La Sagrada Biblia (XV)/Apocalipsis

ADVERTENCIA


SOBRE


EL APOCALYPSI DEL APÓSTOL SAN JUAN.


La Sagrada Biblia separador.jpg
Apocalypsis es una palabra griega, que significa Revelacion. Este libro contiene las revelaciones hechas á san Juan, durante su destierro en la isla de Pátmos. Está lleno de misteriosas oscuridades, que no obstante no impiden el que los fieles puedan leerle con fruto. En los seis primeros capítulos hay cosas muy edificantes. Las palabras de Jesu-Christo en el segundo y tercer capítulo encierran grandes instrucciones. Las expresiones de los animales misteriosos, de los veinte y cuatro ancianos, de los ángeles y de los santos que adoran la magestad de Dios y de su Cordero, son modelos excelentes de alabanza, de adoracion y de accion de gracias para los cristianos en sus oraciones. Y pocos capítulos hay en que no se halle alguna luz en medio de tan sagrada oscuridad. El lector que tiene fé, saca su instruccion de lo que le place á Dios descubrirle, y adora humildemente lo que no puede comprender. «Estoy persuadido (decia san Dionysio, obispo de Alejandría, y una de las grandes lumbreras del tercer siglo) de que el Apocalypsi es tan admirable como poco conocido. Porque, á pesar de que yo no entiendo sus palabras, conozco no obstante que encierran grandes sentidos bajo su oscuridad y profundidad. No me constituyo juez de estas verdades, ni las mido por la pequeñez de mi espíritu ó ingenio; sino que, haciendo mas caso de la fé que de la razon, las creo tan elevadas sobre mí, que no me es posible alcanzarlas. Y así aunque no puedo comprenderlas, no por eso las estimo menos: al contrario, por lo mismo que no las entiendo, tanto mas las adoro y reverencio.»
EL APOCALYPSI,

ó

REVELACIÓN

DEL APÓSTOL S. JUAN.


La Sagrada Biblia separador.jpg


CAPÍTULO PRIMERO.

San Juan, desterrado en la isla de Pátmos, escribe por orden de Dios la revelacion que habia tenido, á las siete Iglesias de Asia, representadas en siete candeleros.

1 Revelación de Jesu-Christo, la cual como hombre ha recibido de Dios su Padre para descubrir á sus siervos cosas, que deben suceder presto; y la ha manifestado á su Iglesia por medio de su ángel enviado á Juan, siervo suyo,

2 el cual ha dado testimonio de ser palabra de Dios, y testificacion de Jesu-Christo, todo cuanto ha visto.

3 Bienaventurado el que lee con respeto, y escucha con docilidad las palabras de esta profecía, y observa las cosas escritas en ella, pues el tiempo de cumplirse está cerca.

4 Juan á las siete Iglesias del Asia menor. Gracia y paz á vosotros, de parte de aquel que es, y que era, y que ha de venir; y de parte de los siete espíritus, que asisten ante su trono [1];

5 y de parte de Jesu-Christo, el cual es testigo fiel, primogénito, ó el primero que resucitó de entre los muertos, y soberano de los reyes de la tierra; el cual nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,

6 y nos ha hecho reino y sacerdotes de Dios Padre suyo [2]: al mismo la gloria y el imperio por los siglos de los siglos: Amen.

7 Mirad cómo viene sentado sobre las nubes del cielo, y verle han todos los ojos, y los mismos verdugos que le traspasaron ó clavaron en la cruz. Y todos los pueblos de la tierra se herirán los pechos al verle [3]: si por cierto: así será.

8 Yo soy el Alpha y la Omega [4], el principio y el fin de todas las cosas, dice el Señor Dios, que es, y que era, y que ha de venir, el todopoderoso.

9 Yo Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulacion, y en el reino de los cielos [5], y en la tolerancia por Christo Jesus, estaba en la isla llamada Pátmos [6], por causa de la palabra de Dios, y del testimonio que daba de Jesús:

10 un dia de domingo fui arrebatado en espíritu, y oí detrás de mí una grande voz como de trompeta,

11 que decia: Lo que ves, escríbelo en un libro, y remítelo á las siete Iglesias de Asia, á saber, á Épheso, y á Smyrna, y á Pérgamo, y á Thyatira, y á Sárdis, y á Philadelphia, y á Laodicea.

12 Entónces me volví para reconocer la voz, que hablaba conmigo [7]; y vuelto, ví siete candeleros de oro,

13 y en medio de los siete candeleros de oro vi á uno parecido al Hijo del hombre ó á Jesu-Christo, vestido de ropa talar, ceñido á los pechos con una faja de oro [8]:

14 su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana mas blanca y como la nieve [9], sus ojos parecian llamas de fuego,

15 sus pies semejantes á bronce fino, cuando está fundido en horno ardiente, y su voz como el ruido de muchas aguas:

16 y tenia en su mano derecha siete estrellas, y de su boca salia una espada de dos filos; y su rostro era resplandeciente como el sol de medio dia [10].

17 Y así que le ví, caí á sus pies como muerto. Mas él puso su diestra sobre mí, diciendo: No temas: yo soy el primero y el último, ó principio y fin de todo;

18 y estoy vivo, aunque fuí muerto; y ahora hé aquí que vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves, ó soy dueño de la muerte y del infierno.

19 Escribe pues las cosas que has visto, tanto las que son, como las que han de suceder despues de estas.

20 En cuanto al misterio de las siete estrellas, que viste en mi mano derecha, y los siete candeleros de oro, las siete estrellas, son los siete ángeles [11] de las siete Iglesias; y los siete candeleros, son las siete Iglesias.


CAPÍTULO II.

Se le manda á san Juan que escriba varios avisos á las cuatro Iglesias primeras. Alaba á los que no habian abrazado la doctrina de los nicolaítas, y convida á otros á penitencia. Detesta al cristiano tibio, y promete el premio al vencedor.

1 Escribe al ángel de la Iglesia de Épheso: Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda en medio de los siete candeleros de oro:

2 Conozco tus obras, y tus trabajos, y tu paciencia, y que no puedes sufrir á los malos; y que has examinado á los que dicen ser apóstoles, y no lo son; y los has hallado mentirosos [12]:

3 y que tienes paciencia, y has padecido por mi nombre, y no desmayaste.

4 Pero contra tí tengo, que has perdido el fervor de tu primera caridad.

5 Por tanto acuérdate del estado de donde has decaido, y arrepiéntete, y vuelve á la práctica de las primeras obras; porque si no, voy á tí, y removeré tu candelero de su sitio [13], si no hicieres penitencia.

6 Pero tienes esto de bueno, que aborreces las acciones de los nicolaítas, que yo también aborrezco.

7 Quien tiene oido, escuche lo que el Espíritu dice á las Iglesias: Al que venciere, yo le daré á comer del árbol de la vida, que está en medio del Paraíso de mi Dios [14].

8 Escribe tambien al ángel de la Iglesia de Smyrna: Esto dice aquel que es el primero, y el último; que fue muerto, y está vivo:

9 Sé tu tribulación y tu pobreza, si bien eres rico en gracia y santidad; y que eres blasfemado de los que se llaman judíos, y no lo son, antes bien son una synagoga de Satanás.

10 No temas nada de lo que has de padecer. Mira que el diablo [15] ha de meter á algunos de vosotros en la cárcel, para que seais tentados en la fé; y seréis atribulados por diez dias [16] Sé fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida eterna.

11 Quien tiene oido, oiga lo que dice el Espíritu á las Iglesias: El que venciere, no será dañado por la muerte segunda [17].

12 Asimismo al ángel de la Iglesia de Pérgamo escríbele

Esto dice el que tiene en su boca la espada afilada de dos cortes:

13 Bien sé que habitas en un lugar donde Satanás tiene su asiento [18]; y mantienes no obstante mi nombre, y no has negado mi fé. Aun en aquellos dias en que Antípas, testigo mio fiel, fue martirizado entre vosotros, donde Satanás mora.

14 Sin embargo algo tengo contra tí; y es que tienes ahí secuaces de la doctrina de Balaam, el cual enseñaba á el rey Balac á poner escándalo ó tropiezo á los hijos de Israél, para que cayesen en pecado comiendo [19], y cometiendo la fornicacion;

15 pues así tienes tú tambien á los que siguen la doctrina de los nicolaítas.

16 Por lo mismo arrepiéntete: cuando no, vendré á tí presto, y yo pelearé contra ellos con la espada de mi boca.

17 El que tiene oido, escuche lo que dice el Espíritu á las Iglesias: Al que venciere, daréle yo á comer un maná recóndito [20], y le daré una piedrecita blanca [21]; y en la piedrecita esculpido un nombre nuevo, que nadie le sabe, sino aquel que le recibe.

18 Y al ángel de la Iglesia de Thyatira escríbele: Esto dice el Hijo de Dios, que tiene los ojos como llamas de fuego, y los pies semejantes al bronce fino.

19 Conozco tus obras, y tu fé, y candad, y tus servicios, y paciencia, y que tus obras ó virtudes últimas son muy superiores á las primeras [22].

20 Pero tengo contra tí alguna cosa; y es que permites á cierta muger Jezabel, que se dice profetisa, el enseñar y seducir á mis siervos, para que caigan en fornicacion, y coman de las cosas sacrificadas á los ídolos [23].

21 Y hele dado tiempo para hacer penitencia; y no quiere arrepentirse de su torpeza.

22 Yo la voy á reducir á una cama [24]; y los que adulteran con ella, se verán en grandísima afliccion, si no hicieren penitencia de sus perversas obras;

23 y á sus hijos y secuaces entregaré á la muerte, con lo cual sabrán todas las Iglesias, que yo soy escudriñador de interiores y corazones; y á cada uno de vosotros le daré su merecido. Entre tanto os digo á vosotros,

24 y á los demás que habitais en Thyatira: A cuantos no siguen esta doctrina, y no han conocido las honduras de Satanás ó las profundidades, como ellos llaman [25], yo no echaré sobre vosotros otra carga [26];

25 pero guardad bien aquello que teneis recibido de Dios, hasta que yo venga á pediros cuenta.

26 Y al que hubiere vencido, y observado hasta el fin mis obras ó mandamientos, yo le daré autoridad sobre las naciones,

27 y regirlas ha con vara de hierro, y serán desmenuzadas como vaso de alfarero,

28 conforme al poder que yo tengo recibido de mi Padre [27]: daréle tambien el lucero de la mañana [28].

29 Quien llene oido, escuche lo que el Espíritu dice á las Iglesias.


CAPÍTULO III.

Amonesta san Juan á las otras tres Iglesias de Sárdis, de Philadelphia y de Laodicea, y les da avisos muy importantes.

1 Al ángel de la Iglesia de Sárdis escríbele tambien: Esto dice el que tiene á su mandar los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas: Yo conozco tus obras, y que tienes nombre de viviente, y estás muerto.

2 Dispierta pues, sé vigilante, y consolida lo restante de tu grey, que está para morir. Porque yo no hallo tus obras cabales en presencia de mi Dios.

3 Ten pues en la memoria lo que has recibido, y aprendido, y obsérvalo, y arrepiéntete. Porque si no veláres, vendré á tí como ladron, y no sabrás á qué hora vendré á tí [29].

4 Con todo tienes en Sárdis unos pocos sugetos, que no han ensuciado sus vestiduras [30]; y andarán conmigo en el cielo vestidos de blanco [31], porque lo merecen.

5 El que venciere [32], será igualmente vestido de ropas blancas, y no borraré su nombre del Libro de la vida, antes bien le celebraré delante de mi Padre, y delante de sus ángeles [33].

6 Quien tiene oidos, escuche lo que dice el Espíritu á las Iglesias.

7 Escribe asimismo al ángel de la Iglesia de Philadelphia: Esto dice el Santo y el Veraz, el que tiene la llave del nuevo reino de David [34]; el que abre, y ninguno cierra; cierra, y ninguno abre:

8 Yo conozco tus obras. Hé aquí que puse delante de tus ojos abierta una puerta, que nadie podrá cerrar [35]; porque aunque tú tienes poca fuerza ó virtud, con lodo has guardado mi palabra ó mis mandamientos, y no negaste mi nombre.

9 Yo voy á traer de la synagoga de Satanás á los que dicen ser judíos, y no lo son, sino que mienten [36]: como quiera yo les haré que vengan, y se postren á tus pies; y entenderán con eso que yo te amo.

10 Ya que has guardado la doctrina de mi paciencia, yo tambien te libraré del tiempo de tentacion, que ha de sobrevenir á todo el universo para prueba de los moradores de la tierra [37].

11 Mira que vengo luego: manten lo que tienes de bueno en tu alma, no sea que otro se lleve tu corona.

12 Al que venciere [38], yo le haré columna en el Templo de mi Dios, de donde no saldrá jamás fuera; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios la nueva Jerusalem, que desciende del cielo, y viene ó trae su orígen de mi Dios, y el nombre mio nuevo.

13 Quien tiene oido, escuche lo que dice el Espíritu á las Iglesias.

14 En fin al ángel de la Iglesia de Laodicea escribirás: Esto dice la misma Verdad, el testigo fiel y verdadero, el principio ó causa de las criaturas de Dios:

15 Conozco bien tus obras, que ni eres frio ni caliente: ¡ojalá fueras frio, ó caliente!

16 mas por cuanto eres tibio, y no frio ni caliente, estoy para vomitarte de mi boca;

17 porque estás diciendo: Yo soy rico, y hacendado, y de nada tengo falta; y no conoces que eres un desdichado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo.

18 Aconséjote que compres de mí el oro afinado en el fuego [39], con que te hagas rico, y te vistas de ropas blancas, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio para que veas [40].

19 Yo á los que amo, los reprendo y castigo. Arde pues en zelo de la gloria de Dios [41], y haz penitencia.

20 Hé aquí que estoy á la puerta de tu corazon, y llamo: si alguno escucháre mi voz, y me abriere la puerta, entraré á él, y con él cenaré, y él conmigo[42].

21 Al que venciere [43], le haré sentar conmigo en mi trono: así como yo fui vencedor, y me senté con mi Padre en su trono.

22 El que tiene oido, escuche lo que el Espíritu dice á las Iglesias.

CAPÍTULO IV.
San Juan en una vision extática vé á Dios en su sólio, rodeado de veinte y cuatro ancianos, y de cuatro animales misteriosos que le glorifican.

1 Despues de esto miré, y hé ahí que en un éxtasis ví una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta que hablaba conmigo, me dijo: Sube acá, y te mostraré las cosas que han de suceder en adelante.

2 Al punto fui elevado ó arrebatado en espíritu, y ví un sólio colocado en el cielo, y un personage sentado en el sólio:

3 y el que estaba sentado, era parecido á una piedra de jaspe, y de sardia ó granate; y en torno del sólio un arco iris, de color de esmeralda.

4 Y al rededor del sólio veinte y cuatro sillas, y veinte y cuatro ancianos sentados, revestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.

5 Y del solio salian relámpagos, y voces, y truenos; y siete lamparas [44] estaban ardiendo delante del sólio, que son los siete espíritus de Dios.

6 Y en frente del sólio habia como un mar trasparente de vidrio semejante al cristal, y en medio del espacio en que estaba el trono, y al rededor de él, cuatro animales llenos de ojos delante y detrás.

7 Era el primer animal parecido al leon, y el segundo á un becerro, y el tercer animal tenia cara como de hombre, y el cuarto animal semejante á una águila volando.

8 Cada uno de los cuatro animales, tenia seis alas, y por afuera de las alas, y por adentro estaban llenos de ojos; y no reposaban de dia ni de noche, diciendo: Santo, santo, santo es el Señor Dios todopoderoso, el cual era, el cual es, y el cual ha de venir [45].

9 Y mientras aquellos animales tributaban gloria, y honor, y bendicion ó accion de gracias al que estaba sentado en el trono, que vive por los siglos de los siglos,

10 los veinte y cuatro ancianos se postraban delante del que estaba sentado en el trono, y adoraban al que vive por los siglos de los siglos, y ponian sus coronas ante el trono, diciendo:

11 Digno eres ¡oh Señor Dios nuestro! de recibir [46] la gloria, y el honor, y el poderío; porque tu criaste todas las cosas, y por lu querer subsisten y fueron criadas.

CAPÍTULO V.
Mientras que san Juan lloraba de ver que nadie podia abrir el libro cerrado con siete sellos, abrióle el Cordero de Dios que poco antes habia sido muerto. Por lo que todas las criaturas le tributaron cánticos de alabanza.

1 Despues ví en la mano derecha del que estaba sentado en el solio, un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos [47].

2 Al mismo tiempo ví á un ángel fuerte y poderoso, pregonar á grandes voces: ¿Quién es el digno de abrir el libro, y de levantar sus sellos?

3 Y ninguno podia, ni en el cielo, ni en la tierra, ni debajo de la tierra, abrir el libro, ni aun mirarlo.

4 Y yo me deshacia en lágrimas, porque nadie se halló que fuese digno de abrir el libro, ni registrarle.

5 Entónces uno de los ancianos me dijo: No llores; mira como ya el leon de la tribu de Judá [48], la estirpe de David, ha ganado la vicioria para abrir el libro, y levantar sus siete sellos.

6 Y miré, y vi que en medio del sólio y de los cualro animales, y en medio de los ancianos, estaba un cordero como inmolado, el cual tenia siete cuernos [49], esto es, un poder inmenso, y siete ojos; que son ó significan los siete espíritus de Dios despachados á toda la tierra [50].

7 El cual vino, y recibió el libro de la mano derecha de aquel que estaba sentado en el sólio.

8 Y cuando hubo abierto el libro, los cuatro animales, y los veinte y cuatro ancianos se postraron ante el cordero, teniendo todos citaras y copas, ó incensarios, de oro, llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos;

9 y cantaban un cántico nuevo [51], diciendo: Digno eres, Señor, de recibir el libro, y de abrir sus sellos, porque tú has sido entregado á la muerte, y con tu sangre nos has rescatado para Dios, de todas las tribus, y lenguas, y pueblos, y naciones:

10 con que nos hiciste para nuestro Dios reyes y sacerdotes [52]; reinarémos sobre la tierra hasta que despues reinemos contigo en el cielo.

11 Ví tambien, y oi la voz de muchos ángeles al rededor del sólio, y de los animales, y de los ancianos; y su número era millares de millares,

12 los cuales decian en alta voz: Digno es el Cordero que ha sido sacrificado, de recibir el poder, y la divinidad, y la sabiduría, y la fortaleza, y el honor, y la gloria, y la bendicion [53].

13 Y á todas las criaturas, que hay en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y las que hay en el mar; á cuantas hay en todos estos lugares á todas las oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, bendicion, y honra, y gloria, y potestad por los siglos de los siglos.

14 A lo que los cuatro animales respondian: Amen. Y los veinte y cuatro ancianos se postraron sobre sus rostros, y adoraron á aquel que vive por los siglos de los siglos.

CAPÍTULO VI.
Señales misteriosas que fue viendo el apóstol, conforme iba el Cordero abriendo los seis primeros sellos.

1 Vi pues cómo el Cordero abrió el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro animales, que decia, con voz como de trueno: Ven, y verás.

2 Yo miré; y hé ahí un caballo blanco, y el que le montaba, tenia un arco, y diósele una corona, y salió victorioso para continuar las victorias.

3 Y como hubiese abierto el segundo sello, oí al segundo animal, que decia: Ven, y verás.

4 Y salió otro caballo bermejo; y al que le montaba, se le concedió el poder de desterrar la paz de la tierra, y de hacer que los hombres se matasen unos á otros, y así se le dio una grande espada[54].

5 Abierto que hubo el sello tercero, oí al tercer animal, que decia: Ven, y verás. Y ví un caballo negro, y el que le montaba, tenia una balanza en su mano.

6 Y oí cierta voz en medio de los cuatro animales, que decia: Dos libras de trigo valdrán un denario, y seis libras de cebada á denario tambien [55]; mas al vino y al aceite no hagas daño.

7 Despues que abrió el sello cuarto, oí una voz del cuarto animal, que decia: Ven, y verás.

8 Y hé ahi un caballo pálido y macilento, cuyo ginete tenia por nombre Muerte, y el infierno le iba siguiendo [56], y diósele poder sobre las cuatro partes de la tierra, para matar á los hombres á cuchillo, con hambre, con mortandad, y por medio de las fieras de la tierra.

9 Y cuando hubo abierto el quinto sello, ví debajo ó al pié del altar [57] las almas de los que fueron muertos por la palabra de Dios, y por ratificar su testimonio,

10 y clamaban á grandes voces, diciendo: ¿Hasta cuando, Señor, (tú que eres santo, y veraz) difieres hacer justicia, y vengar nuestra sangre contra los que habitan en la tierra?

11 Diósele luego á cada uno de ellos un ropage ó vestido blanco [58]; y se les dijo que descansasen ó aguardasen en paz un poco de tiempo, en tanto que se cumplía el número de sus consiervos y hermanos, que habian de ser martirizados tambien como ellos.

12 Ví asimismo cómo abrió el sexto sello; y al punto se sintió un gran terremoto, y el sol se puso negro como un saco de cilicio ó de cerda [59]; y la luna se volvió toda bermeja como sangre;

13 y las estrellas [60] cayeron del cielo sobre la tierra, á la manera que una higuera, sacudida de un recio viento, deja caer sus brevas;

14 y el cielo desapareció como un libro que es arrollado [61]; y todos los montes y las islas fueron movidos de sus lugares;

15 y los reyes de la tierra, y los príncipes, y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y todos los hombres, así esclavos como libres, se escondieron en las grutas y entre las peñas de los montes;

16 y decian á los montes, y peñascos: Caed sobre nosotros, y escondednos de la cara de aquel Señor que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero [62],

17 porque llegado es el dia grande de la cólera de ambos; ¿y quién podrá soportarla?
CAPÍTULO VII.
Se da órden á los ángeles que vienen á destruir la tierra, que no hagan. daño á los justos, tanto del pueblo de Israél, como de las demas naciones. Quiénes son los que vió san Juan vestidos de un ropage blanco.

1 Despues de esto ví cuatro ángeles que estaban sobre los cuatro ángulos ó puntos de la tierra, deteniendo los cuatro vientos de la tierra, para que no soplasen sobre la tierra, ni sobre la mar, ni sobre árbol alguno.

2 Luego ví subir del oriente á otro ángel [63], que tenia la marca ó sello de Dios vivo; el cual gritó con voz sonora á los cuatro ángeles, encargados de hacer daño á la tierra y al mar,

3 diciendo: No hagais mal á la tierra, ni al mar, ni á los árboles hasta tanto que pongamos la señal en la frente á los siervos de nuestro Dios.

4 Oí tambien el número de los señalados, que eran ciento cuarenta y cuatro mil, de todas las tribus de los hijos de Israél.

5 De la tribu de Judá habia doce mil señalados; de la tribu de Ruben doce mil señalados; de la tribu de Gad otros doce mil;

6 de la tribu de Aser doce mil señalados; de la tribu de Nephthali doce mil señalados; de la tribu de Manassés otros doce mil [64];

7 de la tribu de Simeon doce mil señalados; de la tribu de Leví doce mil señalados; de la tribu de Issachâr otros doce mil;

8 de la tribu de Zabulon doce mil señalados; de la tribu de Joseph ó Ephraim doce mil señalados; de la tribu de Benjamin otros doce mil.

9 Despues de esto ví una grande muchedumbre, que nadie podia contar, de todas naciones, y tribus, y pueblos, y lenguas; que estaban ante el trono, y delante del Cordero, revestidos de un ropage blanco, con palmas en sus manos [65];

10 y exclamaban á grandes voces, diciendo: La salvacion se debe á nuestro Dios, que está sentado en el sólio, y al Cordero.

11 Y todos los ángeles estaban en torno del sólio, y de los ancianos, y de los cuatro animales; y se postraron delante del sólio sobre sus rostros, y adoraron á Dios,

12 diciendo: Amen. Bendicion, gloria, y sabiduría, y accion de gracias, honra, y poder, y fortaleza á nuestro Dios por los siglos de los siglos: Amen.

13 En esto hablándome uno de los ancianos, me preguntó: Esos, que están cubiertos de blancas vestiduras, ¿quiénes son? y ¿de dónde han venido?

14 Yo le dije: Mi señor, tú lo sabes. Entónces me dijo: Estos son, los que han venido de una tribulacion grande, y lavaron sus vestiduras, y las blanquearon ó purificaron en la sangre del Cordero:

15 por esto están ante el sólio de Dios, y le sirven alabándole dia y noche en su Templo; y aquel que está sentado en el sólio, habitará en medio de ellos:

16 ya no tendrán, hambre, ni sed, ni descargará sobre ellos el sol, ni el bochorno [66];

17 porque el Cordero que está en medio del sólio, será su pastor, y los llevará á fuentes de aguas vivas, y Dios enjugará todas las lágrimas de sus ojos [67].

CAPÍTULO VIII.
Abierto ya el sello séptimo, se aparecen siete ángeles con siete trompetas; tocan los cuatro primeros cada uno la suya; cae fuego, la mar se altera, las aguas se vuelven amargas, y las estrellas pierden su resplandor.

1 Y cuando el Cordero hubo abierto el séptimo sello, siguióse un gran silencio en el cielo, cosa de media hora [68]. 2 Y ví luego á siete ángeles que estaban en pié delante de Dios, y diéronseles siete trompetas.

3 Vino entonces otro ángel, y púsose ante el altar con un incensario de oro; y diéronsele muchos perfumes, compuestos de las oraciones de todos los santos para que los ofreciese sobre el altar de oro, colocado ante el trono de Dios.

4 Y el humo de los perfumes ó aromas encendidos de las oraciones de los santos subió por la mano del ángel al acatamiento de Dios.

5 Tomó luego el ángel el incensario, llenóle del fuego del altar, y arrojando este fuego a la tierra, sintiéronse truenos, y voces, y relámpagos, y un grande terremoto.

6 Entre tanto los siete ángeles, que tenian las siete trompetas, se dispusieron para tocarlas.

7 Tocó pues el primer ángel la trompeta, y formóse una tempestad de granizo, y fuego, mezclados con sangre, y descargó sobre la tierra, con lo que la tercera parte de la tierra se abrasó, y con ella se quemó la tercera parte de los árboles, y toda la yerba verde.

8 El segundo ángel tocó tambien la trompeta, y al momento se vió caer en el mar como un grande monte todo de fuego [69], y la tercera parte del mar se convirtió en sangre,

9 y murió la tercera parte de las criaturas que vivian en el mar, y pereció la tercera parte de las naves.

10 Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una grande estrella [70] ó cometa, ardiendo como una tea, y vino a caer en la tercera parte de los rios, y en los manantiales de las aguas;

11 y el nombre de la estrella es Ajenjo; y asi la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, ó tomó su mal gusto: con lo que muchos hombres murieron a causa de las aguas, porque se hicieron amargas.

12 Despues tocó la trompeta el cuarto angel; y quedó herida de tinieblas la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, de tal manera que se oscurecieron en su tercera parte; y así quedó privado el dia de la tercera parte de su luz, y lo mismo la noche.

13 Entonces miré, y oí la voz de una águila [71] que iba volando por medio del cielo, y diciendo á grandes gritos: ¡Ay, ay, ay de los moradores de la tierra, por causa del sonido de las trompetas que los otros tres ángeles han de tocar!

CAPÍTULO IX.
Lo que aconteció al tocar la quinta y sería trompetas.

1 El quinto ángel tocó la trompeta; y ví una estrella del cielo [72] caida en la tierra, y diósele la llave del pozo del abismo.

2 Y abrió el pozo del abismo, y subió del pozo un humo semejante al de un grande horno: y con el humo de este pozo quedaron oscurecidos el sol y el aire;

3 y del humo del pozo salieron langostas [73] sobre la tierra, y dióseles poder, semejante al que tienen los escorpiones de la tierra:

4 y se les mandó no hiciesen daño a la yerba de la tierra, ni á cosa verde, ni á ningun árbol, sino solamente á los hombres, que no tienen la señal de Dios en sus frentes:

5 y se les encargó no que los matasen; sino que los atormentasen por cinco meses; y el tormento que causan, es como el que causa el escorpion, cuando hiere ó ha herido a un hombre.

6 Durante aquel tiempo los hombres buscarán la muerte, y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte irá huyendo de ellos [74].

7 Y las figuras de las langostas, se parecian á caballos aparejados para la batalla; y sobre sus cabezas tenian como coronas al parecer de oro; y sus caras así como caras de hombres [75].

8 Y tenian cabellos como cabellos de mugeres; y sus dientes eran como dientes de leones:

9 vestian tambien lorigas ó corazas como lorigas de hierro; y el ruido de sus alas como el estruendo de los carros tirados de muchos caballos que van corriendo al combate:

10 tenian asimismo colas parecidas á las de los escorpiones, y en las colas aguijones; con potestad de hacer daño a los hombres por cinco meses: y tenian sobre si 11 por rey al ángel del abismo, cuyo nombre [76] en hebreo es [77] Abaddon, en griego [78] Apollyon, que quiere decir en latin Exterminans, esto es, el Exterminador.

12 El un ay se pasó ya, mas luego despues van á venir dos ayes todavía.

13 Tocó pues el sexto ángel la trompeta; y oí una voz que salia de los cuatro ángulos del altar de oro, que está colocado ante los ojos del Señor,

14 la cual decia al sexto ángel, que tenia la trompeta: Desata á los cuatro ángeles del abismo que están ligados en el grande rio Euphrátes [79].

15 Fueron pues desatados los cuatro ángeles, los cuales estaban prontos para la hora, y el dia, y el mes, y el año, en que debian matar la tercera parte de los hombres.

16 Y el número de las tropas de á caballo era de doscientos millones [80]. Porque yo oí el número de ellas.

17 Asi como vi tambien en la vision los caballos; y los ginetes vestian corazas como de fuego, y de color de jacinto ó cárdenas, y de azufre, y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones y de su boca salia fuego, humo y azufre.

18 Y de estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres, es á saber, con el fuego, y con el humo, y con el azufre, que salian de sus bocas.

19 Porque la fuerza de los caballos está en su boca, y en sus colas; pues sus colas son semejantes á serpientes, y tienen cabezas, y con estas hieren.

20 Entre tanto los demas hombres, que no perecieron con estas plagas, no por eso hicieron penitencia de las obras de sus manos, con dejar de adorar á los demonios, y á los simulacros de oro, y de plata, y de bronce, y de piedra, y de madera, que ni pueden ver, ni oir, ni andar;

21 ni tampoco se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicacion ó deshonestidad, ni de sus robos.

CAPÍTULO X.
Aparece otro ángel cercado de una nube, con un libro en la mano: este ángel anuncia el cumplimiento de todo el misterio, así que el séptimo ángel haya tocado la trompeta. Una voz del cielo manda á san Juan que devore aquel libro ó pergamino.
1 Vi tambien á otro ángel valeroso bajar del cielo revestido de una nube, y sobre su cabeza el arco iris, y su cara era como el sol, y sus pies como columnas de fuego;

2 el cual tenia en su mano un librito abierto; y puso su pié derecho sobre la mar, y el izquierdo sobre la tierra;

3 y dió un grande grito, á manera de leon cuando ruge. Y despues que hubo gritado, siete truenos articularon sus voces.

4 Y articulado que hubieron los siete truenos sus voces, iba yo á escribirlas, cuando oí una voz del cielo que me decia: Sella, ó reserva en tu mente, las cosas, que hablaron los siete truenos, y no las escribas.

5 Y el ángel, que vi estar sobre la mar y sobre la tierra, levantó al cielo su mano,

6 y juró por el que vive en los siglos de los siglos, el cual crió el cielo, y las cosas que hay en él; y la tierra, con las cosas que hay en ella; y el mar, y cuanto en él se contiene: Que ya no habrá mas tiempo;

7 sino que cuando se oyere la voz del séptimo ángel, comenzando á sonar la trompeta, será consumado el misterio de Dios, segun lo tiene anunciado por sus siervos los Profetas [81].

8 Y oí la voz del cielo que hablaba otra vez conmigo, y decia: Anda, y toma el libro abierto de la mano del ángel que está sobre la mar y sobre la tierra.

9 Fui pues al ángel, pidiéndole que me diera el libro. Y me dijo: Tómale, y devórale [82]; que llenará de amargura tu vientre, aunque en tu boca será dulce como la miel.

10 Entónces recibí el libro de la mano del ángel, y le devoré; y era en mi boca dulce como la miel; pero habiéndole devorado, quedó mi vientre ó interior lleno de amargura.

11 Díjome mas: Es necesario que de nuevo profetizes á las naciones, y pueblos, y lenguas, y á muchos reyes.

CAPÍTULO XI.
Señales que habrá antes de tocar la última trompeta. Dos testigos ó mártires del Señor serán despedazados por la bestia, y resucitados por Dios. Toca el séptimo ángetl la trompeta: se describe la resurreccion de los muertos, y el juicio final.

1 Entónces se me dió una caña [83] á manera de una vara de medir, y díjoseme: Levántate y mide el Templo de Dios, y el altar, y cuenta los que adoran en él;

2 pero el átrio exterior del Templo [84] déjale fuera, (no cuides de él) y no le midas, por cuanto está dado á los gentiles, los cuales han de hollar la cuidad santa cuarenta y dos meses [85]:

3 entre tanto yo daré órden á dos testigos mios [86], y harán oficio de Profetas, cubiertos de sacos ó hábitos de penitencia, por espacio de mil doscientos y sesenta dias.

4 Estos son dos olivos, y dos candeleros puestos en la presencia del Señor de la tierra [87].

5 Y si alguno quisiere maltratarlos, saldrá fuego de la boca de ellos, que devorará á sus enemigos [88], pues asi conviene sea consumido, quien quisiere hacerles daño.

6 Los mismos tienen poder de cerrar el cielo, para que no llueva en el tiempo que ellos profetizen; y tienen tambien potestad sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para afligir la tierra con toda suerte de plagas siempre que quisieren.

7 Mas despues que concluyeren de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo, moverá guerra contra ellos, y los vencerá, y les quitará la vida.

8 Y sus cadáveres yacerán en las plazas dela grande ciudad, que se llama místicamente Sodoma y Egypto, donde asimismo el Señor de ellos fue crucificado [89]. 9 Y las gentes de las tribus, y pueblos, y lenguas, y naciones estarán viendo sus cuerpos por tres dias y medio; ni permitirán que se les dé sepultura [90]:

10 y los que habitan la tierra, se regocijarán con ver los muertos, y harán fiesta; y se enviarán presentes los unos á los otros, ó se darán albricias, á causa de que estos dos Profetas atormentaron con sus reprensiones á los que moraban sobre la tierra [91].

11 Pero al cabo de tres dias y medio, entró en ellos por virtud de Dios el espíritu de vida. Y se alzaron sobre sus pies, con lo que un terror grande sobrecogió á los que los vieron.

12 En seguida oyeron una voz sonora del cielo, que, les decia: Subid acá. Y subieron al cielo en una nube, y sus enemigos los vieron.

13 Y en aquella hora se sintió un gran terremoto, con que se arruinó la décima parte de la ciudad; y perecieron en el terremoto siete mil personas [92]; y los demas entraron en miedo, y dieron gloria al Dios del cielo.

14 El segundo ay se pasó; y bien pronto vendrá el ay tercero, ó la tercera desdicha.

15 En efecto, el séptimo ángel sonó la trompeta, y se sintieron voces grandes en el cielo que decian: El reino de este mundo, ha venido á ser reino de nuestro Señor y de su Christo, y destruido ya el pecado, reinará por los siglos de los siglos: Amen [93].

16 Aquí los veinte y cuatro ancianos, que están sentados en sus tronos en la presencia de Dios, se postraron sobre sus rostros, y adoraron á Dios, diciendo:

17 Gracias te tributamos ¡oh Señor Dios todopoderoso! á ti que eres, que eras ya antes, y que has de venir; porque hiciste alarde de tu gran poderío, y has entrado en posesion de tu reino [94].

18 Las naciones montaron en cólera [95]; mas sobrevino tu ira, y el tiempo de ser juzgados los muertos, y de dar el galardon á tus siervos los Profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, chicos y grandes, y de acabar con los que han corrompido la tierra.

19 Entonces se abrió el Templo de Dios en el cielo, y fue vista el Arca de su testamento en su Templo [96], y se formaron rayos, y voces, y truenos, y terremoto, y pedrisco espantoso.
CAPÍTULO XII.
De la guerra del diablo y del Antechristo contra la Iglesia, simbolizada en una muger misteriosa vestida del sol, que da á luz un hijo, y es perseguida del dragon infernal.

1 En esto, apareció un gran prodigio en el cielo: Una muger vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas:

2 y estando en cinta, gritaba con ansias de parir, y sufria dolores de parto.

3 Al mismo tiempo se vió en el cielo otro portento; y era un dragon descomunal bermejo con siete cabezas y diez cuernos; y en las cabezas tenia siete diademas;

4 y su cola traia arrastrando la tercera parte de las estrellas del cielo, y arrojólas á la tierra: este dragon se puso delante de la muger, que estaba para parir, á fin de tragarse al hijo, luego que ella le hubiese dado a luz.

5 En esto parió un hijo varon, el cual habia de regir todas las naciones con cetro de hierro; y este hijo fue arrebatado para Dios, y para su sólio [97];

6 y la muger huyó al desierto, donde tenia un lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por espacio de mil doscientos y sesenta dias [98].

7 Entre tanto se trabó una batalla grande en el cielo: Miguel sus ángeles peleaban contra el dragon, y el dragon con sus ángeles lidiaba contra él;

8 pero estos fueron los mas débiles, y despues no quedó ya para ellos lugar ninguno en el cielo.

9 Así fue abatido aquel dragon descomunal, aquella antigua serpiente, que se llama diablo, y tambien Satanás, que anda engañando al orbe universo; y fue lanzado y arrojado á la tierra, y sus ángeles con él.

10 Entónces oi una voz sonora en el cielo, que decia: Hé aquí el tiempo de salvacion, de la potencia, y del reino de nuestro Dios, y del poder de su Christo, porque ha sido ya precipitado del cielo el acusador de nuestros hermanos, que los acusaba dia y noche ante la presencia de nuestro Dios [99].

11 Y ellos le vencieron por los méritos de la sangre del Cordero, y en virtud de la palabra de la fé que han confesado, y por la cual desamaron sus vidas hasta perderlas por obedecer á Dios.

12 Por tanto regocijáos ¡oh cielos, y los que en ellos morais! ¡Ay de la tierra, y del mar! porque el diablo bajó á vosotros arrojado del cielo, y está lleno de furor, sabiendo que le queda poco tiempo [100].

13 Viéndose pues el dragon precipitado del cielo á la tierra, fue persiguiendo á la muger, que habia parido aquel hijo varon:

14 á la muger empero se le dieron dos alas de águila muy grande, para volar al desierto á su sitio destinado, en donde es alimentada por un tiempo y dos tiempos, y la mitad de un tiempo [101](tres años y medio) léjos de la serpiente.

15 Entónces la serpiente vomitó de su boca en pos de la muger, cantidad de agua como un rio, á fin de que la muger fuese arrebatada de la corriente [102].

16 Mas la tierra socorrió á la muger, y abriendo su boca, se sorbió al rio, que el dragón arrojó de la suya.

17 Con esto el dragón se irritó contra la muger; y marchóse á guerrear contra los demás de la casta ó linage de ella, que guardan los mandamientos de Dios, y mantienen la confesión de Jesu-Christo.

18 Y apostóse sobre la arena del mar.

CAPÍTULO XIII.
De una bestia monstruosa de siete cabezas y diez cuernos con diez diademas, que sale del mar y blasfema contra Dios y los santos, y es adorada por los hombres. Se levanta en la tierra otra bestia con dos cuernos, que da vigor á la primera.

1 Y vi una bestia que subia del mar, la cual tenia siete cabezas y diez cuernos, y sobre los cuernos diez diademas, y sobre las cabezas nombres deblasfemia.

2 Esta bestia que vi, era semejante a un leopardo, y sus pies como los de oso, y su boca como la de leon. Y le dió el dragon su fuerza, y su gran poder [103].

3 Vi luego una de sus cabezas que parecia como herida de muerte; y su llaga mortal fue curada. Con lo que toda la tierra pasmada [104] se fue en pos de la bestia.

4 Y adoraron al dragon, que dió el poder á la bestia: tambien adoraron á la bestia, diciendo: ¿Quién hay semejante á la bestia? y ¿quién podrá lidiar con ella?

5 Diósele asimismo una boca que hablase cosas altaneras y blasfemias; y se le dió facultad de [105] obrar así por espacio de cuarenta y dos meses.

6 Con eso abrió su boca en blasfemias contra Dios, blasfemando de su nombre, y de su tabernáculo, y de los que habitan en el cielo.

7 Fuéle tambien permitido el hacer guerra á los santos o fieles, y vencerlos [106]. Y se le dió potestad sobre toda tribu, y pueblo, y lengua, y nacion;

8 y asi la adoraron todos los habitantes de la { tierra; aquellos, digo, cuyos nombres no están escritos en el Libro de la vida del Cordero, que fue sacrificado desde el principio del mundo [107].

9 Quien tiene oidos, escuche ó atienda bien.

10 El que cautiváre á otros, en cautividad parará: quien á hierro matáre, es preciso que á hierro sea muerto. Aqui está el motivo de la paciencia, y de la firmeza de la fé que tienen los santos.

11despues otra bestia que subía de la tierra, y que tenia dos cuernos, semejantes á los del Cordero; mas su lenguage era como el del dragon.

17 Y ejercitaba todo el poder de la primera bestia en su presencia; é hizo que la tierra, y sus moradores, adorasen la bestia primera, cuya herida mortal quedó curada.

13 Y obró prodigios grandes, hasta hacer que bajase fuego del cielo á la tierra en presencia de los hombres.

14 Así es que engañó, ó embaucó, á los moradores de la tierra con los prodigios, que se le permitieron hacer á vista de la bestia, diciendo á los moradores de la tierra, que hiciesen una imágen de la bestia, que habiendo sido herida de la espada, revivió ó curó, como dijimos.

15 Tambien se le concedió el dar espiritu, y habla á la imágen de la bestia [108]; y el hacer que todos cuantos no adorasen la imágen de la bestia, sean muertos.

16 A este fin hará que todos los hombres, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, tengan una marca ó sello en su mano derecha, ó en sus frentes;

17 y que ninguno pueda comprar ó vender, sino aquel que tiene la marca, o nombre de la bestia, ó el número de su nombre.

18 Aquí está el saber. Quien tiene pues inteligencia, calcule el número de la bestia [109]. Porque su número es 'el que forman las letras del nombre de un hombre; y el número de la bestia es seiscientos sesenta y seis.

CAPÍTULO XIV.
Aparécese el Cordero de Dios sobre el monte Sion, seguido de los justos. El Evangelio es predicado en toda la tierra. Se anuncia el último juicio. Viene Jesu-Christo, y se hace la misteriosa siega y vendimia de su heredad.

1 Y hé aquí que miré; y ví que el Cordero estaba sobre el monte Sion, y con él ciento y cuarenta y cuatro mil personas que tenian escrito en sus frentes el nombre de él, y el nombre de su Padre.

2 Al mismo tiempo oí una voz del cielo, semejante al ruido de muchas aguas, y al estampido de un trueno grande; y la voz, que oí, era como de citaristas [110] que tañian sus cítaras.

3 Y cantaban como un cantar nuevo [111] ante el trono, y delante de los cuatro animales, y de los ancianos; y nadie podia cantar ni entender aquel cántico, fuera de aquellos ciento y cuarenta y cuatro mil, que fueron rescatados de la tierra.

4 Estos son los que no se amancillaron con mugeres; porque son vírgenes. Estos siguen al Cordero do quiera que vaya. Estos fueron rescatados [112] de entre los hombres como primicias escogidas para Dios, y para el Cordero,

5 ni se halló mentira en su boca, porque están sin mácula ante el trono de Dios.

6 Luego ví á otro ángel que volaba por medio del cielo, llevando el Evangelio eterno, para predicarle á los moradores de la tierra, á todas las naciones, y tribus, y lenguas, y pueblos;

7 diciendo á grandes Voces: Temed al Señor, y honradle, ó dadle gloria, porque venida es la hora de su juicio; y adorad á aquel que hizo el cielo, y la tierra, y el mar, y las fuentes de las aguas [113].

8 Y siguióse otro ángel que decia: Cayó, cayó aquella gran Babylonia, que hizo beber á todas las naciones del vino envenenado de su furiosa prostitucion [114].

9 A estos se siguió el tercer ángel, diciendo en voz alta: Si alguno adoráre la bestia y á su imágen, y recibiere la marca en su frente, ó en su mano,

10 este tal ha de beber tambien del vino de la ira de Dios, de aquel vino puro preparado en el cáliz de la cólera divina [115]; y ha de ser atormentado con fuego y azufre á vista de los ángeles santos, y en la presencia del Cordero;

11 y el humo de sus tormentos estará subiendo por los siglos de los siglos; sin que tengan descanso ninguno de dia ni de noche, los que adoraron la bestia y su imágen, como tampoco cualquiera que recibió la divisa de su nombre.

12 Aqui se verá el frufo de la paciencia de los santos, que guardan los mandamientos de Dios, y la fé de Jesus [116].

13 Y oí una voz del cielo, que me decia: Escribe: Bienaventurados los muertos, que mueren en el Señor [117]. Ya desde ahora dice el Espíritu, que descansen de sus trabajos, puesto que sus obras los van acompañando.

14 Miré todavía, y hé ahi una nube blanca y resplandeciente; y sobre la nube sentada una persona semejante al Hijo del hombre, la cual tenia sobre su cabeza una corona de oro, y en su mano una hoz afilada.

15 En este salió del Templo otro ángel gritando en alta voz al que estaba sentado sobre la nube: Echa ya tu hoz, y siega, porque venida es la hora de segar, puesto que está seca la mies de la tierra.

16 Echo pues el que estaba sentado sobre la nube, su hoz a la tierra, y la tierra quedó segada.

17 Y salió otro ángel del Templo, que hay en el cielo, que tenia tambien una hoz aguzada.

18 Salió tambien del altar otro ángel, el cual tenia poder sobre el fuego; y clamó en voz alta al que tenía la hoz aguzada, diciendo: Mete tu hoz aguzada, y vendimia los racimos de la viña de la tierra [118], pues que sus uvas están ya' maduras.

19 Entonces el ángel metió su hoz aguzada en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó la uva en el grande lugar de la ira de Dios [119];

20 y la vendimia fue pisada en el lagar fuera de la ciudad santa, y corrió sangre del lugar en tanta abundancia que llegaba hasta los frenos de los caballos por espacio de mil seiscientos estadios [120].

CAPÍTULO XV.
Cántico de Moysés y del Cordero, que cantan los que vencieron á la bestia. De las siete plagas postreras, representadas en siete copas llenas de la cólera de Dios, entregadas á siete ángeles.
1 Vi tambien en el cielo otro prodigio grande y admirable; siete ángeles que tenian en su mano las siete plagas que son las postreras, porque en ellas será colmada la ira ó castigo de Dios.

2 Y ví asimismo como un mar de vidrio revuelto con fuego, y á los que habian vencido á la bestia y á su imágen, y al número de su nombre, que estaban sobre el mar trasparente [121], teniendo unas cítaras de Dios;

3 y cantando el cántico de Moysés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandiosas y admirables son tus obras, ¡oh Señor Dios omnipotente! justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh rey de los siglos!

4 ¿Quién no te temerá ¡oh Señor! y no engrandecerá tu santo nombre? puesto que tú solo eres el piadoso [122]: de aquí es que todas las naciones vendrán, y se postrarán en tu acatamiento, visto que tus juicios están manifiestos [123].

5 Despues de esto miré otra vez, y hé aqui que fue abierto en el cielo el Templo del tabernáculo del testimonio ó el Santa-Santorum;

6 y salieron del Templo los siete ángeles que tenian las siete plagas en sus manos [124], vestidos de lino limpio y blanquísimo, y ceñidos junto á los pechos con ceñidores de oro.

7 Y uno de los cuatro animales dió á los siete ángeles siete cálices de oro, llenos de la ira del Dios que vive por los siglos de los siglos.

8 Y se llenó el Templo de humo á causa de la magestad de Dios, y de su virtud ó grandeza [125]; y nadie podia entrar en el Templo [126], hasta que las siete plagas de los siete ángeles fuesen terminadas [127].

CAPÍTULO XVI.
Terribles efectos de las siete tazas ó cálices de oro, que vierten los siete ángeles sobre la tierra.

1 En esto oí una voz grande del Templo, que decia á los siete ángeles: Id; y derramad las siete tazas de la ira de Dios en la tierra.

2 Partió pues el primero, y derramó su taza sobre la tierra, y se formó una úlcera cruel y maligna en los hombres, que tenian la señal ó divisa de la bestia, y en los que adoraron su imágen.

3 El segundo ángel derramó su taza en el mar, y quedo convertido en sangre [128] como de un cuerpo muerto; y todo animal, viviente en el mar, murió.

4 El tercer ángel derramó su taza sobre los rios, y sobre los manantiales de aguas, y se convirtieron en sangre.

5 Aquí oi al ángel que tiene el cuidado de las aguas, que decia: Justo eres, Señor, tú que eres, y has sido siempre santo, en estos juicios que ejerces;

6 porque ellos derramaron la sangre de los santos y de los Profetas, sangre les has dada á beber; que bien lo merecen.

7 Y á otro, oi que decia desde el altar: Si por cierto, Señor Dios todopoderoso, verdaderos y justos son tus juicios.

8 El cuarto ángel derramó su taza en el sol, y dióse le fuerza para afligir á los hombres con ardor y con fuego;

9 y los hombres, abrasándose con el calor excesivo, blasfemaron el nombre de Dios que tiene en su mano estas plagas, en vez de hacer penitencia para darle gloria.

10 El quinto ángel derramó su taza sobre la silla ó trono de la bestia; y quedó su reino lleno de tinieblas, y se despedazaron las lenguas en el exceso de su dolor:

11 y blasfemaron del Dios del cielo por causa de sus dolores y llagas; mas no se arrepintieron de sus obras.

12 El sexto ángel derramó su taza en el gran rio Eupbrátes; y secó sus aguas, á fin de abrir camino á los reyes que habian de venir del oriente.

13 Y ví salir de la boca del dragon, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espiritus inmundos en figura de ranas.

14 Porque estos son espiritus de demonios que hacen prodigios, y van á los reyes de toda la tierra con el fin de coligarlos en batalla para el dia grande del Dios todopoderoso.

15 Mirad que vengo como ladron, dice el Señor. Dichoso el que vela, y guarda bien sus vestidos, para no andar desnudo, y que no vean sus vergüenzas [129].

16 Los dichos serán reunidos en un campo, que en hebreo se llama Armagedon [130].

17 En fin el séptimo ángel derramó su taza por el aire, y salió una voz grande del Templo por la parte del trono, que decia: Esto es hecho [131].

18 Y siguiéronse relámpagos, y voces, y truenos, y se sintió un gran terremoto, tal y tan grande, cual nunca hubo desde que hay hombres sobre la tierra.

19 Con lo cual la ciudad grande se rompió en tres partes, y las ciudades de las naciones se arruinaron; y de la gran Babylonia se hizo memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino de la indignacion de su cólera.

20 Y todas las islas desaparecieron, y no quedó rastro de montes.

21 Y cayó del cielo sobre los hombres granizo ó pedrisco del grandor como de un talento [132]; y los hombres blasfemaron de Dios por la plaga del pedrisco: plaga que fue en estremo grande.

CAPÍTULO XVII.
Descripcion de la gran ramera, esta es, de Babylonia, que se embriagó con la sangre de los mártires, y se vió sentada sobre la bestia de las siete cabezas y los diez cuernos.

1 Vino entónces uno de los siete ángeles, que tenian las siete tazas, y habló conmigo, diciendo: Ven, te mostraré la condenacion de la gran ramera, que tiene su asiento sobre muchas aguas,

2 con la cual se amancebaron los reyes de la tierra, y con el vino de su torpeza, ó idolatría y corrupcion de costumbres, están emborrachados los que hábitan la tierra [133].

3 Y me arrebató en espíritu al desierto. Y vi á una muger sentada sobre una bestia bermeja, llena de nombres de blasfemia, que tenia siete cabezas y diez cuernos.

4 Y la muger estaba vestida de púrpura y de escarlata, y adornada de oro, y de piedras preciosas, y de perlas, teniendo en su mano una taza de oro, llena de abominacion, y de la inmundicia de sus fornicaciones;

5 y en la frente tenia escrito este nombre: Misterio: Babylonia la grande, madre de las deshonestidades y abominaciones de la tierra.

6 Y vi á esta muger embriagada con la sangre de los santos, y con la sangre de los mártires de Jesus. Y al verla quedé sumamente atónito.

7 Mas el ángel me dijo: ¿De qué te maravillas? Yo te diré el misterio ó secreto de la muger, y de la bestia de siete cabezas y diez cuernos, en que va montada.

8 La bestia que has visto, fue, y no es (perecerá presto); ella ha de subir del abismo, y vendrá á perecer luego [134]: y los moradores de la tierra (aquellos cuyos nombres no están escritos en el Libro de la vida desde la creacion del mundo) se pasmarán viendo la bestia, que era y no es.

9 Aquí hay un sentido que está lleno de sabiduría. Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales la muger tiene su asiento, y tambien son siete reyes.

10 Cinco cayeron, uno existe, y el otro no ha venido aun; y cuando venga, debe durar poco tiempo.

11 Ahora la bestia que era, y no es, esa misma es la octava [135]; y es de los siete [136], y va á fenecer.

12 Los diez cuernos que viste, diez reyes son; los cuales todavía no han recibido reino, mas recibirán potestad como reyes por una hora, (ó por breve tiempo) despues de la bestia.

13 Estos tienen un mismo designio, y entregarán á la bestia sus fuerzas y poder.

14 Estos pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá; siendo como es el señor de los señores, y el rey de los reyes, y los que con él están, son los llamados, los escogidos y los fieles.

15 Díjome mas: Las aguas que viste, donde está sentada la ramera, son pueblos, y naciones, y lenguas.

16 Y los diez cuernos que viste en la bestia [137], esos aborrecerán á la ramera, y la dejarán desolada, y desnuda, y comerán sus carnes, y á ella la quemarán en el fuego.

17 Porque Dios ha movido sus corazones para que hagan lo que á él le plugo; y den su reino á la bestia hasta que se cumplan las palabras de Dios.

18 En fin la muger que viste, es aquella ciudad grande, que tiene imperio sobre los reyes de la tierra.

CAPÍTULO XVIII.
Ruina, juicio y castigo de la gran Babylonia, sobre la cual lloran amargamente los que siguieron su partido; mas los santos del cielo cantan el triunfo.
1 Y despues de esto ví descender del cielo á otro ángel, que tenia potestad grande; y la tierra quedó iluminada con su claridad.

2 Y exclamó con mucha fuerza, diciendo: Cayó, cayó Babylonia la grande; y está hecha morada de demonios, y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de todas las aves asquerosas y abominables:

3 por cuanto todas las naciones bebieron del vino irritante ó venenoso de su disolucion; y los reyes de la tierra estuvieron amancebados con ella; y los mercaderes de la tierra se hicieron ricos con el precio de sus regalos ó exceso del lujo.

4 Y oí otra voz del Cielo, que decia: Los que sois del pueblo mio, escapad de ella, para no ser participantes de sus delitos, ni quedar heridos de sus plagas.

5 Porque sus pecados han llegado hasta el cielo [138], y Dios se ha acordado de sus maldades.

6 Dadle á ella el retorno que os ha dado ella misma; y aun redobládselo segun sus obras: en la taza misma, con que os dió á beber, echadle al doble.

7 Cuanto se ha engreido y regalado, dadle otro tanto de tormento y de llanto, ya que dice en su corazon: Estoy como reina sentada en sólio; y no soy viuda, y no veré duelo.

8 Por eso en un dia sobrevendrán sus plagas, mortandad, llanto y hambre, y será abrasada del fuego; porque poderoso es el Dios, que ha de juzgarla.

9 Entonces llorarán, y harán duelo sobre ella los reyes de la tierra, que vivieron con ella amancebados, y en deleites, al ver el humo de su incendio;

10 puestos á lo lejos por miedo de sus tormentos, dirán: ¡Ay, ay de aquella gran ciudad de Babylonia, de aquella ciudad poderosa! ¡Ay, en un instante ha llegado tu juicio!

11 Y los negociantes de la tierra prorumpirán en llantos y lamentos sobre la misma, porque nadie comprara ya sus mercaderías;

12 mercaderias de oro, y de plata, y de pedrería, y de perlas, y de lino delicado, y de púrpura, y de seda. y de escarlata, ó grana, (y de toda madera olorosa, y de toda suerte de muebles de marfil y de piedras preciosas, y de bronce, y de hierro, y de mármol,

13 y de cinamomo ó canela) y de perfumes, y de ungüentos olorosos, y de incienso, y de vino, y de aceite, y de flor de harina, y de trigo, y de bestias de carga, y de ovejas, y de caballos, y de carrozas, y de esclavos, y de vidas de hombres ó de gladiadores.

14 ¡Oh Babylonia! las frutas sabrosas al apetito de tu alma te han faltado [139], todo lo sustancioso y espléndido pereció para tí, ni lo hallarás ya mas.

15 Así los traficantes de estas cosas, que se hicieron ricos, se pondrán lejos de ella por miedo de sus tormentos, y gimiendo y llorando,

16 dirán: ¡Ay, ay de la ciudad grande, que andaba vestida de lino delicadísimo, y de púrpura, y de grana, y cubierta de oro, y de piedras preciosas, y de perlas;

17 como en un instante se redujeron á nada tantas riquezas! Y todo piloto, y todo navegante del mar, y los marineros, y cuantos trafican en el mar, se pararon á lo lejos,

18 y dieron gritos viendo el lugar ó el humo de su incendio, diciendo: ¿Qué ciudad hubo semejante á esta en grandeza?

19 Y arrojaron polvo sobre sus cabezas, y prorumpieron en alaridos llorando, y lamentando decian: ¡Ay, ay de aquella gran ciudad, en la cual se enriquecieron con su comercio todos los que tenian naves en la mar; cómo fue asolada en un momento!

20 ¡Oh cielo! regocijate sobre ella, como tambien vosotros ¡oh santos apóstoles y profetas! pues que Dios condenándola ha tomado venganza por vosotros (os ha hecho justicia).

21 Aqui un ángel robusto alzó una piedra como una gran rueda de molino, y arrojóla en el mar, diciendo: Con tal ímpetu será precipitada Babylonia la ciudad grande, y ya no parecerá mas.

22 Ni se oirá en tí jamas voz de citaristas, ni de músicos, ni de tañedores de flauta, ni de clarineros: ni se hallará en tí artífice de arte alguna; ni tampoco se sentirá en tí ruido de atahona;

23 ni luz de lámpara te alumbrará en adelante; ni volverá á oirse en tí voz de esposo y esposa: en vista de que tus mercaderes eran los magnates de la tierra, y de que con tus hechizos anduvieron desatinadas todas las gentes.

24 Al mismo tiempo se halló en ella la sangre de los Profetas, y de los santos, y de lodos los que han sido muertos en la tierra.

CAPÍTULO XIX.
Triunfo y cántico de los santos por la ruina de Babylonia, por el reino de Dios, y por las bodas del Cordero. Jesu-Christo, Verbo de Dios, triunfa de sus enemigos.

1 Despues de estas cosas oí en el cielo como una voz de muchas gentes, que decian: Alleluya: La salvacion, y la gloria, y el poder son debidos á nuestro Dios;

2 porque verdaderos son y justos sus juicios, pues ha condenado á la gran ramera, la cual estragó la tierra con su prostitucion, y ha vengado la sangre de sus siervos derramada por las manos de ella.

3 Y segunda voz repitieron: Alleluya. Y el humo de ella ó de su incendio está subiendo por los siglos de los siglos (no se acabará jamás).

4 Y los veinte y cuatro ancianos, y los cuatro animales [140] se postraron, y adoraron á Dios que estaba sentado en el sólio, diciendo: Amen: Alleluya.

5 Y del sólio salió una voz que decia: Alabad á nuestro Dios todos sus siervos, y los que le temeis, pequeños y grandes.

6 Oi tambien una voz como de gran genltío, y como el ruido de muchas aguas, y como el estampida de grandes truenos, que decia: Alleluya; porque tomó ya posesion del reino el Señor Dios nuestro todopoderoso.

7 Gozémonos, y saltemos de júbilo, y démosle la gloria, pues son llegadas las bodas del Cordero [141], y la Iglesia su esposa se ha puesto de gala ó ataviada.

8 Y se le ha dado que se vista de tela de lino finísimo, brillante y blanco. Cuya tela finísima de lino son las virtudes de los santos.

9 Y díjome el ángel: Escribe: Dichosos los que son convidados á la cena de las bodas del Cordero; y añadióme: Estas palabras de Dios son verdaderas.

10 Yo me arrojé luego á sus pies, para adorarle. Mas él me dice: Guárdate de hacerlo, que yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los que mantienen el testimonio de Jesus. A Dios has de adorar. Porque el espíritu de profecía que hay en tí, es el testimonio [142] de Jesus.

11 En esto vi el Cielo abierto, y hé aquí un caballo blanco, y el que estaba montado sobre él, se llamaba Fiel y Veraz, el cual juzga con justicia, y combate.

12 Eran sus ojos como llamas de fuego, y tenia en la cabeza muchas diademas, y un nombre escrito, que nadie le entiende, ó comprende, sino él mismo. 13 Y vestía una ropa teñida ó salpicada en sangre; y él es y se llama el Verbo de Dios.

14 Y los ejércitos que hay en el cielo, le seguian vestidos de un lino finísimo, blanco y limpio, en caballos blancos.

15 Y de la boca de él salia una espada de dos filos, para herir con ella á las gentes. Y él las ha de gobernar con cetro de hierro [143]; y él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira del Dios omnipotente.

16 Y tiene escrito en su vestidura, y en el muslo: Rey de los reyes, y señor de los señores.

17 Vi tambien a un ángel que estaba en el sol, y clamó en alta voz, diciendo á todas las aves, que volaban por medio del cielo: Venid, y congregaos á la cena grande de Dios;

18 á comer carne de reyes, y carne de tribunos, y carne de poderosos, y carne de caballos, y de sus ginetes, y carne de todos, libres y esclavos, y de chicos y de grandes.

19 Y vi á la bestia, y a los reyes de la tierra, y sus ejércitos coligados, para trabar batalla contra el que estaba montado sobre el caballo, y contra su ejército.

20 Entonces fue presa la bestia, y con ella el falso profeta, que á vista de la misma habia hecho prodigios, con que sedujo á los que recibieron la marca de la bestia, y a los que adoraron su imágen. Estos dos fueron lanzados vivos en un estanque de fuego que arde con azufre.

21 Mientras los demas fueron muertos con la espada que sale de la boca del que estaba montado en el caballo blanco, y todas las aves se hartaron de la carne de ellos.

CAPÍTULO XX.
El ángel encadena á Satanás en el abismo por el tiempo de mil años; durante los cuales las almas de los mártires renarán con Christo en la primera resurreccion. Suelto despues Satanás, mueve á Gog y á Magog contra la ciudad santa; pero el cielo enviará fuego que los devorará. Despues Jesu-Christo juzgará á todos los muertos.

1 Vi tambien descender del cielo á un ángel, que tenia la llave del abismo, y una gran cadena en su mano.

2 Y agarró al dragon, esto es, á aquella serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y le encadenó por mil años;

3 y metióle en el abismo, y le encerró, y puso sello sobre él para que no ande mas engañando á las gentes, hasta que se cumplan los mil años; despues de los cuales ha de ser soltado por un poco de tiempo.

4 Luego vi unos tronos, y vários personages que se sentaron en ellos, y se les dió la potestad de juzgar: y ví las ánimas de los que habian sido degollados por la confesion de Jesus, y por la palabra de Dios, y los que no adoraron la bestia, ni á su imágen, ni recibieron su marca en las frentes, ni en las manos, que vivieron, y reinaron con Christo mil años [144]. 5 Los otros muertos no revivirán hasta cumplirse los mil. años. Esta es la resurreccion primera.

6 Bienaventurado y santo quien tiene parte en la primera resurreccion: sobre los tales la segunda muerte, que es la eterna de los réprobos, no tendrá poderio, antes serán sacerdotes de Dios y de Jesu-Christo, y reinarán con él mil años.

7 Mas al cabo de los mil años, será suelto Satanás de su prision, y saldrá, y engañará á las naciones, que hay sobre los cuatro ángulos del mundo, á Gog y á Magog, y los juntará para dar batalla, cuyo número es como la arena del mar [145].

8 Y extendiéronse sobre la redondez dela tierra, y cercaron los reales ó acampamento de los santos, y la Ciudad amada.

9 Mas Dios llovió fuego del cielo, que los consumió; y el diablo, que los traia engañados, fue precipitado en el estanque de fuego y azufre, donde tambien la bestia

10 y el falso profeta serán atormentados dia y noche por los siglos de los siglos.

11 Despues vi un gran sólio reluciente, y a uno, esto es, á Jesu-Christo, sentado en él, á cuya vista desapareció la tierra y el cielo, y no quedó nada de ellos [146].

12 Y vi á los muertos, grandes y pequeños, estar delante del trono, y abriéronse los libros de las conciencias; y abrióse tambien otro Libro, que es el de la vida [147], y fueron juzgados los muertos, por las cosas escritas en los libros, segun sus obras.

13 El mar pues entregó los muertos, que había en él; y la muerte y el infierno entregaron los muertos que tenian dentro; y se dió á cada uno la sentencia segun sus obras.

14 Entonces el infierno y la muerte [148] fueron lanzados en el estanque de fuego. Esta es la muerte segunda y eterna.

15 El que no fue hallado escrito en el Libro de la vida, fue asimismo arrojado en el estanque de fuego.
CAPÍTULO XXI.
Fin dichoso y bienaventurado estado de los justos despues del juicio, y desastrosa suerte de las pecadores. Descripcion de la ciudad celestial de Jerusalem, mística esposa del divino Cordero.

1 Y vi un cielo nuevo y tierra nueva [149]. Porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y ya no habia mar.

2 Ahora pues yo Juan vi la ciudad santa, la nueva Jerusalem, descender del cielo por la mano de Dios, compuesta, como una novia engalanada, para su esposo [150].

3 Y oi una voz grande que venia del trono, y decia: Ved aquí el tabernáculo de Dios entre los hombres, y el Señor morará con ellos. Y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios, habitando en medio de ellos, será su Dios;

4 y Dios enjugará de sus ojos todas las lágrimas: ni habrá ya muerte, ni llanto, ni alarido, ni habrá mas dolor, porque las cosas de antes son pasadas [151].

5 Y dijo el que estaba sentado en el sólio: Hé aqui que renuevo todas las cosas. Y díjome á mí: Escribe, porque todos estas palabras son diguisimas de fé, y verdaderas.

6 Y díjome: Esto es hecho. Yo soy el Alpha y la Omega, el principio y el fin de todo. Al sediento [152] yo le daré de beber graciosamente, ó sin interés, de la fuente del agua dela vida.

7 El qué venciere [153], poseerá todas estas cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

8 Mas en órden á los cobardes, é incrédulos, y execrables ó desalmados, y homicidas, y deshonestos, y hechiceros, é idólatras, y á todos los embusteros [154], su suerte será en el lago que arde con fuego y azutfre, que es la muerte segunda y eterna,

9 Vino despues un ángel de los siete que tenian las tazas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven, y te mostraré la esposa, novia del Cordero.

10 Con eso me llevó en espiritu [155] á un monte grande y encumbrado, y mostróme la ciudad santa de Jerusalem que descendia del cielo y venia de Dios,

11 la cual tenia le claridad de Dios [156]; cuya luz era semejante á una piedra preciosa, á piedra de jaspe, trasparente como cristal.

12 Y tenia un muro grande, y alto, con doce puertas; y en las puertas doce ángeles, y nombres esculpidos, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israél.

13 Tres puertas al Oriente, y tres puertas al Norte, tres puertas al Mediodía, y otras tres al Poniente.

14 Y el muro de la ciudad tenia doce cimientos, y en ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero [157].

15 Y el que hablaba conmigo, tenia una caña de medir[158], que era de oro; para medir la ciudad, y sus puertas, y la muralla:

16 es de advertir que la ciudad es cuadrada, y tan larga como ancha: midió pues la ciudad con la caña de oro, y tenia doce mil estadios de circúito[159], siendo iguales su longitud, altura y latitud [160].

17 Midió tambien la muralla y hallóla de ciento y cuarenta y cuatro codos de alto, medida de hombre, que era tambien la del ángel [161].

18 El material empero de este muro era de piedra jaspe; mas la ciudad era de un oro puro, tan trasparente que se parecia á un vidrio ó cristal sin mota.

19 Y los fundamentos del muro de la ciudad estaban adornados con toda suerte de piedras preciosas. El primer fundamento era de jaspe; el segundo de zafiro; el tercero de calcedonia ó rubí; el cuarto de esmeralda;

20 el quinto de sardónica; el sexto de sárdio; el séptimo de crisolito; el octavo de berilo; el nono de topacio; el décimo de crisopraso ó lápiz lázuli; el undécimo de jacinto; el duodécimo de amatista.

21 Y las doce puertas son doce perlas; y cada puerta estaba hecha de una de estas perlas; y el pavimento de la ciudad oro puro, y trasparente como el cristal.

22 Y yo no vi templo en ella. Por cuanto el Señor Dios omnipotente es su templo, con el Cordero.

23 Y la ciudad no necesita sol ni luna que alumbren en ella, porque la claridad de Dios la tiene iluminada, y su lumbrera es el Cordero.

24 Y á la luz de ella andarán las gentes; y los reyes de la tierra llevarán á ella su gloria y su magestad.

25 Y sus puertas no se cerrarán al fin de cada dia, porque no habrá alli noche.

26 Y en ella se introducirá, y vendrá á parar la gloria y la honra de las naciones.

27 No entrará en esta ciudad cosa sucia ó contaminada, ni quien comete abominacion y falsedad, sino solamente los que se hallan escritos en el libro de la vida del Cordero.

CAPÍTULO XXII.
Conclúyese la admirable y misteriosa pintura de la celestial Jerusalem, y con ella el Apocalypsi ó la Revelacion de Jesu-Christo á su discípulo amado.

1 Mostróme tambien un rio de agua vivifica ó de vida, claro como un cristal, que manaba del sólio de Dios y del Cordero.

2 En medio de la plaza de la ciudad, y de la una y otra parte del rio estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol sanan á las gentes [162].

3 Allí no habrá jamás maldicion alguna, sino que Dios y el Cordero estarán de asiento en ella, y sus siervos le servirán de contínuo.

4 Y verán su cara, y tendrán el nombre de él sobre sus frentes.

5 Y allí no habrá jamás noche; ni necesitarán luz de antorcha, ni luz de sol, por cuanto el Señor Dios los alumbrará, y reinarán por los siglos de los siglos.

6 Díjome mas: Estas palabras son dignas de todo crédito, y muy verdaderas. Y el Señor Dios de los espíritus de los Profetas ha enviado su ángel á manifestar á sus siervos cosas que deben suceder pronto [163].

7 Mas hé aqui, dice el Señor, que yo vengo á toda prisa. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.

8 Y yo Juan, soy el que he oido y visto estas cosas. Y despues de oídas y vistas, me postré ante los pies del ángel, que me las enseñaba, en acto de adorarle;

9 pero él me dijo: Guárdate de hacerlo, que yo soy un consiervo tuyo, y de tus hermanos los Profetas, y de los que observan las palabras de la profecía de este libro. Adora á Dios.

10 Díjome tambien: No selles [164] las palabras de la profecía de este libro, pues el tiempo está cerca.

11 El que daña, dañe aun; y el que está sucio, prosiga ensuciándose [165]; pero el justo justifíquese mas y mas; y el santo, mas y mas se santifique.

12 Mirad que vengo luego, y traigo conmigo mi galardon, para recompensar á cada uno segun sus obras.

13 Yo soy el Alpha y la Omega, el primero y el último, el principio y el fin.

14 Bienaventurados los que lavan sus vestiduras [166] en la sangre del Cordero, para tener derecho al árbol de la vida, y á entrar por las puertas de la ciudad santa.

15 Queden á fuera los perros, y los hechiceros, y los deshonestos, y los homicidas, y los idólatras, y todo aquel que ama y platica mentira.

16 Yo Jesus envié mi angel, á notificaros estas cosas en las Iglesias. Yo soy la raiz ó estirpe, y la prosapia de David, el lucero brillante de la mañana [167].

17 Y el espíritu, y la esposa [168] dicen: Ven. Diga tambien quien escucha: Ven. Asimismo el que tiene sed [169], venga; y el que quiera, tome de balde el agua de vida.

18 Ahora bien, yo protesto á todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: Que si alguno añadiere á ellas cualquiera cosa, Dios descargará sobre él las plagas escritas en este libro.

19 Y si alguno quitáre cualquiera cosa de las palabras del libro de esta profecía, Dios le quitará á él del libro de la vida, y de la ciudad santa, y no le dará parte en lo escrito en este libro.

20 El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente yo vengo luego. Así sea. Ven! oh Señor Jesus!

21 La gracia de nuestro Señor Jesu-Christo sen con todos vosotros. Amen





FIN DEL APOCALYPSI DE SAN JUAN
Y DEL NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CHRISTO.

  1. Por estos siete espíritus unos entienden los siete ángeles custodios de las siete Iglesias; otros los siete primeros ángeles que asisten al trono de Dios. Tob. XII. v.15. Algunos lo entienden tambien de los siete dones del Espíritu santo.
  2. Porque despues de haber triunfado del mundo, demonio y carne, le ofrecemos las víctimas espirituales, que son las plegarias y alabanzas que salen de nuestros lábios, en lugar de becerros, carneros, etc. que ofrecian los judíos. Véase Becerros.
  3. Poseidos de un tardío é inútil arrepentimiento.
  4. Alpha y omega son los nombres de la primera y última letras del alfabeto griego, cuya lengua era la usada en el Asia menor; y esta expresion ó modismo le explica san Juan en seguida.
  5. A que tambien soy llamado.
  6. Desterrado allí por Domiciano.
  7. La opinion mas verosímil es que san Juan vio á un ángel, que representaba y hablaba en nombre de Jesu Christo;pero no era el mismo Jesu Christo.
  8. La faja de oro era un adorno que usaban los reyes en señal de su autoridad. Job. XII. v.18.
  9. Véase Daniel VII. v.9.
  10. Por las siete estrellas entienden los expositores los siete obispos de las siete Iglesias, protegidos por la derecha de Dios. La espada es símbolo de la venganza ó castigo; y tambien de la palabra de Dios. Heb. IV. v.12. El rostro puede denotar la gloriosa humanidad del Hijo de Dios. Joann. VI.
  11. Esto es, los obispos. Véase II. Cor. V. v.20.
  12. Y has hecho ver que es falsa su doctrina.
  13. Retirando de esa Iglesia la luz de la fé.
  14. Véase Vida.
  15. Por medio de sus ministros.
  16. Esto es, por breve tiempo: otros lo entienden literalmente.
  17. Esto es, de la muerte que el pecado da al alma quitándole la vida de la gracia: otros lo entienden de la muerte eterna que sufren los malos.
  18. O está como en su trono la idolatría.
  19. Comiendo viandas sacrificadas á los ídolos.
  20. Exod. XVI. v.15.—Joann. VI. v.31.
  21. Esto es, sentencia favorable, ó una señal de la victoria.
  22. Las que hacias recien convertido á la fé.
  23. Se cree que esa Jezabel, llamada tal vez así por alusion á la perversa reina Jezabel (III. Reg. XVIII. v.4.), era alguna muger rica, que continuaba en sus placeres, sin hacer caso de la declaracion del Concilio de los apóstoles.
  24. Cargándola de dolores. I. Cor. XI. v.30.
  25. Esto es, los delirios de los gnósticos.
  26. No os pediré sino lo mandado por mis apóstoles.
  27. Juzgará conmigo algún dia a todas las naciones rebeldes al Evangelio, condenándolas con rigor. Ps. II. v.9.—Sap. III. v.8.—Matth. XIX. v.28.
  28. Esto es, la luz de la gloria. Tambien puede entenderse por lucero de la mañana el mismo Jesu-Christo. Véase cap. XXII. v. 16.
  29. Para castigarte severamente.
  30. Sino que han conservado la inocencia, significada en la blanca túnica que vistieron al bautizarse.
  31. En señal de fiesta y alegría.
  32. Como ellos, á este mundo corrompido.
  33. Reconociéndole por uno de mis fieles discípulos.
  34. Esto es, de la Iglesia, Is. XXII. v. 22.
  35. Para que hagas entrar por ella en la Iglesia á los infieles.
  36. Pues solamente lo son en el nombre.
  37. Ya que has seguido los documentos de mi paciencia, sufriendo las tribulaciones. Parece que esto puede aludir á la persecucion del tiempo de Trajano.
  38. Los alagos y amenazas del mundo.
  39. De la caridad ardiente que recibirás por medio de la penitencia.
  40. Esto es, con la humildad, la cual te manifestará el estado deplorable en que te hallas, y el modo de salir de él. Colirio es un medicamento, que se aplica para curar las enfermedades de los ojos.
  41. Desterrando de tí esa tibieza tu servirles.
  42. Esto es, le trataré con familiaridad: ó tambien, le admitiré á mi mesa celestial. Véase Convite.
  43. Al mundo, demonio y carne.
  44. Alude á las siete lámparas del Tabernáculo. Véase Tabernáculo, Templo.
  45. Véase Is. VI. v.3.
  46. De la boca de las criaturas todas el tributo de...
  47. Por este Libro entienden Orígenes, Eusebio y san Gerónimo las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento. Otros creen que es el mismo Libro del Apocalypsi. Véase Libro.
  48. Gen. XLI. X. v.9.
  49. Véase Cuerno.
  50. Como ejecutores de sus órdenes. Véase Tob. XII. v.15.
  51. 3 Véase Nuevo.
  52. Reyes, como coherederos con Jesu-Christo del reino celestial, y sacerdotes, por la parte que tenemos en el sacerdocio de Christo. Véase I. Pet. II. v.9.
  53. De la boca de todas las criaturas, ó de que todo el mundo le adore, le tema y le alabe.
  54. Parece que se designan aqui las terribles persecuciones que padeció la Iglesia desde que nació. La espada es el símbolo de la mortandad, y lo mismo el color rojo del caballo.
  55. Esto es, poco mas de un real de plata, que es todo lo que gana un jornalero; de suerte que no podrá alimentar á su familia Amos VII. I. v.11. Véase Denario.
  56. Esto es, el sepulcro: ó tambíen, una multitud de réprobos ó condenados, Por esta vision entienden algunos á Mahoma y su secta. Véase Muerte, Infierno.
  57. En tierra, y al pié de la ara, á manera de victimas acabadas de inmolar.
  58. Símbolo de pureza, de gozo, y de triunfo.
  59. Véase Cilicio.
  60. Rayos ó globos de fuego. Véase Is. XIII. v.10. Ezech. XXXII. v.7.—Matth. XXIV. v.29. Tambien puede entenderse de los dioses ó ídolos de los gentiles, que son llamados estrellas ó astros, y á veces ejército del cielo.
  61. O envuelto en su cilindro. Is. XXXIV. v.4. Véase Libro.
  62. Is. II. v.19.—Os. X. v.8.—Luc. XXIII. v.30. Parece que se habla aquí de la segunda venida de Jesu-Christo. Algunos intérpretes explican esto en sentido alegórico ó místico; y otros lo entienden de la ruina de Jerusalem.
  63. Algunos entienden por este ángel á Elías, enviado por Jesu-Christo, llamado Oriente, y Sol de Justicia en vários lugares de la Escritura. Véase Luc. I. v.78, y la profecía de Malachîas, cap. IV. v.5.
  64. Algunos expositores opinan que se omite aquí la tribu de Dan, porque de ella se cree comunmente que ha de nacer el Antechristo, lo que deducen de la célebre profecía de Jacob, Gen. XLIX. v.17.
  65. En señal de la pureza de su vida, y símbolo de su triunfo.
  66. Ni ardor, ó incomodidad alguna Is. XLIX. v.10.
  67. Psalm. XXXV. v.9.—Is. XXV. v.8.
  68. Alude al rito del Templo, durante el incienso; en cuyo breve tiempo se observaba un grandísimo silencio, orando todos dentro de su corazon. El humo del incienso subiendo al cielo, representaba las oraciones de los que adoraban á Dios. Véase Incienso.
  69. Por este monte entienden algunos el poder de los romanos, cuando destruyeron á Jerusalem, otros la heregia, que todo lo abrasa; y otros la entera destruccion del universo en el último dia.
  70. Por esta estrella ardiendo entiende el sábio obispo Sr. Bossuet un tal Barcoquébas, que fingió ser el Mesías, en tiempo de Adriano, y fue causa de gran mortandad entre los judíos. Otros lo entienden de Mahoma, y otros de los bárbaros del Norte acaudillados del rey Alarico. Es frase, hebrea dar un nombre á la cosa, para significar sus cualidades; y así se dice que será estrella que causará grandes tribulaciones. Véase Nombre.
  71. O de un ángel en aquella figura.
  72. A Luzbel caido del cielo, al cual permitirá Dios que salga del infierno con gran muchedumbre de espíritus malos.
  73. Algunos por las langostas entienden los que se apartaron de la fé, ó los falsos apóstoles.
  74. Sap. XVI. v.19.—Is. II. v.9.—Os. X. v.8.—Luc. XXIII. v.30.
  75. Toda la pintura que aquí se hace, la aplican algunos á los mahometanos ó sarracenos. Véase Joel I. y II.
  76. Véase Nombre.
  77. אבדין
  78. Απολλύων
  79. Véase Demonio. El rio Euphrátes era el de Babylonia símbolo del infierno.
  80. Véase Número.
  81. El fin será la resurreccion general, cumplidas ya las profecías.
  82. O léele al instante, y medita su contenido; el cual te llenará de pena.
  83. Véase Caña.
  84. Véase Atrio.
  85. Este se cree que será el tiempo del reinado del Antechristo, Dan. VII. v.25.
  86. Elías y Enoch.
  87. Que comunicarán la gracia y uncion del Espíritu santo y alumbrarán á los hombres. Véase Zach. IV.
  88. IV. Reg. I. v.10.—Eccles. XLVIII. v.3.
  89. De estas palabras infieren vários expositores que la corte ó residencia del Antechristo será en Jerusalem, llamada Sodoma y Egypto por sus maldades y abominaciones.
  90. Véase Sepultura.
  91. Cuyas costumbres depravadas procuraban corregir.
  92. Quizá el texto, por la figura hipálage, quiere decir hombres de nombradia.
  93. I. Cor. XV. v.24
  94. Psalm. XCII. v.1
  95. Contra tí, y contra tus siervos.
  96. Esto es, la Humanidad gloriosa de Jesu-Christo.
  97. Esta grande vision representa el estado de la Iglesia en sus primeros años, y en los siglos venideros. El dragon puede ser simbolo del imperio romano: las siete cabezas, de las siete colinas sobre que está fundada Roma: las estrellas del cielo, de los reyes de la tierra; ó tambien, segun otros, las siete cabezas significan los siete emperadores que persiguieron la Iglesia, y los diez cuernos las diez persecuciones. Otros por el dragon entienden el demonio; por las estrellas los cristianos mas distinguidos, y por las siete cabezas, siete reyes, el último de los cuales es el Antechristo: y por los diez cuernos que tendrá la cabeza principal del dragon, diez reyes ó príncipes que dominarán la tierra al venir el Antechristo, el cual matará á tres de ellos, y con esto los otros siete se le someterán. Cap. XVII. v. 9, 12. Por el hijo varon entienden muchos á Jesu-Christo, á quien la Iglesia engendra, por decirlo así, ó forma en el corazon de los cristianos; y así viene á ser simbolo de la congregacion de aquellos cristianos que, robustos en la fé y caridad, condenarán á los impíos y rebeldes pecadores; y son como el cuerpo místico de que Jesu-Christo es la cabeza.
  98. Defenderá Dios al hijo y á la madre en aquellos tres años y medio.
  99. Job. I. v. 6, 9.—Job. II. v. 1, 2, 3.
  100. Para procurar la perdicion de los hombres. Dios arregla todos los sucesos por su voluntad y segun sus designios. Un terremoto ó una guerra que sirven á su justicia para castigar á los réprobos, sirven tambien á su misericordia para bien de los escogidos, ó para sacarlos del mundo antes que la malicia pueda pervertirlos. El reconocer la mano de Dios en las calamidades públicas es camino ácia la conversion á Dios. En tales tiempos hemos de rogarle que nos dé su gracia para sacar un bien de los mismos males.
  101. Véase antes cap. XI. v. 3.
  102. Y sumergida en sus aguas. Alude á las ballenas, y grandes peces, los cuales arrojan de su boca como ríos de agua. Y estos rios de agua son símbolo de las aflicciones y penas con que el Antechristo, y todos los perseguidores de la Iglesia han de combatir la fé y piedad de los buenos cristianos. Psalm. CXXIII. v.4.—LXVIII. v.2. Véase Agua.
  103. Esto es, sus artes y falsos milagros para engañar á los hombres.
  104. Con la vista de ese falso portento.
  105. Segun el griego debe traducirse de hacer la guerra, pues dice: Καὶ ἐδόθη ἀυτῷ ἐξουσία πόλεμον ποιῆσαι.
  106. En cuanto á la vida del cuerpo.
  107. En la persona de los justos, y de las victimas que le representaban. Puede tambien traducirse, juntando las palabras desde el principio del mundo, con las otras, no están escritos en el Libro del Cordero.
  108. Por medio de un demonio que metió dentro de la figura ó estátua.
  109. A fin de conocerla, cuando venga, y no ser engañado por ella. No queremos, dice san Ireneo (Lib. V. contra Hær. c. 30.), temerariamente, y con peligro afirmar alguna cosa acerca del nombre del Antechristo; porque si en este tiempo se hubiera de haber revelado claramente su nombre, lo hubiera hecho el que tuvo esta revelacion. Entre los expositores modernos algunos creen que las señales convienen á Diocleciano; otros á Juliano Apóstata, etc. No se puede dudar que todos fueron á lo ménos símbolos ó precursores del Antechrísto. Hay quien cree que el Antechristo será un príncipe de la secta de Mahoma; porque las letras griegas de la palabra Mahometis forman la suma del número 666. Mas son muchísimas las combinaciones de letras griegas, que juntas darán aquel número; y aun no se sabe de cierto si san Juan hablaba de letras griegas ó hebreas, etc. Creamos que á su tiempo, con esto que dice aquí san Juan, y otras señales que ha dado ya, podrán conocer los fieles quién sea el Antechristo para preservarse de sus engaños. Véase Antechristo.
  110. O tañedores de arpa.
  111. Véase Nuevo.
  112. Con el precio de la sangre del Cordero sin mancha.
  113. El cual va á dar á cada uno segun sus obras.
  114. Y se atrajo con esto la indignacion divina. La voz hebrea המה, y la griega θυμός, significan ira y veneno.
  115. Véase Vino.
  116. Y con un breve tiempo de padecer, evitan los eternos tormentos.
  117. Esto es, por la causa del Señor, ó en su amistad y gracia.
  118. Esto es, los réprobos. Los justos son racimos de la viña de Dios.
  119. Así se llama el infierno ó lugar en que Dios castiga á los malos.
  120. O unas cincuenta leguas. Expresion hiperbólica que denota que toda la Judea habia de quedar inundada de sangre. Véase Vino, Vendimiar.
  121. Por este mar de cristal trasparente entienden algunos el globo del firmamento, sobre el cual reinará para siempre Jesu-Christo con todos sus escogidos reunidos á sus propios cuerpos.
  122. Tú solo eres lleno de bondad y misericordia.
  123. En el castigo que acabas de dar á los impíos.
  124. Esto es, todo género de castigos.
  125. El humo es símbolo de la divina presencia, segun se vió en la dedicacion del Tabernáculo, Ex. XL. v.32, y del Templo, III. Reg. VIII. v.10.—II. Par. V. v.13.
  126. Esto es, en el cielo, junto con su cuerpo resucitado.
  127. O concluido el juicio final.
  128. Negra y corrompida.
  129. De estos vestidos, que son las obras buenas, habla san Pablo Colos. III. v.10. Aquí se alude á los ladrones que en los baños públicos robaban los vestidos.
  130. Lugar famoso de la Palestina por la derrota de muchos ejércitos. Judic. I. v.16.—V. v.19.—IV. Reg. XXIII. v.29: Y tal vez este nombre está puesto aquí solamente para de notar lugar de venganza.
  131. Llegó el fin del mundo.
  132. Es decir, de extraordinario peso. Véase Talento.
  133. Por esta ramera, que en el verso 5 es llamada Babylonia, no es cosa cierta lo que debe entenderse. Pero el mismo san Juan advierte que habla figuradamente, pues dice: Misterio: Babylonia la grande, etc. Y tambien en sentido figurado debe entenderse la voz ramera, (Véase v. 16 y 18) segun el uso de la Escritura, que á la idolatría la llama comunmente fornicacion ó adulterio; y del mismo modo llama al abandono de Dios y de sus mandamientos. Vários intérpretes antiguos, con san Gerónimo, entendieron por esta Babylonia á Roma pagana, entregada á toda suerte de idolatría, y perseguidora de la Iglesia. Otros, como san Agustin (Enarral. 2 in Ps. XXVI.), creen que significa la masa general de todos los impíos de todos lugares, y de todos los tiempos. Realmente es muy difícil aplicar á una sola ciudad cuanto se dice de Babylonia. Y el mismo Profeta dice (v. 9 y 10.) que los siete montes sobre que se representa sentada la meretriz, son siete reyes. Además esta mala muger se contrapone á la que se describe en el cap. XII, la cual es una figura de la Iglesia ó congregacion de todos los escogidos. Pero aunque se entienda de Roma, siempre ha de ser de tal modo, que vengan comprendidas todas las ciudades impias ó la masa de todos los réprobos. Véanse. Jerem. LI. v.7.—Is. XXVIII. v.7.
  134. El reino del Antechristo solamente durará tres años y medio.
  135. O el octavo rey perseguido: de la Iglesia.
  136. O del número de los tiranos enemigos de Chiste.
  137. Símbolo de los diez reyes.
  138. Pidíendo venganza: en este mundo nunca los justos vuelven mal por mal; pero allá en el cielo se alegrarán y alabarán la justicia con que el Señor castiga á los impíos. Psalm. LVII. v.11. En este lugar, como en otros de la Escritura, no se manda ó desea, sino que se anuncia lo que ha de suceder.
  139. Se acabó el tiempo de tus placeres.
  140. Véase antes cap. VI. v. 9.
  141. Matth. XXII. v.2.
  142. De que tú eres, como yo, ministro de Jesus.
  143. Véase Vara.
  144. Segun san Agustín (Lib. XX. de Civ. Dei, c. VIII.) por estos mil años se denota todo el tiempo desde la muerte de Jesu-Christo hasta el fin del mundo. Durante esta época está el demonio como atado ó enfrenado por Christo, sin poder obrar, como antes lo hacia á menudo, contra los cuerpos de los hombres, ni engañarlos con los oráculos de los ídolos, etc., etc. Pero al fin del mundo quedará, como desatado por no breve tiempo, y permitirá Dios que explaye su encono contra vários hombres, para que se cumplan los sábíos é insondables designios de su infinita bondad. Puede decirse que de este texto de san Juan tuvo orígen la opinion de los milenarios, llamados así por creer que Jesu-Christo ha de reinar por el tiempo de mil años, y con él los escogidos, despues de haber vencido al Antechristo. San Agustin siguió algun tiempo esta opinion; y aunque despues la desechó, nunca se atrevió á condenada como herética, por respeto á los santos varones de la antigüedad que la sostuvieron. Lo mismo hizo san Gerónimo; el cual hablando de ella (exponiendo el cap. XX. de Jeremías) dijo; Nosotros no la seguimos; mas no nos atrevemos á condenarla, porque así pensaron muchos varones de la Iglesia y mártires: cada uno siga su opinion; y resérvese lado para el juicio del Señor. Pero es menester tener presente que hubo algunos que defendían que estos mil años se pasarían entre deleites de la carne, continuos convites, etc. Estos milenarios carnales siempre han sido condenados y detestados por la Iglesia. No obstante, aun los milenarios puros, de los cuales hablaron san Agustin y san Gerónimo, fueron impugnados desde los primeros siglos por san Dionysio de Alejandría, Cayo, presbytero de Roma, y otros. Véase Euseb. Hist. Eccles. Lib. III. c. 28, 29 y Lib. VII. c. 24. Y á la verdad, este reino de Jesu-Christo en la tierra no puede apoyarse sólidamente en lo que dice san Juan en el Apocalypsi; es una opinion abandonada de casi todos los escritores católicos, y no parece conforme con la doctrina del Evangelio, explicada en el concilio de Florencia. Véase Martini. El sábio jesuita Lacunza ha escrito en estos últimos años á favor de la sentencia de los milenarios puros ó espirituales, una obra con este titulo: Venida del Mesías en gloria y magestad, por Juan Josafat Ben-Ezra. Dicha obra es digna de que la mediten los que particularmente se dedican al estudio de la Escritura, pues da luz para la inteligencia de muchos textos oscuros; pero no miro conveniente que la lean aquellos cristianos que solo tienen un conocimiento superficial de las verdades de nuestra Religion, por el mal uso que pueden hacer de algunas máximas que adopta el padre Lacunza.
  145. Véase Gog y Magog.
  146. Esto es, de su antigua condicion y forma; pues todo será nuevo. Dan. II. v.35.—II. Pet. III. v.13.
  147. Véase Libro.
  148. Esto es, los condenados y el diablo, autor de la muerte.
  149. Esto es, renovado todo el mundo y hecho ya incorruptible. En este y en el siguiente capítulo se describe, segun opina san Agustín, la Iglesia triunfante del cielo, despues de la destruccion del Antechristo y de sus demas enemigos; y hecha ya la resurreccion general. Véase Is. LXV. v.17.—LXVI. v.22.—II. Pet. III. v.13.
  150. Esto es, brillante y hermosa.
  151. O se acabó ya el primer estado que tenian ellas, despues del pecado de nuestros primeros padres.
  152. Esto es, al que tuviere sed de la santidad y justicia.
  153. Y triunfáre del mundo y de sí mismo.
  154. Esto es, los hipócritas y falsos profetas.
  155. O en vision espiritual.
  156. O una brillantez divina.
  157. Los apóstoles se llaman fundamentos de la Iglesia, porque esta se fundó sobre la fé de Jesu-Chrísto, que ellos predicaban; y como por su predicacion se nos preparó la entrada en la Jerusalem celestial, se llaman tambien puertas en el verso 21. Véase Matrimonio.
  158. Véase Caña.
  159. Véase Estadio.
  160. Esto es, el muro tenia en todas partes la misma altura y la misma anchura. Toda esta descripcion es metafórica, y se dirige á dar alguna idea de la grandeza interior y exterior de la celestial Jerusalem. Es de advertir que los muros de las ciudades antiguas eran de extraordinaria altura y anchura, y profundísimos los cimientos.
  161. Pues se apareció en forma humana.
  162. Alude al rio y al árbol de la vida, que habia en el Paraíso; al rio, del cual dice el Profeta, que alegra á la ciudad de Dios. Ps. XLV. v.5.—Is. LXVI. v.12.
  163. Esto es, una larga serie de sucesos, que va á comenzar pronto.
  164. O no tengas ocultas.
  165. Que presto experimentarán su castigo.
  166. Véase Lavar, Vestidos.
  167. Num. XXIV. v.17.—Zach. VI. v.12.—Luc. I. v.78.
  168. Que es la Iglesia, me dicen sin cesar: Ven.
  169. De gozar de mi presencia. Is. LV. v.1.