Icono y marco
de Mihai Eminescu

Si quieres volver a todo el mundo loco,
En terciopelo, niña, en negro vístete -
Sal con tu cara blanca como el mármol,
Mientras bajo las bóvedas de tu frente tus ojos negros brillan.
Con el pelo rubio en un copo y hombros como de nieve -
¡ Vestida en negro, dulce boca, hermosísimo te quedará !

Si quieres caerme bien a mí, y solo a mi,
Entonces en seda morada vístete,
Ella te da un aire tímido, doliente, frágil,
Enormemente tierno, enormemente delicado.

Cuando caminas, tu vestido se pliega a tu cuerpo,
Suave y flexible tú ríes como una niña.
Si te sientas con tu cabeza ligeramente inclinada,
Pareces o feliz, o haber triunfado...
Es raro... Me volvería melancólico, pesado como un tronco,
Aun si alegre pondrías tu planta sobre tu rodilla.
Porque me conozco demasiado bien y no lo puedo creer
¡ Que tu me amas a mí, a mí ! porque yo te veo
Tan bella, tan encantadora,
Tan - sin semejanza bajo el sol;
Te burlas de mí, con tus ojos me provocas
Y quieres solo jugarte con mi alma...
Y después... ¿ Merezco yo de verdad más de un ángel,
Que dejar mi corazón sangrar por su mirada ?
Oh, búrlate, niña, mátame si quieres,
Una sonrisa de tu boca, un sueño de tus ojos,
Más significan para mí que una vida en el desierto...
Y la culminación de mi vida : poder perdonarte.
¿ Qué soy ? Un alma blanda y una mente débil,
Por las cuales nadie, ah, nadie pregunta en el mundo.
Y soñé una vez con ser poeta... Un sueño
Desierto, sin sentido, merecedor de una sonrisa
De cruda ironía... ¿ Y qué más quise ser ?
Quise que mi lengua sea como un río
De consuelo eterno... y que su canto sea tierno.
Ahora... ahora veo bien que debo enterrar mi sueño.
Porque toda la poesía y todo lo que sé,
No pueden ni siquiera describir tu sonrisa.
Te guardo en mi alma, pero el débil cerebro
No puede llegar a describirte con sus versos.
Tu hermosura divina, impensable, santa,
Requieren un arpa fuerte, que cautiva;
Con flores estereotipas, con rayos, con diamantes,
No puede describir una belleza que digna es de Dante.
Oh, búrlate de mí, pigmeo sin esperanza,
Que pensó una vez que puede ser digno de ti.
Oh, mármol limpio, oh, ángel, oh, mujer,
¿ Yo tocarte con la chispa de la pasión,
Yo, yo ser capaz de imaginarme por un momento
Que es mío el dulce cuerpo ? ¿ que son míos la cara, el rostro ?
Pobre loco... ¿ No te ríes ? Oh, ríete de mí... Ríe.
Llorando amargamente, podría cerrar mis ojos,
Para no ver en mi frente a la bella diosa,
Con su cabeza de mármol sobre hombros de mujer...
Así pasa mi vida, así me atormento
Y Ana nunca me dejó a su seno,
Porque ella no quiere amor... Quiere solo adoración...
Estúpido bajar mi frente como un esclavo
Para que me diga fríamente "¿ Monsieur, que has escrito ?",
Al oír su voz, incluso irónica, estar en el paraíso,
Estar demasiado feliz cuando ella solo pregunta
Por ese miserable que la mira ahora mismo.
¡ Sí, sí ! Ser feliz por una sonrisa, por una palabra,
Porque su sonrisa vale más que mi vida sobre la tierra.
Sentir que la Naturaleza se está burlando de nosotros :
Por aquí, por allá, un genio - y lo demás basura.
Yo también siento ese encanto y en mi alma admiro
Como admiraba antaño con sus ojos grandes Shakespeare.
Yo soy también un niño de esa secta infeliz
Abarcada por la sed de las formas perfectas;
Pero donde está él, con su genio de fuego,
Y donde estoy yo, naturaleza híbrida - ¡ un niño desafortunado !
¿ Desafortunado ? ¿ Pero por qué ? ¿ No estoy yo feliz
Por que en mi camino apareció una hermosa sombra ?
¿ No es bastante fortuna para mí una sonrisa pasajera,
Una palabra arrojada irónicamente - de amor ?
¿ No es bastante tesoro su mirada, una palabra,
Que acompañará mi vida hasta la tumba ?
¿ Merezco yo pedir - estoy yo digno para más ?
¿ No escucho yo la marejada de la gente en mi alrededor ?
He podido yo con mi lira atravesar o despertar
No el siglo, como otros - ¿ una hora por lo menos, un día ?
Palabras preciosas he puesto en un collar
Hablando a la gente sobre lo que tengo más caro en el mundo...
¿ Es ésta la misión del poeta en el mundo ?
¿ Sobre las olas del tiempo, como los granos de espuma
Ensartar sus palabras, decir elucubraciones
Sobre como la luna aparece y el viento sopla en el bosque ?
Pero por mucho que escribieras, por mucho que dijeras...
Los campos, el bosque, las llanuras lo hacen de maravilla,
Lo hacen mucho mejor que lo haces tú en tus versos.
La Naturaleza en comparación con este designio
De la lírica moderna - es obviamente superior.
Oh, triste oficio, no tener que contar
Más que historias que Homero y otros autores
Han dicho ya infinitamente mejor.
Sí, el sol es viejo ahora, vieja es la tierra :
Sobre nuestros pensamientos, sobre nuestras almas se puso la bruma
Y los jóvenes solo vemos en los senos la hermosura viva,
Pero nuestro pensamiento en niebla no lo traspone sobre el papel...
Somos como flores marchitas, leyendo en el polvo de la escuela
Libros con hojas grasientas, roídos por las polillas.
Así, con maquinaciones de nuestra mente, sembrando mala hierba -
Quisiéramos ver crecer granada o pétalos de rosas.
En nuestras cabezas hay una suma de signos,
De miles de palabras es construido nuestro mundo,
El mismo mundo torcido, feo, en una manera
Con frases exageradas, soplada en arena.
No es ese otro mundo, fruto del genio,
Del cual nuestro mundo es solo una reproducción.
¿ Hermoso, él abarca tierra, océano, cielo
En los ojos de Calidasa, sobre el labio de Homero ?
Oh, jornaleros de la pluma, con rimas y descripciones
Nosotros abusamos de nuestros pobres cerebros...
Porque el plomo nunca será oro... y en nosotros empieza
Sentirse el olor del oficio que reemplazamos con el escrito...
En lugar de manejar el arado, o el martillo, o el viñedo,
Con el oro falso de mis palabras escondo penosamente
Lo malo de mi mente... y el tiempo es el impuesto
Que mi pobre vida tiene que pagar.

"Reproducir la belleza en formas" nos enseñas :
Por eso mi poesía me llena de desprecio...
Obligado está el hombre a ser el niño de su siglo,
Si no entre los discapacitados merece un lugar
En un hospital... Ahí puede tapiar con maravillas
Las paredes de las celdas y contar mentiras...
¡Sí! Maldito es el hombre nacido en otro tiempo...
Sinceramente, quieres maldecir tu suerte :
Pero las maldiciones mismas te muestran ser poeta,
La maldición es compañera del siglo mediano.
Entre un poeta desgraciado que mezcla las palabras
Para que en rara cadencia se ajusten los finales,
Y entre un oficial soberbio que tiene una espada
No hay elección, la elección es fácil.
Con cuerpo modelado, él gusta a las esposas,
La señorita estremecida se dice a si misma : es él...
Esto sí... Tiene toda la razón.
Locos estamos todos, la Naturaleza es sabia –
Un cuerpo hermoso te hace amar,
En su brazo fuerte te sientes rejuvenecida,
No estarás loca
Para elegir en su lugar a un lunático,
A un hombre que por la noche la profundidad de su mente
La deshace en estrofas y la asienta en rimas...
El soldado cuenta chistes ligeros – tú te diviertes...
Mientras que el tierno poeta, con su andar de caracol,
Es tímido, apenas levanta su mirada.
El analiza sus palabras, no sabe que decir,
Mirándote con dolor, suspira – un atolondrado...
Y días enteros me siento en el sillón, después me voy
Y años enteros podría sentarme de la misma manera,
En el corazón de la niña no tendría lugar.

¡ La niña, niña no es ! Ella quiere festejar.
¿ Qué busco yo con mis ojos, con su mirada seca ?
¿ Para qué la llamo divinidad, ángel, estrella,
Cuando ella es mujer, y quiere serlo ?
Sin embargo... Ah, una vez, me dijo dulcemente :
- ¡ Me gustaría si pondrías tu cabeza sobre mi brazo,
Para acariciar tu frente, niño infeliz !
Esa palabra , divina, dila otra vez, dila.
Ves tú, la imaginación es siempre mi compañera.
Un sueño, como un cuento, regresa eternamente;
Que llega un día en el cual, en mi celda angosta,
Tu reinarás como hija, esposa y maestra
Y en horas de dolor, cuando mi pensamiento será marchito
Sentir como tu dulce mano se pone sobre mi frente,
Y entonces levantando mi cabeza, mirando a mi espalda,
Ver, ah, mi terrenal, mi tierna deidad...
¡ Corre, corre ! ¿ Que te espera conmigo en un siglo,
En lo cual poesía y sueños son una tontería ?
Yo mismo te aconsejo apartarte de mi camino,
No quiero ser testigo de tu infelicidad.
Antes de escribir versos, sería mejor golpear el tambor :
Con rimas y con estrofas no se calienta la estufa.
Daría incluso mi corazón para que bebas de él sangre :
La necesidad es el hielo que apaga rápidamente el amor.

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Soñando así, ten cuidado cuando pasas el tiempo conmigo,
Niña con cálida boca, con piernecitas frías.
Te acercas, me preguntas dulcemente : ¿ Por qué no me cortejas ?
Quieres escuchar finalmente una palabra...
Una hora has pasado esperando – ahora deseas
Como recompensa, que te diga mi amor con versos en francés.
¡ Idea ! Y en mi brazo apoyas tu dulce brazo.
Vuelvo mi cabeza hacia ti, miro insaciablemente.
Con la boca sobre tu hombro tristemente murmuro :
- ¡ Eres demasiado hermosa, Señora, y te amo demasiado!