La mezquita de Córdoba

​El Museo universal​ (1868)
La mezquita de Córdoba
 de el editor.

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

De la serie:

Monumentos arquitectónicos.
LA MEZQUITA DE CORDOBA.

En el presente número damos un grabado que representa el interior de la mezquita de Córdoba, consagrada para catedral desde la conquista de esta ciudad por San Fernando,

Describir la singular y peregrina arquitectura de este edificio, el primero, sin duda, y uno de los pocos de su clase que existen en el mundo, fuera tarea prolija y que exigiría un libro. Consiste en un cuadrilongo de 620 pies de largo, y 410 de ancho. Por la parte Sur, el muro tiene 60 pies de elevación, y 33 por los demás lados, siendo el espesor de todo él de 6 pies, y la altura del interior 35. A los lados, en la parte superior de las puertas, se ven pequeños ajimeces formados de dos arcos sostenidos de columnitas, y por cima de éstos, debajo de otro arco con columnas, pero mayores, unas celosías hechas con variedad de dibujos, todo de mármol y labrado con menudos y primorosos adornos de estuco en las partes correspondientes. Cada puerta forma un arco adintelado, contenido en otro árabe. Asi en los de las puertas de Oriente como en las de Occidente, hay aletas alcoránicas de relieve. El interior de la mezquita es un verdadero bosque de columnas, cada una de pie medio de diámetro y de 8 á 10 de altura, rematan, ya por capiteles corintios, ó compuestos de los romanos, y otros árabes. La base, ó carece de ella, ó es. por lo general dórica. Es cada nave de 19 pies de ancho, á esepcíon de la que conduce al adoratorío que es de 23. La altura común á todas es de 30 y están atravesadas de otras varias mas estrechas. Corren éstas de Oriente á Occidente y sólo tienen de claro 9 pies, De los 620 pies de largo de que consta el edificio, 2lo á la parle N., ocupa el patio, en el cual desembocaban las 19 naves, que no estaban cerradas como ahora, por lo que la grandeza del edificio sorprendía toda junta, de repente, á los que entraban por la puerta principal, y cuyas hojas, aseguran algunos escritores, estaban cubiertas de planchas de oro. Uno de los muchos aribes que hablan de la mezquita de Córdoba, en el siglo XII, después de la conquista de la ciudad, describe este átrio, diciendo: «la aljama de Córdoba restituyala Dios al Islam, fue obra de los reyes Oineys que la hicieron á competencia de la de Damasco : se entra en ella por un átrio espacioso lleno de árboles frutales, palmeras y naranjos con copiosas fuentes dí agua, que corre entre flores y yerbas, debajo de los planteles, para recuerdo de las delicias del Paraíso.

Este suntuoso templo se hallaba destinado para colocar en él una capilla esquisitamente adornada, en que según parece se custodiase el Corán, la cual debía estar al Mediodía ó alkibla, que era donde miraban los muslimes de España para hacer sus azaláes ú oraciones. Esta capilla ú adoratorío era llamado al mihrab. Es imposible describir el efecto que produce el admirable conjunto del interior, donde la mirada se pierde en un laberinto de arcos, bóvedas y columnas, adornadas de ramaje, flores, y hojas otras caprichosas vegetaciones arquitectónicas, y donde por todas partes brillan el mármol, el jaspe, primorosamente labrados, y con multitud de inscripciones arábigas y mosaicos en que resplandecen el oro y los colores mas varios.

En este mismo número publicamos un artículo del señor Jerez Perchet, que al darnos cuenta de sus impresiones de viajero, al pasar por Córdoba, ha consagrado también un recuerdo á la célebre mezquita.