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Cambios

41 bytes añadidos ,  hace 2 años
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<center>Capítulo I</center>
 
-¡Ya puedo respirar libremente... ya me encuentro en mi verdadera atmósfera! Sólo aquí, en este lugar de mis predilecciones, en mi quinta abacial, tan llena de encantos y de misterio, puedo calmar en parte la inquietud que me devora el alma... ¡pero, qué inquietud, Dios mío!
 
 
<center>Capítulo II</center>
 
 
 
Capítulo II
 
En efecto, como el que gozase en arrancarse las propias entrañas, Luis, con acento cada vez más expresivo y conmovedor, prosiguió hablando de esta manera:
 
 
«Mal d'ollo ou feitizo
 
que n'alma s'asenta,
«Mal d'ollo ou feitizo
que n'almasai s'asenta,para fora
por gran milagreza».
só sai para fora
por gran milagreza».
 
 
 
 
 
 
<center>Capítulo III</center>
 
 
 
Capítulo III
 
Proseguí, sin embargo, volviendo al bosque, pues como cosa de milagro tornara a familiarizarme con cuanto allí había sido en otro tiempo grato a mi corazón. Tras de las locuras a que solía entregarme en la ciudad, venía aquí, como quien dice, a reparar mis fuerzas y a saborear el recuerdo de mis abominaciones y venganzas. Bajo la sombra de estos robles hallaba siempre a Esmeralda, que me salía al paso los primeros días en que nos conocimos para preguntarme cómo iba de mi herida y después por el estado de mi salud; porque aquella pobrecilla se había empeñado en creerme enfermo a pesar de que nunca me oyó quejar de cosa alguna.
 
 
<center>Capítulo IV</center>
 
 
 
ArribaCapítulo IV
 
Pasado breve rato, en un tono que cada vez tenía más de vago y fantástico que de real, pero que resonaba en los oídos de Pedro de una manera tal que le hacía estremecerse, Luis prosiguió diciendo: