LA PALOMA.
Dulcísimos ecos
llegaron a mí,
paloma nativa
de extraño país.
Decid, ruiseñores, 
¿quién canta? Decid.
Igual melodía
jamás os oí.

LOS RUISEÑORES.
Paloma que pasas
por este jardín, 
el músico dulce
le tienes aquí.
De viejo anhelando
cesar de vivir,
el cisne celebra 
su próximo fin.

LA PALOMA.
Venid, avecillas, 
conmigo venid;
la muerte admiremos
del ave feliz. 
¡Bien hayan las vidas
que acaban así!
¡Bendito el que puede
cantando morir!