La desconfianza

La desconfianza
de José María Heredia



Mira, mi bien, cuán mustia y desecada 
del sol al resplandor está la rosa 
que en tu seno tan fresca y olorosa 
pusiera ayer mi mano enamorada. 

Dentro de pocas horas será nada... 
No se hallará en la tierra alguna cosa 
que a mudanza feliz o dolorosa 
no se encuentre sujeta y obligada. 

Sigue a las tempestades la bonanza: 
siguen al gozo el tedio y la tristeza... 
Perdóname si tengo la desconfianza 

de que dure tu amor y tu terneza: 
cuando hay en todo el mundo tal mudanza, 
¿solo en tu corazón habrá firmeza?