Diferencia entre revisiones de «Aves sin nido: Primera parte del I al XIII»

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{{brecha}}-¿Es posible, gran Dios? -exclamaba Lucía empalmando las manos al cielo, cuando apareció en la puerta la simpática figura de don Fernando, alcanzando a escuchar las palabras de su esposa, y quedándose un tanto irresoluto para proseguir sus pasos al ver los semblantes de los indios que rodeaban a Lucía, quien, al verle, fue a arrojarse en sus brazos diciéndole:
 
{{brecha}}-¡Fernando, Fernando mío! ¡Nosotros no podemos vivir aquí! Y si tú insistes, viviremos librando la sangrienta batalla de los buenos contra los malos. ¡Ah!, ¡salvémoslos! Mira a estos desventurados padres. ¡Para socorrer a éstos te pedí los doscientos soles, pero aun antes de haber hecho uso de ellos les han arrebatado su —743→ hija menor y se la llevan a la venta! ¡Ah! ¡Fernando! Ayúdame, porque tú crees en Dios, y Dios nos ordena la caridad antes que todo.
 
{{brecha}}-¡Señor!