La hija del mar (poema)

Esta página corresponde a una poesía manuscrita inédita de Rosalía de Castro,
no se debe confundir con la obra homónima en prosa de la misma autora: la novela La hija del mar, de 1859.


Manuscrito del poema La hija del mar.

La hija del mar

Introducción
Parad, vientecillos,             (1)
no alcéis en las olas
el más leve pliegue;
venid, escuchad:
hoy nace en su seno             (5)
la hija del mar.
En carro de nácar,
de concha y corales,
se mece la maga,
la maga de amor,             (10)
y al largo de los anchos y frescos arenales
resuena la más dulce y lánguida canción.

Canción
Vistióse la mar de gala,
que el fruto de mis amores,
como el aroma en las flores,             (15)
de entre sus pliegues brotó.
Alzaos, rosas de la mar batida
y dad la bienvenida
a la hija del mar y del amor.

Coro
En buen hora nazca             (20)
la maga hechichera,
la blanca paloma,
la dulce sirena,
la urna gentil.
Su lecho de espumas             (25)
le dé la ribera;
su blando perfume,
las brisas ligeras;
sus flores, abril.

Las olas
Yo teñiré sus ojos             (30)
del color que se esconde entre mi seno,
que es el color azul color de amores
y un mirar sereno,
sin pena y sin enojos
retratará su alma,             (35)
tan apacible como el mar en calma.

Las brisas
Balsámico aroma
daréle a su aliento
y timbre argentino
al lánguido acento             (40)
y al habla de amores,
palabras de miel.

La golondrina
Yo cruzo los mares,
los llanos, los ríos,
los verdes pinares,             (45)
los bosques sombríos.
Yo vivo en Europa,
yo vivo en Argel.
Traeréle los besos,
los dulces suspiros:             (50)
que envíe el amante
do quiera que esté
a la hermosa niña
su amor y su bien.

La espuma
Yo velaré sus formas             (55)
con túnicas de encaje,
como la nieve blancas
y leves como el aire.

Las flores
Nosotras le daremos nuestro aroma
que nuestro seno sin cesar regala,             (60)
al rojo sol que en el oriente asoma,
al blando viento que en la mar resbala.

El sol que nace
Yo del color de mis rayos
le teñiré sus cabellos,
que son siempre los más bellos,             (65)
los del dorado color.
Y al través de la cortina
que luz a la estancia roba
yo penetraré en su alcoba
diciéndole: “soy tu amor;             (70)
despierta, niña, despierta
verás tu puerta
adornada con las flores
que el que tiene tus amores
para ti por la noche dejó.             (75)

Coro
En buen hora nazca
la maga hechicera,
la blanca paloma,
la dulce sirena:
la hija del mar.             (80)
La luna de marzo,
de rayos de plata,
suave dulzura le dé a sus miradas
color a sus labios el rojo coral.

La mar
Apáguense los cánticos,             (85)
que surge entre las olas
como delgada nave
que el Céfiro süave
al puerto la impelió.
Le cubre la ancha frente             (90)
la flor de las marinas,
rodean su cintura
mis olas argentinas
y asoma al horizonte
la hija de mi amor.             (95)
Impelan blandos vientos
de nácares su concha
y en torno, voladores,
se esparzan los olores
del florido vergel.             (100)
Resuenen amorosos
por cielos y por mares
su canto de alabanzas,
bellas como esperanzas,
dulces como su miel.             (105)


BibliografíaEditar