Leur ciel est nébuleux et leur soleil est froid.

NAPOLÉON EN EGYPTE.
No me interrumpas, que contemplo ansioso   
el astro bello que en el cielo brilla,   
no cual le he visto, triste y nebuloso,   
del Támesi a la orilla.   
Hoy hace un año el astro así vagaba, 
y sobre el césped húmedo sentado,   
cual hoy le contemplaba,   
el rostro mío en lágrimas bañado.   
Envuelto estaba en mi pesado manto,   
y mi vista a lo lejos descubría, 
para placer y encanto,   
nieve más bella que la luz del día.   
No así la luna, con su faz hermosa,   
Las canas plateaba del anciano,   
ni del rostro lozano 
yo distinguía la color de rosa.   
La luna de Albión, entre vapores,   
no alumbra, cual alumbra la de Iberia,   
que la nuestra es de amores,   
la suya de miseria. 
Hoy mismo hace dos años que en los mares   
guiaba mi bajel el astro mismo;   
al verlo yo olvidaba mis pesares,   
al verlo no temblaba ante el abismo.   
Hoy, astro de inocencia y de consuelo,  
te miro de mi patria y sin anhelo,   
suspirando tal vez... ¡Si soy poeta!   
Pero tal vez dichoso   
si recuerdo aquel tiempo tenebroso   
en que cantara a Pirra la coqueta. 
Allá arriba otros ojos en la luna   
se encontrarán acaso con los míos...   
  -«Su luz te es importuna.»-   
  -«Los años son tardíos.»- 
No, déjame mirar, ya que no pueda  
ver lo que quiero si la vista inclino;   
¡Qué consuelo me queda   
si no sueño más próspero destino!   
Mira, ¿no puedes descubrir conmigo   
sus ojos retratados 
en el astro testigo   
de sus amores lánguidos pasados?   
Bajo la vista, que me brota el llanto,   
y harto lloré en mi vida;   
cúbrete, oh luna, con tu triste manto, 
que tu belleza al lloro me convida.