Guzmán el Bravo: 10

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Guzmán el Bravo Félix Lope de Vega y Carpio



Don Felis, dando lugar a la ira, contra su natural modestia, partió en casa de Felicia; e iba tan ciego que, con haber topado en la misma calle a Leonelo, no le vio y se entró furioso por la puerta hasta el estrado de Felicia, que se levantó con notable alegría a recibirle en los brazos. Leonelo le había seguido y puesto detrás de un paño.
-No vengo a eso -dijo entonces don Felis con airado rostro.
-¿Pues a qué, señor mío? -respondió Felicia, y sin dejarle hablar, le tomaba las manos y le hacía amorosas caricias y regalos.
Desatinado Leonelo de lo que veía, y no entendiendo el ánimo de don Felis, entró por la sala metiendo mano y diciendo:
-Así se ha de castigar a los traidores.
Volvió de presto don Felis y, como hay ocasiones que dar satisfacciones de la verdad parece cobardía, sacó la suya y, habiéndose afirmado, le dio una estocada por los pechos de que cayó muerto. Las voces fueron las ordinarias, la justicia la que siempre, las diligencias las que suelen; Felicia halló sagrado.
Déme licencia vuestra merced para dejar este muerto e irme con el famoso Guzmán, que ya comienza a ser Bravo por esos mundos adelante.


Guzmán el Bravo de Lope de Vega

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