Exposición del Libro de Job/Capítulo 7 exposición

1. Por ventura no es guerra la del hombre sobre la tierra, y como días de alquiladizo días suyos? Prosigue Job en su razonamiento, y porque en el fin del capítulo pasado convidó a sus amigos a razonar de nuevo sobre si excedía quejándose o profesando inocencia, torna agora como de nuevo a referir algo de lo que padece y de lo que siente de sí y de sus culpas. Y dice de lo primero de esta manera: ¿Por ventura no es guerra la del hombre sobre la tierra, y como días de alquiladizo sus días? Esta pregunta infiere afirmación y certidumbre; y ansí decir, ¿por ventura no es?, vale cierto y sin duda es guerra la vida. Es verdad que, como decimos: ¿Por ventura no es?, en manera de pregunta, podemos también decir, en manera de deseo: ¿Por ventura no sería la vida del hombre sobre la tierra milicia?, esto es, no sería un tiempo determinado y cierto y que se supiese su fin.

Porque la palabra original, que hace significación de pregunta, suele ser también señal de deseo; y lo que en el original significa guerra, se pone también algunas veces por espacio de tiempo cierto y limitado: porque antiguamente, según las leyes de algunas comunidades, no tenían obligación de servir a su república en la guerra los hombres sino por un cierto tiempo. Y hacen estas palabras, según ambas maneras, significación conveniente. Mas digamos de lo primero. ¿Por ventura, dice, no es guerra la vida del hombre sobre la tierra, y como días de alquiladizo sus días? Hace regla general de lo que es la vida de todos, movido de lo que le acontece a él y de lo que siente y padece; y la experiencia de sus miserias le abre los ojos para conocer que el más dichoso vive en trabajo, y que todo el vivir es un contino padecer, y no sólo padecer, sino estar en peligro y en ocasión de perderse. Porque como al jornalero su oficio es trabajo, porque se alquila para trabajar, y ansí en cuanto su tiempo dura le conviene que trabaje y que sude; y como al soldado le viene de oficio lo mismo, y no sólo le es proprio el trabajo, sino también traer la vida al tablero, el estar alerto al arma y dispuesto para venir a las manos, ansí ha de entender el que nace, que nace alquilado para trabajo y peligro, y que por el uso y por el jornal de esta luz se le manda que afane en este valle miserable, y que el estar en él no es estar en descanso, y que no viene a tierra de paz y de amigos, sino a lucha y a enemigos continos.

Y ello a la verdad es ansí, por doquiera y cuando quiera y en cualquiera que se considere la vida. Porque en todas las horas de ella hay su trabajo; en la niñez de ignorancia y flaqueza, en la mocedad de sus pasiones y ardores, en la edad de varón de las pretensiones y competencias, y en la vejez de ella misma, y en todas acomete la enfermedad y reina la muerte y es poderoso el desastre. Y lo que en las edades, acontece en los estados también; que todos laceran y muchas veces más los que parecen más descansados. Que si hablamos del descanso del siglo, los que se dicen señores dél, o los que al parecer ordenan cuanto hacen para vivir con descanso, como son los ricos, los regalados, los sumptuosos, los grandes, ellos mismos, como a fuerza del tormento que les dan sus cuidados, confiesan que padecen miseria. Y si volvemos los ojos a los que en los bienes del cielo buscan la paz del espíritu, ¿quién podrá referir los peligros de este camino, los estropiezos que en él les pone el demonio, sus ardides, sus sutilezas, los lazos llenos de engaño encubierto? No hay cosa en esta vida tan llana que no tenga sus malos pasos; y este mal del vivir cuando está más sosegado ha de ser más temido: que en su calma hay tempestad, y su quietud y sosiego encubre en sí furiosas olas más empinadas que montes.

Del peligro que en la vida espiritual hay, solía decir Sant Hierónimo: No hay cosa ni más feliz ni más fuerte que el cristiano. Del estado seglar alto y real, decía un antiguo poeta.

En la prosperidad reposa el miedo;
el peligro en lo claro y señalado,
todo lo alto en hombres no es seguro,
que con la envidia o tiempo viene al suelo
a la cumbre del bien el que ha subido.

Ansí que es nuestra vida guerra, porque es trabajosa y sujeta de contino al peligro, y porque son nuestros enemigos casi todos aquellos con quien en ella vivimos; que nuestro calor mismo que nos la da nos la gasta, y nuestros deseos nos meten en diversos peligros, y los sentidos nuestros que tienen la puerta, la abren a lo que lanzado en el alma la daña, y los hombres nos engañan, y la fortuna nos burla, y los animales nos acometen, y los elementos nos acarrean las más veces la muerte.

Pues de lo invisible que nos hace guerra en lo secreto, ¿quién dirá su muchedumbre, su industria, su maña, su fuerza? Y si esto, dice Job, es en todos ansí, ¿qué será en mí, a quien le falta cuanto es de consuelo, y sobra cuanto acarrea tormento? Por manera que de lo general desciende a lo particular de su suerte, y prueba y engrandece su miseria propria con la miseria que anda siempre junto con la vida común, y arguye de lo más descansado a lo que es menos. Ansí: Si la vida en todos, aun en los prósperos y felices, es guerra, ¿qué vida será la mía, contra quien pelean juntos el cielo y la tierra? Y porque es tal, desea, como luego dice, dejarla más que desea el esclavo trabajado la noche, y más que el jornalero la fin del día. Y esto es cuanto a la primera manera.

Cuanto a la segunda, para el mismo propósito de encarecer su miseria, dice el deseo grande que tiene de salir de la vida, o siquiera de tener un día cierto para salir. Porque, aunque la vida nuestra tiene término, pero no tiene un término cierto; y aunque sabemos que se acaba, no sabemos cuándo se ha de acabar. Por lo cual dice Job: ¿Por ventura no tendría un cierto término la vida del hombre sobre la tierra, y como día de alquiladizo sus días? Que es decir: ¡Ojalá como es cierta la muerte, estuviera también cierto y asentado su día y como el jornalero sabe la hora última de su trabajo, ansí supiera yo la que ha de ser de mi vida el remate! Que aliviárase mi miseria, si supiera de mi fin el día; y con saber lo que durarán mis trabajos, sustentaría el ánimo en ellos, contando cada día lo que me resta. Mas, dice, con la confusión que en esto hay y con el no poderme certificar si es largo o corto este mi plazo, ahógase el alma, que se abrasa en deseo por salir de este cuerpo mortal.

Porque añade:

2. Como siervo desea solombra, y como alquiladizo espera su obra.

3. Ansí yo heredé meses de vanidad, y noches de laceria se me aparejaron a mí. Esto es, ansí me acontece en los meses de dolor que me ha dado y en que me ha heredado mi suerte, que espero desalentado el fin de ellos y nunca viene ni llega. Por manera que es semejante Job al jornalero en desear con ansia el remate de su trabajo; y diferente, en que el jornalero consigue lo que desea, y llega la hora señalada y sabe qué hora es y cuándo ha de llegar; mas a Job ni le es cierto el día que dará fin a su mal, ni en tantos días como ha pasado esperándole, jamás ha llegado.

O digamos, como algunos dicen, de otra manera: que Job no compara aquí el deseo que el jornalero tiene de dar fin a su obra con el que tiene él de llegar al fin de su vida, sino compara el afán que el trabajado jornalero pasa con la desventura que él al presente padece; como diciendo: bien como el esclavo que desea sombra, esto es, como el esclavo muy trabajado; que es estilo de la Sagrada Escritura dar a entender lo que antecede por lo que se sigue de ello, y síguese al sudor y al trabajo el deseo de venir a la sombra. Ansí que dice, que como el esclavo muy trabajado vive, y como el jornalero cuando anhela al fin de su obra, ansí vive y ha vivido él muchos años y meses. Que es decir que no hay esclavo trabajado tan trabajado como él, ni jornalero tan fatigado que haya padecido lo que él de contino padece. Por manera que no solamente compara con los trabajos de ellos los suyos, sino muestra también que los suyos les hacen ventaja; porque el esclavo que cava al sol y desea fatigado la sombra, al fin la alcanza; y acábase el día, y viene la noche, común reposo de los fatigados; mas Job, si decimos que trabaja, nunca descansa. Y si el jornalero padece fatiga, es su fatiga de un día; mas él la pasa muchos días y meses.

Dice, pues: Como siervo deseará sombra. Deseará, esto es, que desea (que en la lengua original las palabras del tiempo futuro valen algunas veces lo que los participios presentes), y ansí diremos, como siervo deseante solombra, y como jornalero esperante el fin de su obrar. Esto es, como trabajados los esclavos y los jornaleros cuando más lo son, cuando llega a lo sumo el trabajo, ansí yo heredé lunas de vanidad, y noches de laceria se me aparejaron a mí; esto es, tales son y más trabajosos los meses vanos que me cupieron por suerte, y las noches de miseria que me aparejó la ventura. O como otros declaran, los meses vanos que me heredaron; esto es, los meses a quien entregado estoy y sujeto del todo, y que se enseñorean de mí como de cosa que por herencia les viene. Para mostrar en esto la firmeza de su miseria y lo que los malos meses y los trabajosos sucesos se apoderaban dél. Y llámalos meses vanos, que es decir vacíos de todo gusto y alivio. Y dice noches de laceria, y no mienta los días, para dar a entender que la grandeza del mal le tornaba la luz en noche, y que para él nunca hay día.

Añade:

4. Si yazgo, digo, ¿cuándo me levantaré?; y espero la tarde, y hártome de dolores hasta la noche. Como decía cuánto le atormentaba el no tener término cierto, y encarecía ansí sus trabajos como diferentes de los demás que padecen (porque el esclavo sabe que su servicio descansa en la noche, y el jornalero tiene para trabajar tasadas ciertas horas del día, mas él en muchos meses que laceraba nunca llegaba a su fin), ansí que, como decía esto en común, especifícalo más en particular agora para encarecerlo ansí más. Porque dice que todas las noches, cuando se recogía a dormir, se decía a sí mismo que al levantar o antes que se levantasen fenecerían o su mal o su vida, y que, venida la mañana y no viendo lo que le prometió la esperanza, alargaba para la tarde el deseo su plazo, diciéndose que al caer del sol él también caería. Mas poníase el sol y las tinieblas venían, y no fenecían, antes crecían sus dolores con ellas; y que ansí alargando de un día para otro día el deseo, prometiéndose cada hora la muerte y hallándose cada hora burlado, esperando siempre acabar y comenzando a padecer siempre como de nuevo, habían pasado muchos meses y años en que por horas se le renovaban las llagas, hallando en todas ellas sus esperanzas burladas.

Dice: Si yazgo, esto es, si me voy o cuando me voy a dormir; y está cortada la sentencia, como acontece en lo que se dice con pena, porque se ha de añadir, entonces trato conmigo del fin de mi vida y trabajos, y pregúntome a mí mismo su fin, y digo, ¿cuándo me levantaré?; esto es, dígome que al amanecer amanecerá mi descanso, porque me parece que ya quiero expirar.

Y espero la tarde. Mas, dice, viene el alba, y ni la vida falta ni el tormento se afloja, y ansí alargo mi esperanza a la tarde; y dígome que si con la venida del sol se esforzó mi vida para no rendirse a la muerte, cuando se pusiere, que es cuando todo naturalmente enflaquece, se dará por vencida; de que crece deseo en mí de la tarde, y no pienso que ha de llegar y cuento las horas. Por donde el original dice ansí, y mide mi corazón la tarde; esto es, cuenta por momentos su espacio, y a veces le parece que el tiempo duerme olvidado de su carrera contina, como siempre parece a los que aguardan algún término que mucho desean.

Mas venida la tarde, ¿qué?, ¿qué?: hártome de dolores hasta tinieblas. Hasta tinieblas, quiere decir, mientras duran las tinieblas, o hasta que las tinieblas se van allegando a su fin; porque la palabra naseph es aquella sazón de entre noche y día, cuando aún no bien esclarece.

Pues dice, venida la tarde, el dolor crece y no se acaba la vida; y lo que puse por término de mis trabajos es principio de trabajos mayores: y viene la noche, y acrecienta las causas del morir y no acarrea la muerte; y ansí paso hasta que el alba viene en gemidos y en llanto.

Y da luego la causa de su dolor, porque dice:

5. Vistió mi carne gusano y terrón de polvo mi cuero seco y encogido. Por manera que la enfermedad que padece es la causa por que desea la muerte, y por que muere viviendo; y dice la cualidad de su enfermedad para justificar su razón. Porque dice: Vistió mi carne gusano, que es decir hierve mi carne en gusanos, que me cercan a la redonda como suele cercar el vestido. Y encubre, diciéndolo ansí, una secreta contraposición con que engrandece su mal con una lástima diversa; porque decir visto gusanos, es decir estoy desnudo y vestido; desnudo como pobre, y vestido como miserable; de cuanto bien poseía no me deja para abrigo la calamidad aun el cuero, y dame por vestidura gusanos.

Y dice, terrón de polvo; que llama ansí a las postillas y a las costras que la materia seca hacía en sus llagas. Y añade, mi cuero se secó y encogió, o como el original dice, rasgado y aborrecible; porque era humor fiero y melancólico el humor de esta dolencia de Job. Era, por una parte, agudo, que le apostemaba y llagaba, y por otra, ardiente, que le secaba y consumía, y, por otra, muy melancólico, que era causa de hediondez y gusanos; y ansí tenía Job juntamente seco y llagado el cuerpo, consumido y abierto, gusaniento y aborrecible.

Más dice:

6. Mis días me volaron más presto que del tejedor es cortada la tela, y consumiéronse sin esperanza. En el original a la letra: Mis días se alivianaron más que de tejedor, y acabáronse sin esperanza; que alivianarse es hacerse ligeros, esto es, pasar no despacio y pesadamente, sino de prisa y volando, como lo entendió Sant Hierónimo. Y lo que dice de tejedor, es razón no acabada, y para acabarla añade cada uno lo que mejor le parece. Nuestro intérprete el cortar y la tela; y dijo: Y volaron más presto que del tejedor es cortada la tela. Otros, la lanzadera; y dicen alivianáronse mis días, esto es, pasaron ligeros más que la lanzadera del tejedor, que a la verdad discurre prestísima; pues dice que sus días se le han pasado volando, y llama sus días no todos los de su vida, que eso no lo pusiera por queja (que como visto habemos deseaba el fin della y anhelaba a la muerte), sino llama sus días los días de su vida buenos y alegres, los días en que vivió dichoso y feliz, que éstos, a su parecer, pasaron con presteza increíble; y, a la verdad, el remate que tuvieron miserable los hacía parecer más ligeros y breves. Que aunque todo lo que fenece, cuando fenece, parece haber durado poco y pasádose con brevedad; pero descúbrese más esto mismo, cuando fue lo que pasó gustoso, y lo que sucedió doloroso y triste; porque entonces el desabrimiento presente y la calamidad que se gusta, disminuye el bien que pasó, y muéstralo como cosa de un punto.

Y ansí Job en estas palabras añade nueva querella a sus lástimas, porque dice: Este mal que padezco ni tiene fin ni me acaba; y esperando yo cada día la muerte, y prometiéndomela el grave mal que padezco cada noche y cada mañana y cada hora, me hallo burlado. Ansí que el mal no se muda en mí ni se pasa, sino como firme y enclavado reposa; mas el bien acabóse en llegando, pasó en posta, y voló más que ave ligero.

Y acabóse, dice, sin esperanza; porque su enfermedad era incurable, y su pobreza tan extrema y su desamparo tan universal que no quedaba a la esperanza para entrar en el alma de Job puerta ni resquicio ninguno. Y ansí dice, sin esperanza, porque en los ojos de todos era negocio desesperado el tornar a su estado primero Job, o siquiera el mejorarse algo en el que de presente tenía.

Añade:

7. Miémbrate que es viento mi vida, no tornarán mis ojos a ver cosa buena. Como dijo que su mal no prometía mejoría, ni daba lugar a ninguna esperanza buena, hirióle la religión que moraba en su ánimo y el conocimiento que está firme en él, de que a Dios le es todo posible; y ansí reportándose, para mostrar que en la esperanza que negaba no negaba el poder de Dios, sino decía la naturaleza de su grave miseria, vuélvese a Dios humildemente y rogándole que le sane y remedie, muestra que reconoce su poder y que confía en su infinita bondad. Y ansí dice: Miémbrate que es viento mi vida: como si más claramente dijera: Cuando digo, Señor, que mi felicidad pasó muy ligera, y que mi infelicidad grave corta las esperanzas del bien, quiero decir lo que ello en sí es y lo que su naturaleza promete; mas no niego lo que tú puedes. Sé que para ti no hay cosa imposible, puédesme hallar si estuviere perdido; enriquecerme, si pobre; sanarme, si enfermo; quieras tú solamente, que al punto seré remediado.

Y para que quiera, pídele se acuerde que es viento su vida. En que no quiere decir que se pasa presto, aunque es verdad se pasa prestísimo; sino quiere decir y dice que, pasada una vez, no torna, como nunca vuelve a soplar el viento que ya sopló y se pasó. Porque, dice, puédesme remediar, y suplícote me remedies, mas conviene me remedies de presto, porque, como sabes, Señor, conforme a tus leyes, esta vida sensible que agora se vive es una sola, y pasada no torna, y acabada no renace otra vez, que es como el soplo que pasado no vuelve, sino camina siempre adelante. Por donde, si agora mientras vivo te detienes, no viviré otra vida como ésta, en que me remedies.

Y en pedir Job a Dios que se apresure, sigue el común sentido de los que están en dolor y desean el remedio, que todo se les hace tardío. Y en desear, primero que muera, tornar a mejor estado, desea no tanto vivir cuanto que no le tome la muerte estando actualmente en calamidad y miseria. Que aunque los trabajos presentes desprenden con facilidad el alma de la afición de la vida, y le allanan en cierta manera el morir; mas, por otra parte, ahogan el aliento y oprimen la esperanza, y turban la claridad del juicio y inquietan el ánimo, que son dificultosas disposiciones para la muerte, si la abundancia de la gracia y de la virtud no las vence. Y demás de esto paréceles a los que lo miran de fuera que, quien muere estando en calamidad y miseria, muere vencido della y antes de su sazón y su tiempo: y por la misma razón juzgan que mueren de flacos y por faltarles para el trabajo hombros y virtud.

Por manera que Job desea ser remediado presto, porque lo que padece le duele; y desea acabar en estado alegre, por no parecer muere vencido de la tristeza y como desesperado del bien; y pide sea en esta su vida, porque si pasa no tornará a vivir otra como ésta, porque es como aire que va y no torna. Y dice ansí: No tornarán mis ojos a ver cosa buena; esto es, no tornaré jamás, si una vez muero, a vivir en estado bueno y feliz, corporal y sensiblemente y a la manera de agora. Y encarece más y extiende más esto mismo, diciéndolo y repitiéndolo por diferentes maneras.

Que dice:

8. No me catarán más ojos de mirador; tus ojos en mí y no yo. Ni yo tornaré, dice, a ver esta vida, ni nadie por más aguda vista que tenga me verá en ella después de muerto. Tú mismo, Señor, que todo lo penetras y ves, no me verás vivir otra vez aqueste linaje de vida, porque ansí lo ordenaste.

Que:

9. Acabóse la nube y pasóse, ansí el que desciende al infierno no subirá. Porque, dice, ansí como la nube, convirtiéndose en lluvia, pasa y se deshace de manera que no vuelve jamás, ansí es, dice, el que muere y desciende debajo la tierra, que no tornará jamás a subir a ella; entiéndese a vivir en ella como agora se vive, vida corruptible y sujeta a mudanzas, y necesitada de comida y vestido y posesiones y casas y los demás bienes que llamamos riquezas, como en lo que añade demuestra.

Que dice:

10. No tornarán a su casa, y no le conocerá más su lugar. Que no dice rasamente que no tornará, porque cierto es que ha de volver el hombre a vivir en el cuerpo en el día que Dios volviera a vida a todos los hombres; mas dice limitadamente que no volverá a su casa ni a ver su lugar, esto es, sus posesiones y asiento. Porque la vida de la resurrección, aunque será en cuerpo, no será con las necesidades del cuerpo, ni vida que se vivirá en la forma y estilo de agora, buscando cosas para sustentar los sentidos que desfallecen sin ellas.

Mas dice:

11. Por tanto, yo no vedaré mi boca; fablaré con angustia de mi espíritu, querellaréme con amargura de mi alma; en que torna el dolor a encrudecerse de nuevo y a revivir con fuerzas dobladas, que son mudanzas de ánimos afligidos y tristes. Pues rompe la razón comenzada y torna a dolerse y a lamentarse, diciendo: Por tanto, yo no vedaré mi lengua. Mas, dice, pues el Señor se detiene por los fines que él sabe, y quiere que cuanto de vida me resta sea miseria y dolor, ya que tengo que morir miserable y no puedo tornar a vivir en riqueza y salud y contento, a lo menos no perderé este alivio amargo que sólo me resta, que es alivio de los muy miserables, que es dar licencia a la lengua que diga las ansias del corazón, permitir a la boca que publique sus quejas, acompañar los dolores con gritos. Y ansí dice: No vedaré mi boca, esto es, no le pondré freno para que no vocee. Fablaré con angustia de mi espíritu, esto es, diré lo que me dictare el ánimo afligido. Querellaréme con amargura de mi alma, que es decir, que serán sus quejas amargas, ansí como el alma está amarga.

Y diciendo esto Job, responde calladamente y por nueva manera a lo de que era acusado de sus amigos, que excedía en quejarse. Porque, les dice, pues no tengo de tornar a vivir, ni espero en lo que me resta, salir de miseria, si estoy condenado sin esperanza a la enfermedad, a los gusanos, al desamparo, al dolor, ¿por qué siquiera no me será libre el gemido?; ¿por qué lleno de dolores no podré decir que me duele?; ¿por qué hecho asiento de males no tendré licencia para lamentar mi desdicha? El dolor saca el grito naturalmente, y el azote el gemido, y el desastre la voz desabrida y el lloro; ¿en qué ley, pues, se sufre que sea vicioso en mí lo que es natural en todos, y que quien no espera otro alivio, siquiera no se desahogue gritando?

Y dicho esto, suelta la lengua a la queja, y dice volviéndose a Dios:

12. ¿Si mar yo, si culebro, que pones sobre mí carcelería? En lo cual se queja de que, siendo flaco, le hiere como si fuese fuerte y valiente; y quéjase comparándose con la mar y con la ballena, diciendo que le trata Dios como a ellos, o en el mismo género de tratamiento, o en tratamientos de diverso género, pero tales que tienen comparación entre sí: que es decir, que le encarcela a él como tiene encarcelada la mar; o que ansí como está sujeta la mar a tormentas, y es como el proprio lugar de las tempestades, y donde las olas combaten y los vientos ejecutan su violencia y rigor, ansí le hace a él como sujeto proprio de dolores y de miserias.

Y encarece su mal con la desigualdad que con él tiene lo que compara. Porque si mueven guerra los vientos al mar, es al fin poderoso el mar para avenirse con ellos; y si se levantan tempestades en él, es tan grande que las lleva y las sufre; y si le encierra Dios y pone límite y le quebranta en la arena, quédale suficiente lugar donde descanse y repose; mas Job es flaco y está llagado y podrido, y asentado en el polvo carece de todo alivio. De manera que, por una parte, no hay mar turbada tan combatida de vientos, cuanto lo es de dolores su alma; y por otra, no hay cosa más flaca ni de menos fuerza que él para resistir al dolor. No hay en él sujeto ya para recibir nuevo azote, y hiérele Dios siempre con azotes de nuevo. Y ansí dice: ¿Si mar yo, si culebro, que pones carcelería sobre mí?, esto es, que me cercas y tienes ansí preso y rodeado de males, para que ni menearme ni valerme no pueda, como si corriese peligro el mundo en mi libertad. Que a la mar tiénela encarcelada Dios con firmeza, porque si fuese libre anegaría la tierra; y ni más ni menos la ballena y las serpientes del mar asolarían el mundo, si pudiesen salir de su cárcel.

Ansí que en éstos la guarda estrecha es necesaria; mas de mí, dice, ¿qué temes, Señor? ¿Soy mar que sorberé la tierra, si me das libertad, o culebro para asolarla? Que es también alegar secretamente su inocencia y llaneza y la mansedumbre de su vida pasada; y como diciéndolo a Dios, representar a sus amigos que le estaban oyendo que nunca se apacentó de la sangre inocente como dragón fiero, ni fue tempestad donde se anegasen los otros, por donde fuese necesario enfrenarle y apretarle como apretado está, que no halla en cosa reposo.

Y ansí añade:

13. Si digo, conhortarme ha mi lecho, aliviaréme en mi querella en mi cama; como dando a entender que en la cama, que es lugar de descanso, halla trabajo. Pues si en la cama le halla, dicho queda lo que fuera de ella padece. Y aún encubre el original aquí un cierto encarecimiento, porque dice a la letra: Cuando digo, conhortarme ha mi lecho, alzará llama en mi querella mi cama. Que es claramente decir cuánto se le aleja el alivio, pues el reposo no solamente no lo es para él, mas antes le acarrea tormento; porque en la cama, adonde se recoge con la esperanza de descansar, se enciende de manera su mal que se vuelve en horno la cama. Y era necesario, por dos razones, que ansí le aviniese; lo uno, porque en la noche en que se divierte el sentido menos, crecen más los cuidados que abrasan el corazón, el cual pega su ardor al lecho y al cuerpo; lo otro, porque las enfermedades de humor melancólico, cual éste era, toman fuerza con las tinieblas, que son la hora propria cuando la melancolía hierve y humea; de manera que, si se vela, arde en negras llamas el lecho, y, si se duerme, acontece lo que luego añade, diciendo:

14. Y con sueños me quebrantaste, y con visiones me pusiste en espanto. Porque el humor negro, movido con el sueño, turba en la imaginación las especies y tíñelas de su mala color, de que resultan espantables figuras que atemorizan y espantan el ánimo del que duerme. Al cual espanto y horror se sigue por orden natural lo que dice:

15. Y escogió ahogamiento mi alma, muerte más que en mis huesos. Porque la calidad del humor, por una parte, ennegrece la luz, y ansí borra todo lo que es alegría, y por la misma razón representa la vida como cosa escura y tristísima; y, por otra parte, los temores de las visiones que el mismo humor acarrea, hácenla odiosa y aborrecible. Y ansí por natural consecuencia los tocados de esta calamidad apetecen el salir de la vida luego, y por cualquier manera que sea; y es señal del deseo lo que acontece en el hecho en muchos de estos que lo ponen por obra, y se despeñan o ahogan.

Y este apetito vicioso y fiero, que el humor corrompido en el ánimo de Job criaba y movía, pone aquí agora, no diciendo lo que la voluntad, medida por la razón, le pedía, sino aquello a que le inclinaba la fuerza de su dolencia, y dícelo para encarecer más sus trabajos y males. Porque sin duda era miseria particular y causa de grandísima pena, un hombre como Job, temeroso de Dios y tan sujeto a la ley de razón en todas las cosas y tan aficionado a lo justo, sentir en sí un tan desordenado movimiento y tan fiero; y ansí con esto demuestra más su trabajo, en el cual la sostancia era terrible, y los accidentes peores: la sostancia era un universal despojo de la hacienda, de hijos, de salud y alegría; los accidentes, movimientos que le ponían en peligro los bienes del alma.

Pues dice: Escogió ahogamiento mi alma, como si dijese: y de la enfermedad que padezco nace en mí otra desventura peor que ella misma, que me siento llevar a poner yo mis manos en mí y dar fin a una vida tan aborrecible y tan triste, y véome tentado de ofenderte y perderte, que es lo que más me duele y ofende. Y aunque dice que su alma quiso ahogarse, no entiende por su alma el juicio de su razón, sino una parte della más baja que mueve el sentido, a que llama muchas veces alma la Sagrada Escritura.

Y lo mismo dice en lo que añade, y muerte en mis huesos: que es decir que el sentido le movía a desear que penetrase hasta dentro de sus huesos la muerte, esto es, que la muerte le deshiciese del todo, y que no dejase dél, como decir solemos, ni pelo ni hueso. O quiere decir, sin duda, que le hacía más amable la muerte, que suele ser a otros la alegre vida. Porque el original dice ansí: muerte más que mis huesos; que por nombre de huesos se suele en esta Escritura entender la vida a quien ellos sostentan; y no sólo la vida, sino la fortaleza de ella y su próspero estado. Y ansí dice que nunca le agradó tanto lo próspero cuanto le aflige agora lo adverso; ni quiso a su vida tanto, cuando estaba en su fuerza, como agora su sentido ama y apetece la muerte.

Añade:

16. Perdí la esperanza, no viviré más; contiénete de mí, que son nada mis días. O según otra letra: Aborrecí; no para siempre viviré; contiénete de mí, porque nada mis días. En que, en lo primero, la palabra propria maasthi quiere decir desprecié con enfado y tuve en poco y aborrecí, conviene a saber la vida, y no la mía solamente, sino generalmente a todo el vivir de los hombres; que conoció la vanidad general movido y como avisado de su propria miseria. Porque es ordinario caer en esta cuenta las gentes cuando se ven caídas en algunos trabajos: que el suceso áspero proprio abre los ojos para conocer el riesgo que todos corren de que nadie es exento, y conócese aquí que todo es vano y muy digno de ser despreciado.

Mas en lo segundo que añade, no viviré más, o no viviré para siempre, contiénete de mí, dejando el cuento de sus miserias (porque es proprio de la pasión hacer estos movimientos diversos, unas veces derramando querellas, otras buscando favor), ansí que dejando las quejas, vuélvese aquí Job a las oraciones y pide a Dios que alce el azote, y no tome tan a pechos el perseguirle, y como secretamente diciéndole que es hacer caso de una cosa que es nada, el demostrar tanto enojo.

Y nace bien esto segundo de lo que dijo primero; porque como decía que él mismo, alumbrado de su misma experiencia, conocía la vanidad general de la vida, y la despreciaba como a cosa vilísima, dice bien y consiguientemente que le parece no digno de Dios oponerse tan de veras contra tanta bajeza, y hacer prueba de su brazo poderoso en deshacer lo que es nada. Y ansí le dice a Dios que se contenga de más herirle, si no por lástima, a lo menos por lo que toca a su honra; que no es de majestad semejante mostrarse corajoso contra cosa tan baja. Que si el hombre fuera eterno y su vida tan firme que jamás feneciera ni recibiera mella ninguna, si fuera tal que nunca padeciera menoscabo su vida, fuera entonces para mostrar Dios su brazo en él conveniente subjeto; mas quien se acaba mañana, y eso que vive es miseria y quien es pura nada, ¿qué es para que Dios haga caso dél, ni en gracia ni en ira?

Porque, como dice y añade:

17. ¿Qué es el hombre para que le engrandezcas, y para que pongas en él tu corazón? Para que le engrandezcas, entiendese, en tener con él tan estrecha cuenta castigándole siempre; porque hacer caso dél, aun en esto, es honrarle Dios mucho. Y que sea el sentido éste, lo que se sigue lo dice: y para que apliques a él tu corazón, porque poner el corazón en esta escritura es de advertir con atención en lo que se pone y tener cuenta con ello examinándolo y no disimulando con ello. Y más claramente se ve por el verso siguiente, que es:

18. Y visítasle a las alboradas, y por momentos le pruebas. Porque visitar aquí y el probar significan lo mismo; y el probar es tentar y examinar con castigos. Por manera que Job, considerando por una parte la flaqueza y bajeza del hombre, y por otra el tesón con que Dios le castiga, dice lo que en este caso se viene luego a los ojos, que es un espanto y una gran maravilla de que Dios, siendo quien es, tome tan a pechos el menudear con los hombres, madrugando, esto es, velando, conviene a saber, mirando sobre ellos siempre y a todas horas con ojos despiertos y sin perder ningún punto. Que por otra parte, bien mirado y como lo juzga la razón verdadera, es piedad de Dios y misericordia grandísima no desdeñarse de andar tan a las justas conmigo, y traerme siempre sobre ojo examinándome y dándome sofrenadas continas y amargándome cuanto suele ser dulce en la vida, para que, engolosinado de ello, no me vaya en nos de ello llevado de mis malos siniestros.

Mas dice en esto Job lo que le decía su carne afligida; y dícelo porque, en decir los sentimientos de la humana flaqueza y los acuitamientos que padecía, encarece más sus trabajos, que es aquello en que agora se alivia. Porque, como dicho he, no era el menor de ellos sentir en sí aquestos sentimientos flaquísimos; y la enfermedad, aunque grave, y el desamparo que padecía, no le afligía tanto, cuanto le atormentaban estos movimientos miserables que bullían en la parte inferior de su alma.

Mas añade diciendo:

19. ¿Hasta cuándo no aflojarás de mí, ni me aflojarás hasta tragar mi saliva? Esto de tragar saliva parece forma de hablar vulgar y usada en aquella lengua, para significar un alivio pequeño; como lo es en la nuestra, para la misma significación, decir respirar o tomar aliento. Pues pregunta Job a Dios (y es una pregunta envuelta en una sentidísima queja) que hasta cuándo le ha de apretar los cordeles, qué fin ha de tener este azote contino sin dejarle respirar un momento, ni sin darle siquiera espacio libre para tragar la saliva, en que engrandece con encarecimiento nuevo sus males. Porque preguntando cuándo ha de aflojarle para que al menos respire, se queja de que su dolor no se remite ni hace jamas pausa; y ansí demuestra que su mal no tiene días de huelga, sino dice que es un abrasamiento perpetuo y que está en crecimiento siempre, o al menos conserva siempre un tenor de manera que no se rompe con ninguna forma de alivio.

Más dice:

20. Pequé: ¿qué faré a ti, Guardador de los hombres? ¿Por qué me pusiste por encuentro a Ti, y fui sobre mí por carga? Lo que dice pequé, es como si dijese mas si pequé: porque no confiesa que padece por sus pecados, antes asegurado de su consciencia, porfía que su castigo no es pena de culpa. Mas como en las disputas se hace, que para mayor prueba de lo que pretendemos probar, concedemos al adversario algo de lo que él nos opone y le mostramos que no concluye, aunque se le conceda, ansí Job en mayor confirmación de su intento, concede que fuese ansí como sus amigos le dicen, y que le castiga Dios por sus culpas, y muestra que, sin embargo de todo eso, es extraordinario el castigo.

En que con unas palabras mismas acude a todo aquello que contra sus amigos defiende: que es, lo uno, librar de exceso y demasía su queja; lo otro, mostrar que padece sin culpa. Porque diciendo que es muy grave su azote, aun cuando fuese ansí que pecado hubiese, prueba que se queja con causa, pues es tan desmedida la pena; y ni más ni menos en decir que sus culpas, en caso que las tuviera, no las castigaba agora Dios conforme a su ley, demuestra que su mal no es castigo de culpas, porque Dios nunca traspasa sus leyes. Y por consiguiente manifiesta que padece sin culpa; porque, si la tuviera, midiera Dios la pena con ella y caminara su castigo por el camino que siempre, y guardara sus condiciones y sus leyes usadas, lo que aquí no acontece. Porque dice: sea ansí que pequé (Vos, Señor, sabéis lo contrario); mas presupongamos que sea como aquéstos me dicen; pregunto: ¿qué pecado es el mío para que, lo que no hicistes con pecador, me cerréis a lo que parece la puerta del alivio y remedio? ¿Qué hice yo, pecando, más que los otros que pecan, que mereciese un desamparo tamaño? O ya que pequé, ¿qué haré para amansar vuestra irá, más de lo que hago y he hecho? Abrasásteme la hacienda; bendíjeos. De un golpe me llevastes los hijos, que eran la luz de mi vida; alabé tu bondad. Herísteme de pies a cabeza con llagas de enfermedad nunca oída; recibílo y sufrílo. Todos, mujer, criados, amigos, abominaron de mí; humilde me abracé con el suelo. Si el dolor mueve a lástima, por eso, Señor, me querello; si el sufrimiento merece perdón, como un ayunque he sufrido; si la humildad vale algo, bien conoces la mía: sueles perdonar al quebrantado, al afligido, al azotado, al sufrido, al abatido, al perseguido, al rendido ante Ti y al humilde; ¿qué es de todo esto lo que no hallas en mí? ¿Pues qué más haré, oh Guardador de los hombres? Si me castigaras por culpa, ya estuvieras satisfecho con la paciencia y la pena. Bien se deja entender que no desenvainó tu espada mi pecado, pues mi humildad no la torna a la vaina. Otro es, sin duda, Señor, vuestro intento: no lo alcanzo yo, y ansí no atino a valerme. ¡Enséñame tú, oh Guardador de los hombres!

Y en decir Guardador de los hombres, hay un misterio secreto con que esta razón se esfuerza mucho más. Porque lo que decimos Guardador, en el original es notser, que es el proprio sobrenombre de Cristo, que solemos llamar Nazareno; como se ve en el título original de la cruz, adonde el Nazareno se escribe con estas letras mismas, como a la verdad escribirse debe, aunque algunos con ignorancia y porfía lo niegan.

Pues da Job a Dios con gran conveniencia en esta coyuntura de perdón aqueste apellido, como quien vía con la luz de profeta a Dios ya humanado y Nazareno hecho, que quiere decir Guardador, para fin de guardar al hombre en sí tomando sobre sí sus pecados. Según lo cual, acordando con este nombre a Dios su determinación, fortifica Job su dicho más, y le dice: ¿Qué he hecho contra Ti, o qué debo hacer para Ti más que los otros hombres, oh Nazareno del hombre? Que es decirle, pues ha de ser Nazareno, esto es, pues ha de ser hombre, para tomar en sí los pecados de todos, para, pagándolos él, libertarlos a ellos; pues ha de ser su oficio proprio pagar a su costa lo ajeno; pues por el mismo caso se pregona por tan piadoso y tan blando, que el exceso de la culpa encendería las entrañas de su misericordia hasta hacerse hombre entre los culpados para satisfacer a su Padre por ellos; pues el pecar no le espanta, ni el remediar el pecado le es nuevo, ni los pecadores son los que menos acrecientan y esclarecen su gloria (en caso que el pecado hubiera y fuera castigado por culpas) que, por qué le castiga tan severamente, que cierra a lo que parece la entrada al perdón; que si por dicha es él hombre de diferente linaje, o ha hecho contra Dios lo que hizo ninguno, o cuando se determinó de ser hombre por todos, ¿excepto a sólo él para hacerle blanco de su ira y enojo? Y ansí dice: ¿por qué me pusiste por encuentro a Ti? Como diciendo: Tienes ordenado de ser de nuestra parte y de ponerte por escudo nuestro, y haces agora bando contra mí solo; y el que has de ser nuestra adarga, ¿tornaste contra mi fiera lanza?

Y dice, fui sobre mí por carga, porque el oficio de Jesús Nazareno es tomar sobre sí las cargas de todos, para con su trabajo darles descanso y con sus cardenales salud; y a Job, según era grave y perseverante su azote, parecíale en cierta manera que si era por culpa suya, no la pasaba Cristo a sus hombros, sino la dejaba en los suyos, y dejándola sobre él le oprimía. O pídele sin duda que la pase a sí y se cargue de ella; y pues pone a su cargo el pecado, pusiese este suyo, si hay alguno, con los demás.

Y por eso le dice:

21. ¿Por qué no alzas mi rebeldía, y haces pasar mi delicto? Porque agora yazgo en el polvo, amenazarme has, y no yo. Que alzar aquí no sólo es quitar Cristo el pecado sobre Job, sino llevarle él puesto y levantado en sus hombros; porque el original es nasa, que es levantar sobre sí, y es lo mismo que dijo a Cristo el Baptista cuando le dijo: Este es el Cordero de Dios, el que levanta y lleva sobre sí los pecados del mundo. Y ansí le dice Job a su Nazareno, pues lleva sobre sí las rebeldías de todos, ¿por qué le deja en sus hombros la suya?; ¿por qué no hace pasar su delicto; conviene a saber, de sí a él, de su cuenta a su cargo? Porque, dice, si pequé, y tu satisfacción, que aun agora tiene virtud, no me vale y me muero en ceniza, cuando amanecieres naciendo, ya no seré capaz de tu bien; porque cuanto a la gracia, tal permanece cada uno cual muere.

Y Job habiendo dicho esto calló; y respóndele Bildad en el que luego se sigue.