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Es iluso el cerebro, los ojos son ilusos;
no vemos sino sombras, escorzos y perfiles,
y de noche, en el campo, en los lindes confusos,
las raíces del árbol nos parecen reptiles.

La mentira, de lejos, verdad se nos figura,
como la roca escueta, un cetáceo dormido,
y en medio del delirio de intensa calentura
vemos, alucinados, lo que nunca ha existido.

¡Oh, cielo, de los ojos cansados engañifa!
¡Oh, ilusión halagüeña de la inquietud erótica,
por de dentro haraposa y por fuera jarifa!

¡Oh, mar, de mis angustias sempiternas amparo,
—masa revuelta siempre, eruptiva y caótica—
eres azul de lejos y de cerca eres claro...