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Estudio sobre la continuación y fin de la Batalla de San Juan

Por el Teniente Coronel de Artillería don Nicanor Beunza

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CONFERENCIA MILITAR

Señor general, Jefe de Estado Mayor:

Señores Jefes y Oficiales

Señores:

Si la Historia Militar se escribe para los contemporáneos y para las generaciones que nos sucedan, los actores, sobrevivientes, – testigos presénciales de excepción, conformes en cuanto á las personas, á los hechos, al tiempo y lugares, – que los conocen perfectamente, están obligados por patriotismo á relatarlos con toda precisión y exactitud. Por esto, en nuestro deseo de narrar lo ocurrido á la juventud militar que se levanta, – “ávida de verdad y de provechosas enseñanzas”, – para que tengan, siempre, presente la conducta de los que supieron pelear ó morir por la patria, – y á fin de que su noble y generoso ejemplo séa una lección y un estímulo para el porvenir; bebiendo en claras fuéntes, con seguras informaciones y por lo que presenciamos voy á ofreceros, señores, esta conferencia; existiendo jefes, como los señores generales Borgoña y Recabarren; coroneles: Billinghurst, Pereira, Rabines, Novoa, Vargas Quintanilla, Marino, Piérola (Carlos); sargentos mayores: Luque (Nicanor), Alcocer, Arellano, Carlín (Eulogio) y algunos más, que pueden dar fe de su autenticidad; pero sin adornarla con las galas de la fantasía, como los “Episodios” del literato nacional don Ernesto Rivas, y “Nuestros héroes” del poeta don Víctor G. Mantilla, en cuyo estilo arrobador hay mucho imaginativo.

En nuestro concepto, la historia que debe declararse oficial será aquella en que no se exalten ni desfiguren los “hechos reales”, – sino en la que, cumpliéndose justicia, aprendan nuestros hijos á conocer la “Verdad absoluta y austera por el testimonio fiel é incontrovertible”.

Dejando á un lado el análisis de la crítica apasionada, hemos leído y releído varias veces la descripción de la batalla de “San Juan - Villa” y de todas las operaciones del 13 de Enero de 1881, que hacen los escritores: italiano, el uno, don Tomás Caivano, en su “Historia de la guerra de América, entre el Perú, Chile y Bolivia”, y chilenos los otros, Vicuña Mackenna en sus “Cartas políticas” y Barros Arana, en su “Historia de la guerra del Pacífico”; y las de algunos escritores, parciales ó muy lejos de la zona de acción, – y hemos encontrado muchas falsedades y contradicciones.

¡Qué historias tan originales son aquéllas!

Así, Caivano afirma: “que en Chorrillos no hubo resistencia y mucho menos batalla, asesinándose á muchos compatriotas suyos”. Sin embargo, á las 11 h. a.m. dice, después, “todo había concluído en la llanura entre Monterrico Chico y Chorrillos, la lucha se había localizado sobre la alta cumbre del “Morro Solar”, donde únicamente seguía aún”. I luego: “á las dos de la tarde, toda había concluído en ese último baluarte. El coronel Iglesias había caído allí prisionero en unión de los escasos restos de su ejército”

El chileno M.T. Vicuña, en una de sus “Cartas políticas”, dice: “la batalla comenzada en las posiciones de San Juan – Villa, se terminó en la cima Morro Solar”.

Hay una lamentable confusión de nombres propios, de donde provienen los errores en que, sin quererlo, incurren los que, para la parte histórica, consultan á tan parciales ó equivocados autores.

Hasta el mapa provisional levantado por los alumnos de la Escuela Militar, á la escala de 1/10000, el único que representa las formas y detalles del terreno, y que tenéis en la pizarra, se señala como Morro Solar á toda la serie de alturas: Panteón, Santa Teresa y Marcavilca, que se desprenden de la cadena principal; del mismo modo que si confundiéramos, verbi-gracia, el Cerro de San Cristóbal y con este nombre el de las Ramas, Amancaes, &.

Sabemos, topográficamente, que el punto más elevado de una montaña se llama cumbre ó vértice, y las partes laterales, por las cuales se sube ó se desciende, toman el nombre de flancos ó vertientes.

Estudiando el terreno y reconociendo sus accidentes naturales, venimos en conocimiento que, desde la época incaica, la meseta donde estaba emplazada la primera y principal batería de artillería: “Mártir Olaya”, compuesta de dos cañones, ánima lisa, de á 70 libras, sistema Párrot, en cuyo sitio se halla hoy la imagen de la Virgen es el llamado: “Morro Solar”; y el “Salto del fraile”, cuyo origen se debe á una tradición, la pendiente del lado del mar; que no sólo es fuérte, de difícil acceso, sino escarpada, esto es, de acceso imposible.

Bajando por el Malecón á los baños y siguiendo la dirección S.SE., no encontramos playa, pues las olas embravecidas por el choque contra las rocas, van espumosas y erizadas, á morir al pié del corte vertical del cerro; ó penetran á las hermosas y gigantescas cuevas, labradas caprichosamente por el tormentoso golpe de mar.

Tampoco hay camino por la playa á la caleta de La Herradura, de esta á la caleta de La Chira, ni á la Playa Conchán, por las escarpaduras, cuyas inclinaciones van á perderse al mar, haciéndose inaccesibles.

La practicabilidad es por los contrafuértes, tomando las gargantas.

Con esta necesaria digresión, entremos en materia.


Sumario

Reflecciones y consideraciones técnicasEditar

Señores:

De los peruanos que supieron cumplir sus deberes ciudadanos y militares, defendiendo la honra é integridad del Perú y el bendito pabellón de la República, en la heroica jornada de Chorrillos y Morro Solar, muchos no existen ya.

Podemos cumplir nuestra misión de hoy, honrando su memorial.

Grabados en el mármol y en el bronce, los nombres de sus abnegados defensores, llevamos también en el fondo del alma un monumento imperecedero: ¡el de la gratitud, cual culto y religioso santuario! Fundidas las almas en el crisol del amor patrio, un mismo espíritu nos anima; así como uno solo es el pensamiento: “Hacernos grandes y felices por la unión”. Y si la inmortalidad del recuerdo rodea la cripta de una aureola luminosa, su noble ejemplo será, en toda época, el faro que guía nuestro brillante porvenir!

“En la historia de todas las naciones, hay páginas gloriosas y páginas de duelo”.

“Recórrense las primeras con legítimo orgullo; deben conmemorarse las segundas con íntimo recogimiento”.

“Ellas nos inducen a la sustitución filosófica y al estudio militar”.

Lejos de nosotros las recriminaciones y las críticas apasionadas.

Los hechos gloriosos son timbres que obligan á los pueblos á mantenerse en la altura que sus esfuérzos ó virtudes cívicas conquistaron: – los desastres son golpes que deben servir no para servir, – no para inspirar un cobarde abatimiento, – sino el poderoso estímulo, que de origen á las grandes ucciones, á los generosos sacrificios.

“¡Cuándo el honor no va envuelto en la caída, – la desgracia ni humilla ni envilece”.

El 13 de enero de 1881 es una luctuosa fecha que jamás olvidaremos; testigos de la terrible hecatombe, devoramos amarguras é inquietudes, anhelos y dolores, así como desde la ventana allá de nuestra prisión en la escuela militar (antigua de cabos y sargentos), contemplamos la orgía, la devastación y............ el incendio!

No preparado el Perú para la guerra, tuvo que lamentar en sus derrotas la infausta suerte de sus armas: la victoria que alcanzó el Ejército de Chile, fué la “necesaria y lógica consecuencia” de su superioridad numérica, de sus modernos elementos, del grado de instrucción militar de sus soldados y de la dirección profesional de sus oficiales.

En las guerras modernas, no basta, como en las antiguas, el valor de los combatientes, para alcanzar el buen éxito.

La guerra es un problema sometido a cálculos matemáticos y los laureles del triunfo ciñen la frente del general en jefe, que, ayudado por un hábil estado mayor, sabe combinar su plan de batalla y aprovechar de la situación general y errores tácticos y estratégicos del enemigo.

La batalla en los campos de San Juan, “técnicamente considerada”, fué un desacierto; pero en ella ¡cuántos rasgos de valor sublime e ignorado, cuánta sangre estérilmente vertida! Sin unidad de acción y apartada de los fundamentales principios militares, que se llaman: “economía de las fuérzas”, y “concentración de los esfuérzos” – la línea continua, débil por su gran extensión y falta de reservas, pudo fácilmente ser rota por el centro, y nuestras improvisadas huestes, – que obraban á la defensiva, atacadas de flanco y de revés en sus imperfectos atrincheramientos, que mal podría llamarse fortificación pasajera, con poca ó ninguna instrucción, apenas conociendo las reglas prácticas de tiro, servicio de campaña, orden de combate, etc.; naturalmente que tuvieron que ser presa de la más espantosa confusión. Los que sintieron nacer en su pecho el fuégo sagrado del patriotismo pelearon hasta caer en el escudo.

Los que no están inflamados por esa llama divina, se atemorizan, retroceden, huyen y..................... se dispersan, cual espigas que la tempestad arrebata y disemina…………………


Situación de la 1ª división del ejército peruanoEditar

La línea de combate apoyaba su derecha en el cerro “Marcavilca”, próximo a la caleta de “La Chira” y se extendía hacia el este de Chorrillos recorriendo mamelones ó colinas denominadas de San Juan, hasta los confines de Pamplona; doce kilómetros, si se considera desarrollada la curva del nivel que seguía pero, si la extensión se contaba hasta “Vásquez” ó hasta “Monterrico”, era mayor la longitud. La primera división del Ejército peruano, con mejor instrucción, comandado por el secretario de guerra, el señor coronel (hoy general de brigada) don Miguel Iglesias, teniendo como Jefe de Estado Mayor al coronel don Guillermo Billinghurst y por subjefe al coronel don Miguel Valle Riestra, y compuesta de tres regimientos de infantería, comandados, respectivamente, por los coroneles don Mariano Noriega, don Regino Cano y don Pablo Arguedas, – amoldándose al terreno, estaba establecida así: el batallón “Guardia Peruana” No. 1, coronel provisional don Carlos de Piérola, cerraba el ala derecha, en las estribaciones de Marcavilca, y le seguían sobre el camino de Villa á Chorrillos el “Ayacucho” No.3, coronel don José Cáceres; y el “Cajamarca” No.5, coronel don Belisario Ravines. El batallón “Tarma” N.7, coronel don Francisco Mendizábal, inmediatos al punto convergente de un camino de Villa con otra que parte de Lurín. El batallón “Callao” No.9, coronel don José Rosa Gil, á la vanguardia, en la parte exterior de la casa hacienda Villa; el “Libres de Trujillo” No.11, coronel (hoy general de brigada) don Justiniano Borgoño, el vértice y lados del ángulo saliente, que forman el cerro de “Santa Teresa”. Perpendicularmente y formando ángulo recto con el lado izquierdo de dicho ángulo, los batallones “Junín” No.13, coronel don Marcos Porras, “Ica” No.15, coronel don José Bonilla y “Libres de Cajamarca” No.17, coronel don Joaquín Bernal.

ArtilleríaEditar

En la eminencia que une el extremo Sur de la bahía de Chorrillos y el comienzo de la altura más culminante, denominada Marcavilca, en donde se hallaba situado el batallón “Guardia Peruana” No.1, se habían emplazado dos baterías: la primera y principal “Mártir Olaya”, en la planicie del Morro Solar, allí se habían montado dos cañones de á 70 libras, ánima lisa, sistema Parto, (habiendo mandado el de la izquierda el conferenciante, por orden del comandante general, coronel Panizo, y el de la derecha, el teniente D. Eulogio Carlín), en cureñas de correderas, sobre una plataforma de madera y con un intervalo entre ellas de ocho metros; ambos giraban en un círculo completo, batiendo al mar, y á la campiña, en un radio de acción de cuatro mil metros, que era su alcance máximo. Todo el perímetro de la plataforma rectangular estaba cubierto con una fila de sacos de tierra, que apenas cubría á la tropa hasta media pierna; se habían colocado para desfigurar el terreno, más bien que para defensa de los proyectiles del enemigo, pues toda era zona desenfilada. En la pendiente que sólo mira al mar y sin poder defender el valle, sobre una plataforma de madera se había montado una pieza de 500 libras, ánima lisa, sistema Rodman mandada por el teniente D. David León, y un poco más avanzada y al pié del corte vertical que sirve de límite al mar, se había colocado otra pieza pequeña, que fué de la Corbeta “Unión”, sistema “Whitwoh”, llamada “el Malcriado” y mandada por el subteniente don Manuel Forcelledo (aún niño, que contaba 17 años de edad).

La segunda batería denominada “Provisional”, mandada por el capitán don Manuel R. Cornejo, estaba emplazada en una meseta que avanza hacia el valle, quedando oculta del mar por su retaguardia batía los caminos que conducen de San Juan y Villa á Chorrillos, era compuesta de dos piezas de á 32 libras, largas de ánima lisa, sistema antiguo, sobre cureñas de marina, montadas en dos plataformas dé madera y sin parapeto alguno; su radio de acción era de tres mil quinientos metros. Entre esta batería y la “Mártir Olaya” existía una distancia de mil metros y las sinuosidades del terreno les hacía imposible verse ni observarse entre sí. Sólo habían agentes de comunicación.

Al Sur de estas fortificaciones, una sección de cañones “Clay”, al mando del capitán don Nicanor Luque, se denominaba “Marcavilca”.

Un obús de á 12 de montaña, una ametralladora “Clayton” y otra “Nordenfeldt” completaban el servicio de las baterías.


Relación Oficial de los señores jefes y oficiales que combatieron en las baterías de ChorrillosEditar

Comandante general, señor coronel don Arnaldo Panizo †

Primer Jefe de baterías, mayor don Manuel Hurtado y Haza †

Segundo Jefe de baterías, mayor don Manuel Alegre †

Capitán don Nicanor Luque

Capitán don Manuel R. Cornejo

Teniente don David León

Alférez don Manuel Forcelledo

Idem don Enrique Abásolo (oficial de pañoles) †

Id. don Belisario Beúnza †

Ayudante alférez don Alberto Panizo †

Idem, idem don Gerardo Soria †

Idem, idem don Abel Ayllón †

Cirujano de 1ra. clase, Dr. don Julio Becerra †

Practicante don Manuel A. Gall †

Farmacéutico, don José M. Guzmán

Agregados: – coronel don José Ruesta †

Capitán don Fabio Rodríguez †

Teniente don Eulogio Carlín

Idem don Eulogio Barraza †

Idem don Juan M. Valcarcel †

El alférez don Nicanor Beúnza, se replegó del tercer escuadrón de artillería rodada, trayendo consigo el aparato de cierre de la pieza que mandaba que mandaba en San Juan.

Alférez de marina don José Guerrero

Sub-teniente don Manuel Alzamora †

Idem don Alfredo Rodríguez †

Idem don Torcuato Ramírez †

Paisano don Eduardo García (ciego), se presentó desde la madrugada como soldado. Está fuéra de todo encomio, pues es el único caso que se presenta en la Historia Universal. Con su generosa actitud entusiasmaba y electrizaba a la tropa para que no desmayara en el combate.

Firmado – Manuel Hurtado y Haza

V.B. Arnaldo Panizo.

La batalla Contra-ataque – Derrota de la división Lynch. – Refuérzos chilenos. – Nueva faz del combate. – Retirada y paso de la infantería peruana por el MalecónEditar

El combate de frente, para conducir á un ataque final, repartiendo sus fuérzas, realizado por la división Lynch, de 8,000 hombres, fué contrarrestado por la 1° división del ejército peruano, 5,000 hombres, con vigoroso denuedo. Los cañones y ametralladoras concentrando también sus fuégos sobre aquella le quitó su libertad de acción.

El fuégo terrible causó solamente al “Chacabuco” 19 bajas de oficiales sobre 35 y 350 bajas de individuos de tropa sobre 550. Detenidos los atacantes por el fuégo, el coronel Iglesias tomando la ofensiva en terreno llano – que es la única forma de combate que puede dar resultados decisivos – ejecutó un contra-ataque, encabezado por el batallón “Libres de Trujillo” mandado por el coronel Borgoño.

El regimiento “Atacama” reducido á la mitad y algunas compañías del “Talca” que Lynch conservaba de reserva, llegaron; pero quebrantada la moral del adversario, se produjo un nuevo rechazo de los chilenos hacia Villa.

Eran las 11 a.m. cuando se recibió en el cuartel general (del general Baquedano) un parte de Lynch diciendo: “Que no podía avanzar porque su tropa estaba diezmada, rendida de cansancio y que le mandaran refuérzos para continuar el ataque de Chorrillos”. Estaban, pues, debilitados.

Los chilenos no pueden ya sostenerse, vacilan, vuelven caras; los peruanos fuéra de sus atrincheramientos – apoyada y sostenida su acción por las baterías del Morro Solar, Provisional y Marcavilca, comandadas por el coronel Arnaldo Panizo, continúan vivamente su ataque. Los chilenos se ocultan tras de las tapias y las bandas de guerra de los peruanos tocan diana.

En vano Lynch y su jefe de estado mayor quieren evitar el embrollamiento y desastre. Las tres baterías de montaña del mayor Jarpa están á punto de caer en manos de los peruanos, que llegan á 50 metros de las bocas de las piezas, pero el oportuno socorro del 3° de línea y de los Zapadores, las salvó.

El “Coquimbo” y el “Melipilla” no escalaron el Morro Solar como se afirma. Vinieron por la playa de Conchán y fuéron descubiertos por los puestos avanzados del batallón “Guardia Peruana” N°1, mandado por el coronel Carlos de Piérola, cuyos jefes, oficiales y torpa, resueltos y entusiastas, y con el batallón Ayacucho N°3, coronan las eminencias del cerro Marcavilca, y tomando en las crestas militares sus dispositivos de combate los inmovilizaron por el fuégo rápido, haciéndoles muchísimas bajas. He aquí su voluntaria inacción de que se nos ha hablado.

En refuérzo de la división Lynch acudieron: la brigada Gana de la segunda división Sotomayor, y la primera brigada Urriola de la tercera división Lagos, que apoyó el avance de la primera. A las 12 m. llegó la segunda brigada Barceló de esta tercera división. Además, una brigada de artillería de montaña en apoyo de la otra brigada de artillería en peligro; siguiendo el camino de San Juan, Chorrillos las baterías de campaña.

Caballería chilena.- A los “Granaderos de á caballo” que se presentaron en avance en columna de pelotones por Surco, el cañón de 70 libras Párrot de la izquierda en el Morro Solar, los batió y rechazó, obligándolos á volver grupas al galope.

El ejército de Iglesias sólo fué reforzado por el batallón “Zuavos” de Perreyra (su jefe organizador), que fué traído al combate por el coronel Recavarren, estando en marcha de retirada á Miraflores. El “Zuavos” pertenecía al 2° cuerpo del ejército y formaba regimiento con el “Ancachs” y el “Concepción”, el que fraccionado en sus elementos, siguió a dicho pueblo………………

No obstante el ardoroso entusiasmo de los batallones peruanos, empeñados en una lucha desigual, encarnizada; – en esos instantes de suprema abnegación y sacrificio, – se entendía que la resistencia era imposible, que no se podía operar una acción más enérgica y que el desenlace tenía que ser fatal, si de Miraflores no se destacaba, en tren ó en marchas forzadas, á toda la Reserva en su auxilio; pero, la Reserva permaneció en su acantonamiento-vivac y en los reductos en alerta………………

El momento, el lugar, el número suficiente de fusiles amigos, y la velocidad eran, pues, los cuatro factores esenciales, capaces de dar la Victoria – influyendo sobre el resultado de la acción vigorosa empeñada y cuyo desarrollo del combate, por un certero golpe de vista y sangre fría, pudo orientar fácilmente al Comando, para tomar y ejecutar con rapidez esta decisión maniobrera.

Abandonados á su propia suerte, el coronel Borgoña recibe orden del coronel Cano de ocupar la estación del ferrocarril de Chorrillos, apoyando al “Zuavos” para proteger la retirada de la 1° división peruana, – que había perdido más de las dos terceras partes de sus efectivos, para que la acción pudiera ser declarada heroica.

Rindieron la vida el coronel Arguedas, mayores: Ochoa, Alejandro Iglesias (hijo del general) y muchos jefes y oficiales. Heridos: los generales Borgoño y Recavarren; coroneles: Ruestas, Piérola (Carlos), Mendizábal, Bernal; tenientes coroneles: Cisneros, Rubin de Celis; capitán Nicanor Luque, teniente David León y muchos otros.

Nueva faz del combate.– Los peruanos fuéron desalojados de sus excelentes posiciones defensivas simplemente por falta de refuérzos, escalonados, uno tras otros, con sus distancias tácticas, aplicadas a las circunstancias en igual, ó mayor número – como los que recibió el enemigo.

Tiempo bastante tuvieron las tropas de atrás para marchar al encuentro y combatir á los refuérzos chilenos, efectuando un gran movimiento ofensivo: atacando y envolviendo la derecha de la 2° división Sotomayor, chilena, contribuyendo así á la defensa de la línea principal de resistencia, que la hacía frente en formación desplegada.

Tal hubiera sido la misión de la Reserva. ¿Estaba prevista esta situación delicada en el plan general? ¿Se dieron algunas instrucciones por el Director Supremo antes de retirarse de Chorrillos á Miraflores? Al coronel Panizo si, expresamente, en este sentido, para que los artilleros se mantuvieran en sus puestos, sosteniendo y continuando la defensa. Pero, ¿llegaron á darse por el Estado Mayor General, las órdenes de movimiento dictándose instrucciones especiales para la caballería en el desempeño de su rol, explorar y cubrir el flanco izquierdo de Miraflores y Chorrillos y fuéron las ordenes cumplidas?..................................

Los chilenos coronan el cerro Marcavilca, toman la sección de artillería “Clay”, y después la batería “Provisional”.

A los peruanos no les quedaba sino este único partido: hacer fuégo en violenta retirada, abrirse paso por el Malecón de Chorrillos, como lo efectuaron con el batallón “Callao”, llevando á su valiente jefe, el coronel José Rosa Gil, á la cabeza, y replegarse al Grueso de las fuérzas nacionales en Miraflores.

Era la 1 y ¾ h. p.m.

El coronel Iglesias, descendiendo del cerro del Panteón, fué hecho prisionero en una casita del Alto Perú.

No es, pues, cierto que cayó en la alta cumbre del Morro Solar, como la afirma Caivano; así como tampoco que “se replegara, á las 8 de la mañana, al Morro Solar, abrumado por el número de sus atacantes”, cuya victoria á las 11 a.m. alcanzó momentáneamente contra la división Lynch, – cuando este estuvo atenido á sus propios recursos; pero, que no pudo asegurar por inferioridad numérica cuando llegó la avalancha chilena, incontenible.

Lucha desesperada – Heroísmo – Resistencia heroica en el último Baluarte: El Morro SolarEditar

Los 1200 peruanos más o menos que quedaron sostuvieron una lucha personal, cuerpo á cuerpo, á la bayoneta, con los chilenos en las calles y casas donde se habían parapetado.

¡La matanza era horrible!

Los heridos fuéron repasados más tarde por el corvo de la soldadesca ébria y desenfrenada!..................

En la estación, el coronel Recavarren cayó herido, por una descarga que le hicieron los soldados enemigos y contra los que se batían desesperadamente los peruanos, que descendían por distintas direcciones. El coronel Recavarren, el héroe de Pisagua, presenció ese desesperado combate, recibiendo fuégos de ambas partes. Desangrado y moribundo fué después recogido y llevado á una ambulancia por el general Sotomayor, quién dirigió el desembarco y la toma de Pisagua – desde cuya grandiosa acción de armas, le había cobrado interés.

Los artilleros del “Morro Solar”, que pensaban no abandonar el puesto del deber, mientras a ejemplo del inmortal Bolognesi, no “hubieran quemado el ultimo cartucho”, eran también diezmados: la situación era insostenible; una ametralladora manejada por el mayor Hurtado y Haza y doscientos hombres más ó menos, entre los que había tropas de distintos cuerpos, entremezclados, hacían fuégo tendidos ó de rodillas, sembrando el terreno de muertos y heridos, con que se tropezaba á cada paso, eran impotentes á pesar de la resolución y arrojo, para contener á las numerosas fuérzas que por todos lados atacaban. Encerrados en un círculo de fuégo y acero, después de una resistencia sobrehumana, tuvieron que inclinar la frente ante la fatalidad de inmerecido Destino.

ConclusiónEditar

A las 2 y ½ h. p.m. la batalla de San Juan, había terminado por completo en la cumbre del Morro Solar. Había durado la batalla 9 horas, desplegándose prodigios de valor, defendiendo palmo á palmo el terreno: 5000 peruanos contra casi todo el Ejército chileno (23129).

El sacrifico de los peruanos, infantes y artilleros, en esta batalla, que fué la continuación y el fin de la de San Juan, – selló también, con letras de oro el libro del martiriologio, donde quedan impresas las acciones más puras, brillantes é imperecederas.

Prisioneros del Ejército que “nos había vencido, pero no rendido”, porque en la cumbre del Morro Solar, hasta después de media hora que trajeron de á bordo los chilenos una bandera, para cambiarla por la nuestra, – vimos, todos, izada al tope, flamear altiva y satisfecha, la sagrada enseña de la patria.

¡Honor y gloria á los que cumplieron aún más allá su deber, cual espartanos!.

Si el general Iglesias es el héroe de la defensa, con la primera división del ejército peruano en Chorrillos, el coronel Panizo, que fué el alma de la resistencia en el último baluarte, las baterías de artillería, es el héroe del Morro Solar.

Agradezco, señores, la fineza de vuestra presencia.

He dicho.

Lima, 20 de marzo de 1909

El Tent. Corl. Jefe de la 1ª División de la 1ª Sección del E.M.G. Nicanor Beunza