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La tijereta
de Leopoldo Lugones



Ya vuele errática y ligera,
ya pesque al ras un renacuajo,
con el más sorprendente tajo
corta los aires su tijera.


No se oculta ningún tesoro
bajo el paño gris de su capa;
pero su gorra negra tapa
un eréctil capullo de oro.


Su nido expone al huracán
en el gajo más fino y alto,
de donde ve sin sobresalto
al carancho y al gavilán.


Y plantándose en la nuca,
sin temer su pico de gancho,
ahuyenta al mandria del carancho
hasta raparle la peluca.