Lectura (DEIE)/Clases de Lectura

LECTURA - CLASES DE LECTURA


LECTURA OCULAR. Para leer con la vista es suficiente reunir las silabas y entender las palabras.


LECTURA EN ALTA VOZ. Es, según muchos sabios la más difícil de todas las artes.

Para leer bien en alta voz se ha de articular cada palabra clara y distintamente, variar con precisión las modulaciones de la voz, observar la puntuación y tomar el tono natural que evita la afectada declamación y sobre todo entender bien lo que se lee. (V. DECLAMACIÓN.)

Talma decía "que no había en Francia más que un solo hombre que supiera leer" y éste sin duda era él mismo. Por exagerado que sea este aserto prueba cuando menos que es muy raro el que sabe leer bien. Es admirable que entre las personas que han recibido una educación esmerada haya tan pocas que sepan leer con gusto y penetración; este defecto no puede achacarse mas que á la negligencia de los maestros y de los padres.

La mayor parte de los lectores no saben variar las entonaciones, darles fuerza, precisión y naturalidad. El arte de leer bien, que se cultivaba con tanto esmero entre los antiguos, compone una gran parte del talento del orador y del poeta. Nadie ignora que el mejor discurso, sino se declama bien, pierde todo su mérito y no produce efecto alguno.

Se ha de cuidar en toda lectura de unir á la articulación limpia y precisa de las palabras las inflexiones y variaciones de voz, que son necesarias para evitar la monotonía al lado de la que marcha el fastidio.

La pronunciación no debe ser ni rápida, ni pesada, pero si moderada para prevenir el murmullo ó la impaciencia de los oyentes. Es también muy esencial proporcionar la voz al local donde se lee.

La diversidad de los objetos debe indicar la variedad de los tonos, que según la ocasión deben ser graves ó agudos, tristes ó alegres, sostenidos ó cortados, animados ó templados. La puntuación debe observarse con exactitud; no solamente sirve para ofrecer cierto descanso al oído y marcar los parages donde la voz ha de ser mas suave ó mas fuerte, sino también para sostenerla y fortificarla.

Desde el principio del periodo hasta el medio se ha de elevar la voz regularmente y por grados, disminuyéndola en la misma proporción desde el medio hasta el fin. Los puntos de admiración, de interrogación, las interjecciones, que expresan un sentimiento, exigen un tono más agudo y elevado. Las aspiraciones, los acentos, &c. deben hacerse sentir bien, porque son otras tantas partes que concurren á hacer la lectura agradable y sonora. No hay reunión ó sociedad donde uno no se vea precisado á leer trozos manuscritos ó impresos, periódicos políticos ó literarios; razón poderosa que crea la necesidad de aprender á leer con elegancia y gusto.

Los defectos mas comunes que cometen las personas que leen en alta voz, particularmente la poesía, son una especie de canto, la demasiada velocidad 6 la monotonía; pueden evitarse estos escollos atendiendo cuidadosamente al sentido para arreglar la pronunciación á las partes de la dicción, no suspendiéndola periódicamente á cada hemistiquio y no bajándola á la rima hasta que el sentido esté completo ó acabado. Siguiendo con alguna atención todos estos preceptos se puede adquirir fácilmente esa declamación cómoda y natural que nos hace distinguir al hombre juicioso que habla al corazón del que comprende mal lo que lee.

Si se considera la lectura bajo el punto de vista de los conocimientos, que forman el corazón aumentando la sabiduría, produce inmensas ventajas de las cuales la menor acaso ofrece un recurso poderoso contra el fastidio; así como el estudio, da más seguridad al juicio y están útil para la juventud como para la adolescencia y la vejez. Añade á la prosperidad un encanto más, alivia en la adversidad, consuela de muchas privaciones y de esperanzas frustradas. ¡Pero qué pocas personas saben utilizar este precioso recurso! La mayor parte de los que son capaces de aprovecharse de él, leen menos por instruirse que por diversión; se ocupan del mismo modo de toda clase de objetos, como aquellos enfermos que, sin poder digerir nada, quieren no obstante comer de todo. Recorren un libro científico, de educación, de instrucción ó de moral como leerían una novela. Otros que se dedican con mas discernimiento abrazan demasiado á la vez, pasan sin intervalo de una materia á otra enteramente diferente, y esta rapidez, que no deja que sus ideas se desarrollen, hace que sean mas confusas casi como los sonidos de muchos instrumentos que dan diferentes tonos á la vez. De aquí nace que algunos se disgustan de la lectura; desesperando adquirir un conocimiento claro y distinto de las cosas que querían aprender, descuidan su estudio. En lugar de desanimarse así ¿por qué no se esforzarán en establecer en sus lecturas un orden regular que los conduzca con mas segundad á los conocimientos que desean adquirir?

Cada lector debe consultar la mayor ó menor facilidad que tiene para concebir y retener las cosas para juzgar del tiempo que debe emplear para retenerlas; después es preciso que arregle la distribución de las horas que debe dedicar á la lectura. Todo esto sin imitar á los que no hacen mas que abrir un libro y hojearle sin leer nunca de seguido, ó á aquellos que cuando empiezan una obra no la dejan sin haberla leído enteramente y sin tomarse el trabajo de reflexionar un poco. Entre estos dos extremos está la línea que se ha de seguir. Un pasage histórico, por ejemplo, se retiene mucho mejor cuando se lee de seguido, porque de este modo la memoria reúne mas fácilmente los hechos, los detalles. Pero cuando un objeto necesita que se reflexione, es menester, al paso que se lee tomar tiempo para esto, volver cuantas veces sea necesario ó pensar en las dificultades que se encuentran; este es el único medio que hay de vencerlas. De modo que podemos consignar aquí que el mejor método que puede seguirse en toda clase de materias es leer poco á la vez, reflexionar mucho y no pasar adelante sin haber comprendido bien lo que queda atrás. Sin esta lentitud aparente no hay verdaderos progresos.

No podemos menos de recomendar aquí la preferencia que debe darse á las lecturas graves, instructivas y que hacen pensar sobre aquellas cuyo objeto no es otro que divertir sin ningún provecho; lo útil es antes que todo.

La afición á la lectura es hoy mucho mayor que era hace algunos años. Pero qué clase de lectores son la mayor parte? Puede decirse, empleando la expresión de Boileau, que son grandes lectores de novelas, que les asusta la idea de emprender una lectura seria. No se informan cuando se les ofrece un libro si es sustancial, si contiene hechos y verdades útiles. "Tiene viñetas?" He aquí la única pregunta que dirigen al librero. El texto más instructivo y provechoso es para ellos la parte accesoria, las viñetas, la principal.

No hay duda que las litografías y los grabados son útiles en ciertos libros para ilustrar el texto y para hacer mas sensible á la vista una descripción de objetos naturales, que la palabra no podría menos de dejar imperfecta: pero muy rara vez se los considera en una obra bajo el punto de vista de utilidad. Hablando de esto mismo dice un autor francés: "No se pide á los editores mas que juguetes. No perdonan á la Academia por que no ha atestado de grabados el diccionario de la lengua y quizás llegará tiempo en que los exigirán también en el código civil."

Vamos á terminar este articulo con algunas reflexiones de Grimm que nos parecen muy útiles.

"Nada, dice, es mas contrario al talento que el uso de leer por hábito. El talento quiere estar concentrado en sí mismo para obrar con más fuerza. Las ideas agenas le disipan, desvirtúan las suyas, le quitan su originalidad y, digámoslo así, su virginidad. Una imaginación sobresaliente necesita algún alimento, pero poco. Debe leer, pero con mucha moderación. Me atrevería á asegurar que el hombre de mas talento no podría leer habitualmente en el espacio de tres años consecutivos sin hacerse un escritor común y adocenado. Esta es la razón por que tenemos tan pocos autores originales, al paso que los antiguos, leyendo muy poco, producían obras sublimes."

Esta regla, que Grimm sienta como general, nos parece un poco absoluta; á nuestro modo de ver se debe leer cuanto se pueda, procurando que la meditación sea mayor que la lectura y sobre todo utilizar los materiales que haya producido.






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