La flor de los recuerdos (México): 40


Carpio. Si es difícil escribir de los amigos, mi querido duque, lo es mucho mas indudablemente juzgar á los que se nos muestran hostiles. No puedo hablar á V. hoy de este poeta, porque me dicen que se ha ocupado de la crítica de mis obras; no he leido sus artículos, que supongo dignos, justos y decorosos; pero, de todos modos, no quiero que al detener mi juicio sobre sus poesías, si encuentro en ellas algo acreedor á elogios, ó digno de crítica, crea V., el público, ó el mismo Carpio, que elogio con bajeza y adulación para mitigar el rigor de la suya, ó que critico con saña por espíritu de venganza.

Esta es la primera vez de mi vida que me ocupo de las obras agenas: y como V. ve, mas es para alabar sus excelencias, que para censurar sus defectos. Por estas razones de delicadeza personal escusar á V, que no me atreva á ocuparme de las poesías de Carpio. Carpio goza en México de muy antigua reputación como poeta, y debe merecerla sin duda; porque si bien el favor popular acuerda fácilmente las reputaciones en ciertas circunstancias, rara vez se sostienen estas si no se apoyan en sólidos fundamentos. La de Carpio se sostiene, y yo no ataco jamás la reputación de nadie, ni juzgo por escrito su solidez y merecimiento; el público es quien la da, y yo la respeto. Una sola observación haré á V. respecto de las poesías de Carpió. Todas las publicadas por él se reducen á un tomito de 102 páginas: de donde yo deduzco que deben de ser muy buenas; porque no siendo ya joven su autor, si son escogidas entre muchas, deben ser las mejores: y si son todas la que ha hecho, no tienen disculpa de ser medianas; porque no puede alegarse en su favor ni la inesperiencia del poeta, ni la rapidez con que han sido escritas, ni la falta de tiempo para meditarlas.