La venganza del moro

Todo en broma
La venganza del moro

de Vital Aza


LA VENGANZA DEL MORO

          (Leyenda)

Sobre un ligero corcel
y cruzando una espesura,
en noche triste y oscura
marcha el animoso Abdel.

Amor en su pecho late
–amor que le hace dichoso–,
y en su caballo brioso
clava el agudo acicate.

Sigue obstáculos venciendo...
Cruza luego una pradera,
como la corza ligera
que del cazador va huyendo...

–«¡Vuela, vuela mi corcel!
(clama Abdel con furia loca)
sin que sientas en tu boca
el duro freno cruel.

¡Sigue! ¡Tus bríos desata!,
que ya es de llegar la hora
a donde mora una mora
que me enamora y me mata.

¡Rompe la pesada bruma!,
¡Nada tu marcha intimide!...»
Y el fiero bruto (1) despide
con furor hirviente espuma.

...................................

Al fin observa el jinete,
de un relámpago al fulgor,
el remate brillador
de un morisco minarete.

–«¡Sigue tu marcha agitada,
bravo corcel, por Alá!
¡Corre que cerca está ya
el nido de mi adorada!

¡Salta con furia bravía!
¡Atraviesa la espesura!...»
Y de entre la selva oscura
salió una voz que decía:

–«¡Abdel, desgraciado Abdel!,
¡no prosigas tu carrera!
Detén la marcha ligera
al fatigado corcel.

¡No prosigas, que es en vano!
No pienses más en tu mora,
pues tu Zulima, traidora,
se fugó con un cristiano.»

–«¡Mentira!» –Abdel exclamó–.
«Zulima me será fiel»
Y de nuevo en su corcel
los acicates clavó.

En marcha vertiginosa
llega al fin de su jornada.
Entra el moro en la morada
de su prometida esposa...

–«¡Zulima!» –grita feroz–.
«¡Zulima! ¡Zulima mía!...»
Y en la extensa galería
zumba el eco de su voz.

Ni un rumor se oye en la estancia;
nadie contesta a su grito...
–«¡Maldito mi amor, maldito!»–
dice Abdel con arrogancia.

Y en su dolor angustioso,
de un rayo a la luz rojiza,
ve un bulto que se desliza
recatado y misterioso.

Abdel, ciego de coraje,
corre, le sigue, le alcanza,
y fiero, y con la esperanza
de vengar tamaño ultraje,

al fin sobre el bulto da;
ceba en él su saña impía,
y empuñando la gumía,
dice:...

(Se continuará
la leyenda cualquier día.)

(1) El bruto, aunque me lo callo, –claro está que es el caballo.