La casa de los celos: 31

Jornada Segunda
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La casa de los celos Jornada II Miguel de Cervantes


Sale LAUSO, pastor,
por una parte de la montaña,
con su guitarra, y CORINTO,
por la otra, con otra.

  
LAUSO

¡Ah Corinto, Corinto!


CORINTO

¿Quién me llama?


LAUSO

Lauso, tu amigo.


CORINTO

¿Adónde estás?


LAUSO

¿No miras?

CORINTO

árbol te encubre, alguna rama,
    o estás en el lugar donde suspiras
cuando Clori te muestra el rostro airado, 5
y en solitaria parte te retiras.
    Baja, si quieres, Lauso, al verde prado,
en tanto que de Febo la carrera
declina desta cumbre al otro lado.
   Cantaremos de Clori lisonjera, 10
al pie de un verde sauce o murto umbroso,
que pasa el pensamiento en ser ligera.


LAUSO

Ya abajo; pero no a buscar reposo,
sino a cumplir lo que amistad me obliga
y a pasar a la sombra el sol fogoso; 15
    que en tanto que la dulce mi enemiga
se esté fortalecida en su dureza
no hay mal que huya ni placer que siga.}}

 
(Bajan los dos de la montaña.)

  

CORINTO

Pesado contrapeso es la pobreza
para volar de amor, ¡oh Lauso!, al cielo, 20
aunque tengas cien alas de firmeza.
    No hay amor que se abata ya al señuelo
de un ingenio sutil, de un tierno pecho,
de un raro proceder, de un casto celo.
    Granjería común amor se ha hecho, 25
y dél hay feria franca dondequiera,
do cada cual atiende a su provecho.


La casa de los celos de Miguel de Cervantes

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