Exposición del Libro de Job/Capítulo 38 exposición

Exposición del Libro de Job (1779)
de Fray Luis de León
Capítulo XXXVIII exposición


1. Y respondió Dios a Job de entre el torbellino, y díjole. Acabó Eliú su razón, y Job había dado ya fin a las suyas, y los demás amigos mucho antes habían puesto a sus bocas silencio; y quedaban todavía sin remate una porfía tan trabada y reñida, porque ninguno se rendía al otro, antes cada uno estaba en su sentencia firme y entero. Y ansí, por esta razón, como también por lo que se debía a la verdad ofendida, convino que sobreviniese quien volviese por ella, y la sacase a luz y pusiese en su lugar fuera de los lazos de tan perplejas razones. Y convino que juzgase alguno este pleito y le sentenciase, condenando al culpado y volviendo al inocente su honra. Para lo cual sale agora Dios y habla, y hace su oficio, que es dar luz en las dudas, declarar las faltas, honrar y premiar las virtudes.

Y ansí escribe el profeta: Y respondió Dios a Job del torbellino, y díjole; esto es, mas porque callaban todos ya y se quedaba cada uno en su tema, habló el Padre de la verdad para decirnos lo cierto. Y respondió Dios a Job. ¿Qué duda había sino que, en faltando los hombres, había Dios de acudir a su siervo, y que, puesta la justicia en balanza, había Dios de tomar su defensa, y que, siendo contra Job sus amigos, Dios había de ser con Job contra ellos? Y respondió Dios a Job, esto es, y habló Dios a Job; porque en la lengua de la Escritura Sancta, el responder es hablar. Demás de que ansí habla aquí Dios, que responde a algo de lo que Job tiene dicho.

Y respondió Dios a Job, del torbellino.

Ordinario es en la Sagrada Escritura introducirse Dios, según la disposición de la ocasión en que se introduce, o del tiempo y persona y negocios de que entonces se trata. Cuando apareció a Moisés al principio, fue en imagen de fuego en medio de una zarza, y sin daño: en fuego y en zarza por el ansia en que se abrasaba su pueblo, y por las espinas de trabajos que lo traspasaban; y sin daño para significación de su libertad y buen suceso. A Esaías apareció cercado de humo por la escuridad que a su gente venía. Y a Ezequiel entre ruedas y animales, por la servidumbre que servía entonces el pueblo cautivo, y la que había sucesivamente de servir después de sujeto a las cuatro ruedas de los imperios. Y ansí agora parece y habla Dios del torbellino, porque Job, a quien habla, estaba en el torbellino de la calamidad que se ha dicho, y porque en los sucesos ásperos y tempestuosos acude siempre Dios a los suyos, que es como David dice: Favorecedor en el artículo del menester, y en las tribulaciones.

Y en esta habla hay dos cosas, una cierta, y otra en que puede haber duda: lo cierto es que habló Dios con Job; lo dudoso, en qué manera, si exterior y visiblemente, o por modo interior y invisible y si Él por Sí mismo o por otro algún medio; porque todo es posible y todo usado a Dios, y que aconteció y acontece, como es notorio, y Sant Gregorio muestra por muchos ejemplos. Si fue invisible la habla, en que sin ruido ni figuras de palabras manifiesta Dios al corazón en un momento grandes y diferentes verdades, Dios fue el que propriamente la hizo; mas si fue exterior y visible, fue ángel el que la obró por orden y en persona de Dios, como el sobredicho sancto nos dice.

Yo diría que hubo aquí interior y exterior, y que se mezcló y compuso de ambas cosas la habla. Porque en lo exterior no podemos negar el torbellino y ruido, pues la Escritura lo pone con palabras proprias, y que sin inconveniente pueden ser propriamente entendidas; pues no es nuevo, como consta de las Letras Sagradas, cuando Dios habla o quiere hablar, haber algún ruido exterior que se siente; que al tiempo que dio la Ley a su pueblo, tembló el monte y hubo tronidos, y sonó en los oídos de todos claro son de bocina. Y cuando dijo a Cristo su Padre: Y te esclarecí, y te tengo de esclarecer, ansí sonó la voz que pareció grande trueno.

Y finalmente el Espíritu Sancto, descendiendo a enseñar los apóstoles, hizo sensible ruido, como de grandísimo viento que viene. Ansí que en lo exterior hubo torbellino y sonido. Mas lo que se razonó y platicó es muy verosímil que fue negocio del alma, que no sonó por defuera, sino que en la manera que a Sant Pablo avino yendo a Damasco, cuando fue cercado de nueva luz y derrocado con ella y por Cristo enseñado y reprehendido; que la luz y el estampido fue público, y lo sintieron y vieron ansí él como los que iban con él; mas las palabras de reprehensión fueron secretas, y sólo para Sant Pablo.

Ansí en esta habla de Job, él y sus amigos vieron y sintieron el torbellino y estruendo visible, y reconocieron todos por él y en él la presencia divina; mas lo que Dios presente dijo, no fue para todos, sino para sólo Job, a quien en lo secreto de su alma Dios hablaba en esta manera.

Y decía:

2. ¿Quién este que escurece sentencias con palabras vacías de saber? Unos dicen que Dios habla aquí de Eliú; otros sienten de Job, y será mejor decir que de entrambos; porque ansí el uno como el otro eran dignos de reprehensión; y Eliú mucho más, y cada uno en su cosa. Eliú pecó, lo uno, en cargar tan pesadamente la mano, llamando pecador a Job, y teniéndole por tal, aunque por razones diferentes de los primeros, como arriba se dijo. Lo otro, porque su intento, que era mostrar no ser del hombre entrar con Dios en cuenta, o pedírsela, siendo tan manifiesto, por probarlo, lo escureció, replicando razones ajenas y impertinentes.

Mas la culpa de Job fue no en tenerse por castigado sin culpa, que sin duda no la tenía conforme al castigo; ni haberle faltado paciencia para llevarlo, porque fue pacientísimo; ni haber sentido mal de la providencia de Dios o de su justicia, la cual confiesa en muchas partes y alaba; ni en la relación que de su vida e inocencia hizo, porque fue verdadera, sino en cierta demasía de palabras, a que pudo llevar un ánimo tan sancto y tan recto la porfía de sus amigos injusta y molesta sobre un sujeto tan fatigado y herido. Y la demasía fue decir a Dios que, o le oyese y le respondiese, o que le oiría él y después le respondería; que pusiese su poder aparte y el espanto que a la criatura hace cuando se demuestra presente, y que viniese con él a llana y igual disputa con armas parejas, y que ansí escogiese, o el preguntarle Él y Job responderle, o al revés, responder siendo por Job preguntado. Que aunque en un alma por una parte tan pura, y por otra parte herida tan crudamente, el dolor y la buena consciencia y la seguridad que della nace cría naturalmente una sancta osadía, que entre amigos se sufre y perdona; mas el juicio de Dios, fiel y puro, y que con los más suyos es más delgado, tuvo por demasía faltar, por pequeña cosa que fuese, a la modestia y respecto que una bajeza debe a la grandeza divina, ante quien ni alzar los ojos debemos, cuánto más pedir razón de sus hechos, sino aceptar sus juicios seguros. Que quien es la razón y la bondad y el saber y la verdad y la misma justicia, la tiene en las cosas que hace.

Pues ansí dice de Eliú: ¿Quién es este que escurece sentencias? O como el original dice, consejos, esto es, verdades y intentos ciertos con palabras impertinentes. Porque, como dijimos, nunca probó bien lo que pretendía, con ser su pretensión verdadera.

Y de Job dice: ¿Quién es este que escurece sentencias o consejos? Esta su causa buena y justa en cierta manera la desdora con palabras no bien pensadas, y teniendo cubierta en su ánimo la modestia y paciencia, se muestra osado inadvertidamente en la boca, y parece me desafía y me llama a disputa.

Y ansí dice:

3. Ciñe como varón tus lomos; preguntarte he, y enseñarme has. Como diciendo: Pues me llamas a razón, yo quiero ponerme a ella contigo; y pues deseabas oír y responder, o preguntar y ser respondido, a punto estás, que yo quiero preguntarte agora, y ver luego lo que tú me respondes: esfuérzate y ciñe tus lomos como varón, que es decir, apercíbete y está presto con esfuerzo y con ánimo, y si presumes en palabras, muéstralo agora con obras, y veamos si es lo mismo el decir que el hacer.

Y dicho esto, comienza Dios, y pregúntale:

4. ¿Dónde eras al fundar Yo la tierra? Manifiéstalo, si tienes saber. Como dijimos al principio, en toda esta plática que se extiende por cuatro capítulos, pretende Dios una sola cosa, y la misma que Eliú pretendía, que es mostrar lo poco que el hombre alcanza en lo que Dios hace, y persuadir por esta vía a que sujete su juicio cada uno a sus hechos, y los apruebe y acepte, y no le pida cuenta ni juzgue. Porque bien se sigue que no debe ni puede pedir cuenta a Dios de sus obras el que no entiende ni alcanza ni las menores de ellas. Y ansí todo aqueste discurso es una relación por menudo de las obras naturales que hizo Dios, que el hombre no entiende, comenzando de las más altas y viniendo a las bajas, y, de las generales a las más particulares y proprias, arguyendo siempre secretamente que quien no sabe esto que trata y se viene cada día a los ojos, menos entenderá los consejos que tiene cerrados Dios en su pecho. De arte que, constando toda aquesta razón de dos proposiciones o partes, una que antecede y otra que de ella se sigue (antecede: el hombre no entiende las obras que Dios hace; síguese: luego no puede ni debe pedirle cuenta, o juzgar de sus secretos consejos). Prueba Dios la primera por inducción de singulares copiosa y elegantísimamente; la segunda, que se sigue, calla, porque en la primera está dicho, y siendo aquélla cierta, está ésta clara y manifiesta a cualquiera.

Dice, pues: ¿Dónde eras al fundar Yo la tierra? Como si más claro dijese: Pues eres tan sabio que presumes de estar a juicio y a razones conmigo, Yo me allano; y pongo aparte lo mucho que puedo, y no uso de mi majestad y grandeza; como igual con igual te hablo y pregunto, si me sabrás decir: ¿Qué eres, o adónde estabas, o cuál era tu poder y saber, cuando yo criaba y cimentaba la tierra? En que por dos maneras manifiesta al hombre Dios su ignorancia y bajeza: la una, porque hubo tiempo en que no era, y por la misma razón tuvo su principio de nada; con que se arguye claramente su poca sostancia y ser flaco y miserable, que al fin responde a su origen; la otra, que está tan lejos de competir en nada con Dios, que lo público que Dios hace, y eso mismo que ve no lo entiende. Por lo primero dice: ¿Dónde eras tú cuando ponía Yo a la tierra cimiento? Que es decirle, no sólo que comenzó a ser mucho después, sino que entonces era nada; no sólo que es moderno en sí, sino que en su principio es miseria. Para lo segundo le pregunta de la tierra que huella, y de sus cimientos que cada día descubre, si sabe o entiende cómo se pusieron en la manera como la tienen en pie. Que a la verdad es caso maravilloso extrañamente y secreto, que cuerpo y pesadumbre tan grande se sustente en el aire, que le cerca a la redonda y del todo. Y no basta lo que del centro se dice, porque eso es lo que no se entiende y espanta; que sea centro aquel punto más que otro cualquiera, ¿qué razón se lo dio? ¿Quién puso, o cómo puso allí aquella virtud y fuerza tan grande? O ¿qué fuerza es y de qué propriedad y metal?

Ansí que es ignorante el hombre, porque es moderno y porque anda ciego en eso mismo que ve, como parece en lo poco que entiende de la fábrica de la tierra a do mira.

A que también pertenece lo que luego se sigue. Dice:

5. ¿Quién puso medidas sobre ella, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella plomada?

6. ¿Sobre qué se afirmaron sus apoyos? ¿O quién puso la piedra de su clave? Que es preguntar en una palabra, si sabe la fábrica de la tierra; que habla de ella a semejanza de un soberbio edificio de los que los hombres hacen, y ansí nombra los niveles y las plomadas, y los cordeles, y las demás partes y instrumentos del arte.

Prosigue:

7. Cuando me cantaban juntamente las estrellas de la aurora, y hacían regocijos todos los hijos de Dios. Lo que en la primera parte del verso nombra por semejanza, en la segunda pone por sus proprios vocablos. Por manera que estrellas de aurora y hijos de Dios son unos mismos, y son todos los ángeles que la Escritura llama hijos de Dios, porque entre lo que crió es lo que más le parece. Y son estrellas de aurora porque sus entendimientos, más claros que estrellas, echaron rayos de sí saliendo a la luz del ser en la aurora del mundo.

Y ansí dice Esaías de uno: ¿Cómo caíste, ¡oh lucero!, que amaneciste a la aurora? Éstos, pues, cantaban, y con júbilo decían alabanzas a Dios en aquel principio del mundo; no porque no las cantan agora, sino porque comenzaron entonces a abrir los ojos para verlas grandezas de Dios, y las bocas para cantarlas.

Mas dice:

8. ¿Y quién cerró con puertas el mar cuando salía afuera como quien sale de madre? Como preguntó a Job del ser de la tierra, ansí le pregunta agora de la naturaleza del mar, que es otra gran maravilla de las que en lo natural Dios tiene hechas. Y en el mar es maravilloso mucho el no derramarse en la tierra anegándola, y siendo ansí que la cubría toda al principio, haber descubierto parte de ella por mandado de Dios; y siendo tantas sus aguas y tan furiosas sus olas, no tornar cada hora a cubrirla, y quebrar tanta furia en un poco de arena de la orilla.

Pues de este antiguo y nuevo milagro le pregunta agora Dios si entiende o sabe la causa, o si es Job el autor de él, o quién es el autor. ¿Quién, dice, cerró como con puertas el mar? Porque no hay cerraduras tan fuertes, ni muelles tan firmes que ansí le tuvieran cerrado, como le tiene agora la raya que Dios le ha puesto en la arena.

Y dice: ¿Quién le cerró?, como diciéndole y preguntándole si supiere cerrarle, o si sabe manera alguna como cerrarse pudiese, o si entiende que quien le cerró entenderá y sabrá hacer lo que él no puede entender. Dice cuando salía afuera como quien sale de madre, que es cuando fue criado al principio y se derramaba con grandísima copia sobre todas las cosas, y las anegaba y sumía.

Y que hable de aquella sazón, lo que se sigue lo dice:

9. Cuando le ponía nube por vestidura, y escuridad como faja suya. Porque en aquel principio, como Moisén escribe en el Génesis, luego que crió Dios el mar y dentro de su abismo la tierra, rodeó a todo el mar de tinieblas. Y las tinieblas, dice, cubrían la faz del abismo.

Y dice vestidura y faja aquí agora, hablando de la mar recién producida, como de una criatura recién nacida hablara, que la envuelven en sus mantillas y fajas.

Ansí, dice, la cubrí con nube en su primer nacimiento, y la envolví como con faja, con escuridad y con tinieblas. Pues en este tiempo, dice, cuando él lo cubría todo y a él las tinieblas, le recogí y reduje a término cierto, y le acorté las riendas y enfrené su lozanía para que se detuviese.

Lo cual aún más declara, diciendo:

10. Y rodeéle con términos, y púsele cerrojo y puertas. Y donde decimos rodeéle con términos, dice el original en la misma sentencia y establecí sobre él decreto. Por manera que los términos que le puso, y el cerrojo y puertas en que le cerró, es la ley, y decreto suyo que le ordenó cuando dijo: Ayúntense las aguas a un lugar, y muéstrese descubierta la tierra. El cual mandamiento retrujo entonces y tiene hasta agora enfrenadas las mares. Y para declarar su eficacia, la Escritura en diversos lugares lo llama voz de trueno y de reprehensión temerosa, y amenazas graves, y increpación que puso espanto en las aguas, y espanto que siempre le dura.

Y ansí añade:

11. Y dije: Hasta aquí vendrás, y no añadirás; aquí quebrarás levantamiento de tus olas. Que en la forma del decir, que es un mandar absoluto, muestra Dios su poder sobre todo y el rendimiento de las criaturas. Y siempre y en cada palabra va secretamente arguyendo cuán ajeno de buena modestia es ponerse a cuentas con quien sabe y puede tanto.

Prosigue:

12. ¿Por ventura después de tu nacimiento mandaste a la mañana, o a la aurora enseñaste su lugar? Dichas la tierra y el mar, dice de la luz agora, que se hizo después dellas, y se hizo con ella el día primero, como Moisén testifica: y dícelo al mismo propósito de mostrar la bajeza de Job y la grandeza suya fuera de toda cuestión y competencia. Y pregúntale si él después de su nacimiento mandó a la mañana, esto es, la crió y la mandó que luciese. Que es, preguntando, negarlo a Job y afirmarlo de Sí, y mostrar la infinita diferencia de ambos, pues pregunta dos cosas: una, si crió él la luz, o siquiera si sabe qué ser tiene o cómo pudo ser producida; y la otra, si la crió después de su nacimiento, o, como otra letra dice, antes que naciese; dando a entender por lo uno y por lo otro un propósito mismo, que es la imposibilidad del negocio; porque la que fue criada en el día primero, ni la hizo Job después de nacido ni pudo ser hecha de él antes que naciese y viviese.

Ansí que ni la hizo ni la gobernó. Y por eso pregunta si mostró a la aurora su lugar, esto es, si le dice y enseña cada día en que nacer debe, y la parte del cielo que ha de alumbrar con su rostro, que no es siempre una misma, sino cada día la suya. Que es otra maravilla grandísima el movimiento que la luz hace, apartándose y allegándose con perpetuo e inviolable concierto y haciendo el invierno y estío y acortando y aumentando los días.

Dice:

13. Y aprehendiste los extremos de la tierra, y sacudiste de ella malvados. Porque hizo de la luz mención, dice algunas propriedades de ella, hermoseando su razón, divirtiéndose por una manera poética. Y aprehendiste los términos de la tierra; conviene a saber, con la luz y con el aurora; esto es, hiciste amanecer la luz, para hacer lo que hace, que es ocupar toda la redondez, extendiéndose y haciendo luego con sus rayos desaparecer y huir la maldad, que andaba suelta con las tinieblas. Porque los malhechores aman la noche, y encógense y desaparecen luego que el día amanece. Y por eso añade, y sacudiste de ella malvados; esto es, hiciste que se ascondiesen huyendo, quitándoles con la luz del día el manto que los cubre de noche. Y donde decimos términos, el original dice alas; y entendemos por las alas los nortes, porque el levante y el poniente son como la cabeza y los pies.

Y ansí decir que la aurora ase o aprehende estas alas, es declarar el movimiento que hace el sol, fuente de luz, entre los trópicos, acostándose unas veces al Norte encubierto y otras veces al nuestro; de que nacen las diferencias de tiempos, fríos, calurosos, templados, y con ellas las de la tierra, que unas veces está verde, otras seca, otras llena de fructos, otras yerma y agostada.

Con que viene natural lo que añade:

14. Será vuelto como lodo el sello, y estará como vestidura. Como lodo el sello hase de entender al revés, el lodo como el sello, que es un trueco poético. Pues dice que por la variedad de la luz y por el avecinarse o apartarse la aurora el lodo, esto es, la tierra, se volverá como sello, variando formas e imprimiéndose con la facilidad que el sello imprime con diferentes figuras, y estará como vestidura, que los usos diversos la cortan y componen cada día de maneras diversas.

Y porque dijo de la tierra mudable, por causa del moverse la luz y porque en el verso antes de éste habló de los pecadores que huyen la luz y tienen su corazón en la tierra, y por la misma causa padecen semejantes mudanzas; la memoria de lo que en la tierra por causa de la luz pasa, representa lo que en los amadores del suelo semejantemente acontece.

Y ansí dice luego:

15. Y será quitada a los malos su luz, y brazo levantado será quebrantado. Como si más claro dijera: ¿enseñas tú su lugar a la aurora y guíasla al punto en que ha de salir cada día, para que ansí hincha a la tierra de luz, y se allegue al un extremo y al otro, y huya antes su presencia la gente que en la noche es traviesa, y la tierra misma con la variedad de la luz, como con sello imprimiéndose, tome diferente rostro y figura, y la que florecía agora llena de verdor y de fructos, luego se demuestre yerma y estéril con maravillosa inconstancia, como también la padecen los ojos que la aman, y, olvidados de los bienes del cielo, abrazan sus bienes de ella con maldad y injusticia; que, si florecen y valen en algún tiempo, poco después se marchitan, y la luz de su prosperidad se les quita y viene al suelo, quebrado el poder de su brazo levantado y soberbio? Ellos son tierra, y acontécelos lo que a la tierra acontece, que hoy se viste de flores y mañana está seca y yerma.

Por manera que la mudanza de la tierra hizo camino para decir de la mudanza de los pecadores; y la memoria del suelo trujo a la boca las condiciones de los que se asientan en él, y fue ocasión para contar el caer, cómo caen de su estado los malos, el haber contado la mudanza que el campo hace, de verde a seco, y de florido a marchito; que es un cotejo y comparación que de ordinario hace la Sancta Escritura. Esaías: Toda carne heno, y toda su gloria como flor del campo. Secóse el heno, y cayóse la flor; mas la palabra del Señor permanece por siempre. Y David en el Psalmo: Recordóse que somos polvo, el hombre como heno sus días, como flor de campo que florece. Y en otro lugar: Vi al impío ensalzado como cedro del Líbano, y pasé, y ya no era, ni pareció su rastro. Y en este libro mismo decía: Yo vi al malo fuertemente arraigado, y maldije su hermosura. Y más propriamente Salomón en el Eclesiastés, de la mudanza de los tiempos y de las diversos vueltas del sol, viene a confirmar las caídas, los sucesos varios, la vanidad y corrupción de la vida. Y aun el poeta lírico guía, a lo que parece, por aquí cuando dice:

El año y presto vuelo
del hora que huyendo roba el día,
te avisan que en el suelo
no esperes bien durable; que a la fría
sazón hacen templada
los céfiros; la dulce primavera
es del estío hollada,
el cual también fenece, cuando afuera
derrama el rico seno
el otoño, de frutas coronado,
y torna luego lleno
de escarcha a suceder el tiempo helado.

Y el otro poeta latino, que dice ansí:

Coge, doncella, las purpúreas rosas,
en cuanto su flor nueva y frescor dura:
y advierte que con alas presurosas
pasan ansí tus horas y hermosura.

Prosigue:

16. ¿Por dicha entraste hasta lo postrero del mar, y en lo postrero del abismo anduviste? En el libro del Eclesiástico, entre los loores de la Sabiduría, que es el Verbo divino, dice ella de sí: La redondez del cielo cerqué sola yo, y penetré al abismo profundo, y anduve en las olas del mar. Y ansí agora, porque es propria suya, pregunta a Job si hace esta obra él, y como dijimos, preguntando, niega que la hace, y negándolo, le da a entender lo poco que él es, y lo mucho que Dios puede y cómo no es de nuestra bajeza pedirle razón de lo que hace a quien tanto sabe y vale.

Lo que decimos lo postrero del mar, el original a la letra dice los lloros del mar; que llama ansí sus mineros secretos, y como si dijésemos, sus manantiales que siempre están vertiendo agua.

Añade:

17. ¿Por dicha abriéronse las puertas de la muerte a ti, y las puertas viste de la tenebregura? Quiere decirle, si acaso está él en todas las cosas, presente a todas y presidiendo sobre ellas, ansí como está su Divinidad. Y porque dijo del hondo del mar, dice agora de lo que aún es más profundo, que son las casas de la muerte, esto es, lo más secreto de la tierra y las entrañas della, adonde jamás la luz alcanza y las tinieblas hacen perpetuo asiento; que es la región adonde, como la doctrina de la Iglesia enseña, vive la segunda muerte que padecen los condenados a penas eternas.

Y dice en el mismo propósito:

18. ¿Por ventura consideraste hasta las anchuras de la tierra? Notifícame si lo sabes todo. Dice David en el Psalmo, hablando de cómo Dios está en todo presente: Si subiere al cielo, tú estás allí; si descendiere al infierno, estás presente; si madrugare y tomare alas, y morare allende la mar, allí encontraré con tu mano. En que en el cielo muestra lo alto, y en el infierno lo bajo, y en los fines de la mar, lo ancho y extendido, con que comprehende la universalidad de las cosas; porque todas ellas, o se contienen en estas medidas de altura, de profundidad y de anchura, o pertenecen a algunos destos lugares.

Y la misma división es la de aquí para significar la misma presencia; porque, primero, le preguntó del aurora, que es la parte alta y superior, y después del abismo y profundo, y agora de la anchura de la tierra y del mar, esto es, de todas las cosas a las cuales asiste presente sólo Dios y no criatura ninguna.

Mas porque le dijo en lo postrero del verso que le enseñase, si tan sabio era, prosigue y pregúntale, no ya de su presencia, sino de su sciencia, quiero decir, no si alcanza con su ser lo alto y lo profundo y lo ancho, sino si a lo menos con su saber conoce lo que en estos lugares y partes pasa, y si sabe dar razón de lo que en ellos se hace o deshace.

Y ansí dice:

19. ¿Adónde el camino de morada de luz? ¿Y tinieblas adónde su lugar? Como diciendo: Ya que no asistes ni resides en los lugares donde la luz y las tinieblas nacen, ni alcanzas con tu presencia a lo alto y a lo profundo del mundo, dime a lo menos si tienes noticia de los caminos o de la morada de la luz o de la casa de las tinieblas. Que es preguntarle si conoce las causas de do proceden, y los principios de que sustentan y crecen, con lo demás que a todo su ser pertenece.

Que declara más en lo que sigue:

20. Para que guíes a ambas a sus términos, y entiendas las sendas de su casa. Que es decirle si tiene ansí noticia de estas cosas, que pueda dar razón de ellas suficiente, diciendo sus fines y principios y efectos; que ésta llama por semejanza sendas y términos.

Para que guíes, dice; esto es, de manera que puedas guiar, conviene a saber, atinar diciendo el fin a que miran y el paradero que tienen y los propósitos para que estas dos cosas fueron criadas, y lo que de ellas resulta. Y porque por la luz y las tinieblas y por las moradas de ambas, se entiende también lo de la muerte y la vida, y juntamente sus causas, que son las constelaciones y aspectos celestes en que la luz y la noche viven y moran; por manar en cierta manera dellas el vivir y el morir, el venir a esta luz común o el salir della, dejándola. Por eso le dice luego:

21. Sabrás que entonces habías de nacer, y el número de tus días muchos. Porque si tuviera perfecta sciencia de las estrellas, o verdaderamente de las causas todas de la muerte y de la vida, pudiera saber algo Job del principio de la suya, y de sus pocos o muchos años; mas como no sabía lo primero, ansí ignoraba lo segundo, porque Dios es sólo el autor verdadero y el sabidor cierto de ambas cosas, las cuales gobierna con su providencia por secretas y admirables maneras.

Dice más:

22. ¿Por dicha has entrado en tesoros de nieve, tesoros de granizo has mirado? Viene descendiendo de las cosas mayores a las menores, y de las más dificultosas a las que parecen más fáciles, para que, si ni éstas las sabe y alcanza Job, quede lo que Dios pretende más convencido. Pues pregúntale si ha entrado en los tesoros de la nieve o granizo; porque habla de estas cosas como de algunas ricas alhajas repuestas y guardadas en sus almacenes para su tiempo usar dellas, y imagínalas como provisiones hechas y allegadas y amontonadas en grandísima copia, y mucho antes del menester, para cuando la ocasión se ofreciere.

Y eso llama tesoros de nieve y de granizo, que son las causas en que Dios tiene encerrada la fuerza de estos efectos, y donde en cierta manera los tiene como atesorados y juntos; porque en ellas los tiene a la mano y tan aprestados, cuando son menester, como si de muchos años antes estuviesen ya hechos, y ansí usa de ellos cuando quiere con presteza increíble.

Y dice del uso:

23. Que aparejé para tiempo de enemigo, para día de encuentro y pelea. Porque si bien sirven de otras cosas el granizo y la nieve, en este servicio que aquí dice, da Dios señalada muestra de su poderío, guerreando y deshaciendo la fortaleza humana y sus armas y valentía con un poco de agua espesada, y valiéndose de sus criaturas que no tienen sentido, y que crió para nuestro provecho, por nuestras culpas en nuestro daño y azote. Y señaladamente ha desbaratado y deshecho muchos ejércitos de hombres enemigos con estas saetas, como en las Escrituras se lee. Que con el aire y las aguas deshizo Dios en el mar Bermejo a Faraón y a los suyos. Y en el libro segundo de los Reyes, capítulo 5, ayudó Dios a David para que venciese a sus enemigos; y no esta sola vez, sino otras muchas, le socorrió cuando peleaba, hiriendo a sus contrarios con piedra y con relámpagos y rayos y truenos; de que él alaba y engrandece por hermosa manera a Dios en el psalmo 17, diciendo:

Con todas las entrañas en mi pecho
te abrazaré, mi Dios, mi esfuerzo y vida,
mi cierta libertad y mi pertrecho;
Mi roca, adonde tengo mi guarida,
mi escudo fiel, mi estoque victorioso,
mi torre, bien murada y bastecida.
De mil loores digno, Dios glorioso,
siempre que te llamé te tuve al lado,
opuesto al enemigo, a mí amoroso.
De lazos de dolor me vi cercado,
y de espantosas olas combatido,
de mil mortales males rodeado.
Al cielo voceé, triste, afligido;
oyérame el Señor desde su asiento,
entrada a mi querella dio en su oído.
Y luego de la tierra el elemento
airado estremeció, turbó el sosiego
eterno de los montes su cimiento.
Lanzó por las narices humo, y fuego
por la boca lanzó; turbóse el día,
la llama entre las nubes corrió luego.
Los cielos doblegando descendía,
calzado de tinieblas, y en ligero
caballo por los aires discurría,
En querubín sentado, ardiente y fiero,
en las alas del viento que bramaba,
volando por la tierra y mar velero.
Y de tinieblas todo se cercaba,
metido como en tienda en agua escura,
de nubes celestiales que espesaba.
Y como dio señal con su luz pura,
las nubes arrancando acometieron
con rayo abrasador, con piedra dura.
Tronó, rasgando el cielo; estremecieron
los montes, y llamados del tronido,
más rayos y más piedras descendieron.
Huyó el contrario roto y desparcido,
con tiros y con rayos redoblados;
allí queda uno muerto, allí otro herido.
En esto, de las nubes despeñados
con su soplo mil ríos, hasta el centro
dejaron hecha rambla en monte, en prados.
Lanzó desde su altura el brazo adentro
del agua, y me sacó de un mar profundo,
libróme del hostil y crudo encuentro.
Libróme del mayor poder del mundo,
libróme de otros mil perseguidores,
a cuyo brazo el mío es muy segundo].

Y no es diferente de esto lo que en tiempo del Emperador hizo Dios por los suyos cuando venció a los [Narcomanos y Quados] con grandísima copia de nieve que les daba en los ojos, impidiéndoles el uso de las armas, y la defensa de los tiros que contra ellos hacían los fieles. De que Claudiano, poeta, dice ansí:

A la curia de tu patria llamando,
Marco Clemente, con tamaño anhelo
no vuelves, cuando ha dado
la fortuna al hesperiano suelo,
por do quiera de gente asaz ceñido,
ser de iguales peligros eximido.
No allí de loar son los capitanes,
porque lloviendo sobre el enemigo
fuego, en tantos afanes
el jinete, buscando algún abrigo,
del caballo, que fuego rodeaba,
en la caliente espalda se escapaba.
El infante que vido el capacete
irse ya con la llama derritiendo,
se paró, y el copete
se fue al fin en cenizas reduciendo.
Con súbitos vapores las espadas
fueron en poco tiempo liquidadas].

Prosigue:

24. ¿Por qué camino se esparce la luz, o se divide el calor sobre la tierra? O, como dice el original, o se derramó el ábrego o solano sobre la tierra. Habla de los vientos, que o serenan el aire, como el cierzo hace, o le calientan, como el solano y el ábrego. Y pregunta: ¿Por qué camino se esparce la luz? Esto es: ¿qué viento, cuando sopla, hace huir las nubes y apura el cielo, para que sin estorbo dé su lumbre la luz; o qué viento da calor a la tierra?

Y no pregunta tanto cuáles vientos sean, o cómo se nombran los serenos o calurosos, que eso es notorio en el vulgo, cuanto pregunta de dónde les viene o qué fuerza o virtud es la que da al cierzo que serene, y al solano que produzca calor. Porque, como arriba se dijo, ninguna razón de las que los sabios dan satisface, porque la verdadera y propia sábelo Aquél que los hizo. El cual también hizo lo que se sigue luego, y nadie sino Él puede hacerlo.

Y ansí dice:

25. ¿Quién dio carrera a la grandísima lluvia, y camino al sonoroso tronido;

26. Para llover en tierra do no varón; en desierto do en él no hombre;

27 Para hartar yerma y descaminada, y producir verduras de yerbas? ¿Quién dio, dice, tú o Yo por ventura? Que como dijimos viene por orden descendiendo de los cielos a lo que se hace debajo de ellos, y sobre la tierra, a los vientos, a las nieves, a las lluvias y a los tronidos; mostrando en todos [que] el hombre es tan ciego para entenderlos como flaco para criarlos, y convenciendo por el mismo caso y diciendo que quien tan poco entiende no debe ponerse a cuenta con quien tanto sabe y puede.

Lo que decimos carrera a la grandísima lluvia, el original a la letra dice: ¿Quién abrió o dividió la acequia para la avenida? Y dícelo por semejanza de las minas o conductos que en la tierra se hacen, para guiar de unas partes a otras las aguas; que como en la tierra se llevan por acequias y por caños secretos, y se abren para ello minas que rompen el suelo; ansí pregunta quién es el artífice que abre caminos a la lluvia en las nubes, y como por conductos la guía para que caiga, no sólo en lo cultivado y poblado, sino también en lo yermo, para que se vista de yerba que aproveche, si no a los hombres de quien carece, a los animales a lo menos de que en lo más despoblado hay mayor abundancia. Y si no sabes, dice, quién la guía, ¿sabes por aventura quién la engendra?

28. ¿Quién, dice, es padre a la lluvia, o quién engendró gotas de rocío?

29. ¿De cúyo vientre saldrá hielo?, y escarcha de cielo, ¿quién la engendró? Quiere decir, sino Yo solo. Y porque dijo del hielo, detiénese más en ello, y espacíase hermoseándolo y diciendo cómo se cuaja.

Y dice:

30. Como piedra aguas se endurecen, y faces de abismo se aprietan. Que el hielo es agua dura como piedra. Y no es poca maravilla ver en cosa tan blanda como el agua es, tanta y tan presta dureza. Mas lo que digo se endurecen, el original a la letra dice se asconden; porque a la verdad el hielo es agua, y no lo parece, porque asconde en él su rostro el agua y toma figura de piedra.

Y lo que decía, y faces de abismo se aprietan, dice la letra, se asen o serán asidas; porque cuando el hielo vence, el agua que corría pura, y las partes della desasidas se asen, y como si se trabasen unas a otras, se quitan el corriente y están quedas.

Dice más:

31. ¿Por dicha ayuntarás las estrellas resplandecientes cabrillas, o podrás desatar el cerco de Arcturo?

32. ¿Por ventura producirás lucero a su tiempo, y lucero de la noche harás que se levante sobre términos de la tierra? Las palabras originales [mezaroth y hahais] tienen significación varia y dudosa, que unos entienden las Cabrillas, otros otras estrellas o constelaciones celestes, las Virgilias, el Orión, el Arcturo, y los doce signos del cielo; y ansí unos mismos en diversos lugares traducen de diversa manera. Y saber lo cierto de estas significaciones no es de mucha importancia para lo que aquí se pretende, que es mostrar Dios a Job cuán baja cosa es lo que saben y pueden los hombres, y en este verso para este propósito preguntarle y decirle si podrá él, como Dios pudo, hacer las estrellas y signos celestiales.

Y porque había hablado de la lluvia antes y de las aguas abundantes y del granizo, y del trueno, y las demás cosas que en el aire se hacen, y le había preguntado la causa dellas, y si conocía su fuente y su padre, y porque en esto pueden mucho las estrellas y sus impresiones; dijo luego y preguntó de aquellas estrellas en particular que para este efecto son más poderosas, cuales son las Cabrillas, y las Virgilias, y el Arcturo, y el Orión, que dijimos que son constelaciones revoltosas, y que al nacer o al ponerse, alterando el aire, suelen mover y despertar tempestades. Por donde el lírico dice del Orión:

Mas mira cómo lleno
el Orión de furia va al Poniente.
Yo sé quién es el seno
del Adria luengamente,
y cuánto estrago hace el soplo Oriente.
La tempestad que mueve
el resplandor egeo que amanece,
quien mal quiero la pruebe,
y el mar que brama y crece,
y las costas azota y estremece].

Y de las Cabrillas dice:
¿Por qué te das tormento,
Asterie? No será el abril llegado,
que con próspero viento
de riquezas cargado,
y más de fe cumplido,
tu Giges te será restituido.
Que en Orico do agora,
después de las Cabrillas revoltosas
del viento guiado mora,
las noches espaciosas
y frías desvelado
pasa, y de largo lloro acompañado.

Y el poeta de las Virgilias escribe:

Observa errantes en sereno cielo
los signos todos, nuestro Palinuro,
las Híadas, que amenzan lluvia al suelo,
los Triones uncidos, y ve el duro
Orión armado de oro, y el Arcturo.

Ansí que por si acaso dijera Job que el origen de las tempestades de que era preguntado, y el padre que las engendraba, y el vientre de donde nacían, eran estas estrellas, acude a esta secreta respuesta Dios y pregúntale y dícele: Mas si dices que estas obras son efectos del cielo, y que las estrellas de él son los padres de donde nacen, pregunto, ¿si las compusiste tú por ventura?, ¿o les diste esa fuerza?, ¿o siquiera sabes y entiendes por qué la tienen más éstas que otras?

Y ansí añade:

33. ¿Por ventura sabes estatutos de cielo, o si pondrás su mando en la tierra? Que es decirle si conoce por ventura lo mucho que el cielo puede, y la muchedumbre de sus virtudes y fuerzas, y las leyes, ansí las que guarda él como las que pone en las cosas inferiores que le están sujetas y por él se gobiernan. Y por eso le dice si puso él en la tierra el mando del cielo, esto es, si sujetó estas cosas bajas al gobierno de las celestiales y hizo que las estrellas presidiesen al suelo; o si no lo hizo, si a lo menos sabe en qué manera se hace; o si no lo sabe ni puede todo, si será poderoso para alguna parte de ello siquiera, si a lo menos podrá hacer la niebla y cubrir el aire y la tierra con ella.

Y ansí dice:

34. ¿Por ventura levantará a la niebla voz tuya, y muchedumbre de aguas te cubijará? Voz tuya, esto es, tu mandamiento, ¿sacará la niebla del valle, y la levantará en alto, y extenderá ansí por todo, que tú y ello quede vestido de ella y cubierto?

Y dice muchedumbre de aguas, para decir la niebla misma, que es vapor húmedo, esto es, agua en vapor vuelta y adelgazada. O si a la niebla no, a lo menos, dice, ¿podrás mandar a los rayos?

35. ¿Por ventura enviarás rayos, y irán y te dirán: Vesnos aquí?; esto es, les mandarás que vayan, ¿y ellos obedecerán tu mandado? Y deja de decir, como Yo lo hago y como a Mí me obedecen, lo que en todas estas preguntas se entiende.

Dice más:

36. ¿Quién puso en las entrañas del hombre sabiduría? ¿O quién dio al velador entendimiento? Como diciendo, y si esto del cielo y de las influencias y obras dél son cosas altas, vengo a las bajas y a las que tocan las manos, y aun están dentro en ti mismo. ¿Quién, o cómo, o de dónde vino el entendimiento a tu pecho? ¿Cómo en cosa tan material y grosera, cual es tu cuerpo, se pudo engerir el saber?

Que es preguntar como en una palabra tres cosas: una, la sostancia y la fuerza para entender que el alma del hombre tiene; y otra, de dónde nace; y la tercera, cómo se ayunta con el cuerpo de tierra, siendo tan delicada. Que todas son cosas que las sabe bien sólo Aquel que las hace.

Y añade: ¿Y quién dio al velador entendimiento? Por el velador unos entienden el corazón del hombre, y ansí dice por otras palabras lo mismo; mas Sant Hierónimo entiende el gallo, y lo entiende mejor, porque va abajando en las cosas y en las preguntas que hace dellas, para subir más la fuerza de lo que arguye. Porque cuanto más ordinarias y bajas son las cosas que no sabe el hombre, tanto más convencido queda de su poco saber.

Ansí que pregunta a Job si por ventura sabe quién ha dado al gallo el entendimiento que tiene, o de dónde le viene que entienda tanto.

Y es como si más claro dijese: Y si tienes por dificultoso lo que del ánimo que en tu pecho vive, pregunto, por ser diferente de todo lo que se siente y se ve; del gallo, a lo menos si sabes el instinto grande que tiene, me di ¿de dónde le viene? Y declara luego qué saber es éste del gallo y qué instinto.

Y dice ansí:

37. ¿Quién contará la orden de los cielos? Y consonancia y música de cielos, ¿quién hará que duerma? Que es decir quién como el gallo contará la orden, esto es, los movimientos del cielo y sus puntos y horas, para puntualmente dar señal con la voz del mediodía y de la medianoche; para decir cantando cuándo el sol está en lo más alto o en lo más bajo del cielo; y quién como él atinará a la consonancia que entre sí los cielos tienen, moviéndose, o quién consuena y hace música con el cielo como él, acordando su cantar con sus altos y bajos. ¿Y quién, dice, hará que duerma?; conviene a saber, el gallo, para que no despierte a sentir y significar cuándo el cielo llega a su punto.

O podemos decir ansí: Y música de cielos, ¿quién hará que duerma?, como diciendo que ninguna música del cielo, esto es, ninguna quietud dél, ninguna noche sosegada y serena le puede adormecer de manera que no despierte a su hora cantando. Y llama música de cielos a las noches puras; porque con el callar en ellas los bullicios del día, y con la pausa que entonces todas las cosas hacen, se echa claramente de ver, y en una cierta manera se oye su concierto y armonía admirable, y no sé en qué modo suena en lo secreto del corazón su concierto que le compone y sosiega.

Y si otra letra dice ansí: Y influencias de cielos, ¿quién hará que descansen?, todo tiene el mismo sentido, porque dice: ¿Quién hará que descanse el gallo? (que mudó el número, cosa en estas Letras usada); ansí que ¿quién hará descuido en el gallo para que no sienta las influencias del cielo, que tan a punto a cantar le despiertan? Ansí que éste es su ingenio y su instinto.

Y para engrandecerlo más dice cuán de antiguo le viene tenello. Porque dice:

38. Cuando se fundaba el polvo en la tierra, y sus terrones se apiñaban; esto es, siempre, desde el principio y primer origen de todo cuanto la tierra se crió, se dio al gallo aquesta sabiduría.

Tan antiguo es en su vela,
cuanto es antigua la tierra.

Madrid, 14 de diciembre de 1590.