento;

y, lo halló;

maestra, en el arte inferior de envilecerse, la mayoría de las cámaras, dio un voto de aplauso al Presidente, por haber salvado la República, decapitando la prensa...

Cipriano Castro, firmó aquel voto de gracias...

fue su Patente de esclavo;

la actitud arrodillada de esa Cámara de esbirros, encontró su apologista, en la prosa tartamuda de Guillermo Tell Villegas Pulido.

Castro, guardó silenció;

fue el último homenaje que hizo a la Libertad; y, el más bello presente que pudo hacer a la Elocuencia;

como si se hubiese súbitamente reconciliado con el sentido común, renunció a aquella oratoria que era hasta entonces su única celebridad; y, al entrar en la esclavitud, entró en el Silencio;

se hubiese dicho, que buscaba el Olvido...

¿era el dolor de haber abandonado la Libertad?

¿era el imperio homicida de la Ambición que torturaba ya la insaciabilidad de sus sueños?

¿incubaba en ese silencio, la visión de sus destinos futuros?...

ello, es, que Castro, fue un servidor obscuro de la Dictadura, que no puso en servirla, el mismo entusiasmo que había puesto en adoptarla;

Andueza, que en el drama misterioso de la politica, había de ser con el tiempo su Ministro, no quiso hacerlo tal;

y, Castro, permaneció en la sombra, hasta que la guerra, vino a sacarlo de ella, dando un resplandor fugitivo a su desastrosa temeridad;

la Dictadura, pronta al naufragio, desamparada sobre las ondas tumultuosas de la guerra, no tenía en el Estado de los Andes, un hombre que la defendiera...

en aquel nidal de héroes, fortaleza de la Virtud Cívica, todo estaba contra el Despotismo.

Juan Bautista Araujo, había ya tocado el cuerno de Viriato en la montaña, para llamar a los rudos campesinos a la lucha; y, esa generación de leones épicos, que son los Baptista, se agitaban en sus malezas, prontos a defender la Libertad;

Espíritu Santo Morales, estaba por primera vez, con ellos; y, el peligro de la Patria, había hecho este Milagro de la Fraternidad;

la Tiranta, no tenía defensores, en los Andes;

entonces, Andueza, apeló a Castro;

lo nombró General, y, lo despachó con una expedición, contra su tierra natal;

y, fue;

pero, no pudo decir como César: veni, vidi, vici;

el Destino le fue adverso; la fortuna del César futuro, hizo naufragio;

llegó, fue vencido, y, huyó...

vine, fui vencido, y huí... pudo decir;

porque no tuvo sino el tiempo preciso, para llegar, hacerse derrotar por Eliseo Aranjo, saquear a San Cristóbal del Táchira, y huir, con sesenta mil dólares, del botín;

puso la frontera, entre su crimen y el castigo;

con ese dinero, compró en Colombia, un campo, y, se puso a cultivarlo;

Diocleciano, se dio a sembrar legumbres, después de haber poseído el Imperio; Castro, las cultivó antes de poseerlo;

otros fueron de la Tiranía, al ostracismo; Castro, se preparó en el ostracismo, para ejercer la Tiranía;

él, hubiera querido servir de nuevo a la victoria; pero, Crespo, era uno de esos hombres, que escogía sus amigos, no los compraba; y, no halló a Castro, digno de servir a la Libertad, después de haberla traicionado...

nadie supo de él;

sentía el hipnotismo de la Fuerza;

la majestad del Gran Caudillo, lo fascinaba...

seis años estuvo inmóvil, en la frontera, aplastado por el desdén de Crespo, no por su odio; ni perseguido, ni halagado; simplemente despreciado...

el Olvido, lo envolvía, como una nube...


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Para que Castro apareciera, era necesario, que Crespo sucumbiera...

y, Crespo sucumbió...

vilmente asesinado en la Mata Carmelera, caído en la emboscada de la Traición, aquel héroe, hecho para morir en un campo de batalla, el sortilegio del respeto y del Temor, fue roto, y, Cipriano Castro, apareció en la frontera, acariciando las crines de su corcel de guerra, que no había de tener ya reposo, hasta apagar su sed, en las aguas pacíficas del Guaire;


su campaña, para la conquista del Imperio, fue una Odisea de desastres;

de derrota en derrota, llegó hasta Tocuyito;

allí, Ferrer, le entrego con la Victoria, la República; sus manos, hechas a la derrota, no supieron qué hacer de ese triunfo y, lo rompieron;

vencido y herido, llegó a Valencia;

buscaba una amnistía, y, se encontró con el Poder;

lo recogió de entre los bagajes de Andrade fugitivo, y, se encaminó a Caracas;

y, llegó allí, ya acompañado del terrible trío: su Médico, su Tesorero, y, su Rufián, semejante a un Luis XI, que hubiese añadido a la avaricia, la lascivia;

la inexorable Historia, repugna entrar en ciertos pormenores de bajeza, que forman la miseria de ciertas épocas...

el silencio se impone; esos hombres y esas cosas, cabrían en el Satiricón de Petronio, pero deshonrarían, las prosas de Tácito;

merced a ellos, el reinado de Castro, fue una mueca del Bajo Imperio, gobernado por rufianes;

y, en él el César, pasa como Heliogábalo, arruinado por los excesos, minado por los vicios, decrépito en su juventud, haciendo del Solio una litera, llevada por esclavos negros, hacia la Muerte;

sin embargo: ese hombre, en el cual había, la carnadura de un Héroe, estuvo tres años, sobre su corcel de guerra, disputando el triunfo a sus contrarios;

toda la República lo vio, pasar como una exhalación, conquistando palmo a palmo el terreno de su Poder, hasta llegar a la Victoria, donde Leopoldo Baptista, supo llegar a tiempo, para salvarlo de la Derrota y de la Muerte;

Baptista, fue allí, el Sucre redivivo, de aquel Ayacucho de la Restauración;

él, detuvo como Josué, el Sol del Triunfo; y, salvó a Castro...

y, Castro, no se lo ha perdonado nunca;

no se lo perdonará jamás;

Castro, se llama: Ingratitud;

une, a la parsimonia de los servicios que presta, el olvido de aquellos que le han prestado...

vencedor en la Victoria, Castro, entró de lleno en la Tiranía;

al bajar de su corcel de guerra, adquirió como Páez, su talla natural;

no tuvo un solo rayo de grandeza;

permaneció en el Poder, violento y bárbaro;

hizo del Capitolio una tienda de campaña, y, agrupó en ella, sus esclavos y sus queridas; forzó a Venezuela a adorarlo;

y, reinó sobre el desprecio de los hombres, ya que no pudo reinar sobre su Admiración...


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Atila, murió sobre el seno de una mujer, dice Priscus, y, sus esclavos lo adoraron;

estos hunos, que acompañan a Castro, no se arrancarán, como los de Atila, los cabellos, para arrojarlos en la tumba del amo, sino que se agarrarán de ellos, para disputarse, los restos del festín;

no lo sepultarán tampoco, en un triple ataúd, de oro, de plata, y de hierro, como el que en el silencio de la noche, fue confiado a la tierra, para guardar en el secreto, el cuerpo del Tártaro, insaciable de victorias;

el arco de su Fortuna, roto por la Suerte, no tuvo cortesanos;

los herederos de su Poder, se asesinaron sobre su tumba...

su obra, no fue sino una ficción de su espada;

pasó, con el torbellino que la engendró:

Non tam vilis quam nulla.


FIN




Los césares de la decadencia de José María Vargas Vila
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PREFACIO PARA LA EDICIÓN DEFINITIVA - PRELIMINAR - EN COLOMBIA - RAFAEL NÚÑEZ - MIGUEL ANTONIO CARO - MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE - JOSÉ MANUEL MARROQUÍN - RAFAEL REYES - EN VENEZUELA - JOSÉ ANTONIO PÁEZ - GUZMÁN BLANCO - ROJAS PAÚL, y ANDUEZA PALACIO - JOAQUÍN CRESPO - IGNACIO ANDRADE - CIPRIANO CASTRO -