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{{brecha}}Refiere el cronista Fuentes, en el cap. 5º del libro 9º de la primera parte, la sublevación de estos Caciques, en la forma que la narramos en el cap. 9º de este tratado; y cómo habiendo alojado sus tropas en los valles inmediatos de la Ciudad de Guatemala, vuelto Don Pedro de Alvarado á la Choluteca, no queriendo acceder á las proposiciones de paz que les hizo el Adelantado, se retiraron al volcan de Quezaltenango, en este monte se atrincheraron y fortificaron estos Caciques, alojando en la cima, asistidos de muchos principales y gran séquito de combatientes y defensores. Don Pedro de Alvarado, sin embargo de que veia la necesidad que habia en este Reino de su asistencia; teniendo que indemnizarse de los gravísimos cargos que le hacían sus émulos ante el emperador, hubo de partir para la Córte, dejando por su Teniente á Don Pedro Portocarrero, Caballero noble
{{brecha}}Refiere el cronista Fuentes, en el cap. 5º del libro 9º de la primera parte, la sublevación de estos Caciques, en la
 
forma que la narramos en el cap. 9º de este tratado; y cómo habiendo alojado sus tropas en los valles
 
inmediatos de la Ciudad de Guatemala, vuelto Don Pedro de Alvarado á la Choluteca, no queriendo acceder á
 
las proposiciones de paz que les hizo el Adelantado, se retiraron al volcan de Quezaltenango, en este monte se
 
atrincheraron y fortificaron estos Caciques, alojando en
 
la cima, asistidos de muchos principales y gran séquito de combatientes y defensores. Don Pedro de Alvarado, sin embargo de que veia la necesidad que habia en
 
este Reino de su asistencia; teniendo que indemnizarse de
 
los gravísimos cargos que le hacían sus émulos ante el
 
emperador, hubo de partir para la Córte, dejando por
 
su Teniente á Don Pedro Portocarrero, Caballero noble
 
   
 
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espadas, arcabuces y picas, presididos por el Gobernador de Ciudad Vieja. Estos también se dirigen al volcan y empiezan el asedio de la fortaleza, formando sitio en torno de la circunvalación de este monte, disparando los arcabuces y dando sus asaltos por varias partes: los defensores, tirando sus zaetas al aire, con muchos silvos, alaridos y voces, representan muy al vivo la defensa de aquella fortaleza: ya se vienen á una parte á resistir el asalto de los Tlaxcaltecas, ya se vuelven á esparcir por el cuerpo de aquel fingido monte; y esta contienda dura largo rato, con gran divertimiento y gusto de los espectadores: hasta que dando el último avance los Tlaxcaltecas, se van retrayendo los del volcan y siguiéndolos los de Ciudad Vieja: ellos hacen como que van huyendo, dejando de intento solo al Sinacam de esta farsa; y entonces lo aprisionan y aseguran con una cadena el Gobernador y Alcaldes de Almolonga, y descendiendo del volcan vienen con él á palacio y lo presentan rendido al Señor Presidente. Hecho esto se vuelven á sus pueblos, en la misma forma que vinieron. De algún tiempo á esta parte se ha dejado de hacer esta fiesta, sin duda por ahorrar á los indios los exhorbitantes gastos que les ocasionaba.
espadas, arcabuces y picas, presididos por el Gobernador de Ciu-
 
dad Vieja. Estos también se dirigen al volcan y empiezan el asedio de la fortaleza, formando sitio en torno de la circunva-
 
lación de este monte, disparando los arcabuces y dando sus
 
asaltos por varias partes: los defensores, tirando sus zaetas
 
al aire, con muchos silvos, alaridos y voces, representan muy al vivo
 
la defensa de aquella fortaleza: ya se vienen á una parte á resistir el asalto de los Tlaxcaltecas, ya se vuelven á
 
esparcir por el cuerpo de aquel fingido monte; y esta contienda dura largo rato,
 
con gran divertimiento y gusto de los espectadores: hasta quedan-
 
 
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último avance los Tlaxcaltecas, se van retrayendo los del
 
 
volcan y siguiéndolos los de Ciudad Vieja: ellos hacen como que
 
 
van huyendo, dejando de intento
 
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solo al
 
 
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aprisionan y aseguran con una cadena
 
 
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esto se vuelven á sus
 
 
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De algún tiempo
 
 
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á esta parte se ha dejado de
 
 
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