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Mateo
La Sagrada Biblia (Tomo XIII) (1836)
traducción de Félix Torres Amat
Marcos
Lucas
ADVERTENCIA
SOBRE EL EVANGELIO DE SAN MÁRCOS.
San Márcos escribió su Evangelio en Roma, á peticion de los fieles, segun lo que habia oido á san Pedro, quien se le aprobó y le propuso con su autoridad á la Iglesia para que le leyese, como dice san Geronimo (Catal, de Scrip. Ec.). Créese que san Marcos fue discípulo de san Pedro, y que es al que llama hijo suyo al fin de su primera carta. San Agustin le llama compendiador de san Matheo; pues en efecto refiere casi las mismas cosas, aunque mas brevemente: con todo se extiende mas en ciertos parages; y añade alguna vez en pocas palabras cosas muy importantes. No esta a de acuerdo los expositores si escribió en griego ó en latin. Se cree que le escribió ácia el año 45 de Jesu-Christo, 12 despues de la pasion y muerte del Señor.

EL SANTO EVANGELIO

DE

NUESTRO SEÑOR JESU-CHRISTO

SEGUN SAN MÁRCOS.

CAPÍTULO PRIMERO.
Predicacion y bautismo de san Juan. Jesus, despues de bautizado en el Jordan, y tentado en el desierto, comienza á predicar el Evangelio en Galilea. Vocacion de san Pedro y de otros discípulos. Jesu-Christo obra vários milagros. (Math. 3, 4, 8. Luc. 3, 4, 5. Joann, l, 4.)


1 Principio del Evangelio de Jesu-Christo, Hijo de Dios.

2 Conforme á lo que se halla escrito en el Profeta Isaías [1]: Hé aquí que despacho yo mi ángel ó enviado ante tu presencia, el cual irá delante de tí preparándote el camino.

3 Esta es la voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, hacedle rectas las sendas.

4 Estaba Juan en el desierto de la Judea bautizando, y predicando el bautismo de penitencia para la remision de los pecados.

5 Y acudia a él todo el pais de Judea y todas las gentes de Jerusalem; y, confesando sus pecados, recibian de su mano el bautismo en el rio Jordan.

6 Andaba Juan vestido con un saco de pelos de camello, y traia un ceñidor de cuero á la cintura, sustentándose de langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:

7 En pos de mí viene uno que es mas poderoso que yo, ante el cual no soy digno ni de postrarme para desatar la correa de sus zapatos.

8 Yo os he bautizado con agua, mas él os bautizará con el Espíritu santo.

9 Por estos dias fue cuando vino Jesus desde Nazareth, ciudad de Galilea, y Juan le bautizó en el Jordan.

10 Y luego al salir del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu santo descender en forma de paloma, y posar sobre él mismo.

11 Y se oyó esta voz del cielo: Tú eres el Hijo mio querido [2]: en tí es en quien me estoy complaciendo.

12 Luego despues el mismo Espíritu le arrebató al desierto,

13 donde se mantuvo cuarenta dias y cuarenta noches. Allí fue tentado de Satanás: y moraba entre las fieras, y los ángeles le servían.

14 Pero despues que Juan fue puesto en la cárcel, vino Jesus a la alta Galilea, predicando el Evangelio del reino de Dios,

15 y diciendo: Se ha cumplido ya el tiempo, y el reino de Dios está cerca: haced penitencia, y creed al Evangelio.

16 En esto, pasando por la ribera del mar de Galilea, vió á Simon y á su hermano Andres, echando las redes al mar (pues eran pescadores),

17 y díjoles Jesus: Seguidme, y yo haré que vengais á ser pescadores de hombres.

18 Y ellos prontamente abandonadas las redes, le siguieron.

19 Habiendo pasado un poco mas adelante, vió á Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, ambos asimismo en la barca componiendo las redes.

20 Llamólos luego; y ellos dejando á su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron en pos de él.

21 Entraron despues en Capharnaum; y Jesus comenzó luego en los sábados á enseñar al pueblo en la synagoga.

22 Y los oyentes estaban asombrados de su doctrina; porque su modo de enseñar era como de persona que tiene autoridad, y no como los Escribas.

23 Habia en la synagoga un hombre poseído del espíritu inmundo, el cual exclamó,

24 diciendo: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo? ¡Oh Jesus nazareno! ¿has venido á perdernos? ya se quien eres, eres el Santo de Dios.

25 Mas Jesus [3] le conminó, diciendo: Enmudece, y sal de ese hombre.

26 Entonces el espíritu inmundo, agitándole con violentas convulsiones [4], y dando grandes alaridos, salió de él.

27 Y quedaron todos atónitos, tanto que se preguntaban unos á otros: ¿Qué es esto? ¿qué nueva doctrina es esta? El manda con imperio aun á los espíritus inmundos, y le obedecen.

28 Con esto creció luego su fama por toda la Galilea.

29 Así que salieron de la synagoga, fueron con Santiago y J uan á casa de Simon y de Andres.

30 Hallábase la suegra de Simon en cama con calentura, y habláronle luego de ella.

31 Y acercándose, la tomó por la mano, y la levantó; y al instante le dejó la calentura, y se puso á servirles.

32 Por la tarde puesto ya el sol, le traían todos los enfermos, y endemoniados;

33 y toda la ciudad se habia juntado delante de la puerta.

34 Y curó á muchas personas afligidas de varias dolencias, y lanzó á muchos demonios, sin permitirles decir que sabian quién era.

35 Por la mañana muy de madrugada salió fuera á un lugar solitario, y hacia allí oracion.

36 Pero Simon y los que estaban con el, fueron en su seguimiento.

37 Y habiéndole hallado, le dijeron: Todos te andan buscando.

38 A lo cual respondió: Vamos á las aldeas y ciudades vecinas, para predicar yo tambien en ellas el Evangelio, porque para eso he venido.

39 Iba pues Jesus predicando en sus synagogas, y por toda la Galilea, y expelia los demonios.

40 Vino tambien á él un leproso á pedirle favor; é hincándose de rodillas, le dijo: Si tu quieres, puedes curarme.

41 Jesus compadeciéndose de el, extendió la mano, y tocándole, le dice: Quiero; sé curado.

42 Y acabando de decir esto, al instante desapareció de el la lepra, y quedó curado.

43 Y Jesus le despachó luego, conminándole,

44 y diciéndole: Mira que no lo digas á nadie; pero vé, y preséntate al príncipe de los sacerdotes, y ofrece por tu curacion lo que tiene Moysés ordenado, para que esto les sirva de testimonio [5].

45 Mas aquel hombre, así que se fue, comenzó á hablar de su curacion, y á publicarla por todas partes, de modo que ya no podia Jesus entrar manifiestamente en la ciudad, sino que andaba fuera por lugares solitarios, y acudian á él de todas partes.

CAPÍTULO II.
Cura Jesus á un paralítico en prueba de su potestad de perdonar pecados. Llama al apostolado á Leví ó Matheo, cobrador de tributos; y reprime con su doctrina el orgullo é hipocresía de los Fariseos.(Math. 9, 12. Lue. 5, 6.)


1 Al cabo de algunos dias volvió á entrar en Capharnaum;

2 y corriendo la voz de que estaba en la casa, acudieron muchos en tanto número, que no cabian ni dentro ni aun fuera delante de la puerta, y él les anunciaba la palabra de Dios.

3 Entonces llegaron unos conduciendo á cierto paralítico, que llevaban entre cuatro.

4 Y no pudiendo presentárselo por causa del gentío que estaba al rededor, descubrieron el techo por la parte bajo la cual estaba Jesus; y por su abertura descolgaron la camilla en que yacia el paralítico.

5 Viendo Jesus la fé de aquellos hombres, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

6 Estaban allí sentados algunos de los Escribas, y decian en su interior:

7 ¿Qué es lo que este habla? este hombre blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios?

8 Mas como Jesus penetrase al momento con su espíritu esto mismo que interiormente pensaban, diceles: ¿Qué andais revolviendo esos pensamientos en vuestros corazones?

9 ¿Qué es mas fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, toma tu camilla, y camina?

10 Pues para que sepais que el que se llama Hijo del hombre, tiene potestad en la tierra de perdonar pecados: Levántate, (dijo al paralitico)

11 yo te lo digo: coge tu camilla, y véte á tu casa.

12 Y al instante se puso en pié, y cargando con su camilla, se marchó á vista de todo el mundo, de forma que todos estaban pasmados [6], y dando gloria á Dios decian: Jamás habíamos visto cosa semejante.

13 Otra vez salió ácia el mar; y todas las gentes se iban en pos de él, y las adoctrinaba.

14 Al paso vió á Levi, hijo de Alpheo, sentado al banco ó mesa de los tributos, y díjole: Sígueme. Y levantándose al instante le siguió.

15 Aconteció despues, estando á la mesa en casa de este, que muchos publicanos y gentes de mala vida se pusieron á ella con Jesus y sus discípulos; porque aun entre aquellos eran no pocos los que le seguian.

16 Mas los Escribas y Fariseos, al ver que comia con publicanos y pecadores, decian a sus discípulos: ¿Cómo es que vuestro maestro come y bebe con publicanos y pecadores?

17 Habiéndolo oido Jesus les dijo: Los que están buenos, no necesitan de médico, sino los que están enfermos: así yo no he venido a llamar ó convertir a los justos, sino á los pecadores.

18 Siendo tambien los discípulos de Juan y los Fariseos muy dados al ayuno, vinieron á preguntarle: ¿No nos dirás por qué razon, ayunando los discípulos de Juan y los de los Fariseos, no ayunan tus discípulos?

19 Respondióles Jesus: ¿Cómo es posible que los compañeros del esposo en las bodas ayunen, ínterin que el esposo está en su compañía? Mientras que tienen consigo al esposo, no pueden ellos ayunar.

20 Tiempo vendrá en que les quitarán al esposo; y entónces será cuando ayunarán.

21 Nadie cose un retazo de paño nuevo ó recio en un vestido viejo: de otra suerte el remiendo nuevo rasga lo viejo, y se hace mayor la rotura.

22 Tampoco echa nadie vino nuevo en cueros viejos; porqué romperá el vino los cueros, y se derramara el vino, y los cueros se perderán. Por tanto el vino nuevo en pellejos nuevos debe meterse.

23 En otra ocasion, caminando el Señor por junto á unos sembrados un dia de sábado, sus discípulos se adelantaron, y empezaron á coger espigas y a comer el grano.

24 Sobre lo cual le decian los Fariseos: ¿Cómo es que hacen lo que no es lícito en sábado [7]?

25 Y él les respondió: ¿No habeis vosotros jamás leido lo que hizo David, en la necesidad en que se vió, cuando se halló acosado de la hambre, asi él como los que le acompañaban?

26 ¿Cómo entró en la Casa de Dios, en tiempo de Abiathar [8] príncipe de los sacerdotes, y comió los panes de la proposicion, de que no era lícito comer, sino á los sacerdotes, y dió de ellos á los que le acompañaban?

27 Y añadióles: El sábado se hizo para el bien de el hombre, y no el hombre para el sábado.

28 En fin, el Hijo del hombre aun del sábado es dueño.

CAPÍTULO III.
Jesus cura á un hombre que tenia la mano seca: es seguido de muchos pueblos: elige á los doce apóstoles, y responde con admirable mansedumbre á los dicterios y blasfemias de los Escribas. (Math. 6, 10, 12. Luc. 6, 8, 12.)


1 Otra vez en sábado entró Jesus en la synagoga, y hallábase en ella un hombre que tenia seca una mano.

2 Y le estaban acechando si curaria en dia de sábado, para acusarle.

3 Y dijo al hombre que tenia seca la mano: Ponte en medio.

4 Y á ellos les dice: ¿Es lícito en sábado el hacer bien, ó mal? ¿salvar la vida á una persona, ó quitársela? Mas ellos callaban.

5 Entónces Jesus clavando en ellos sus ojos llenos de indignacion, y deplorando la ceguedad de su corazon, dice al hombre: Extiende esa mano. Extendióla, y quedóle perfectamente sana.

6 Pero los Fariseos saliendo de allí, se juntaron luego en consejo contra él con los herodianos, sobre la manera de perderle.

7 Y Jesus con sus discípulos se retiró á la ribera del mar de Tiberiádes; y le fue siguiendo mucha gente de Galilea y de Judea,

8 y de Jerusalem, y de la Idumea, y del otro lado del Jordan: tambien los comarcanos de Tyro y de Sidon, en gran multitud, vinieron á verle, oyendo las cosas que hacia.

9 Y así dijo á sus discípulos que le tuviesen dispuesta una barquilla, para que el tropel de la gente no le oprimiese.

10 Pues curando, como curaba, á muchos, echabanse á porfía encima de él, á fin de tocarle todos los que tenian males.

11 Y hasta los poseidos de espiritus inmundos, al verle, se arrodillaban delante de él, y gritaban diciendo:

12 Tú eres el Hijo de Dios. Mas él los apercibia con graves amenazas para que no le descubriesen.

13 Subiendo despues Jesus á un monte, llamó á si á aquellos de sus discípulos que le plugo;

14 y llegados que fueron, escogió doce para tenerlos consigo, y enviarlos a predicar;

15 dándoles potestad de curar enfermedades, y de expeler demonios;

16 á saber: Simon, á quien puso el nombre de Pedro:

17 Santiago hijo de Zebedeo, Juan hermano de Santiago, á quienes apellidó Boanérges, esto es, Hijos del trueno ó rayos:

18 Andres, Phelipe, Bartholomé, Matheo, Thomás, Santiago hijo de Alpheo, Thadeo, y Simon el cananeo,

19 y Júdas Iscariote, el mismo que le vendió.

20 De aquí vinieron á la casa [9], y concurrió de nuevo tal tropel de gente, que ni siquiera podian tomar alimento.

21 Entre tanto algunos de sus deudos que no creían en él, con estas noticias salieron para recogerle; porque decian que habia perdido el juicio.

22 Al mismo tiempo los Escribas, que habian bajado de Jerusalem, no dudaban decir: Está poseído de Beelzebúb, y así por arte del príncipe de los demonios es cómo lanza los demonios.

23 Mas Jesus habiéndolos convocado, les decia ó refutaba con estos símiles: ¿Como puede Satanás expeler á Satanás?

24 Pues si un reino se divide en partidos contrarios, es imposible que subsista el tal reino [10].

25 Y si una casa está desunida en contrarios partidos, la tal casa no puede quedar en pié.

26 Con que si Satanás se levanta contra sí mismo, está su reino en discordia, y no puede durar, antes está cerca su fin.

27 Ninguno puede entrar en la casa del valiente para robarle sus alhajas, si primero no ata bien al valiente [11]; despues si que podrá saquear la casa.

28 En verdad os digo, añadió, que todos los pecados se perdonarán fácilmente a los hijos de los hombres, y aun las blasfemias que dijeren;

29 pero el que blasfemáre contra el Espíritu santo, no tendrá jamás perdon, sino que será reo de eterno juicio ó condenacion [12].

30 Les decia esto porque le acusaban de que estaba poseido del espíritu inmundo.

31 Entre tanto llegan su madre y hermanos ó parientes; y quedándose fuera á la puerta, enviaron á llamarle.

32 Estaba mucha gente sentada al rededor de él, cuando le dicen: Mira que tu madre y tus hermanos ahí fuera te buscan.

33 A lo que respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

34 Y dando una mirada á los que estaban sentados al rededor de él, dijo: Veis aquí a mi madre y á mis hermanos.

35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

CAPÍTULO IV
.
Parábola del sembrador, y su explicacion. La luz sobre el candelero. Semilla que nace y crece durmiendo el que la sembró. Otra parábola del grano de mostaza. Tempestad en el mar apaciguada de repente. (Matth. 5, 7, 10, 13. Luc. 6, 8, 11, 19. Joann. 12.)


1 Otra vez se puso á enseñar cerca del mar; y acudió tanta gente, que le fue preciso subir en una barca y sentarse en ella dentro del mar, estando todo el auditorio en tierra á la orilla.

2 Y les enseñaba muchas cosas usando de parábolas, y decíales así conforme á su manera de enseñar:

3 Escuchad: haced cuenta que salió un sembrador á sembrar.

4 Y al esparcir el grano, parte cayó junto al camino, y vinieron las aves del cielo, y le comieron.

5 Parte cayó sobre pedregales, donde habia poca tierra; y luego nació, por no poder profundizar en ella:

6 mas calentando el sol, se agostó; y como no tenia raíces, secóse.

7 Otra parte cayó entre espinas; y las espinas crecieron, y le ahogaron, y así no dió fruto.

8 Finalmente, parte cayó en buena tierra, y dió fruto erguido, y abultado; cuál á treinta por uno, cual á sesenta, y cuál á ciento.

9 Y decíales: Quien tiene oidos para oir, escuche y reflexione.

10 Estando despues á solas, le preguntaron los doce que estaban con él, la significacion de la parábola.

11 Y él les decia: A vosotros se os ha concedido el saber ó conocer el misterio del reino de Dios; pero á los que son extraños ó incrédulos, todo se les anuncia en parábolas [13]:

12 de modo que viendo, vean y no reparen; y oyendo, oigan y no entiendan: por miedo de llegar á convertirse, y de que se les perdonen los pecados.

13 Despues les dijo: ¿Con qué vosotros no entendeis esta parábola? ¿pues cómo entenderéis todas las demas?

14 Escuchad: El sembrador, es el que siembra la palabra de Dios.

15 Los sembrados junto al camino, son aquellos hombres en que se siembra la palabra, y luego que la han oido, viene Satanas, y se lleva la palabra sembrada en sus corazones.

16 A ese modo los sembrados en pedregales, son aquellos que oida la palabra evangélica, desde luego la reciben con gozo;

17 mas no echa raices en ellos, y así dura muy poco; y luego que viene alguna tribulacion ó persecucion por causa de la palabra de Dios, al instante se rinden.

18 Los otros sembrados entre espinas, son los que oyen la palabra;

19 pero los afanes del siglo, y la ilusion de las riquezas, y los demas apetitos desordenados á que dan entrada, ahogan la palabra divina, y viene a quedar infructuosa.

20 Los sembrados en fin en buena tierra, son los que oyen la palabra, y la reciben y conservan en su seno, y dan fruto, quién á treinta por uno, quien á sesenta, y quién á ciento.

21 Decíales tambien: ¿Por ventura se trae ó enciende una luz para ponerla debajo de algun celemin, ó debajo de la cama[14]? ¿no es para ponerla sobre un candelero ?

22 Nada pues hay aquí secreto, que no se deba manifestar; ni cosa alguna que se haga para estar encubierta, sino para publicarse.

23 Quien tiene buenos oidos, entiéndalo.

24 Decíales igualmente: Atended bien á lo que vais á oir. La misma medida que hiciéreis servir para los demas, servirá para vosotros, y aun se os dará con creces.

25 Porque al que ya tiene, se le dará aun mas; y el que no tiene, será privado aun de aquello que parece que tiene.

26 Decia asimismo: El reino de Dios viene á ser á manera de un hombre que siembra su heredad,

27 y ya duerma, ó vele noche y dia, el grano va brotando, y creciendo sin que el hombre lo advierta.

28 Porque la tierra de suyo produce primero el trigo en yerba, luego la espiga, y por último el grano lleno en la espiga.

29 Y despues que está el fruto maduro, inmediatamente se le echa la hoz, porque llegó ya el tiempo de la siega.

30 Y proseguia diciendo: ¿A qué cosa compararemos aun el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le representarémos?

31 Es como el granito de mostaza, que cuando se siembra en la tierra, es la mas pequeña entre las simientes que hay en ella;

32 mas despues de sembrado, sube y se hace mayor que todas las legumbres, y echa ramas tan grandes, que las aves del cielo pueden reposar debajo de su sombra.

33 Con muchas parábolas semejantes á esta les predieaba la palabra de Dios, conforme á la capacidad de los oyentes;

34 y no les hablaba sin parábolas: bien es verdad que á parte se lo descifraba todo á sus discípulos.

35 En aquel mismo dia, siendo ya tarde, les dijo: Pasemos á la ribera de en frente.

36 Y despidiendo al pueblo, estando Jesus como estaba en la barca, se hicieron con él á la vela, y le iban acompañando otros vários barcos.

37 Levantóse entónces una gran tempestad de viento, que arrojaba las olas en la barca, de manera que ya esta se llenaba de agua.

38 Entre tanto él estaba durmiendo en la popa sobre un cabezal. Despiértanle pues, y le dicen: Maestro, ¿no se te da nada que perezcamos?

39 Y él levantándose amenazó al viento, y dijo al mar: Calla tú, sosiégate. Y al instante calmó el viento, y sobrevino una grande bonanza.

40 Entónces les dijo: ¿De qué temeis? ¿cómo no teneis fé todavía? Y quedaron sobrecogidos de grande espanto, diciéndose unos á otros: ¿Quién es este, á quien aun el viento y la mar prestan obediencia?
CAPÍTULO V.
Jesus expele los demonios de un hombre, y les permite entrar en una piara de cerdos. Sana á una muger de un envejecido flujo de sangre,; y resucita á la hija de Jairo. (Matth. 8. Luc. 8.)


1 Pasaron despues al otro lado del lago al territorio de los gerasenos [15].

2 Apenas desembarcado, le salió al encuentro un energúmeno salido de los sepulcros ó cuevas sepulcrales,

3 el cual tenia su morada en ellos, y no habia hombre que pudiese refrenarle, ni aun con cadenas:

4 pues muchas veces aherrojado con grillos y cadenas, habia roto las cadenas y despedazado los grillos, sin que nadie pudiese domarle;

5 y andaba siempre dia y noche por los sepulcros y por los montes, gritando, y sajándose con agudas piedras.

6 Este pues viendo de léjos á Jesus, corrió á el, y le adoró;

7 y clamando en alta voz dijo: ¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesus Hijo del altísimo Dios? en nombre del mismo Dios le conjuro que no me atormentes.

8 Y es que Jesus le decia: Sal, espíritu inmundo, sal de ese hombre.

9 Y preguntóle Jesus: ¿Cual es tu nombre? Y él respondió: Mi nombre es Legion, porque somos muchos.

10 Y suplicábale con ahinco que no le echase de aquel pais.

11 Estaba paciendo en la falda del monte vecino una gran piara de cerdos.

12 Y los espiritus infernales le rogaban, diciendo: Envíanos á los cerdos, para que vayamos y estemos dentro de ellos.

13 Y Jesus se lo permitió al instante. Y saliendo los espíritus inmundos, entraron en los cerdos; y con gran furia toda la piara, en que se contaban al pié de dos mil, corrió á precipitarse en el mar, en donde se anegaron todos.

14 Los que los guardaban, se huyeron, y trajeron las nuevas á la ciudad, y á las alquerías. Las gentes salieron á ver lo acontecido;

15 y llegando a donde estaba Jesus, ven al que antes era atormentado del demonio, sentado, vestido y en su sano juicio; y quedaron espantados.

16 Los que se habian hallado presentes, les contaron lo que habia sucedido al endemoniado, y el azar de los cerdos.

17 Y temiendo nuevas pérdidas, comenzaron á rogarle que se retirase de sus términos.

18 Y al ir Jesus á embarcarse, se puso á suplicarle el que habia sido atormentado del demonio, que le admitiese en su compañía;

19 mas Jesus no le admitió, sino que le dijo: Véte á tu casa y con tus parientes, y anuncia á los tuyos la gran merced que te ha hecho el Señor, y la misericordia que ha usado contigo.

20 Fuése aquel hombre, y empezó á publicar por el distrito de Decápoli cuantos beneficios habia recibido de Jesus; y todos quedaban pasmados.

21 Habiendo pasado Jesus otra vez con el barco á la opuesta orilla, concurrió gran muchedumbre de gente á su encuentro; y estando todavia en la ribera del mar,

22 vino en busca de él uno de los gefes de la Synagoga, llamado Jairo, el cual, luego que le vió, se arrojó a sus pies,

23 y con muchas instancias le hacia esta suplica: Mi hija está á los últimos: ven, y pon sobre ella tu mano para que sane, y viva.

24 Fuése Jesus con él, y en su seguimiento mucho tropel de gente que le apretaba.

25 En esto una muger que padecía flujo de sangre doce años hacia,

26 y habia sufrido mucho en manos de varios médicos, y gastado toda su hacienda sin el menor alivio, antes lo pasaba peor;

27 oida la fama de Jesus, se llegó por detrás entre la muchedumbre de gente, y tocó su ropa,

28 diciendo para consigo: Como llegue á tocar su vestido, sanaré.

29 En efecto, de repente aquel manantial de sangre se le secó; y percibió en su cuerpo que estaba ya curada de su enfermedad.

30 Al mismo tiempo Jesus, conociendo la virtud que habia salido de él, vuelto a los circunstantes, decia: Quién ha tocado mi vestido?

31 A lo que respondian los discípulos: ¿Estás viendo la gente que te comprime por todos lados, y dices: ¿Quién me ha tocado?

32 Mas Jesus proseguia mirando á todos lados, para distinguir la persona que habia hecho esto.

33 Entonces la muger, sabiendo lo que habia experimentado en sí misma, medrosa, y temblando, se acercó, y postrándose á sus pies, le confesó toda la verdad.

34 Él entónces le dijo: Hija, tu fé te ha curado: véte en paz, y queda libre de tu mal.

35 Estando aun hablando, llegaron de casa del gefe de la Synagoga á decirle á este: Murió tu hija: ¿para que cansar ya al maestro?

36 Mas Jesus, oyendo lo que decian, dijo al gefe de la Synagoga: No temas; ten fé solamente.

37 Y no permitió que le siguiese ninguno, fuera de Pedro, y Santiago, y Juan el hermano de Santiago.

38 Llegados que fueron a casa del gefe de la Synagoga, vé la confusion, y los grandes lloros y alaridos de aquella gente.

39 Y entrando, les dice: ¿De qué os afligís tanto, y llorais? la muchacha no está muerta, sino dormida.

40 Y se burlaban de él sabiendo bien lo contrario. Pero Jesus, haciéndoles salir á todos fuera, tomó con sigo al padre y á la madre de la muchacha, y á los tres dicípulos que estaban con él, y entró a donde la muchacha yacia.

41 Y tomándola de la mano, le dice: Talitha cumi [16] (es decir, Muchacha, levántate): yo te lo mando.

42 Inmediatamente se puso en pié la muchacha, y echó á andar, pues tenia ya doce años: con lo que quedaron poseidos del mayor asombro.

43 Pero Jesus les mandó muy estrechamente que procuraran que nadie lo supiera; y dijo que diesen de comer á la muchacha.

CAPÍTULO VI.
Jesus obra pocos milagros en su patria, castigando así su incredulidad. Mision de los apóstoles. Prision y muerte de Juan Bautista. Milagro de los cinco panes y dos peces. Jesus anda sobre las aguas; y cura á muchos enfermos. (Matth. 13, 14. Luc. 4, 9. Joann. 4, 6.)


1 Partido de aquí, se fue á su patria [17]; y le seguían sus discípulos:

2 llegado el sábado, comenzó á enseñar en la synagoga; y muchos de los oyentes admirados de su sabiduría, decian: ¿De dónde saca este todas estas cosas que dice? ¿y qué sabiduría es esta que se le ha dado? ¿y de dónde tantas maravillas como obra?

3 ¿No es este aquel artesano, hijo de María, primo hermano de Santiago [18], y de Joseph, Y de Júdas, y de Simon? ¿y sus primas hermanas no moran aquí entre nosotros? Y estaban escandalizados de él por la humildad de su nacimiento.

4 Mas Jesus les decia: Cierto que ningun Profeta está sin honor ó estimacion sino en su patria, en su casa, y en su parentela.

5 Por lo cual no podia [19] obrar allí milagro alguno grande, curó solamente algunos pocos enfermos imponiéndoles las manos;

6 y admirábase de la incredulidad de aquellas gentes, y andaba predicando por todas las aldeas del contorno.

7 Y habiendo convocado á los doce, comenzó á enviarlos de dos en dos á predicar, dándoles potestad sobre los espíritus inmundos.

8 Y les mandó que nada se llevasen para el camino, sino el solo báculo ó bordon; no alforja, no pan, ni dinero en el cinto ó faja,

9 con solo un calzado de sandalias, y sin muda de dos túnicas [20].

10 Advertíales asimismo: Donde quiera que tomáreis posada, estáos allí, hasta salir del lugar;

11 y donde quiera que os desecharen, ni quisieren escucharos, retirándoos de allí, sacudid el polvo de vuestros pies, en testimonio contra ellos.

12 De esta suerte salieron á predicar exhortando á todos á que hiciesen penitencia;

13 y lanzaban muchos demonios, y ungian á muchos enfermos con óleo, y los sanaban.

14 Oyendo estas cosas el rey Heródes (pues se habia hecho ya célebre el nombre de Jesus) decia: Sin duda que Juan Bautista ha resucitado de entre los muertos; y por eso tiene la virtud de hacer milagros.

15 Otros decian: No es sino Elías. Otros empero: Este es un Profeta, igual á los principales Profetas [21].

16 Mas Heródes, habiendo oido esto, dijo: Este es aquel Juan á quien yo mandé cortar la cabeza, el cual ha resucitado de entre los muertos.

17 Porque es de saber que el dicho Heródes había enviado a prender á Juan, y le aherrojó en la cárcel por amor de Herodias, muger de su hermano Philippo, con la cual se habia casado.

18 Porque Juan decia á Heródes: No te es lícito tener por muger á la que lo es de tu hermano.

19 Por eso Herodías le armaba asechanzas, y deseaba quitarle la vida; pero no podia conseguirlo,

20 porque Heródes, sabiendo que Juan era un varon justo y santo, le temia y miraba con respeto, y hacia muchas cosas por su consejo, y le oia con gusto.

21 Mas en fin llegó un dia favorable al designio de Herodías, en que, por la fiesta del nacimiento de Heródes, convido este á cenar á los Grandes de su corte, y a los primeros capitanes de sus tropas, y á la gente principal de Galilea:

22 entró la hija de Herodías, bailó, y agradó tanto á Heródes y á los convidados, que dijo el rey á la muchacha: Pídeme cuanto quisieres, que te lo daré;

23 y le añadió con juramento: Sí; te daré todo lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino [22].

24 Y habiendo ella salido, dijo á su madre: ¿Qué pediré? Respondióle: La cabeza de Juan Bautista.

25 Y volviendo al instante á toda prisa á donde estaba el rey, le hizo esta demanda: Quiero que me des luego en una fuente la cabeza de Juan Bautista.

26 El rey se puso triste; mas en atencion al impío juramento, y á los que estaban con él á la mesa, no quiso disgustarla;

27 sino que, enviando á un alabardero, mandó traer la cabeza de Juan en una fuente. El alabardero pues le cortó la cabeza en la cárcel,

28 y trájola en una fuente, y se la entregó a la muchacha, que se la dió á su madre.

29 Lo cual sabido, vinieron sus discípulos, y cogieron su cuerpo y le dieron sepultura.

30 Los apóstoles pues, de vuelta de su mision, reuniéndose con Jesus, le dieron cuenta de todo lo que habian hecho, y enseñado.

31 Y él les dijo: Venid á retiraros conmigo en un lugar solitario, y reposaréis un poquito. Porque eran tantos los yentes y vinientes, que ni aun tiempo de comer les dejaban.

32 Embarcándose pues, fueron á buscar un lugar desierto para estar allí solos.

33 Mas como al irse los vieron y observaron muchos, de todas las ciudades vecinas acudieron por tierra á aquel sitio, y llegaron antes que ellos.

34 En desembarcando vió Jesus la mucha gente que le aguardaba; y enterneciéronsele con tal vista las entrañas, porque andaban como ovejas sin pastor, y así se puso á instruirlos en muchas cosas.

35 Pero haciéndose ya muy tarde, se llegaron á él sus discípulos, y le dijeron: Este es un lugar desierto, y ya es tarde:

36 despáchalos, á fin de que vayan á las alquerías y aldeas cercanas á comprar que comer.

37 Mas él les respondió: Dadles vosotros de comer. Y ellos le replicaron: Vamos pues, y bien es menester que gastemos doscientos denarios para comprar panes, si es que les habemos de dar algo de comer.

38 Díjoles Jesus: ¿Cuántos panes teneis? Id, y miradlo, Habiéndolo visto, le dicen: Cinco, y dos peces.

39 Entónces los mando que hiciesen sentar a todos sobre la yerba verde, divididos en cuadrillas.

40 Así se sentaron repartidos en cuadrillas de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta.

41 Despues, tomados los cinco panes y los dos peces, levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes, y diólos a sus discípulos, para que se los distribuyesen: igualmente repartió los dos peces entre todos.

42 Y todos comieron, y se saciaron.

43 Y de lo que sobró, recogieron los discípulos doce canastos llenos de pedazos de pan, y de los peces.

44 Y eso que los que comieron, fueron cinco mil hombres.

45 Inmediatamente obligó á sus discípulos á subir en la barca, para que pasasen antes que él al otro lado del lago ácia Bethsaida, mientras el despedia al pueblo.

46 Así que le despidió, retíróse a orar en el monte.

47 Venida la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra.

48 Desde donde viéndolos remar con gran fatiga, (por cuanto el viento les era contrario) á eso de la cuarta vela de la noche vino ácia ellos caminando sobre el mar; e hizo ademan de pasar adelante.

49 Mas ellos, como le vieron caminar sobre el mar, pensaron que era alguna fantasma, y levantaron el grito.

50 Porque todos le vieron, y se asustaron. Pero Jesus les habló luego, y dijo: Buen ánimo, soy yo, no teneis que temer.

51 Y se metió con ellos en la barca, y echóse al instante el viento. Con lo cual quedaron mucho mas asombrados;

52 y es que no habian hecho reflexion sobre el milagro de los panes, porque su corazon estaba aun ofuscado.

53 Atravesado pues el lago, arribaron á tierra de Genesareth, y abordaron allí.

54 Apenas desembarcaron, cuando luego fue conocido.

55 Y recorriendo toda la comarca, empezaron las gentes á sacar en andas á todos los enfermos, llevándolos a donde oían que paraba.

56 Y do quiera que llegaba, fuesen aldeas, ó alquerías, ó ciudades, ponian los enfermos en las calles, suplicándole que les dejase tocar siquiera el ruedo de su vestido. Y todos cuantos le tocaban, quedaban, sanos.

CAPÍTULO VII.
Jesus reprende la hipocresía y supersticiones de los Fariseos Fe grande de la chânanea, por la cual libra del demonio á su hija. Cura á un hombre sordo y mudo. (Matth. 9, 15)


1 Acercáronse á Jesus los Fariseos, y algunos de los Escribas venidos de Jerusalem.

2 Y habiendo observado que algunos de sus discípulos comían con manos inmundas, esto es, sin habérselas lavado, se lo vituperaron.

3 Porque los Fariseos, como todos los judíos, nunca comen sin lavarse á menudo las manos, siguiendo la tradicion de sus mayores;

4 y si han estado en la plaza, no se ponen á comer sin lavarse primero: y observan muy escrupulosamente otras muchas ceremonias que han recibido por tradicion, como las purificaciones ó lavatorias de los vasos, de las jarras, de los utensilios de metal, y de los lechos;

5 preguntábanle, pues, los Escribas y Fariseos: ¿Por qué razon tus discípulos no se conforman con la tradicion de los antiguos, sino que comen sin lavarse las manos?

6 Mas Jesus les dió esta respuesta: ¡Oh bipócritas! bien profetizó de vosotros Isaías [23] en lo que dejó escrito: Este pueblo me honra con los lábios, pero su corazon está bien léjos de mi:

7 en vano pues me honran, enseñando doctrinas y ordenanzas de hombres.

8 Porque vosotros, dejando el mandamiento de Dios, observais con escrupulosidad la tradicion de los hombres en lavatorios de jarros y de vasos, y en otras muchas cosas semejantes que haceis.

9 Y añadíales: Bellamente destruís el precepto de Dios, por observar vuestra tradicion.

10 Porque Moysés dijo: Honra á tu padre, y á tu madre, asistiéndolos en un todo. Y: Quien maldijere al padre, ó á la madre, muera sin remedio.

11 Vosotros al contrario decís: Si uno dice á su padre, ó á su madre: Cualquier corban (esto es, el don) que yo ofrezca á Díos por mí, cederá en tu provecho;

12 queda con esto desobligado de hacer mas á favor de su padre, ó de su madre;

13 aboliendo así la palabra de Dios por una tradicion inventada por vosotros mismos: y á este tenor haceis muchas otras cosas.

14 Entonces, llamando de nuevo la atencion de el pueblo, les decía: Escuchadme todos, y entendedio bien:

15 nada de afuera que entra en el hombre, puede hacerle inmundo [24], mas las cosas que proceden ó salen del hombre, esas son las que dejan macula en el hombre.

16 Si hay quien tenga oidos para oir esto, óigalo y entiéndalo.

17 Despues que se hubo retirado de la gente y entró en casa, sus discípulos le preguntaban la significacion de esta parábola.

18 Y el les dijo: ¡Qué! ¿tambien vosotros teneis tan poca inteligencia? ¿Pues no comprendeis que todo lo que de afuera entra en el hombre, no es capaz de contaminarle;

19 supuesto que nada de esto entra en su corazon, sino que va á parar en el vientre, de donde sale con todas las heces de la comida y se echa en lugares secretos?

20 Mas las cosas, decia, que salen del corazon del hombre, esas son las que manchan al hombre.

21 Porque de lo interior del corazon del hombre es de donde proceden los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

22 los hurtos, las avaricias, las malicias, los fraudes, las deshonestidades, la envidia y mala intencion, la blasfemia ó maledicencia, la soberbia, la estupidez ó la sinrazon.

23 Todos estos vicios proceden del interior, esos son los que manchan al hombre, y de los que ha de purificarse.

24 Partiendo de aquí se dirigió ácia los confines de Tyro y de Sidon; y habiendo entrado en una casa, deseaba que nadie supiese que estaba allí; mas no pudo encubrirse.

25 Porque luego que lo supo una muger, cuya hija. estaba poseida del espíritu inmundo, entró dentro, y se arrojó á sus pies.

26 Era esta muger gentil, y syrofenicia de nacion. Y le suplicaba que lanzase de su hija al demonio.

27 Díjole Jesus: Aguarda que primero se sacien los hijos: que no parece bien hecho el tomar el pan de los hijos, para echarle á los perros.

28 A lo que replicó ella, y le dijo: Es verdad [25], Señor; pero á lo ménos los cachorrillos comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.

29 Díjole entonces Jesus: Por eso que has dicho, véte, que ya el demonio salió de tu hija.

30 Y habiendo vuelto á su casa, halló a la muchacha reposando sobre la cama, y libre ya del demonio.

31 Dejando Jesus otra vez los confines de Tyro, se fue por los de Sidon ácia el mar de Galilea, atravesando el territorio de Decápoli.

32 Y presentáronle un hombre sordo y mudo, suplicándole que pusiese sobre, él su mano para curarle.

33 Y apartándole Jesus del bullicio de la gente, le metió los dedos en las orejas, y con la saliva le tocó la lengua;

34 y alzando los ojos al cielo, arrojó un suspiro, y dijole: Ephphetha, que quiere decir, abríos.

35 Y al momento se le abrieron los oidos, y se le soltó el impedimento de la lengua, y hablaba claramente.

36 Y mandóles que no lo dijeran á nadie. Pero cuanto mas se lo mandaba, con tanto mayor empeño lo publicaban;

37 y tanto mas crecia su admiracion, y decian: Todo lo ha hecho bien: él ha hecho oir á los sordos, y hablar á los mudos.

CAPÍTULO VIII.
Milagro de los siete panes. Jesus instruye á sus discípulos. Da vista á un ciego. Pedro le confiesa por Mesías. Les revela su pasion y muerte: reprende á Pedro; y los amima á llevar la cruz. (Matth. 6, 10, 15, 16. Luc. 9, 11, 14, 17. Joann. 6, 12.)


1 Por aquellos dias habiéndose juntado otra vez un gran concurso de gentes al rededor de Jesus, y no teniendo que comer, convocados sus discípulos, les dijo:

2 Me da compasion esta multitud de gentes; porque hace ya tres dias que están conmigo, y no tienen que comer;

3 y si los envío á sus casas en ayunas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos.

4 Respondiéronle sus discípulos: Y ¿cómo podrá nadie en esta soledad procurarles pan en abundancia?

5 El les preguntó: ¿Cuántos panes teneis? Respondieron: Siete.

6 Entónces mandó Jesus á la gente que se sentára en tierra. Y tomando los siete panes, dando gracias, los partió, y dábaselos á sus discípulos para que los distribuyesen entre la gente, y se los repartieron.

7 Tenian ademas algunos pececillos: bendijolos tambien, y mandó distribuirselos.

8 Y comieron hasta saciarse, y de las sobras recogieron siete espuertas,

9 siendo al pié de cuatro mil los que habian comido: en seguida Jesus los despidió.

10 E inmediatamente, embarcándose con sus discípulos, pasó al territorio de Dalmanutha,

11 donde salieron los Fariseos, y empezaron á disputar con él, pidiéndole, con el fin de tentarle, que les hiciese ver algun prodigio del cielo.

12 Mas Jesus, arrojando un suspiro de lo íntimo del corazon, dijo: ¿Por qué pedirá esta raza de hombres un prodigio? En verdad os digo, que á esa gente no se le dará el prodigio que pretende.

13 Y dejándolos, se embarcó otra vez, pasando á la ribera opuesta.

14 Habíanse olvidado los discípulos de hacer provision de pan, ni tenian mas que un solo pan consigo en la barca.

15 Y Jesus los amonestaba, diciendo: Estad alerta, y guardáos de la levadura de los Fariseos, y de la levadura de Heródes.

16 Mas ellos discurriendo entre sí, se decian uno al otro: En verdad que no hemos tomado pan.

17 Lo cual habiéndolo conocido Jesus, les dijo: ¿Qué andais discurriendo sobre que no teneis pan? ¿todavía estais sin conocimiento ni inteligencia? ¿aun está oscurecido vuestro corazon?

18 ¿tendréis siempre los ojos sin ver, y los oidos sin percibir? Ni os acordais ya

19 de cuando repartí cinco panes entre cinco mil hombres: ¿cuántos cestos llenos de las sobras recogisteis entonces? Dícenle: Doce.

20 Pues cuando yo dividi siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas sacásteis de los fragmentos que sobraron? Dícenle: Siete.

21 ¿Y cómo es, pues, les añadió, qué todavía no entendeis lo que os decia?

22 Habiendo llegado á Bethsaida, presentáronle un ciego, suplicándole que le tocase.

23 Y él, cogiéndole por la mano, le sacó fuera de la aldea; y echándole saliva en los ojos, puestas sobre el las manos, le preguntó si veia algo.

24 El ciego, abriendo los ojos, dijo: Veo andar á unos hombres que me parecen como árboles.

25 Púsole segunda vez las manos sobre los ojos, y empezó á ver mejor; y finalmente recobró la vista, de suerte que veia claramente todos los objetos.

26 Con lo que le remitió á su casa, diciendo: Véte á tu casa; y si entras en el lugar, á nadie le digas.

27 Desde allí partió Jesus con sus discípulos por las aldeas comarcanas de Cesarea de Philippo; y en el camino les hizo esta pregunta: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

28 Respondiéronle: Quién dice que Juan Bautista, quién Elías, y otros en fin que eres como uno de los antiguos Profetas.

29 Díceles entónces: ¿Y vosotros quién decis que soy yo? Pedro respondiendo por todos, le dice: Tú eres el Christo ó Mesías.

30 Y les prohibió rigorosamente el decir esto de él á ninguno, hasta que fuese la ocasion de publicarlo.

31 Y comenzó á declararles cómo convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y fuese desechado por los Ancianos, y por los príncipes de los sacerdotes, y por los Escribas, y que fuese muerto; y que recsucitase á los tres dias.

32 Y hablaba de esto muy claramente. Pedro entónces tomándole a parte, comenzó á reprenderle respetuosamente.

33 Pero Jesus vuelto contra él, y mirando á sus discípulos, para que atendiesen bien á la correccion, reprendió ásperamente á Pedro, diciendo: Quítateme de delante, Satanás, porque no te saboreas en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

34 Despues convocando al pueblo con sus discípulos, les dijo á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á si mismo, y cargue con su cruz, y sígame.

35 Pues quien quisiere salvar su vida á costa de su fé, la perderá para siempre; mas quien perdiere su vida por amor de mí y del Evangelio, la pondrá en salvo eternamente.

36 Por cierto ¿de qué le servirá á un hombre el ganar el mundo entero, si pierde su alma?

37 Y una vez perdida, ¿por qué cambio podrá rescatarla?

38 Ello es que quien se avergonzare de mí y de mi doctrina, en medio de esta nacion adúltera y pecadora, igualmente se avergonzará de él el Hijo del hombre, cuando venga en la gloria de su Padre acompañado de los santos ángeles.

39 Y les añadió: En verdad os digo, que algunos de los que aquí están, no han de morir sin que vean la llegada del reino de Dios ó al Hijo del hombre en su magestad.

CAPÍTULO IX.
Trasfiguracion de Jesus, quien cura despues á un endemoniado mudo. Poder de la fé, de la oracion, y del ayuno. Instruye á sus discípulos en la humildad, y en los daños que acarrea el pecado de escándalo. (Matth. 5, 6, 10, 15, 17, 18. Luc. 9, 11, 14, 17. Joann. 6, 12.)


1 Seis dias despues tomó Jesus consigo a Pedro, y á Santiago, y á Juan; y condújolos solos á un elevado monte, en lugar apartado, y se trasfiguró en presencia de ellos.

2 De forma que sus vestidos aparecieron resplandecientes, y de un candor extremado como la nieve, tan blancos que no hay lavandero en el mundo que así pudiese blanquearlos.

3 Al mismo tiempo se les aparecieron Elías y Moysés, que estaban conversando con Jesus.

4 Y Pedro absorto con lo que veia, tomando la palabra, dijo á Jesus: ¡Oh maestro! bueno será quedarnos aquí: hagamos tres pabellones, uno para tí, otro para Moysés, y otro para Elías.

5 Porque el no sabia lo que se decia, por estar todos sobrecogidos del pasmo.

6 En esto se formo una nube que los cubrió; y salió de esta nube una voz del eterno Padre que decia: Este es mi hijo carísimo: escuchadle a el.

7 Y mirando luego á todas partes, no vieron consigo á nadie mas que á solo Jesus.

8 El cual, así que bajaban del monte, les ordenó que á ninguno contasen lo que habian visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de entre los muertos.

9 En efecto, guardaron en su pecho el secreto, bien que andaban discurriendo entre sí qué querria decir con aquellas palabras: Cuando hubiese resucitado de entre los muertos.

10 Y le preguntaron: ¿Pues cómo dicen los Fariseos y los Escribas, que ha de venir primero Elías?

11 Y él les respondió: Elías realmente ha de venir antes de mi segunda venida, y restablecerá entonces todas las cosas [26]; y, como está escrito [27] del Hijo del hombre, ha de padecer mucho, y ser vilipendiado.

12 Si bien os digo que Elías ha venido ya en la persona del Bautista, (y han hecho con él todo lo que les plugo) segun estaba ya escrito.

13 Al llegar á donde estaban sus demas discípulos, viólos rodeados de una gran multitud de gente, y á los Escribas disputando con ellos.

14 Y todo el pueblo que vió á Jesus, se llenó de asombro y de pavor, y acudieron todos corriendo a saludarle.

15 Y él les preguntó: ¿Sobre qué altercábais entre vosotros?

16 A lo que respondiendo uno de ellos, dijo: Maestro, yo he traido á tí un hijo mio poseído de cierto espíritu maligno que le hace quedar mudo;

17 el cual donde quiera que le toma, le tira contra el suelo, y le hace echar espuma por la boca, y crujir los dientes, y que se vaya secando: pedí á tus discípulos que le lanzasen, y no han podido.

18 Jesus, dirigiendo á todos la palabra, les dijo: ¡Oh gente incrédula! ¿hasta cuándo habré de estar entre vosotros? ¿hasta cuándo habré yo de sufriros? traédmele á mí.

19 Trajéronsele. Y apenas vió á Jesus, cuando el espiritu empezó á agitarle con violencia; y tirándose contra el suelo, se revolcaba echando espumarajos.

20 Jesus preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Desde la niñez, respondió;

21 y muchas veces le ha precipitado el demonio en el fuego, y en el agua, a fin de acabar con el; pero si puedes algo, socórrenos, compadecido de nosotros.

22 A lo que Jesus le dijo: Si tú puedes creer, todo es posible para el que cree.

23 Y luego el padre del muchacho, bañado en lágrimas, exclamó diciendo: ¡Oh Señor! Yo creo; ayuda tú mi incredulidad (fortalece mi confianza).

24 Viendo Jesus el tropel de gente que iba acudiendo, amenazó al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando, sal de este mozo, y no vuelvas mas á entrar en él.

25 Y dando un gran grito, y atormentando horriblemente al jóven, salió de él, dejándole como muerto, de suerte que muchos decian: Está muerto.

26 Pero Jesus cogiéndole de la mano, le ayudó a alzarse, y se levantó.

27 Entrado que hubo el Señor en la casa donde moraba, sus discípulos le preguntaban á solas: ¿Por qué motivo nosotros no le hemos podido lanzar?

28 Respondióles: Esta raza de demonios por ningun medio puede salir, sino á fuerza de oracion y de ayuno.

29 Y habiendo marchado de allí, atravesaron la Galilea; y no queria darse á conocer á nadie.

30 Entre tanto iba instruyendo á sus discípulos, y les decia: El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres, y le darán la muerte, y despues de muerto resucitará al tercer dia.

31 Ellos empero no comprendian cómo podia ser esto que les decia, ni se atrevian á preguntárselo.

32 En esto llegaron á Capharnaum. Y estando ya en casa les preguntó: ¿De qué íbais tratando en el camino?

33 Mas ellos callaban, y es que habian tenido en el camino una disputa entre sí, sobre quién de ellos era el mayor de todos.

34 Entonces Jesus sentándose, llamó á los doce, y les dijo: Si alguno pretende ser el primero, hágase el último de todos, y el siervo de todos.

35 Y cogiendo á un niño, le puso en medio de ellos, y despues de abrazarle, dijoles:

36 Cualquiera que acogiere á uno de estos niños por amor mio, á mí me acoge; y cualquiera que me acoge, no tanto me acoge á mí, como al que á mí me ha enviado.

37 Tomando despues Juan la palabra, le dijo: Maestro, hemos visto á uno que andaba lanzando los demonios en tu nombre, que no es de nuestra compañía, y se lo prohibimos.

38 No hay para que prohibírselo, respondió Jesus; puesto que ninguno que haga milagros en mi nombre, podrá luego hablar mal de mí.

39 Que quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es.

40 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, atento á que sois discípulos de Christo, en verdad os digo, que no será defraudado de su recompensa.

41 Y al contrario al que escandalizáre á alguno de estos pequeñitos que creen en mí, mucho mejor lo fuera que le atáran al cuello una de esas ruedas de molino que mueve un asno, y le echáran al mar.

42 Que si tu mano te es ocasion de escándalo, córtala: mas te vale el entrar manco en la vida eterna, que tener dos manos, é ir al infierno, al fuego inextinguible,

43 en donde el gusano que les [28] roe, ó remuerde su conciencia, nunca muere, y el fuego que les quema, nunca se apaga [29].

44 Y si tu pié te es ocasion de pecado, córtale: mas te vale entrar cojo en la vida eterna, que tener dos pies y ser arrojado al infierno, al fuego inextinguible,

45 donde el gusano que les roe, nunca muere, y el fuego nunca se apaga.

46 Y si tu ojo te sirve de escándalo ó tropiezo, arráncale: mas te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que tener dos ojos y ser arrojado al fuego del infierno,

47 donde el gusano que les roe, nunca muere, ni el fuego jamás se apaga.

48 Porque la sal con que todos ellos, víctimas de la divina justicia, serán salados, es el fuego; así como todas las víctimas deben segun la Ley ser de sal rociadas [30].

49 La sal de suyo es buena; mas si la sal perdiere su sabor, ¿con qué la sazonaréis? Tened siempre en vosotros sal de sabiduría y prudencia, y guardad así la paz entre vosotros.

CAPÍTULO X.
Enseña Jesus la, indisolubilidad del matrimonio: los peligros de las riquezas, y el premio de los que dejan todas las cosas por seguirle. Avisa de nuevo á sus discípulos que debia morir, y resucitar. Responde á la peticion de los hijos de Zebedeo; é inculca otra vez la humildad. Da la vista al ciego Bartimeo. (Matth. 19. Luc. 18, 22.)


1 Y partiendo de allí llegó a los confines de Judea, pasando por el país que está al otro lado del Jordan, donde concurrieron de nuevo al rededor de él los pueblos vecinos; y se puso otra vez á enseñarlos, como tenia de costumbre.

2 Vinieron entónces á él unos Fariseos, y le preguntaban por tentarle: Si es lícito al marido repudiar á su muger.

3 Pero él en respuesta les dijo: ¿Qué os mandó Moysés?

4 Ellos dijeron: Moysés permitió repudiarla, precediendo escritura legal del repudio.

5 A los cuales replicó Jesus: En vista de la dureza de vuestro corazon os dejó mandado eso [31].

6 Pero al principio cuando los crió Dios, formó á un solo hombre y á una sola muger.

7 Por cuya razon dejará el hombre á su padre y á su madre, y juntarse ha con su muger;

8 y los dos no compondrán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne.

9 No separe pues el hombre lo que Dios ha juntado.

10 Despues en casa le tocaron otra vez sus discípulos el mismo punto.

11 Y él les inculcó: Cualquiera que desecháre á su muger, y tomáre otra, comete adulterio contra ella.

12 Y si la muger se aparta de su marido, y se casa con otro, es adúltera.

13 Como le presentasen unos niños para que los tocase y bendijese, los discípulos reñian á los que venian á presentárselos.

14 Lo que advirtiendo Jesus, lo llevó muy á mal, y les dijo: Dejad que vengan á mí los niños, y no se lo estorbeis; porque de los que se asemejan á ellos, es el reino de Dios.

15 En verdad os digo, que quien no recibiere como niño inocente el reino de Dios, no entrará en él.

16 Y estrechándolos entre sus brazos, y poniendo sobre ellos las manos, los bendecia.

17 Así que salió para ponerse en camino, vino corriendo uno, y arrodillado á sus pies le preguntó: ¡Oh buen Maestro! ¿que debo yo hacer para conseguir la vida eterna?

18 Jesus le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? ¿Nadie es bueno, sino solo Dios.

19 Ya sabes los mandamientos que conducen á la vida: No cometer adulterio; No matar; No hurtar; No decir falso testimonio; No hacer mal á nadie; Honrar padre y madre.

20 A esto respondió él, y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad.

21 Y Jesus, mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él, y le dijo: Una cosa te falla aun [32]; anda, vende cuanto tienes, y dalo á los pobres, que así tendrás un tesoro en el cielo; y ven despues, y sígueme.

22 A esta propuesta entristecido el jóven, fuese muy afligido, pues tenia muchos bienes.

23 Y echando Jesus una ojeada al rededor de sí, dijo á sus discípulos: ¡Oh cuán dificilmente los acaudalados entraran en el reino de Dios!

24 Los discípulos quedaron pasmados al oir tales palabras. Pero Jesus volviendo á hablar, les añadió: ¡Ay hijitos mios, cuan difícil cosa es, que los que ponen su confianza en las riquezas, entren en el reino de Dios!

25 Mas fácil es el pasar un camello por el ojo de una aguja, que el entrar un rico semejante en el reino de Dios.

26 Con esto subía de punto su asombro, y se decian unos á otros: ¿Quién podrá pues salvarse?

27 Pero Jesus, fijando en ellos la vista, les dijo: A los hombres es esto imposible, mas no á Dios; pues para Dios todas las cosas son posibles.

28 Aquí Pedro tomando la palabra, le dijo: Por lo que hace á nosotros, bien ves que hemos renunciado todas las cosas, y seguídote.

29 A lo que Jesus respondiendo, dijo: Pues yo os aseguro que nadie hay que haya dejado casa, ó hermanos, o hermanas, ó padre, ó madre, ó hijos, ó heredades, por amor de mí y del Evangelio,

30 que ahora mismo en este siglo, y aun en medio de las persecuciones, no reciba el cien doblado por equivalente de casas, y hermanos, y hermanas, de madre, de hijos y heredades, y en el siglo venidero la vida eterna.

31 Pero muchos de los que en la tierra habrán sido los primeros, serán allí los últimos; y muchos de los que habrán sido los últimos, serán los primeros.

32 Continuaban su viage subiendo á Jerusalem; y Jesus se les adelantaba, y estaban sus discípulos como atónitos; y le seguían llenos de temor. Y tomando á parte de nuevo á los doce, comenzó á repetirles lo que habia de sucederle.

33 Nosotros, les dijo, vamos, como veis, á Jerusalem, donde el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los Escribas, y Ancianos, que le condenarán á muerte, y le entregarán á los gentiles:

34 y le escarnecerán, y le escupirán, y le azotarán, y le quitarán la vida, y al tercer dia resucitará.

35 Entónces oyéndole hablar de la resurreccion, se arriman á él Santiago y Juan hijos de Zebedeo, y por medio de su madre le hacen esta peticion: Maestro, quisiéramos que nos concedieses todo cuanto te pidamos.

36 Díjoles él: ¿Que cosa deseais que os conceda?

37 Concédenos, respondieron, que en tu gloria, ó glorioso reinado, nos sentemos el uno a tu diestra, y el otro á tu siniestra.

38 Mas Jesus les replicó: No sabeis lo que pedis: ¿podeis beber el cáliz de la pasion que yo voy á beber; ó ser bautizados con el bautismo de sangre con que yo voy á ser bautizado?

39 Respondiéronle: Sí que podemos. Pues tened por cierto, les dijo Jesus, que beberéis el cáliz que yo bebo, y seréis bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado;

40 pero eso de sentarse á mi diestra, ó á mi siniestra, no está en mi arbitrio, como hombre, el darlo a vosotros, sino á quienes se ha destinado por mi Padre celestial.

41 Entendiendo los otros diez dicha demanda, dieron muestra de indignacion contra Santiago y Juan.

42 Mas Jesus llamándolos todos á sí, les dijo: Bien sabeis que los que tienen la autoridad de mandar á las naciones, las tratan con imperio; y que sus príncipes ejercen sobre ellas un poder absoluto.

43 No debe ser lo mismo entre vosotros, sino que quien quisiere hacerse mayor, ha de ser vuestro criado;

44 y quien quisiere ser entre vosotros el primero, debe hacerse siervo de todos.

45 Porque aun el Hijo del hombre no vino á que le sirviesen, sino á servir, y á dar su vida por la redencion de muchos.

46 Despues de esto llegaron á Jerichô; y al partir de Jerichô con sus discípulos, seguido de muchísima gente, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino pidiendo limosna.

47 Habiendo oido pues que era Jesus nazareno el que venia, comenzó á dar voces, diciendo: Jesus, hijo de David, ten misericordia de mí.

48 Y reñíanle muchos para que callára. Sin embargo él alzaba mucho mas el grito: Hijo de David, ten compasion de mí.

49 Parándose entonces Jesus, le mandó llamar. Y le llamaron diciéndole: Ea, buen ánimo: levántate, que te llama.

50 El cual, arrojando su capa, al instante se puso en pié, y vino á él.

51 Y Jesus dijo: ¿Qué quieres que te haga? El ciego le respondió: Maestro mio, haz que yo vea.

52 Y Jesus: Anda, que tu fé te ha curado. Y de repente vió, y le iba siguiendo por el camino.
CAPÍTULO XI.
Entrada triunfante de Jesus en Jerusalem. Maldicion de la higuera. Los negociantes echados del Templo: poder de la fé: perdon de los enemigos. Los príncipes de los sacerdotes confundidos. (Matth. 21. Luc. 19. Joann. 21.)


1 Cuando iban acercándose a Jerusalem, al llegar junto a Bethania, al pié del Monte de las olivas, despacha dos de sus discípulos,

2 y les dice: Id á ese lugar, que teneis en frente, y luego al entrar en él, hallaréis atado un jumentillo, en el cual nadie ha montado hasta ahora: desatadle, y traedle.

3 Y si alguien os dijere: ¿Qué haceis? responded, que el Señor lo ha menester; y al instante os le dejara traer acá.

4 Luego que fueron, hallaron el pollino atado fuera delante de una puerta á la entrada de dos caminos, ó en una encrucijada [33], y le desataron.

5 Y algunos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué haceis? ¿por qué desatais ese pollino?

6 Los discípulos respondieron conforme á lo que Jesus les habia mandado, y se le dejaron llevar.

7 Y trajeron el pollino á Jesus; y habiéndole aparejado con los vestidos de ellos, montó Jesus en él.

8 Muchos en seguida tendieron sus vestidos en el camino; y otros cortaban ramas ú hojas de los árboles, y las esparcian por donde habia de pasar Jesus.

9 Y tanto los que iban delante, como los que seguian detrás, le aclamaban diciendo: Hosanna, salud y gloria:

10 bendito sea el que viene en nombre del Señor: bendito sea el reino de nuestro padre David que vemos llegar ahora en la persona de su hijo: Hosanna en lo mas alto de los cielos.

11 Así entró Jesus en Jerusalem, y se fue al Templo, donde despues de haber observado por una y otra parte todas las cosas, siendo ya tarde, se salió á Bethania con los doce.

12 Al otro dia así que salieron de Bethania, tuvo hambre.

13 Y como viese á lo lejos una higuera con hojas, encaminóse allá por ver si encontraba en ella alguna cosa; y llegado, nada encontró sino follage, porque no era aun tiempo de higos [34].

14 Y hablando á la higuera, le dijo: Nunca jamás coma ya nadie fruto de tí. Lo cual oyeron sus discípulos.

15 Llegan pues á Jerusalem. Y habiendo Jesus entrado en el Templo, comenzó á echar fuera á los que vendian y compraban en él; y derribó las mesas de los cambistas, y los asientos de los que vendian palomas para los sacrificios.

16 Y no permitía que nadie trasportase mueble ó cosa alguna por el Templo;

17 y los instruia, diciendo: ¿Por ventura no esta escrito [35]:Mi Casa será llamada de todas las gentes casa de oracion? Pero vosotros habeis hecho de ella una guarida de ladrones.

18 Sabido esto por los príncipes de los sacerdotes y los Escribas, andaban trazando el modo de quitarle la vida secretamente, porque le temian, viendo que todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.

19 Así que se hizo tarde, se salió de la ciudad.

20 La mañana siguiente repararon los discípulos al pasar, que la higuera se habia secado de raiz.

21 Con lo cual acordándose Pedro de lo sucedido, le dijo: Maestro, míra cómo la higuera que maldijiste, se ha secado.

22 Y Jesus tomando la palabra, les dijo: Tened confianza en Dios, y obraréis tambien estas maravillas:

23 en verdad os digo, que cualquiera que dijere á este monte: Quítate de ahí, y échate al mar; no vacilando en su corazon, sino creyendo, que cuanto dijere se ha de hacer, asi se hará.

24 Por tanto os aseguro, que todas cuantas cosas pidiéreis en la oracion, tened viva fé de conseguirlas, y se os concederán sin falta.

25 Mas al poneros á orar, si teneis algo contra alguno, perdonadle el agravio, á fin de que vuestro Padre que está en los cielos, tambien os perdone vuestros pecados.

26 Que si no perdonais vosotros, tampoco vuestro Padre celestial os perdonará vuestras culpas, ni oirá vuestras oraciones.

27 Volvieron pues otra vez á Jerusalem. Y paseándose Jesus por el átrio exterior de el Templo instruyendo al pueblo, lléganse á él los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas, y los Ancianos,

28 y le dicen: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado á tí potestad de hacer lo que haces?

29 Y respondiendo Jesus, les dijo: Yo tambien os haré una pregunta: respondedme á ella primero, y despues os diré con qué autoridad hago estas cosas.

30 El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres? Respondedme á esto.

31 Ellos discurrian para consigo, diciendo entre sí: Si decimos que del cielo, dirá. Pues ¿por qué no le creísteis?

32 Si decimos que de los hombres, debemos temer al pueblo; pues todos creian que Juan habia sido verdadero Profeta.

33 Y así respondieron á Jesus, diciendo: No lo sabemos. Entónces Jesus les replicó: Pues ni yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.
CAPÍTULO XII.
Parábola de la viña plantada y arrendada. Convence Jesus á los Fariseos y sadduceos, redarguyéndolos. Sobre pagar el tributo al César; y sobre la resurreccion de los muertos. Christo, Señor de David: soberbia de los Escribas: ofrenda ténue de la viuda, preferida á todas las grandes oblaciones de los ricos. (Matth. 21, 22. Luc. 20, 21.)


1 En seguida comenzó á hablarles por parábolas: Un hombre, dijo, plantó una viña, y la ciñó con cercado, y cavando hizo en ella un lagar, y fabricó una torre, y arrendóla á ciertos labradores, y marchóse lejos de su tierra.

2 A su tiempo despachó un criado á los renteros para cobrar lo que debian darle de el fruto de la viña.

3 Mas ellos agarrándole le apalearon, y le despacharon con las manos vacías.

4 Segunda vez les envió otro criado; y á este tambien le descalabraron, cargándole de oprobios.

5 Tercera vez envió á otro, al cual mataron: tras este otros muchos; y de ellos á unos los hirieron, y á otros les quitaron la vida.

6 En fin, á un hijo único que tenia y á quien amaba tiernamente, se lo envió tambien el último, diciendo: Respetarán á lo ménos á mi hijo.

7 Pero los viñadores al verle venir se dijeron unos á otros: Este es el heredero; venid, matémosle, y será nuestra la heredad.

8 Y asiendo de él, le mataron, arrojándole antes fuera de la viña.

9 ¿Qué hará pues el dueño de la viña? Vendrá, y perderá á aquellos renteros, y arrendará la viña á otros.

10 ¿No habeis leido este lugar dela Escritura [36]: La piedra que desecharon los que edificaban, vino á ser la principal piedra del ángulo:

11 el Señor es el que hizo eso, y estamos viendo con nuestros ojos tal maravilla?

12 En la hora maquinaban cómo prenderle; porque bien conocieron que á ellos habia enderezado la parábola: mas temieron al pueblo, y así, dejándolo, se marcharon.

13 Pero le enviaron algunos Fariseos y herodianos [37], para sorprenderle en alguna expresion.

14 Los cuales vinieron y dijéronle: Maestro, nosotros sabemos que eres hombre veraz, y que no atiendes á respetos humanos, porque no miras la calidad de las personas, sino que enseñas el camino de Dios con lisura y segun él es: ¿nos es lícito a nosotros, pueblo escogido de Dios, el pagar tributo á César, ó podrémos no pagarle?

15 Jesus penetrando su malicia, díjoles: ¿Para qué venis á tentarme? dadme á ver un denario, ó la moneda corriente.

16 Presentáronselo, y él les dice: ¿De quién es esta imagen y esta inscripcion? Respondieron: De César.

17 Entónces replicó Jesus y díjoles: Pagad pues á César lo que es de César, y á Dios lo que es de Dios. Con cuya respuesta los dejó maravillados.

18 Vinieron despues á encontrarle los sadduceos que niegan la resurreccion, y le propusieron esta cuestion:

19 Maestro, Moysés [38] nos dejó ordenado por escrito, que si el hermano de uno muere, dejando á su muger sin hijos, este se case con la viuda, para que no falte a su hermano descendencia.

20 Esto supuesto, eran siete hermanos: el mayor se casó, y vino á morir sin hijos.

21 Con eso el segundo se casó con la viuda, pero murió tambien sin dejar sucesion. Del mismo modo el tercero.

22 En suma, los siete succesivamente se casaron con ella, y ninguno tuvo hijos. Al cabo murió la muger la última de todos.

23 Ahora pues en el dia de la resurrecion, cuando resuciten, ¿de cuál de estos será muger? porque ella lo fue de todos siete.

24 Jesus en respuesta les dijo: ¿No veis que habeis caido en error, por no entender las Escrituras, ni el poder de Dios?

25 Porque cuando habrán resucitado de entre los muertos, ni los hombres tomarán mugeres, ni las mugeres maridos, sino que serán como los ángeles que están en los cielos.

26 Ahora sobre que los muertos hayan de resucitar, ¿no habeis leido en el libro de Moysés [39], cómo Dios hablando con el en la zarza, le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob?

27 Y en verdad que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Luego estais vosotros en un grande error.

28 Uno de los Escribas, que habia oido esta disputa, viendo lo bien que les habia respondido, se arrimó, y le preguntó, cuál era el primero de todos los mandamientos.

29 Y Jesus le respondió: El primero de todos los mandamientos es este: Escucha ¡oh Israél! el Señor Dios tuyo, es el solo Dios;

30 y así amarás al Señor Dios tuyo con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas [40]. Este es el mandamiento primero.

31 El segundo semejante al primero es [41]: Amarás tu prójimo como á tí mismo. No hay otro mandamiento que sea mayor que estos.

32 Y el Escriba le dijo: Maestro has dicho bien, y con toda verdad, que Dios es uno solo, y no hay otro fuera de él.

33 Y que el amarle de todo corazon, y con todo el espíritu, y con toda el alma, y con todas las fuerzas; y al prójimo como á sí mismo, vale mas que todos los holocaustos y sacrificios.

34 Viendo Jesus que el letrado había respondido sábiamente, dijole: No estás léjos del reino de Dios. Y ya nadie osaba hacerle mas preguntas.

35 Y enseñando y razonando despues Jesus en el Templo, decia: ¿Cómo dicen los Escribas que el Christo ó Mesías es hijo de David?

36 Siendo así que el mismo David inspirado del Espíritu santo, dice [42] hablando del Mesías: Dijo el Señor á mi Señor, siéntate á mi diestra, hasta tanto que yo haya puesto á tus enemigos por tarima de tus pies.

37 Pues si David le llama su Señor, ¿por donde ó cómo es su hijo? Y el numeroso auditorio le oia con gusto.

38 Y decíales en sus instrucciones: Guardáos de los Escríbas, que hacen gala de pasearse con vestidos rozagantes, y de ser saludados en la plaza,

39 y de ocupar las primeras sillas en las synagogas, y los primeros asientos en los convites:

40 que devoran las casas de las viudas con el pretexto de que hacen por ellas largas oraciones: estos serán castigados con mas rigor.

41 Estando Jesus una vez sentado frente al arca de las ofrendas [43], estaba mirando cómo la gente echaba dinero en ella, y muchos ricos echaban grandes cantidades.

42 Vino tambien una viuda pobre, la cual metió dos blancas, ó pequeñas monedas, que hacen un maravedí [44];

43 y entónces convocando á sus discípulos, les dijo: En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado mas en el arca, que todos los otros.

44 Por cuanto los demas han echado algo de lo que les sobraba; pero esta ha dado de su misma pobreza todo lo que tenia, todo su sustento.

CAPÍTULO XIII.
Profecías de la destruccion de Jerusalem, y de la segunda venida de Jesus, con las señales que precederán. (Matth. 24. Luc. 19, 21)


1 Al salir del Templo, díjole uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras [45], y qué fábrica tan asombrosa.

2 Jesus le dió por respuesta: ¿Ves todos esos magníficos edificios? Pues serán de tal modo destruidos, que no quedará piedra sobre piedra.

3 Y estando sentado en el Monte del olivar de cara al Templo, le preguntaron á parte Pedro, y Santiago, y Juan, y Andres:

4 Dínos, ¿cuando sucederá eso? y ¿que señal habrá de que todas estas cosas estan á punto de cumplirse?

5 Jesus tomando la palabra, les habló de esta manera: Mirad que nadie os engañe;

6 porque muchos vendrán arrogándose mi nombre, y diciendo [46]: Yo soy el Mesías; y con falsos prodigios seducirán á muchos.

7 Cuando sintiéreis alarmas y rumores de guerras, no os turbeis por eso; porque si bien han de suceder estas cosas, mas no ha llegado aun con ellas el fin.

8 Puesto que antes se armará nacion contra nacion, y reino contra reino, y habrá terremotos en varias partes, y hambres. Y esto no será sino el principio de los dolores.

9 Entre tanto vosotros estad sobre aviso en órden á vuestras mismas personas. Por cuanto habeis de ser llevados á los concilios ó tribunales, y azotados en las synagogas, y presentados por causa de mi ante los gobernadores y reyes, para que deis delante de ellos testimonio de mí y de mi doctrina.

10 Mas primero debe ser predicado el Evangelio á todas las naciones.

11 Cuando pues llegáre el caso de que os lleven para entregaros en sus manos, no discurrais de antemano lo que habeis de hablar; sino hablad lo que os será inspirado en aquel trance, porque no sois entónces vosotros los que habiais, sino el Espíritu santo.

12 Entónces el hermano entregará á la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y les quitarán la vida.

13 Y vosotros seréis aborrecidos de todo el mundo por causa de mi nombre. Mas quien estuviere firme ó perseveráre en la fé hasta el fin, este será salvo.

14 Cuando empero viéreis la abominacion de la desolacion [47], establecida donde ménos debiera, (el que lea esto, haga reflexion sobre ello) entónces los que moran en Judea, huyan á los montes;

15 y el que se encuentre en el terrado, no baje á casa, ni entre á sacar de ella cosa alguna;

16 y el que esté en el campo, no torne atrás á tomar su vestido.

17 Mas ¡ay de las que estarán en cinta, y de las que criarán en aquellos dias!

18 Por eso rogad á Dios que no sucedan estas cosas durante el invierno.

19 Porque serán tales las tribulaciones de aquellos dias, cuales no se han visto desde que Dios crió al mundo, hasta el presente, ni se verán.

20 Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos dias, no se salvaria hombre alguno; mas en gracia de los escogidos, que él se eligió, los ha abreviado.

21 Entónces si alguno os dijere: Vé aquí el Christo, ó véle allí, no le creais.

22 Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, los cuales harán alarde de milagros y prodigios para seducir, si ser pudiese, á los mismos escogidos.

23 Por tanto, vosotros estad sobre aviso: ya veis que os lo he predicho todo, á fin de que no seais sorprendidos.

24 Y pasados aquellos dias de tribulacion, el sol se oscurecerá, y la luna no alumbrará [48];

25 y las estrellas del cielo caéran ó amenazaran ruina, y las potestades que hay en los cielos, bambalearán.

26 Entónces se verá venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria.

27 El cual enviará luego sus ángeles, y congregará á sus escogidos de las cuatro partes del mundo, desde el último cabo de la tierra, hasta la extremidad del cielo.

28 Aprended ahora sobre esto una comparacion tomada de la higuera. Cuando ya sus ramos retoñecen, y brotan las hojas, conoceis que está cerca el verano:

29 pues así tambien cuando vosotros veais que acontecen estas cosas, sabed que el Hijo del hombre está cerca, está ya á la puerta.

30 En verdad os digo, que no pasará esta generacion, que no se hayan cumplido todas estas cosas [49].

31 El cielo y la tierra faltarán, pero no faltarán mis palabras.

32 Mas en cuanto al dia ó á la hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo para revelároslo, sino el Padre [50].

33 Estad pues alerta, velad, y orad, ya que no sabeis cuándo será el tiempo.

34 Á la manera de un hombre, que saliendo á un viage largo dejó su casa, y señaló á cada uno de sus criados lo que debia hacer, y mandó al portero que velase.

35 Velad pues tambien vosotros, (porque no sabeis cuando vendrá el dueño de la casa; si á la tarde, ó a la media noche, ó al canto del gallo, ó al amanecer)

36 no sea que viniendo de repente, os encuentre dormidos.

37 En fin, lo que á vosotros os digo, á todos lo digo: velad.
CAPÍTULO XIV.
Principio de la pasion de Jesus. Última cena, é institucion de la Euchâristía: oracion en el huerto. El Señor es presentado á Caiphás. Negacion de san Pedro. (Matth. 26. Luc. 26. Joann. 12, 13, 16, 18.)


1 Dos dias despues era la Pascua, cuando comienzan los ázymos [51]; y los príncipes de los sacerdotes, y los Escribas andaban trazando como prender á Jesus con engaño, y quitarle la vida.

2 Mas no ha de ser, decian, en la fiesta, porque no se amotine el pueblo.

3 Hallándose Jesus [52] en Bethania en casa de Simon el leproso, estando á la mesa, entró una muger con un vaso [53] de alabastro lleno de ungüento ó perfume [54] hecho de la espiga del nardo, de mucho precio, y quebrando el vaso, derramó el bálsamo sobre la cabeza de Jesus.

4 Algunos de los presentes irritados interiormente, decian: ¿Á que fin desperdiciar ese perfume,

5 siendo así que se podia vender en mas de trescientos denarios, y dar el dinero á los pobres? Con cuyo motivo bramaban contra ella.

6 Mas Jesus les dijo: Dejadla en paz, ¿por que la molestais? La obra que ha hecho conmigo, es buena y loable.

7 Pues que á los pobres los teneis siempre con vosotros, y podeis hacerles bien cuando quisiéreis; mas á mí no me tendréis siempre.

8 Ella ha hecho cuanto estaba en su mano: se ha anticipado á embalsamar mi cuerpo para la sepultura, y hacerme en vida este honor.

9 En verdad os digo, que do quiera que se predicáre este Evangelio por todo el mundo, se contará tambien en memoria ó alabanza de esta muger lo que acaba de hacer.

10 Entónces Júdas Iscariote uno de los doce, salió á verse con los Sumos sacerdotes, para entregarles á Jesus.

11 Los cuales cuando le oyeron, se holgaron mucho, y prometieron darle dinero. Y él ya no buscaba sino ocasion oportuna para entregarle.

12 El primer dia pues de los ázymos, en que sacrificaban el cordero pascual [55], dicenle los discípulos: ¿A dónde quieres que vayamos á prepararte la cena de la Pascua?

13 Y Jesus envió á Jerusalem á dos de ellos, diciéndoles: Id á la ciudad, y encontraréis á un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle;

14 y en donde quiera que entrara, decid al amo de la casa: El Maestro os envía a decir: ¿Dónde está la sala [56] en que he de celebrar la cena de la Pascua con mis discípulos?

15 Y él os mostrará [57] una pieza de comer grande, bien mueblada: preparadnos allí lo necesario.

16 Fueron pues los dicípulos, y llegando á la ciudad, hallaron todo lo que les habia dicho, y dispusieron las cosas para la Pascua.

17 Puesto ya el sol, fue Jesus allá con los doce.

18 Y estando á la mesa, y comiendo, dijo Jesus: En verdad os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me hará traicion.

19 Comenzaron entónces ellos á contristarse, y á decirle uno despues de otro: ¿Seré yo acaso, Señor?

20 El les respondió: Es uno de los doce, uno que mete conmigo la mano ó moja en un mismo plato.

21 Verdad es que el Hijo del hombre se va ó camina á su fin, como está escrito [58] de él; pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre será entregado á la muerte! Mejor sería para el tal hombre, el no haber nacido.

22 Durante la mesa, tomó Jesus pan; y bendiciéndole le partió, y diósele, y les dijo: Tomad [59], este es mi cuerpo.

23 Y cogiendo el cáliz, dando gracias se le alargó; y bebieron todos de él.

24 Y al dársele, díjoles: Esta es la sangre mia, el sello del nuevo Testamento, la cual será derramada por muchos.

25 En verdad os digo, que de hoy mas no beberé de este fruto de la vid, hasta el dia en que le beba nuevo en el reino de Dios.

26 Y dicho el himno de accion de gracias, salieron ácia el Monte del olivar.

27 Antes de partir díjoles aun Jesus: Todos os escandalizaréis por ocasion de mi esta noche, segun está escrito [60]: Heriré al pastor, y se decarriarán las ovejas.

28 Pero en resucitando, me pondré á vuestra frente en Galilea, en donde os reuniré otra vez.

29 Pedro le dijo entónces: Aun cuando fueres para todos los demas un objeto de escándalo, no lo serás para mí.

30 Jesus le replicó: En verdad te digo, que tú, hoy mismo en esta noche, antes de la segunda vez que cante el gallo, tres veces me has de negar.

31 El no obstante se afirmaba mas y mas en lo dicho, añadiendo: Aunque me sea forzoso el morir contigo, yo no te negaré. Y lo mismo decian todos los demas.

32 En esto llegan á la granja llamada Gethsemaní. Y dice á sus discípulos: Sentáos aquí mientras que yo hago oracion.

33 Y llevándose consigo á Pedro, y á Santiago, y á Juan, comenzó á atemorizarse y angustiarse.

34 Y díjoles: Mi alma siente angustias de muerte: aguardad aquí, y estad en vela.

35 Y apartándose un poco adelante, se postró en tierra; y suplicaba que, si ser pudiese, se alejase de él aquella hora.

36 ¡Oh Padre, Padre mio[61]! y decia, todas las cosas te son posibles, aparta de mí este cáliz; mas no sea lo que yo quiero, sino lo que tú.

37 Viene despues á los tres, y hallólos dormidos. Y dice á Pedro: ¿Simon [62], tú duermes? ¿aun no has podido velar una hora?

38 Velad y orad, para que no caigais en la tentacion. El espíritu á la verdad está pronto (es esforzado), pero la carne es flaca.

39 Fuése otra vez á orar, repitiendo las mismas palabras.

40 Y habiendo vuelto, los encontró de nuevo dormidos, (porque sus ojos estaban cargados de sueño) y no sabian qué responderle.

41 Al fin vino tercera vez, y les dijo: Ea, dormid y reposad.... Pero basta ya [63]: la hora es llegada; y ved aquí que el Hijo del hombre va á ser entregado en manos de los pecadores.

42 Levantáos de aquí, y vamos; que ya el traidor está cerca.

43 Estando todavía hablando, llega Júdas Iscariote uno de los doce, acompañado de mucha gente, armada con espadas y con garrotes, enviada por los príncipes de los sacerdotes, por los Escribas y por los Ancianos.

44 El traidor les habia dado una seña, diciendo: Á quien yo besare, él es, prendedle, y conducidle con cautela.

45 Así al punto que llegó, arrimándose á Jesus, le dijo: Maestro mio, Dios le guarde; y besóle [64].

46 Ellos entónces le echaron las manos, y le aseguraron.

47 Entre tanto uno de los circunstantes (Pedro) desenvainando la espada, hirió á un criado del Sumo sacerdote, y le cortó una oreja.

48 Jesus empero, tomando la palabra, les dijo: ¿Como si yo fuese algun ladron, habeis salido á prenderme con espadas y con garrotes?

49 Todos los dias estaba entre vosotros enseñando en el Templo, y no me prendisteis. Pero es necesario que, se cumplan las Escrituras.

50 Entónces sus discípulos abandonándole, huyeron todos.

51 Pero cierto mancebo le iba siguiendo envuelto solamente con una sábana ó lienzo [65] sobre sus carnes; y los soldados le cogieron.

52 Mas él soltando la sabana, desnudo se escapó de ellos.

53 Jesus fue conducido á casa del Sumo sacerdote, donde se juntaron todos los principales sacerdotes, y los Escribas, y los Ancianos.

54 Pedro como quiera le fue siguiendo á lo lejos, hasta dentro del palacio del Sumo sacerdote, donde se sentó al fuego con los criados, y estaba calentándose.

55 Mientras tanto los príncipes de los sacerdotes, con todo el concilio, andaban buscando contra Jesus algun testimonio, para condenarle á muerte, y no le hallaban.

56 Porque dado que muchos atestiguaban falsamente contra él, los tales testimonios no estaban acordes, ni eran suficientes para condenarle á muerte.

57 Comparecieron en fin algunos que alegaban contra él este falso testimonio:

58 Nosotros le oimos decir: Yo destruiré este Templo hecho de mano de los hombres, y en tres dias fabricaré otro sin obra de mano alguna.

59 Pero tampoco en este testimonio estaban acordes.

60 Entónces el Sumo sacerdote, levantándose en medio del congreso, interrogó á Jesus, diciéndole: ¿No respondes nada a los cargos que te hacen estos?

61 Jesus empero callaba, y nada respondió. Interrogóle el Sumo sacerdote nuevamente, y le dijo: ¿Eres tú el Christo ó Mesías, el Hijo de Dios bendito?

62 A esto le respondió Jesus: Yo soy; y algun dia veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la magestad de Dios, y venir sobre las nubes del cielo.

63 Al punto el Sumo sacerdote rasgando sus vestiduras, dice: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?

64 Vosotros mismos habeis oido la blasfemia: ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron por reo de muerte.

65 Y luego empezaron algunos á escupirle, y tapándole la cara, dábanle golpes, diciéndole: Profetiza, ó adivina quién te ha dado; y los ministriles le daban de bofetadas.

66 Entre tanto, hallándose Pedro abajo en el patio, vino una de las criadas del Sumo sacerdote;

67 y viendo á Pedro que se estaba calentando, clavados en él los ojos, le dice: Tú tambien andabas con Jesus nazareno.

68 Mas ello negó, diciendo: Ni le conozco, ni sé lo que te dices. Y saliéndose fuera al zaguan cantó el gallo.

69 Reparando de nuevo en él la criada, empezó á decir á los circunstantes: Sin duda este es de aquellos.

70 Mas él lo negó segunda vez. Un poquito despues los que estaban allí, decian nuevamente á Pedro: Seguramente tú eres de ellos, pues eres tambien galileo.

71 Aquí comenzó á echarse maldiciones, y á asegurar con juramento: Yo no conozco á ese hombre de que hablais.

72 Y al instante [66] cantó el gallo la segunda vez. Con lo que se acordó Pedro de la palabra que Jesus le habia dicho: Antes de cantar el gallo por segunda vez, tres veces me habrás ya negado. Y comenzó á llorar amargamente.

CAPÍTULO XV.
Jesus es presentado á Pilato, azotado, coronado de espinas, y crucificado entre dos ladrones. Prodigios que suceden en su muerte; y cómo fue sepultado. (Matth. 27. Luc. 22, 23. Joann. 18, 19.)


1 Y luego que amaneció, habiéndose juntado para deliberar los Sumos sacerdotes, con los Ancianos y los Escribas, y todo el consejo ó sanedrin, ataron á Jesus, y le condujeron y entregaron á Pilato.

2 Pilato le preguntó: ¿Eres tú el rey de los judios? A que Jesus respondiendo, le dijo: Tú lo dices; lo soy.

3 Y como los príncipes de los sacerdotes le acusaban en muchos puntos,

4 Pilato volvió nuevamente á interrogarle, diciendo: ¿No respondes nada? mira de cuántas cosas te acusan.

5 Jesus empero nada mas contestó, de modo que Pilato estaba todo maravillado.

6 Solia él, por razon de la fiesta de Pascua, concederles la libertad de uno de los presos, cualquiera que el pueblo pidiese.

7 Entre estos había uno llamado Barrabás, el cual estaba preso con otros sediciosos, por haber en cierto motin cometido un homicidio.

8 Pues como el pueblo acudiese á esta sazon á pedirle el indulto que siempre les otorgaba,

9 Pilato les respondió, diciendo: ¿Quereis que os suelte al rey de los judíos?

10 Porque sabia que los príncipes de los sacerdotes se le habian entregado por envidia.

11 Mas los pontífices instigaron al pueblo a que pidiese mas bien la libertad de Barrabás.

12 Pilato de nuevo les habló, y les dijo: ¿Pues qué quereis que haga del rey de los judíos?

13 Y ellos volvieron á gritar: Crucifícale.

14 Y les decia: ¿Pues qué mal es el que ha hecho? Mas ellos gritaban con mayor fuerza: Crucifícale.

15 Al fin Pilato deseando contentar al pueblo, les soltó á Barrabás; y á Jesus, despues de haberle hecho azotar, se le entregó para que fuese crucificado.

16 Los soldados le llevaron entónces al patio del pretorio, y reuniéndose allí toda la cohorte,

17 vístenle un manto de grana á manera de púrpura, y le ponen una corona de espinas entretejidas.

18 Comenzaron en seguida á saludarle diciendo: Salve, oh rey de los judíos.

19 Al mismo tiempo herian su cabeza con una caña; y escupíanle, e hincando las rodillas, le adoraban.

20 Despues de haberse así mofado de el, le desnudaron de la púrpura, y volviéndole á poner sus vestidos, le condujeron á fuera para crucificarle.

21 Al paso alquilaron á un hombre que venia de una granja, llamado Simon cyreneo, padre de Alejandro y de Rufo, obligándole á que llevase la cruz de Jesus.

22 Y de esta suerte le conducen al lugar llamado Gólgotha, que quiere decir, Calvario ú Osario.

23 Allí le daban á beber vino mezclado con myrrha [67]; mas él no quiso beberle.

24 Y despues de haberle crucificado, repartieron sus ropas, echando suertes sobre la parte que habia de llevar cada uno.

25 Era ya cumplida la hora de tercia [68] cuando le crucificaron.

26 Y estaba escrita la causa de su sentencia con este letrero: El rey de los judíos.

27 Crucificaron tambien con el á dos ladrones; uno á su derecha, y otro á la izquierda.

28 Con lo que se cumplió la Escritura, que dice [69]: Y fue puesto en la clase de los malhechores.

29 Los que, iban y venian, blasfemaban de él, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Hola! [70] tú que destruyes el Templo de Dios, y que le reedificas en tres dias,

30 sálvate á ti mismo, bajando de la cruz.

31 De la misma manera, mofándose de el los príncipes de los sacerdotes, con los Escribas, se decian el uno al otro: A otros ha salvado, y no puede salvarse á si mismo [71].

32 El Christo, el rey de Israél descienda ahora de la cruz, para que seamos testigos de vista, y le creamos. Tambien los que estaban crucificados con él, le ultrajaban.

33 Y á la hora de sexta, se cubrió toda la tierra de tinieblas hasta la hora de nona.

34 Y a la hora de nona exclamó Jesus diciendo en voz grande y extraordinaria: ¿Eloi, Eloi, lamma sabacthani [72]? que significa: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado?

35 Oyéndole algunos de los circunstantes, decian: Ved cómo llama á Elías.

36 Y corriendo uno de ellos, empapó una esponja en vinagre, y revolviéndola en la punta de una caña, dábale a beber, diciendo: Dejad que cobre así algun aliento, y veremos á ver si viene Elias á descolgarle de la cruz.

37 Mas Jesus dando un gran grito, espiró.

38 Y al mismo tiempo el velo del Templo se rasgó en dos partes, de arriba abajo.

39 Y el centurion, que estaba allí presente, viendo que habia espirado con gran clamor, dijo: Verdaderamente que este hombre era hijo de Dios.

40 Habia tambien allí varias mugeres que estaban mirando de léjos, entre las cuales estaba Maria Magdalena, y María madre de Santiago el menor, y de Joseph, y Salomé muger de Zebedeo;

41 que cuando estaba en Galilea, le seguían, y le asistían con sus bienes; y tambien otras muchas, que juntamente con él habian subido á Jerusalem.

42 Al caer el sol (por ser aquel dia la parasceve ó dia de preparacion, que precede al sábado)

43 fue Joseph de Arimathea, persona ilustre y senador [73], el cual esperaba tambien el reino de Dios, y entró denodadamente á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus.

44 Pilato, admirándose de que tan pronto hubiese muerto, hizo llamar al centurion, y le preguntó si efectivamente era muerto.

45 Y habiéndole asegurado que sí el centurion, dió el cuerpo á Joseph.

46 Joseph comprada una sábana, bajó á Jesus de la cruz, y le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro abierto en una peña y arrimando una gran piedra, dejó así con ella cerrada la entrada.

47 Entre tanto María Magdalena y María, madre de Joseph, estaban observando dónde le ponian.
CAPÍTULO XVI.
Resurreccion de Jesus: aparécese á la Magdalena, y á los discípulos y apóstoles, y envía á estos á bautizar y á predicar el Evangelio. Su ascension á los cielos. (Matth. 28. Luc. 24. Joann. 20.)


1 Y pasada la fiesta del sábado, María Magdalena, y María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesus.

2 Y partiendo muy de madrugada el domingo ó primer dia de la semana, llegaron al sepulcro, salido ya el sol [74].

3 Y se decian una a otra: ¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?

4 la cual realmente era muy grande. Mas echando la vista, repararon que la piedra estaba apartada.

5 Y entrando en el sepulcro ó cueva sepulcral, se hallaron con un jóven sentado al lado derecho, vestido de un blanco ropage, y se quedaron pasmadas.

6 Pero el les dijo: No teneis que asustaros: vosotras venis á buscar á Jesus nazareno, que fue crucificado: ya resucitó, no está aquí, mirad el lugar donde le pusieron.

7 Pero id, y decid a sus discípulos, y especialmente á Pedro, que él irá delante de vosotros á Galilea; donde le veréis, segun que os tiene dicho.

8 Ellas saliendo del sepulcro, echaron á huir, como sobrecogidas que estaban de pavor y espanto; y á nadie dijeron nada en el camino: tal era su pasmo.

9 Jesus habiendo resucitado de mañana, el domingo ó primer dia de la semana, se apareció primeramente á María Magdalena, de la cual habia lanzado siete demonios.

10 Y Magdalena fue luego á dar las nuevas a los que habian andado con él, que no cesaban de gemir y llorar.

11 Los cuales al oirla decir que vivia, y que ella le habia visto, no la creyeron.

12 Despues de esto se apareció bajo otro aspecto á dos [75] de ellos, que iban de camino á una casa de campo;

13 los que viniendo luego, trajeron á los demas la nueva; pero ni tampoco los creyeron.

14 En fin apareció á los once apóstoles cuando estaban á la mesa; y les dió en rostro con su incredulidad y dureza de corazon, porque no habian creido á los que le habian visto resucitado.

15 Por último les dijo: Id por todo el mundo: predicad el Evangelio á todas las criaturas.

16 El que creyere, y se bautizáre, se salvará; pero el que no creyere, será condenado.

17 A los que creyeren, acompañarán estos milagros: en mi nombre lanzarán los demonios; hablarán nuevas lenguas;

18 manosearán las serpientes; y si algun licor venenoso bebieren, no les hará daño: pondrán las manos sobre los enfermos, y quedarán estos curados.

19 Así el Señor Jesus, despues de haberles hablado varias veces, fue elevado al cielo por su propia virtud, y está allí sentado á la diestra de Dios.

20 Y sus discípulos fueron, y predicaron en todas partes, cooperando el Señor, y confirmando su doctrina con los milagros que la acompañaban.


  1. Is. XL. v. 3.—Malach. III. v. 1.
  2. En el griego se lee ὀ ἀγαπητὸς, y así por el énfasis que tiene la partícula ὀ puede traducirse, tú eres mi Hijo, el querido.
  3. Que no queria que el padre de la mentira publicára esta verdad, solo conocida del demonio por conjeturas.
  4. La palabra σπαραγμός, de la cual viene espasmo, significa convulsion.
  5. De mi poder, y de mi observancia de la Ley. Lev. XIV. v. 2.
  6. Esta es la significacion del verbo griego, ἐξιςάναι del cual viene el nombre éxtasis. San Marcos usó de este verbo, que es mas expresivo que el ἐθαύματεν que se lee en san Matheo.
  7. Aquí se vé que el que tiene un celo que no es segun ciencia, pensando defender la Ley, la combate y por seguir la letra de ella, contraría su espíritu. El orgullo nos mueve á hacernos jueces de todo, y nos hace propensos á condenar siempre las acciones del prójimo.
  8. O Abimelech.
  9. Se cree que era la de Pedro en Capharnaum.
  10. Matth. XII. v. 25.
  11. Ib. v. 29.
  12. Esto es, será sumamente difícil su arrepentimiento.
  13. En pena de su voluntaria ceguedad, y del desprecio que hacen de mi doctrina. Véase Parábola. Los judíos llamaban extraño ó de afuera á todo el que no era de la Judea; y este modo de hablar se usó despues para denotar los que no eran cristianos. Cor. V. v. 12.—Colos. IV. v. 5.—Thesal. IV. v. 12.
  14. En que está recostado el que come. Tal es el sentido que ofrece la voz griega κλίνη. Nosotros diríamos debajo de la mesa.
  15. Pais de la tribu de Manassés: otros leen gadarenos.
  16. [texto hebreo]
  17. Nazareth, en donde se habia criado.
  18. De Santiago el menor. Galat. I. v. 19.
  19. Esto es, no queria, por causa de la dureza de corazon de sus paisanos. Matth. XIII. v. 58. Podria traducirse, no convenía. Es una frase comun á muchos idiomas el decir, no puedo, en lugar de, no quiero. Y esta significacion tiene el verbo δύναμαι, possum, en varios lugares de la Escritura. juan Joann. VII. v. 7.—Act. IV.—20. II. Cor. XIII. v. 8. Vease Pudeo, Telo.
  20. Esto es con el vestido que llevais.
  21. Puede traducirse segun indica el texto griego, este es el Profeta: como quien dice, el Profeta prometido por Dios (Deut. XVIII); ó á lo ménos uno de los grandes Profetas.
  22. Expresion hiperbólica que denota un vivísimo deseo de complacer á una persona.
  23. Is. XXIX v. 13. Es evidente que no culpaba Jesu-Christo á los Fariseos por la costumbre de lavarse las manos, sino por el uso supersticioso que hacian de esto, descuidando la observancia de los mandamientos de Dios.
  24. El verbo griego correspondiente al coinquinare, de que usa la Vulgata en este versículo, es κοινῶσαι, de κοινόω, que significa coinquinare, contaminare, polluere; y usando el griego del mismo verbo en el v. 18. diciendo κοινῶσαι, y en el 20 diciendo κοινοῖ, parece claro que las dos voces de la Vulgata communicare del v. 18 y communicant del v. 20 están puestas por contaminare, contaminant; asi como el communicant del v. 15.
  25. La partícula ναὶ, que en la Vulgata se traduce ulique, es no solamente de afirmacion, sino tambien de súplica.
  26. Reuniendo á judios y gentiles en una misma fé.
  27. Is. LIII, v. 3 y 4.
  28. Aquí se vé el relativo eorum sin antecedente expreso, el cual habria de ser damnatorum, ó illuc projectorum: idiotismo muy frecuente en la lengua griega.
  29. Jerem. LXVI. v. 24.
  30. Lev. II. v. 13. Véase Sal.
  31. El mandato de Moysés no fue que repudiasen á sus mugeres, sino que, en caso de hacerlo, precediese la formalidad de hacer una escritura, etc. No habia ninguna ley que obligase á nadie á divorciarse: habia solamente una tolerancia, y esta para que no atentase el marido contra la vida de su muger.
  32. Para conseguir la perfeccion evangélica que Dios te llama.
  33. Como la palabra griega ἀμφόδος y la latina bivio de que usa la Vulgata, pueden significar el ángulo que forman al principio dos caminos que salen de un mismo punto para ir á dos parages, ó tambien el punto en que se cruzan dos caminos que vienen de diferentes lugares; por eso se ha añadido de letra cursiva encrucijada. En el manuscrito del padre Petisco se traduce entre dos sendas.
  34. Véase Higuera.
  35. Is. LVI. v. 7.—Jerem. VII. v. 11.
  36. Psalm. CXVII. v. 22.—Is. XXVIII. v. 16.
  37. Véase Herodianos.
  38. Deut. XXV. v. 5.
  39. Exod. III. v. 6.
  40. Deut. VI. v. 4.
  41. Levit. XIX. v. 18.
  42. Psalm. CIX. v. 1.
  43. Véase Gazophilacio.
  44. Véase As, Cuadrante.
  45. Josepho, Lib. XV. Antiquil. cap. XIV. dice: "Componíase la fábrica del Templo de piedras blancas de veinte y cinco codos de largo, ocho de alto, y doce de ancho. Véase tambien De bello judaico, lib. VI. cap. 14.
  46. Ephes. V. v. 6.—II. Thesal. II. v. 3.
  47. Daniel. IX. v. 27. Véase Abominacion.
  48. Is. XIII. v. 10.—Ezech. XXXII. v. 7.—Joel II. v. 10.
  49. En la ruina de Jerusalem, imágen del fin del mundo.
  50. El verbo conocer ó saber tiene á veces la significacion de manifestar ó enseñar, como el οἶδεν y el scit de los textos griego y latino. Véase Conocer.
  51. Véase Azymo.
  52. Seis dias antes. Joann. XII. v. 1.
  53. Es necesario en castellano añadir vaso, porque la elipsis ó supresion de esta voz, que era usual en el lenguage oriental, en el nuestro dejaria oscura la expresion; pues por alabastro, no entendemos un vaso, sino únicamente la piedra de que se hacen varias cosas.
  54. La palabra ungüento no es bastante propia para traducir la latina unguentum, de que usó el autor de la Vulgata, ni la griega μύρον que se lee en los Setenta; pero no se halla otra mas á propósito. Es verdad que la voz pomada expresa en algun modo lo que en nuestras costumbres ó estilos equivale á unguentum; pero no corresponde á la voz griega, y sobre todo está contraida á servir para el unto del cabello. Tampoco puede unguentum traducirse perfume; porque esta voz se aplica á cualquier sahumerio ó cosa olorosa, cuando se quema ó resuelve en humo, ó cuando mas á las pastillas hechas para quemar; pero no á las esencias olorosas, aceites, ó aguas de olor, y demas que se usan sin aplicarlas al fuego. El término que podria sustituirse á ungüento, es tal vez bálsamo, ó bien esencia olorosa. Véase Uncion. En el manuscrito llamado del Padre Petisco se traduce: con un alabastro de ungüento de espiga de nardo muy costoso, y quebrado el alabastro, etc.
  55. Exod. XII. v. 18. Vease Pascua.
  56. Parece que estaria mejor: ¿dónde mi comedor, tinelo ó triclinio? ó quizá refectorio, que correspondería bien á refectio mea. Pero aunque en algunos escritores buenos del siglo XVI se ven usadas algunas de dichas voces, y en el manuscrito del Padre Petisco se traduce: ¿dónde está mi refitorio, en que he de celebrar la Pascua? etc. con todo no parece conveniente usar en este lugar de ninguna de las referidas voces. Véase el Diccionario de la lengua española.
  57. En lo alto de la casa, como lo indica la etimología de la voz a ἀνὡγεον. Véase Cenáculo.
  58. Psalm. XL. v. 10.
  59. Y comed. Matth. XXVI. v. 26.
  60. Zachar. XIII. v. 7.
  61. Algunos creen que Abba, voz syríaca que significa Padre, designa aquí dignidad y honor, y Pater la naturaleza, de hijo. Otros opinan que Jesus solamente dijo Abba, y que san Márcos añadió la traduccion latina. Pero es mas probable que hizo la repeticion de una misma palabra para expresar mas afecto.
  62. Nótese que no le llama aquí Pedro, nombre que, denota firmeza, sino Simon.
  63. En el griego se lee ἀπέχει, sufficit, habet, peractum est, que son las frases que usan los autores latinos.
  64. En el texto griego se repite la voz Rabbi, en lugar de Ave, repeticion que denota que Júdas aparentó un grande afecto ó cariño, como lo denota tambien el verbo κατεφίλησεν, exosculatus, que es aumentativo de φιλ´ω y osculari.
  65. Véase Sábana.
  66. De esta palabra al instante no se halla en el texto griego ninguna correspondencia, segun se vé: Καὶ ἐκ δευτὲρου ἀλέκτωρ ἐφώνησε
  67. Se cree que era costumbre el dar esta bebida para disminuir el tormento del ajusticiado. Matth. XXVII. v. 34.
  68. Jesus fue crucificado al fin de la hora tercia, y cerca de la hora sexta. Hora de tercia, y no hora tercia quiere el uso que se diga, tal vez contra la gramática, porque puede mas que ella en todas las lenguas vivas.
  69. Is. LIII. v. 12.
  70. Οὑαὶ, interjecion griega, que en la Vulgata se traduce vah, es expresion de quien detesta una cosa.
  71. Se sobreentiende una interrogacion, y la expresion es á modo de sarcasmo.
  72. Eloi, [texto hebreo] es voz—hebreo-caldea. S. Matheo usó de Eli אלי, que es hebreo-syríaca; dialectos comunes en Judea, en la cual no se usaba el hebreo puro. No se sabe de que manera lo dijo el Señor.
  73. Decurio significa ordinariamente un destino ó empleo militar. Pero se ha traducido senador, por hallarse en Ciceron y otros autores clásicos que se llamaban decuriones los magistrados civiles, y curia el lugar donde se reunía el senado romano. Y es de creer que Joseph de Arimathea era senador ó magistrado de Jerusalem, y no decurion militar, porque la voz griega ϐουλευτὴς, de que usó el evangelista S. Márcos, viene de ϐουλὴ, consilium, consultatio, curia, etc, y significa consultor ó senador. Y por eso llamaban decuriones (de curia) á los enviados por el senado á las provincias con autoridad para gobernarlas como magistrados. Ademas es comun en las Biblias castellanas antiguas el traducir senador, y no decurion. En el manuscrito del padre Petisco se traduce decurion; pero al márgen se lee consejero.
  74. El aoristo griego ἀναΤείλαντος significa un tiempo no del todo perfecto; y así puede entenderse de los rayos del sol cuando va á salir. De suerte que podria traducirse: al salir del sol, ó saliendo el sol.
  75. A Cleophás y á otro, que tal vez fue san Pedro. Luc. XXIV. v. 34. — I Cor. XV. v. 5.