La crueldad de la muerte

La crueldad de la muerte de Juan Bautista Arriaza


Envuelta en sombras, alta la guadaña,
trazando golpes de dolor profundo,  
iba la muerte recorriendo el mundo   
desde el alcázar regio a la cabaña.   
 

Cuando en aquel que Manzanares baña   
fijando el ceño torvo y furibundo,   
miró a la Esposa Real, de su fecundo   
seno mil glorias prometiendo a España.   
 

¡Dos víctimas! Gritó el espectro fiero:   
¡Llanto de Reyes! ¡Pueblos afligidos!    
¡Oh qué deleite! Y descargó el acero;   
 

y dejando en un féretro tendidos   
ambos despojos, se encumbró altanero,   
triunfando entre lamentos y gemidos.